En ese lugar no se puede fumar.

Ni en aquel, ni en el otro. Estuve incómodo este fin de semana, porque no podía fumar donde quería… pero así pasa, cuando eres fumador y tienes que seguir las reglas de las casas. Fumar cuando no puedes dormir es parte del insomnio. Sobre todo el insomnio del que piensa. No es que pensar sea una de las actividades más nobles de este mundo. O una de las más sanas. Diría que no. Al contrario: su inutilidad y prolongación, da pie a la inacción, lo que lo convierte a uno en el imbécil. Por eso aunque sea fumar, prender un cigarrito. Acción e inacción, una fumada y mirar, otra fumada y abrir la boca como para decir algo, fumada más y rascarse un pezón. Sacar el cuadernito y escribir una anotación. Fumar y escribir. ¿Quién habrá inventado ese cliché? ¿De dónde vendrá esa imagen publicitaria? Me pregunto después, ¿cómo era mi vida antes de prender un cigarrillo? El jueves me di una idea. Desperté y no había encendido nada hasta muy entrada la tarde.

Me gusta el calor de Villahermosa. Mi suegra me dijo que estaba loco por llevar chamarra y quedarme dormido a medio día con ella puesta. Después se enteraron que dormí sin aire acondicionado y sin ventilador. Loco, loco, loquito. No importa, de verdad empecé a disfrutarlo. Sudo poco, casi nunca. Sentí como la gripa que tengo desde hace una semana se me escapaba como vapor, atravesando mis poros. Detesto el calor, pero cuando es el calor de Villahermosa, me provoca felicidad.

Fuimos a una boda ese fin de semana.

Miré el rito atentamente. Escuchaba las canciones, miraba a los invitados, escuchaba los precios. Solían decirme, cuando empezaba a anunciar mi inminente boda, que no me imaginaban casado. Facilmente puedo decir por qué: Todo me da dolor de cabeza (literal), desde el escándalo hasta el movimiento social. No lo desprecio, simplemente en algún punto todo se vuelve ruido y dejo de prestar atención. La música se vuelven tamborazos en mi cabeza. La conversación se vuelve un siseo. No sé porque soy así. Nunca me educaron en mi casita para ser un caballero de sociedad, al parecer. Desde ahí estamos mal cuando se menciona el concepto de boda.

Haciendo cuentas, después de que escuché el precio por plato de la fiesta… el teatro salió en alrededor de 150 mil pesotes. Suspiro nada más de escuchar la cantidad. Tengo que seguir comprando MELATE. Hombres en todo el mundo, de mi edad y mi condición, tienen como sueño una boda sencilla, estrictamente lo necesario… sin embargo, uno sabe que es un crimen, al menos a su edad y hasta que crecen y piensan: “Mejor nos hubiéramos pagado una mejor luna de miel”, evitarle una boda bonita a una mujer. Nadie sabe que misteriosos mecanismos se mueven alrededor de esos presupuestos, y las invitaciones a los amigos, y los lugares para casarse, y los motivos para hacer tanto gasto para demostrar el amor… nadie sabe.

Mi mujer sueña con comprar libreros y llenarlos de libros. También sueña con una recámara más grande y la ampliación de la casa. Sin embargo, cuando hablamos de boda, ninguno de los dos sueña o habla mucho al respecto. Entramos en terrenos peligrosos cuando pensamos en platillos, centros de mesa, invitaciones y lugares para casarse. Sólo sabemos que será en Villahermosa, y nada más. ¿Yo, tirando una liga y sosteniendo la cola para el baile de la cola? No me imagino en ese lugar, pero ahí estaré. Mientras tanto, sueño con una barda para el jardín, y ponerle una mesita para tener un lugar donde fumar decentemente. Ahorrar con Don Dinero para esa choza en la playa donde iremos a morir, un día de estos.

Cuando Simón y yo nos pudimos encontrar.

Caminé hacia él, estaba sentado en una sillita plegable y fumando un cigarrillo sin filtro. Estaba sonriendo tranquilo, con la gorra puesta hacia atrás y disfrutando del aire fresco. El ambiente era caluroso y húmedo, recuerdo que estaba sudando… aunque prefería pensar que era el aire arrastrando gotas del lago que Simón Dor estaba mirando. Caminé hasta llegar con él, me puse las manos en los bolsillos e hice los hombros hacia atrás, enderezando mi espalda.

El viejo volteó brevemente a mirarme, me guiñó un ojo, hizo un gesto con su cigarrillo y regresó a su mirar del lago.

Nos quedamos en silencio.

—Llegamos a un punto en que estamos en paz el uno con el otro —dije y él asintió.

Y ya no hablamos en un rato más. Busqué en el lago lo que Simón miraba, ¿era el reflejo de las nubes? ¿la profundidad del azul? ¿los brillos ocasionales que daba el sol? ¿el campo que se extendía al otro lado? Escruté con mi mirada las facciones arrugadas del viejo de piel tostada y gorra de marinero, traté de adivinar en su mirada rota como un rompecabezas lo que estaba buscando.

—¿Has decidido ya no escribir? —pregunté.

El viejo Simón suspiró cansado y fumó su cigarro.

—Estoy vivo, Tsef Thaed. Este es un lugar muy hermoso, me dijeron que era “La Laguna del Negro”.

—Lo he visto antes —asentí sonriendo, me acaricié el rostro.

—Te toca escribir a ti, Tsef Thaed. Yo soy malo para los cuentos de arbolitos que caminan y se la pasan siendo tiernos. Y dejaré el Cuenta-Cuentos en tus manos, yo estoy vivo y relajado aquí por el momento… necesito descansar.

Sonreí.

Simón Dor se rió un poco.

—Es la primera vez que siento que puedo dejar algo en tus manos. ¿Ya podrás terminar ese Poder Gris?

—Cuando acabe todas las historias.

—No lo aplaces —dijo Simón Dor y luego sonrió—. Al menos, no mucho. Yo estaré aquí, cuidando a mi delfín. Además, me debes mi cuenta-cuentos, ¿cómo harás para escribirlo?

—Una palabra después de otra.

—Bien. Me interesará saber quienes son mis hijos… dios-Fest.

Me reí.

—Has leído demasiado Onetti.

Simón sonrió, prendió un nuevo cigarrillo y se perdió nuevamente.

Y lo dejé solo.

Villahermosa

A mi madre, le dije que iría a algo de literatura. A mi tío, le dije que iría a conocer, por mera curiosidad. A mi jefe, le dije que iría a ponerme borracho.

En realidad, no fue ninguna de las tres. Lo hice por una sola razón:

Una imagen dice más que mil palabras.

Aproveché para saber que era un peje-lagarto… porque francamente, no lo sabía. Ella me lo ha enseñado.

Y también, he visto la estatua del capitán y la anciana. No me sé la historia y Ella tampoco, pero promete ser interesante… lo curioso de estas estatuas, es que Ella en otra foto ha logrado que parezcan reales. Como si estuvieran caminando con la gente, abandonando el mirador…

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