Las costumbres cibernéticas.

Hoy, cuando abrí mi blog y me encontré un enorme anuncio animado (de mal gusto, por cierto) hablando de Jesús de Nazareth, y en el cielo una cruz, las letritas tintineando, las palomas voladoras en el cielo y los ojos del mismo Cristo resucitado, decidí bajarle al número de anuncios. Cristo no es de mal gusto, de hecho es un arquetipo, un modo de vida, un revolucionario, un héroe, Jim Cavaziel, Luis Alcoriza, una pintura del Greco, un monito de South Park, etcétera… pero sus diseñadores no toman en cuenta eso. Pido disculpas por ellos y ruego por sus pecados.

Sin embargo, no quito los anuncios porque como aún no soy un escritor famoso que vende libros y ediciones especiales veinte años después, con el prólogo de mi mejor amigo completando un tercio de la edición, pues ni modo. Cuando gane dinero escribiendo lo que me gusta escribir ya veremos si los puedo quitar. Cochino don dinero, que me ha hecho pensar en anuncios. Ya son más chiquitos y menos intrusivos. Espero.

Hoy me pasé un rato checando mi cuenta bancaria, la cuenta de paypal, investigué sistemas de micropago y otras cosas. Incluso, se me ocurrió vender las novelas a través de mensaje de celular. El servicio, se supone, cubre las ciudades más importantes del mundo. Pero de verdad, ¿las comprarían? Pienso si debería investigar el proceso y las alternativas para venderles mis cuentitos, mis novelas y todo lo demás, y que ustedes paguen con crédito de su celular. Aún no estoy seguro si es posible vender el libro físico. Yo supongo que sí. Sé que es posible vender el contenido y así darían una comodísima aportación a su escritor de cabecera. Si lo requieren y gustan, por favor comenten para animarme.

El trámite para lograr esto, incluiría conseguirme una tarjeta de crédito y usarla nada más para las transferencias de dinero internacional a dinero mexicano. El terror que me provoca la mención crédito, tarjeta, cuenta, plazos fijos, 3-6-12-24 meses sin o con intereses me provoca escalofríos, así que me pongo en sus manos para esto. La tarjeta, no es necesario decirlo, tendrá un responsabilísimo manejo y servirá como vigilante de mi cajoncito de calzones. Sino es que se la doy a mi novia… (errr).

Qué sueño hace, me voy a dormir. Ahí les dejo de tarea que comenten.