Querido Diario:
En el cuarto de trofeos se encuentran ya las tres llaves que me entregó el fantasma de Beatriz, la pistola de McGonnagal y la cabeza del rottweiler, a quien cariñosamente he nombrado Mindar. En el camino me encontré con las puertas del Cuarto del Jardin y el Cuarto de Juegos. De nuevo escuché la risa combinada con el viento.
El cuarto de máquinas ha dejado de hacer ruido, misteriosamente, después de aquella plática con Beatriz ella ha guardado silencio. Ella y las máquinas han empezado a hacer ruidos muy suaves… casi como las olas de ésta mar oscuro reflejando las nubes grises.
Es un mar bastante horrible, pero a mi me gusta. Me siento en casa.
Voy por la vereda tropical
He decidido abrir el Cuarto del Jardín y el Cuarto de Juegos, los dos polizontes han salido y han encontrado acomodo en la proa… un árbol cuyas raíces se mueven como pies y sus cabellos son como ramas llenas de hojas. El Árbol de los Mil Nombres, se hace llamar y siempre susurra cosas sin sentido.
—Tosaf, Danag, Terethas —eso dijo el Árbol y después, se acomodó en la proa y como un roble, se ha quedado ahí, plantado. En el cielo se abrieron las nubes y le cae el sol, un sol debil y filtrado por las nubes grises, pero el sol al fin y al cabo.
Es casi como llevar mi faro personal, que hermoso, JA-JA.
El otro polizonte, es aquel niño que creí haber olvidado… el niño que aventó su cuaderno y se fragmentó en millones de mariposas amarillas. El niño que me platicó de la magia del mundo y que yo podía verlo. Le he dicho que hasta aquí me ha traído su magia, a este mundo oscuro y decadente, el niño, naturalmente me ha ignorado y se fue rápidamente a donde está el árbol y se sentó en su corteza.
Los dos polizontes me ignoran en silencio. Por más trato de hablarles, ellos me ignoran. De vez en cuando platican en silencio, para que yo no los escuche… cuando yo me acerco, se hace el silencio y fijamente, miran hacia el horizonte sin que nada les interrumpa.
Son como estatuas, como los símbolos de la proa de mi barco… el árbol y el niño mago. La corteza del árbol se mueve constantemente para formar letras, combinaciones de nombres y cosas así… nunca está estática, a diferencia de él que por lo general se queda quieto. El niño, sin embargo, dibuja con sus dedos en el viento cosas que se materializan y al rato, desaparecen. Los dibujos de un niño con crayolas… he descubierto, que ha utilizado mi diario también para adornarlo con dibujos… de vez en cuando, verán un dibujo.
Me disculpo por la mala educación del chamaco, mientras no me moleste a mí, creo que estamos bien.
Esto es lo que ha sucedido… todavía quedan treintaisiete días con sus treintaisiete noches.