Querido diario:
Mirando el mar negro y el cielo gris, acabo de soñar mi muerte o tal vez el término más correcto es alucinarla. Es una muerte espiritual y simbólica, mi viejo cuerpo se desgarraba como la tela, jirón tras jirón de carne vieja se descarnaba y caían sobre la maderal del barco como papeles viejos en una oficina donde tienen que romper frenéticamente los libros de cuentas, ya que hacienda los ha descubierto.
¿A mi quién me ha descubierto cómo para matarme así? ¿Quién ha mirado mis ojos de tal manera, que mi yo corrupto tenga que ser destruido para que no quede rastro? Nadie, es la mera verdad… o si, tal vez. Tal vez, en el pasado distante.
He soñado que soy Quijote, ese sueño me gusta más… Borges tiene una teoría interesante que es la teoría de la quijotización, no se mucho acerca del tema pero creo que lo básico es—: Todo mundo sabe qué o quién es el Quijote, aunque nunca lo hayan leído. ¿Será cierto? Estoy inclinado a pensar que sí, porque no sé nada de él y aún así, lo interpreto a mi gusto. Me gusta soñar que soy Quijote.
Muerte simbólica del viejo convirtiéndos en jirones. ¿Qué significa? ¿Puedes decirme tú, cielo gris? ¿Puedes decirme tú, mar muerto? Me convendría hablar con mi estimado amigo, el Sr. Fest, él entiende mejor de simbolismos que yo, de cualquier forma.
No llevo ni medio día en éste barco y ya he escrito de nuevo en tí, mi querido diario, pero la gente comprenderá que mis días son distintos a los suyos, que mis días son en base a los momentos. Y éste momento, siento que es crucial… tal vez dirija el rumbo de mi viaje.
¡Dios mío! ¿Te das cuenta? ¡He de viajar al pasillo de la muerte!
¡Ahora lo entiendo y está clarísimo! Pero… pero todavía no es hora, mi querido diario… algún día lo tendré que hacer, pero todavía no. Todavía no… me niego. ¿Qué debo hacer? ¿Es necesario para qué pueda continuar en éste viaje desentrañar el pasado, desde el mero principio? ¿Es necesario que haga éste viaje para poder permitirme continuar? ¿Continuar qué… amando o viviendo? Yo no puedo amar, mis viejos cansados y huesos derruidos, bien lo saben.
El viaje al pasillo de la muerte es para seguir viviendo. Es hora de mi catársis, de acuerdo al sueño y no se me permitirá viajar más a menos que me decida. Y yo para las decisiones, mi querido diario, soy un cobarde.
Seguiré en mi barco, mirando el cielo gris y oliendo la brisa contaminada, como si fuera matinal de domingo.