Todos los cuervos, el cuervo.

Los cuervos…
los 21 restantes,
alzaron la mirada,
leyeron el título,
y pensaron:
“Cortázar”.

Los cuervos…
bueno, el uno,
de los veintiuno,
dijeron—. Nos quiere
quemar otra vez.
Guardaron silencios.
Esperaron a su hijo,
un jabalí de fuego.
Y no pasó nada.
Suspiraron de alivio,
sacaron las cartas,
y jugaron póker,
como quien no morirá
el día de mañana.

Los cuervos…
bueno, otro dellos,
dijo—. Cortázar es
un maestro. ¿Leyeron
autopista al sur?
—Espera, espera
—interrumpió el más joven—.
Estamos muriendo.
Necesitamos salvarnos.
No es hora de pensar en Cortázar.

Los cuervos…
bueno, los veinte
más viejos, se rieron.
—Somos cuervos.
Si morimos no importa.
Estaremos con mamá
en el cielo.
Cinco dellos prendieron un cigarrillo.
—Somos cuervos.
Si morimos, no importa.
Habremos reído, fumado,
leído como idiotas,
como hedonistas salvajes,
habremos quemado
cada una de nuestras plumas
antes de extinguirnos
por completo.
Moriremos en vano.
Moriremos felices.
Moriremos y ya.
Porque así es la muerte
jovencito,
cuando te lleva, te lleva
y quienes te reemplazan,
son tus hijos.
Los cinco monstruos
que ahora destruyen el mundo,
se convertirán en cuervos
como nosotros.
Padre e hijos,
reflejo y contrarreflejos.

Los cuervos…
bueno, uno dellos,
aquel de voz más bonita,
afinaron la voz y cantaron—:
Los demonios aún atormentan,
y los cielos todavía truenan,
pero estaré ahí, velándote,
dormir y despertar, besándote.
—Mamá nos canta desde el cielo.
Es hora de morir chavalín,
no te sientas triste.
En el cielo hay un payaso
que nos hará reír.
Se llama Dios.
—Rieron, rieron, rieron los cuervos.
—No pediremos a Dios, ni al cordero,
ni al hombre que escribe, ni al hijo,
ni al señor de los muertos,
el perdón de todos nuestros pecados.

Los cuervos…
bueno, el más joven dellos,
se volvieron locos de desesperación.
—¡No quiero morir! ¡No quiero morir!
—¡Es inevitable!
¡Siéntate y juega con nosotros!
¡Siéntate y fuma con nosotros!
¡Lee poesía de verdad con nosotros!
¡Eventualmente llegarán…
nos desharán por completo!
¡No seas estúpido, quédate con nosotros!
Los cuervos cantaron—:
Cierra tus ojitos, dulce amor,
con mi canción olvidaré tu dolor,
las penas que te acosan
y los fantasmas que se asoman.

Los cuervos…
bueno, solamente los viejos,
reanudaron su juego.
El cuervo más joven les miraba,
receloso, angustiado, ansioso.
Presa de tantos demonios,
encarcelado en sus ganas
de vivir
hizo lo que no hicieron otros.
Furioso, iracundo, los atacó con su pico.
Les arrancó los ojos,
les penetró el pecho,
les quebró el cuello,
y ellos no opusieron resistencia.
Después de matar a uno,
otro gritaba—. ¡Ahora yo! ¡ahora yo!
—¡Se quema Alexandría!
—¡Se quema Roma!
—¡Se quema Uz!
—¡Se quema, me quema, nos quema!
Riendo y fumando murieron
los veinte cuervos.

El cuervo,
despertó de su
impulso de sangre.
Miró a sus hermanos.
Sabía, en su ego,
que había hecho
lo correcto.
¿Por qué, entonces,
lloraba como un becerro?

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Del suicidio de González.

