Mi mamá dijo antes de morir, que por mi bienestar, debo terminar todo lo que empiezo. Fue muy apropiado de su parte para nuestro momento, ella en su lecho de muerte y yo cogiéndole las manos. Ella empezó vida cuando parió lo que soy y la terminó con el mejor consejo que pudo darme. Probablemente, y no porque deseé desvirtuar el momento, sino por ser realista, ella escogió la mejor frase que pudo. Alguna que habrá recordado de tantas películas hallmark que miraba antes de terminar su vida. Supongo que era su mayor aspiración, el llegar al momento donde pudiera decirme algo de valor verdadero. Cuando no tienes aspiraciones, recurres a lo primero que se te ocurre para continuar sobreviviendo y darle un propósito a la vida. Parece, ¿o acaso siempre lo ha sido? que cada vez es más importante encontrar un destino resultado de tus acciones. ¿Qué importa? Si de todas maneras, aún cuando no quieres, continúas moviendo las bisagras, una maquinaria que da la falsa impresión de ser universal y atenta contra todo lo que haces y eres. No tiene sentido trazar un destino, si de todas maneras será cumplido. Ya no importa. Siguey leyendo →
Una absurda historia de amor. Final.
Junio 28, 2007 — Una absurda historia de amor..
Escrito por Agustin Fest.
Una absurda historia de amor. 6
Junio 11, 2007 — Una absurda historia de amor..
Escrito por Agustin Fest.
Permítanme contar la historia del hombre que se despedía de nadie en los camiones. Si fuera dibujante, la ilustraría con un hombre mirando por la ventana del autobús, despidiéndose. Era de noche, había unas cuantas personas alzando los brazos, como ondeando una bandera, para despedirse de sus seres queridos, y él hacía lo mismo, al otro lado del espejo, igual que los demás, aunque nadie estuviera para mirar el inicio de su largo camino. El hombre, enamorado de una mujer que vivía en otro estado, solía viajar mucho los fines de semana para verla… pero nada más para verla, porque no la conocía, ni siquiera sabía su nombre y no estaba seguro si la encontraría. Por los numerosos viajes que hacía este hombre, en su trabajo y sus familiares, le preguntaron si estaba enamorado y él, como una flor en primavera, se ruborizaba y respondía que sí. ¿Los cerezos florecen en invierno? Porque el amor es un deleite, pensaba el hombre, cuando te esperan al final de un largo viaje. Sin embargo, cuando las preguntas continuaban, y se acumulaban, y el aire se convertía en un mar de preguntas sobre preguntas, él tuvo que inventar un nombre, una relación de cuatro años, tuvo que inventar su rostro y su cabello, el aroma de su sexo, el color de sus calzones y eligió dos marcas de ropa interior, una para todos los días y otro para encenderlo. Inventó una casa y a su mascota, un perro enfermito del higado, pero tiernísimo el cabrón… tiernísimo. Ha dicho, incluso, que llorará cuando muera su perro.
Ese hombre estaba loco, tal vez… como enfermito de amor.
Una absurda historia de amor. 5
Mayo 19, 2007 — Una absurda historia de amor..
Escrito por Agustin Fest.
Llegar al departamento de Matilda me cuesta unos sesenta varos de taxi y veinte minutos de tiempo. En ese tiempo, que estaba sentadito mirando las luces de Insurgentes, la ocasional piruja que en las películas mexicanas son tan bien pinches importantes, los chavitos que salían borrachitos de los antros y los cabrones que tiran vidrios en el piso para demostrar que son Kalimán, pensaba una sola cosa: Tengo que chingarme al Borneos. ¿Mi compromiso? Bien gracias. Una canita al aire no me haría daño. Soy hombre, perdón, vivo en México, perdón, soy católico en mi casa, perdón. Tengo veinticinco años y si no aprovecho mis últimos momentos de peak sexual para demostrarle la longitud de mi falo a un cabrón ahorita, ¿entonces cuándo? Además, estaba tan encabronado por la discusión marciana que tuve con mi mujer hacía unos días, que también debía desquitarme con ella… de verdad, a veces soy como caballo ciego, cuando el rencor obliga otra cosa no pienso y sigo el camino derechito a la chingada.
Saqué mi celular, le marqué a Matilda y cuando ella adormilada preguntó—. ¿Borneos? —alcé los ojos a una esquina, pensé lo sumamente interesante e inteligente que me parecía esa mujer, y adusto, le corregí—. No. Soy Agustín. Voy a tu casa, no tardo —colgué el teléfono y a los dos minutos ella marcó de nuevo.
—¿Perdón?
—Voy a tu casa.
—¿A qué?
