Juguemos a que lloramos.

Lloró.

Es decir, hizo como si llorara, porque, naturalmente, las brujas no pueden derramar verdaderas lágrimas. De todos modos, arrugó el rostro como un limón reseco, se secó los ojos con el pañuelito y gimió:

-¡Oh, muchachito, joven perverso y cruel! ¿Por qué tienes que enojarme siempre de esta manera? Ya sabes que soy muy temperamental.

Sarcasmo la contempló con gesto de fastidio.

-Penoso -se limitó a decir-, realmente penoso.

Michael Ende, “El ponche de los deseos”.

Después de varias deshoras y de un camino difícil, mañana es la junta final de mi proyecto. En el peor de los escenarios, después de las juntas pedirán que se haga casting sábado y domingo, para filmar lunes. Aún podría soportar que esto pasara. Lo tengo contemplado.

Hoy, amargado, pensé que los niños me empujaron nuevamente a mis límites. Como pasó en Duvalín. Aquel casting de Duvalín, mi primer proyectito donde trabajé yo solo, el director me dijo al final que el casting no le servía, no le gustaba, y que no lo aprobaba, aún cuando agencia y clientes estuvieran muy tranquilos con los niños. No pienses que hiciste un buen trabajo, me dijo el canadiense, porque no fue así.

En unas horas, prefiero no pensar lo que pasará. Sé que despertaré. O iré sin dormir, mientras organizo mi lista de teléfonos. Llevaré mis amuletos discretos de la buena suerte. Y luego recordaré, porque siempre pasa, mientras escucho los lineamientos de la junta, que ya nada es novedoso. Mi cuerpo tomará lugar. Levantará la mano, dirá su nombre y sonreirá cuando sea su turno. “Agustín Fest. Casting”. Abrirá una libreta, o su laptop, y anotará los nombres de todos los escuincles, hombres y monjas del mundo. En otra parte, su cabeza estará martillando la idea: “yaquepaseyaquepaseyaquepase”. En la vida, esa vida donde todos jugamos, y cuando somos brujas fingimos lágrimas, escucharé atentamente las órdenes de mi señor director, de mi señor agencia y mi señor cliente.

Agustín Fest, el otro, hará un buen trabajo. Siempre hace un buen trabajo. Quedar bien para no aburrirse, porque, ¿cuántos no estarán sentados mañana en esa mesa cuadrada y enorme, definitivamente aburridos de sus vidas? ¿Tan aburridos que reciclan ideas para vender un producto o enviar un mensaje? ¿Tan aburridos que miran los comerciales cuan cineastas postmodernistas, combinando narrativa-música-fotografía-luces-y-estilos para comunicar un mensaje? ¿Dos mensajes? ¿Un millón de mensajes? ¿Cuántos estarán conscientes que el cielo es azul en la misma tierra? ¿Que la tierra es tierra, dónde siempre haya tierra? ¿Que la contaminación y la sobrepoblación, nos guían al mismo destino funesto? ¿Y que todos los niños sonríen por las mismas cosas?

En la tarde del jueves, llegaron alrededor de cincuenta niños. Los primeros dos, no supe como soportarlos. No tuve la paciencia para explicarles la acción. Me quedaba callado momentos largos, pensando: “No, te, muestres, visiblemente, emputado, ni, desesperado. Eso es lo primero Agustín”. El niño, o me miraba con sus grandes ojos esperando mis palabras, o daba volteretas, visiblemente distraído y harto. Pensaba después: “No, desperdicies, el, tiempo. Saca provecho a cada uno de ellos. Si no lo haces ahora, yaquepaseyaquepaseyaquepase, si no lo haces ahora… no encontrarás lo que buscas. No harás un buen trabajo. Encarrerate. Toma aire paseyaque, y hazlo”. Para entender a los niños, me hice niño.

Sarcasmo, no entiende de niños, ni se comunica con ellos. Los niños, tampoco entienden las expresiones faciales de los adultos. El niño puede reconocer la tristeza de un padre (sus ojos caídos, su boca floja, sus ojeras) porque conoce o intuye el contexto. El niño, sin embargo, no reconoce los sentimientos de los adultos. No les importan. Un niño puede mostrarse visiblemente interesado en lo que cuentas, o puede ignorarte y dar volteretas cuando guardas silencio, porque no entiende, ni desea comprender, tus sentimientos. Es parte de la crueldad infantil. Para tratarlos, implica regresar a la infancia, una regresión mental de unos cuantos años, buscar un rasgo común con el que sea posible identificarte y explotarlo.

No lo habría hecho tan… tan… complejo, de no haber necesitado una gran actuación. ¿Por qué tomarse la molestia? Me preguntaba en varias ocasiones. Miraba al niño fijamente y el otro, Agustín Fest, pensaba en aquella playa donde iría a morirse ya cuando estuviera… extremadamente, sinceramente, y orgullosamente aburrido de vivir. Clasificaba a los niños conforme pasaban frente a la cámara, con dos sencillas palabras: “Lo sabe”, “Lo ignora”, “Lo intuye”, “Le teme”, “Le aterra”. Un proceso dual y simultáneo: “Debo identificarme con los niños y ¿con qué niño me identifico?”. Pensó en su niñez, cuando se desvelaba, y miraba programas de televisión porque no podía dormir. O escribía lentamente en la máquina de escribir.

