Resurrección II. Amar y Odiar.

Es mejor si lees primero El Mal e Isabel. Éste cuento fue escrito hace tres años en una tarde de reflexión fumada.

Dedicado a Itzia.

Isabel andaba paseándose en el reino interminable de Gaia. Le gustaba como podía elegir el paisaje dependiendo de su humor, a veces cuando se sentía contenta se paseaba en las enormes planicies dejando que el viento fresco jugara con ella, otras veces prefería la lluvia y refugiarse en una cabaña que Gaia había creado para ella. Otras veces podía ver todas las estrellas y jugaba a que ella era los ojos del Universo.

Algo extraño a lo que todavía no se acostumbraba Isabel era la desincronía entre el tiempo y el espacio, o sea, se había adaptado perfectamente a los cambios de espacio ya que era algo que ella hacía frecuentemente, cambiar de la Selva de Brasil en la Tierra a las montañas rojas de Marte o a las cascadas de agua purpurea verduzca del planeta Xyn era algo muy sencillo. Lo que no soportaba era dormir como una niña de diez años y despertar como una señora de cuarenta y a los diez minutos ser una adolescente de dieciseis o tener diescinueve una semana entera y tener luego cincuenta años durante cincuenta años enteros.

Vivir en el Reino de la Muerte era toda una experiencia, decidió Isabel un día. Le platicaba a Gaia sus aventuras internas, sus fantasías y los sentimientos que tenía al sentir cambios tan drásticos, Gaia escuchaba siempre de buen humor mientras tocaba su violín y daba vida a todo el Universo.

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