Verdad.

Soy un hombre educado. Después que ella mandó la fotografía, le pregunté si quería escuchar la verdad. El problema es que no dijo que bueno, o sí, de manera poco entusiasta… lo dijo con un SÍ, que escapó a los cuatro puntos cardinales que hasta pena me dio. Para no quedarme atrás, en la confesión de la verdad que se construía a medida que el tiempo pasaba, le dije que la empujaría contra el escritorio. Un breve silencio. Le alzaría la blusa por encima de los senos, le desabotonaría el pantalón y continuando con la sonrisa, y las reglas del dominio, empujaría para que ella no pudiera zafarse. Qué cosas. Imagínense su cara, que yo no pude porque la tenía de espaldas. Si seguimos así, suspiré, también habré de quitarte el brasier y bajarte los calzones a la mitad. Nada más faltaría que ella moviera el culo como gata ansiosa, pero esas cosas de verdad no pasan… en Cinema Golden Choice tal vez, por ahí de las dos o tres de la mañana… pero si lo movió, y ya estando en esas, y hablando de suciedades, hice lo propio que haría un hombre de mi condición—. Vestirla de nuevo, salir a caminar y ver arbolitos, y pajaritos… jeje.

[Heber Dor - Cuento] Anillo del Laberinto de Dos Respuestas

Cuando le conocí, ya lo traía puesto. Lo cargaba a todas partes y no dudaría que inclusive a la hora de la ducha lo usaba. El anillo de plata, siempre estaba brillante y muy limpio. Lejos de ser como su dueño, un hombre bastante práctico y muy rígido, este era un anillo caótico cuya figura era irreconocible. Cada que le acompañaba, había alguien que le pedía la mano y le quitaba suavemente el anillo del dedo. Él consentía y dejaba que la otra persona lo admirara minuciosamente. La pregunta era la misma: ¿Qué es?

A aquel hombre le brillaban los ojos e inventaba las historias del universo. Todas, girando en torno a aquel anillo. A veces le preguntaba de dónde procedía en realidad y con ese brillo demencial —sin ninguna influencia y/o pretención Tolkiana— en los ojos, me respondía tranquilamente con una historia diferente. Era inevitable que me envolviera y me volví fanático de preguntárselo cada vez que veía oportunidad.

Y tal vez, en una de esas tantas historias, se esconde la verdad sobre el anillo. Siguey leyendo →