Estoy editando alrededor de 220 personas. Les miro tomar agua y pienso, que algunas personas son estúpidas porque ni agua pueden tomar frente a cámara. Se les escurre, pajarean, después de tomar un sorbo dicen: “¿Ya?” o hacen una cara como si tomaran ácido. Ayer, la edición fueron 140. Algo así. Esta vez la repetición de la acción se hace insoportable y tediosa. La acción no ayuda en nada, porque se les pide que tomen agua como si fuese algo entretenido: sonríe, haz gárgaras, hazle sexo oral a la botella, eso… el clítoris al fondo de la botella, expulsa, lanza tu lengua. El agua revitaliza. Algunos toman la botella como desposeídos, y cuadro por cuadro, miro como abren muy bien los ojos y sacan la lengua. Se les deforma grotescamente la cara. No debe ser bueno vivir en cámara lenta.

Soy más propenso a la violencia cuando trabajo en serie. Doble click a un archivo. Doble click al siguiente. Arrastrar al otro. Guardar el nombre. Guardar la foto. Cerrar quicktime. Abrir el siguiente. Muy distintos a aquellos tiempos. Igual de tedioso, diría. Tal vez no se deforman grotescamente. Tal vez sólo lo imagino. Finalmente, el material que edité ayer, el director decidió no revisarlo y sólo eligió por foto. “Qué cosas”, pensé. El director de casting dice que eligió a puros feos, y después de mencionar un par de nombres… estuve de acuerdo. “Qué cosas”, pensé de nuevo. A juzgar por la marca, probablemente estaremos en problemas.

Mientras miro a los viejos, me pregunto cual morirá primero. Hay algunos que, en siete años que llevo en el medio, continúan con vida. Hay una viejita particularmente amable, que ríe mucho. Pienso que morirá feliz. ¿Cómo voy a enterarme donde llevarles flores? Recuerdo, entonces, el suicidio de un González. He olvidado su nombre, a pesar que era particularmente extraño. Una semana después de su suicidio, recuerdo que me paré junto a él y le ofrecí un cigarrillo. Algo muy extraño, porque me gusta recluirme en mi lugar de trabajo y no socializar con los modelos. Era un chavo muy callado, muy agradable, diría que noble. ¿Todo eso se reconoce con unos minutos de ver a la persona? Tal vez no, su recuerdo bien romántico porque ¡ay, se suicidó!

Tenía mi edad. Tendría mi edad de continuar con vida. No sé porque pienso en él esta noche. No he estado cerca de la muerte, ni tenido pensamientos suicidas. Simplemente llegué a él. Recuerdo a sus hermanos y me he dado cuenta que el tiempo que llevo aquí, otra vez, no los he visto. Era una familia de muchos hermanos, conté unos cinco en su tiempo, incluyéndolo a él. Al González. Parecía un buen muchacho, tal vez un poco nervioso, como yo. Todos tenían nombres bíblicos… Ah, ya, ya lo recordé. He recordado su nombre. He de guardarlo.

La gente parece olvidar la importancia de los nombres. Los nombres son lo que forman al objeto y unen a ese todo. De ser posible, me gustaría que los nombres se conservaran como un secreto. Que sea pronunciado sólo por aquellos que decidamos lo sepan. Puedes saber mucho de una persona, por como trata tu nombre, por como te llama, como deforma el nombre de otros o como los pronuncia.

Caminaba esta noche con Juan Carlos y Ricardo, buscando café, sin saber que recordaría el suicida, y cuando alcé la mirada encontré un enorme letrero que decía: SERVICE69.NET — Asombrado lo observé y lo primero que pensé, es que era la ubicación ideal para un putero. Lo comenté en voz alta—. Para urgencias nocturnes, miren nomás. Nos reímos y cuando regresamos a la oficina, entré a la página. Entre risas descubrí que sí era para cubrir necesidades, pero no las mías, ni las del suicida, que algunos dicen que se colgó en su habitación por amor.