—A platicar contigo.
—Son las pinches dos de la mañana.
—¿Y qué?
—¿Vienes pedo?
—Si te digo que sí, ¿cogerías conmigo? Siguey leyendo →
Una absurda historia de amor. 4
Mayo 7, 2007 — Una absurda historia de amor..
Escrito por Agustin Fest.
El día siguiente, compartí palabras melosas con mi prometida y acabamos discutiendo acerca de cuantos cráteres tiene Marte… porque han de saber, que entre nosotros no hablamos mamadas que habla cualquier pareja, sino de los planetas, su circunferencia, la densidad, su campo gravitacional y la composición química de su atmósfera. Acabé muy encabronado, de verdad y no tiene caso escribir aquí toda la discusión, porque si no, me voy a encabronar más. Finalmente, decidí que la mejor manera de desquitar esa frustración, era molestar a Borneos. Salí gozoso de la sala de edición para buscarlo, y me di un largo paseo por los foros, las oficinas, etcétera. Cuando nadie me pudo dar razón, se me ocurrió revisar el reloj. Las cinco y quince. Le marqué a su celular, y me dí un tope contra la pared. El cabrón nunca tenía crédito o pila.
Y me acordé que se habían ido al café. Si no me equivocaba, el café no estaba muy lejos, a unas dos cuadras (de las grandotas). De ser un mal amigo, o un culero, habría tomado un taxi y directo para allá, a arruinarles la tarde, sentándome en su mesita para interrumpirles cualquier cosa. Pero como no era nada de eso, mejor me fui caminando y les diría que sólo fui por un cafecito y no tenía intención de quedarme con ellos. En aquella ocasión debí tomar el taxi. Las cosas hubieran sido diferentes. Tal vez, aquí tengo que tomar una pausa para explicar una cosita: soy un genio (según ciertos exámenes). Si una cosa le molesta a un genio, es que otro genio, le gane algo. Somos niños en ese aspecto. Nuestra educación en las relaciones interpersonales, es sacrificada por alcanzar un vasto conocimiento científico. Sabía, indudablemente, que Borneos era más inteligente que yo. Por unos veinte puntos, mínimo. No sólo eso. Era más interesante. Imagínate un cabrón que se toma la molestia de inventar la mamada del celular.
Bueno… pensándolo un poco, tal vez por fuerza de acordarme de la Matilda, me entraron unas ganas no sólo de verle las nalgas, sino de apretárselas. Siguey leyendo →
Una absurda historia de amor. 3
Mayo 2, 2007 — Una absurda historia de amor..
Escrito por Agustin Fest.
Tuve que salir a comprar cigarros para contar esto, porque se pone bien meloso. Neta. Vino la Matilda a conocer al Borneos y “hubo química”. Nunca he entendido la frase. Supongo que se refiere a los procesos hormonales y bioquímicos, cargas eléctricas que recorren desde la punta de los pies hasta erizar los cabellos y peinar las cejas, procesos que suceden cuando dos personas se encuentran y de manera exitosa se atraen mutuamente. Se atraen tanto, que sólo piensan en juntar los dedos de las manos, meterse la lengua hasta la garganta y poner los ojitos en blanco, como una expresión teatral similar al orgasmo. Aunque la Matilda se llenara de gorros me imaginaba que se le paraban los pelos como a un gato y el Borneos, aunque no la mirara a los ojos, se notó la voz de galán cuando le hablaba a través del celular.
En ese momento estaba trabajando en un casting para escuincles y tenía una junta. El director estaba de necio con que no le gustaba nadie, así que prometía ser extático. Cuando llegó la Matilda ni la saludé, como estaba de mal humor, pues la jalé del brazo, la pasé a la sala de edición, la senté y me fui rapidamente a la sala del café. Cuando me encontré al Borneos, midiendo el muy mamón la cantidad exacta de granitos de azúcar, lo jalé de una de sus bufandas, atravesamos dos escaleras, un pequeño patio, subimos a la sala de edición, jalé una silla adicional, lo senté frente a Matilda y les dije—. Dense la mano, platiquen y los veo al rato. Preparé mi foldercito, mis cd’s, sacudí la mano despidiéndome y me fui.
