Seguimiento del trastorno.

Suena la música, Jesusita. También me he acordado de esa canción: “Bésame bésame Jesusita, que sin esa boquita, yo me muero”. Algo así. Me compré un juguito enriquecido con vitamina c. Necesito muchas de esas vitaminas. Tengo una coca cola desde la mañana que no he abierto. Me compré unos cigarrillos light. Ojalá se muera con una rata atorada en el hocico. Que muerte. Escupir ratas. Ratas abriéndose paso con sus garritas. Ratas asomándose por los orificios del cuerpo. Ratas, y néctar de manzana. Cuando estás enfermo, miras al techo y se te ocurre un pensamiento… EL PENSAMIENTO: Nunca más tendré sexo. Es una vil mentira, pero así es… se te ocurre, como estas enfermo y débil, de una simple gripilla, llegas a pensar que todo lo que conocías cambiará.

Creemos que nuestras hembras son únicas.

Estando ya con una persona y pensando en ella… en una mujer, la mujer, te pasa por la cabeza que te dolería tanto si fuera con otro lo que es contigo. La ternura, el aspecto maternal, las caricias, que tenga la gracia de reírse por tus chistes, los ofrecimientos ocasionales y los besos sin ninguna razón. No importa tanto el cuerpo. No importa tanto que se lo ofrezca a otro. Después de todo, el cuerpo no se ofrece a quien no le ofrezcas lo demás: amor, cariño, odio, berrinches, molestias, quejas, miedos. Conjunción de emociones en un sólo punto. El acto del cuerpo culmina en el acto espiritual de entrega. Mañana en la batalla piensa en mí. No pienses en otro. Tan egoísta es el macho. Nunca le hierve la sangre a no ser que sea por viejas. Macho y ciego. Poco interesante. Necio.

La tarde sucede.

Jesusita anda bailando por ahí. Múltiples tonos polifónicos suenan en toda la oficina. Ay de mí, qué haríamos sin celular. Jesúsita ten piedad de nosotros. Escuché el tono de un bebé que ríe y ríe, como los bebés a los que tomé video. Hoy discutí de a grátis con mi jefe. No tuvo porque haber discusión pero la enfermedad me trastorna. Mi tarde se alegra gracias a mi hija adoptiva. Le he dicho a mi mujer que la amo, muchas veces… ¿y quién no? Hace tiempo que no me corto el cabello. Ni me he rasurado. Cuando pase la gripa, tal vez acceda a hacerlo simplemente por el hecho que me siento mejor. Los mocos amarillos cuando se hacen transparentitos es señal de recuperación.

La gripa trastorna.

Los mocos, cerebro en líquido, escapan en amarillo a la servilleta. La garganta medio cerrada. El dolor general del cuerpo, un entumecimiento molesto. La cabeza. No poder fumar apropiadamente. Muchos líquidos para evitar la deshidratación. El pensamiento errático. El malestar del cuerpo que se copia, como papel carbón, al humor y al espíritu. El pecho duele si toso. He tomado vitaminas y medicinas, parecen la misma cosa en estos tiempos. He estado gallito todo el día, hablando de gargajos y humores. Ayer lo ocupé para recuperarme, ni siquiera me acerqué a un monitor, si acaso prendí una televisión y dejé que sonara mientras yo dormía.

Tuve una mañana linda. Por un momento, creí que mi humor no recaería. Entonces recordé que me siento enfermo. La percepción cambia. Amarillo del sol, verde moco. Sonidos del motor, el papel a la nariz. Smog afectó mis pulmones. No puedo fumar decentemente. Iría a comprar cigarros, sólo porque no quiero caminar a comprarlos. Hace calor, pero es preferible no desabrigarme porque el frío afecta al cuerpo. Necesitaré muchas servilletas. “Quiero verte una vez más”, sigo con ese tango en mi cabeza.

Débil, desganado, en el momento menos indicado. Mucho trabajo. Montañas de trabajo. Estará bien para sentirme ocupado… me siento en muchos lugares a la vez. Me siento en ningún lugar. Una pendeja por el messenger. Muy pendeja. La gripa me hace paciente. No es cierto. Ya van dos veces que insulto a las personas porque no tengo ánimos. Ayer me tomé dos theraflús. Quien sabe que me hicieron. Hoy me tomé TYLENOL EXTRA FUERTE. Supongo que son los culpables del sueño. Jamás dejaré de escribir. No importa que pase.