Impulso por estrellar la cabeza de alguien contra la ventana.

Cansado de la falsedad, salió un día y mató a un hombre. Quería verlo muerto. Recordó, entonces, cómo pensaba en la muerte más a menudo cuando era joven, específicamente el asesinato. Ríos de sangre corrían por la ventana, después de haber estrellado su cara y que los vidrios se enterraran en la yugular. Cuanta violencia, pensó después, un poco aturdido. Puede ser la cantidad de hormonas las que provocan el pensamiento asesino todo el tiempo, y entonces, chiquillo como fue, escribió poemas consagrados a la muerte, del asesinato, la desolación, la incomprensión. Cosas que se olvidan en la adultez y el movimiento social, la educación, y la moral ayudan a olvidar. —Nunca confesé que me habría gustado verte morir —le dijo al cuerpo, a la cabeza bañada en sangre—. No sabía, que se sentiría tan bien.

Un lugar.

Hay un lugar, atravesando el mar, donde ninguna aspiración o sueño material es válido. Donde la carne y el deseo se despedazan porque no se puede sentir más. Un lugar donde no te sientes pendejo por pequeñas idioteces, ni grande por los bien merecidos triunfos y eres como un niño pequeñito, perdido, en esa isla donde, el Dios de las probabilidades, tomó asiento para crear el mundo. Me gustaría que ese lugar no tuviera un nombre, si acaso que se refieran a él simplemente como un lugar. La gente hablaría de él por mera casualidad. —¿A dónde vas? —Voy a un lugar —y salte un poco el corazón cuando te das cuenta que vas allá, sin importar el camino que tracen tus pasos, llegarás. Correrás desnudo, libremente, sin preocupaciones, sin risas mordaces y presiones tontas. Una isla de arena, cuya materia prima es el polvo de los felices muertos que se acumula con el tiempo. Sin chistes babosos, ni palabras necias y vacías.

El lugar no existe, pero en todas partes hay escritores necios que lo describen… escritores que después de relatar un contexto histórico o inventar un personaje tan violento como su entorno (una megalópolis o una provincia ignorante), seguro lo desean, en un requicio apartado de su corazoncito. Cuanta ternura puede esconder un hombre o cuanto idealismo, que es capaz de romper toda su rutina y creer que existe, aunque sea unos minutitos. Es otro ideal, pensar que todos escondemos un lugar así en nuestro corazón. Tal vez, es la creación de este lugar es lo que genera la violencia, mientras apartamos nuestra vista esos minutos, podemos dedicar a destruir lo demás.

Me siento un poco idiota el día de hoy.

Familia asesinada en Tlalpan

CIUDAD DE MÉXICO, México, nov 18, 2002.-Los primeros resultados de las necropsias practicadas a los miembros de la familia ultimada el fin de semana en Tlalpan, determinaron que dos cuerpos presentan señales coito reciente.

La hija mayor, Andrea Nerezo Loyola y la empleada doméstica, Margarita Cortés, fueron quienes presentaron las marcas, lo cual podría suponerse como abuso sexual, reveló el director general del Servicio Médico Forense (Semefo), Ramón Fernández.


Así se vive en esta maldita ciudad… y sin embargo…

CIUDAD DE MÉXICO, México, nov. 18, 2002.- La madrugada de este martes miles de mexicanos podrán apreciar una espectacular lluvia de estrellas, y aun en zonas contaminadas y con luz artificial se observarán más de 400 meteoros por hora, informó José de la Herrán.

El especialista de la Dirección General de Divulgación Científica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) explicó que las “Leónidas”, como se les denomina a las estrellas que podrán verse mañana, forman parte de las partículas diminutas que desprende a su paso el cometa Tempel-Tuttle, que da una vuelta alrededor del sol cada 33 años.


¿Cómo va la frase esa cursi qué dice… No llores todo el tiempo, o tus lagrimas te impedirán ver las estrellas?

Algo así.