Tres horas, un dolor de estómago, una lluvia más tarde y aún con la presión de la junta del día siguiente, llegué a la oficina y antes de pasar a la sala de edición, me di cuenta que había olvidado por completo a la Matilda y a Borneos. No le expliqué en ningún momento a Matilda que él se hacía el autista y para platicar con él, se necesitaba un celular en la mano. Chasqueé los labios pensando que ya lo había arruinado, me encogí de hombros y entrando a la sala de edición, me encontré la cosa más extraña que estos ojos hubieran visto. Matilda y Borneos seguían sentados el uno frente al otro, en silencio, mirándose con ojitos de borrego muerto. Lo primero que pensé, es que estaba pendejísimo trabajando en lo mío, ya que la creatividad daba a cualquier ser humano tres horas de vida para permitirse verse… nada más verse. Pasmado, me jalé una silla y me senté junto a ellos. Como si yo no existiera. Siguey leyendo →
Una absurda historia de amor. 2
Abril 30, 2007 — Una absurda historia de amor..
Escrito por Agustin Fest.
Pues el día siguiente que va la Matilda a conocer al Borneos. Yo estaba tratando de explicarle a Borneos como era la jugada, algo un tanto difícil, porque si Borneos jugaba… siempre era en la banca. En la preparatoria, sabes que hay dos tipos de ñoños… los normalitos, que de alguna manera pueden integrarse a la sociedad e incluso su ñoñez es bien recibida… y los über ñoños, que son muy inteligentes, pero su rareza los separa totalmente del grupo. Borneos era el über ñoño de toda la preparatoria: siempre llevaba su bufanda y sus cuellos de tortuga, aún cuando hacía calor. Tenía unos ojos grises, profundos. Delgado, casi hasta los huesos. Su cara alargada y su nariz aguileña. Supe de algunas niñas que quedaron prendadas de él, por su inteligencia, por su porte de héroe byroniano y sus cejas espesas, pero nada más prendadas. Borneos nunca se interesó lo suficiente como para darles entrada. Era un chavo complicado.
Cuando lo invité a trabajar conmigo, ya tenía nuevas manías. Una de ellas es que no podía hablar directamente con cualquiera. Necesitaba un teléfono celular para hacerlo. Si quería preguntarle o pedirle algo, debía acercarme mi celular a la oreja y decirle, por ejemplo—. Borneos, necesito un par de cafecitos, no seas mala onda y ve por ellos… ¿va? —entonces Borneos me respondía usando su celular—. Ok, Agustín. Voy por ellos —al principio era muy extraño, hartante, desgastante… pero la creatividad de Borneos, había ayudado a que mantuviera su trabajo. De vez en cuando, trabajaba como freelance en las agencias de publicidad para escupir una idea tras otra. Borneos, el del celular, así le conocían. No sé porque trabajaba conmigo, si bien podía ubicarse dónde quisiera. En juntas había visto como se desenvolvía—. Callado, expectante, pero cuando era su turno, era muy insistente con sus ideas y era hábil con las palabras, siempre y cuando tuviera el celular pegado a la cabeza. Vi cómo vendió dos ideas. Un comercial para un insecticida y otro de, je, celulares. Siguey leyendo →
Una absurda historia de amor. 1
Abril 26, 2007 — Una absurda historia de amor..
Escrito por Agustin Fest.
“Si se despedaza una mentira… los pedazos son la verdad” Eugene Gladstone O’Neill (1888-1953)
No soy un tipo sonriente, ni cursi. Tampoco soy un amargado. Soy buena onda, tengo mis momentos de felicidad, pero hasta ahí. Por eso, cuando me comisionaron escribir una historia de amor a siete capítulos, no salté de alegría. No sé escribir historias de amor que no acaben medio trágicamente, o que no contengan groserías. Es por eso que me disculpo de antemano con mi editor, si encuentra algunas groserías. Le prometo que solamente serán mías y de nadie más.
Mientras pensaba en las vicisitudes que debía contener una de estas historias y personajes memorables para acompañarla, se me ocurrió que no debía ir tan lejos y relatar algo que ocurrió hace poco entre un trío bastante inusual. Si ventilo su historia, es porque los tres me caen mal o no tengo nada que me una a ellos, mas que una relación laboral y la pura casualidad. He recogido pedazos de la historia entre Matilda, Borneos y Caifás entre viaje y viaje. Como soy muy preguntón cuando algún chisme me interesa, tengo casi todos los detalles y los que no, digamos que los inventé.
Matilda se me acercó corriendo, como una gallina descabezada, cuando su jefe le había dado la nota: “O inventas una buena idea para el siguiente comercial, o te largas”. Había cometido la indiscresión de decir estupideces en sus últimas dos juntas. En una de ellas, por cierto, presenté el casting y un chavo que ahora es un hit de telenovelas, Matilde tuvo el atrevimiento para decir a mitad de la junta que tenía los dientes amarillos y un ojo virolo. No sólo me echó a perder mi trabajo, sino que también los clientes se dieron topes contra la pared cuando se dieron cuenta que pudieron tener imágen sin pagar los miles de pesos.






