Alguna vez, vi un unicornio. Puede que no me crean, no lo hagan, ¿qué tendría que platicarles un sénil amargado que a duras penas recuerda su infancia lo que es un unicornio? Acostumbrados al concreto, al humo gris que les reemplaza el cielo, adoran la tecnología y adoran estar sentados en esa computadora leyéndome. Ya estarán criticándome en sus adentros por ser un viejo loco que miró un unicornio.
Lo vi, un unicornio negro con un largo cuerno de plata saliendo de su frente, ese cuerno señalándome el camino, cuando movía su cabeza, la larga crin brillaba en la noche reflejando la luz del cuerno que también hacía una estela de luz en la oscuridad. ¿Saben por qué los unicornios se hacen negros? No, ¿cómo han de saberlo? A ustedes no les ha visitado el niño que transforma su cuaderno en mariposas. Maldito concreto, maldita ciudad… como cuando vivía en Jaramillo… pero esa es otra historia.
Los unicornios se hacen negros cuando se enamoran de quien no deben… y creo que éste es el más negro que he visto en mi vida. Una señal de pureza, naturaleza, virginidad oscurecida por lo que llamamos amor. Y abracé al unicornio negro, porque sigo siendo humano. En éstos últimos instantes que me quedan de vida dentro de mi vejez, quiero demostrar que todavía siento simpatía y compasión.
(Sentimientos inútiles).
Y platiqué con el unicornio, éste parecía entenderme porque me miraba en silencio. En pocas ocasiones relinchó y golpeó el suelo con las pezuñas, alzando el polvo del pavimento. Sus ojos, se hacían rojos o amarillos, dependiendo de su humor… cualquier pensaría que era un caballo satánico, venido de las profundidades del infierno… a esas personas me gustaría pedirles que dejaran la bebida. Los unicornios pueden ser todo, excepto malos.
Contamos banalidades, de la poca magia que resta en el mundo, de la carencia de amor. Le platiqué de los ratones en la luna y el unicornio me platicó del bosque escondido repleto de sauces llorones. El bosque de Fafjel, donde viven los unicornios y los centauros. Yo le escuché fascinado y le pedí que un día me invitara a entrar. Me prometió que trataría, pero que estaba prohibido que los humanos entraran.
Es nuestra culpa, demasiado concreto, demasiada basura en las calles.
Entonces, me animé a pregúntarle quien le había hecho negro. El unicornio cerró sus ojos y volteó, me dijo “Hasta luego y gracias por la plática”, se marchó.. con una estela de luz marcó una línea recta que se alejaba cada vez más de mí. Yo no le seguí, yo sólo alcé la mano y le dije adios con mis dedos.
¿De quién se enamoró el unicornio?