Pensaba en los adultos, y en sus supuestas reacciones, cuando miraban un infomercial o algún programa de ciencia. “El adulto se sentirá culpable por no estar cuidando el planeta. Un planeta que me dejará a mí, niño. Al terminar, como el programa lo dijo, hará algo llamado consciencia y esa consciencia lo invitará a portarse mejor. Aunque sutilmente, se nota como el programa es un primer paso. Ver el programa es hacer consciencia. Ver el programa le hará sentirse mejor. Y olvidará, o juzgará innecesario, hacer algo después.”

Aquel niño aburrido, que buscaba su reflejo en otros niños, escribió lentamente en su máquina de escribir: “Somos unas brujas. Hacemos como que lloramos, para ver si así Sarcasmo nos hace caso”.

La gripa trastorna.

Los mocos, cerebro en líquido, escapan en amarillo a la servilleta. La garganta medio cerrada. El dolor general del cuerpo, un entumecimiento molesto. La cabeza. No poder fumar apropiadamente. Muchos líquidos para evitar la deshidratación. El pensamiento errático. El malestar del cuerpo que se copia, como papel carbón, al humor y al espíritu. El pecho duele si toso. He tomado vitaminas y medicinas, parecen la misma cosa en estos tiempos. He estado gallito todo el día, hablando de gargajos y humores. Ayer lo ocupé para recuperarme, ni siquiera me acerqué a un monitor, si acaso prendí una televisión y dejé que sonara mientras yo dormía.

Tuve una mañana linda. Por un momento, creí que mi humor no recaería. Entonces recordé que me siento enfermo. La percepción cambia. Amarillo del sol, verde moco. Sonidos del motor, el papel a la nariz. Smog afectó mis pulmones. No puedo fumar decentemente. Iría a comprar cigarros, sólo porque no quiero caminar a comprarlos. Hace calor, pero es preferible no desabrigarme porque el frío afecta al cuerpo. Necesitaré muchas servilletas. “Quiero verte una vez más”, sigo con ese tango en mi cabeza.

Débil, desganado, en el momento menos indicado. Mucho trabajo. Montañas de trabajo. Estará bien para sentirme ocupado… me siento en muchos lugares a la vez. Me siento en ningún lugar. Una pendeja por el messenger. Muy pendeja. La gripa me hace paciente. No es cierto. Ya van dos veces que insulto a las personas porque no tengo ánimos. Ayer me tomé dos theraflús. Quien sabe que me hicieron. Hoy me tomé TYLENOL EXTRA FUERTE. Supongo que son los culpables del sueño. Jamás dejaré de escribir. No importa que pase.

Del suicidio de González.

Estoy editando alrededor de 220 personas. Les miro tomar agua y pienso, que algunas personas son estúpidas porque ni agua pueden tomar frente a cámara. Se les escurre, pajarean, después de tomar un sorbo dicen: “¿Ya?” o hacen una cara como si tomaran ácido. Ayer, la edición fueron 140. Algo así. Esta vez la repetición de la acción se hace insoportable y tediosa. La acción no ayuda en nada, porque se les pide que tomen agua como si fuese algo entretenido: sonríe, haz gárgaras, hazle sexo oral a la botella, eso… el clítoris al fondo de la botella, expulsa, lanza tu lengua. El agua revitaliza. Algunos toman la botella como desposeídos, y cuadro por cuadro, miro como abren muy bien los ojos y sacan la lengua. Se les deforma grotescamente la cara. No debe ser bueno vivir en cámara lenta.

Soy más propenso a la violencia cuando trabajo en serie. Doble click a un archivo. Doble click al siguiente. Arrastrar al otro. Guardar el nombre. Guardar la foto. Cerrar quicktime. Abrir el siguiente. Muy distintos a aquellos tiempos. Igual de tedioso, diría. Tal vez no se deforman grotescamente. Tal vez sólo lo imagino. Finalmente, el material que edité ayer, el director decidió no revisarlo y sólo eligió por foto. “Qué cosas”, pensé. El director de casting dice que eligió a puros feos, y después de mencionar un par de nombres… estuve de acuerdo. “Qué cosas”, pensé de nuevo. A juzgar por la marca, probablemente estaremos en problemas.

Mientras miro a los viejos, me pregunto cual morirá primero. Hay algunos que, en siete años que llevo en el medio, continúan con vida. Hay una viejita particularmente amable, que ríe mucho. Pienso que morirá feliz. ¿Cómo voy a enterarme donde llevarles flores? Recuerdo, entonces, el suicidio de un González. He olvidado su nombre, a pesar que era particularmente extraño. Una semana después de su suicidio, recuerdo que me paré junto a él y le ofrecí un cigarrillo. Algo muy extraño, porque me gusta recluirme en mi lugar de trabajo y no socializar con los modelos. Era un chavo muy callado, muy agradable, diría que noble. ¿Todo eso se reconoce con unos minutos de ver a la persona? Tal vez no, su recuerdo bien romántico porque ¡ay, se suicidó!

Tenía mi edad. Tendría mi edad de continuar con vida. No sé porque pienso en él esta noche. No he estado cerca de la muerte, ni tenido pensamientos suicidas. Simplemente llegué a él. Recuerdo a sus hermanos y me he dado cuenta que el tiempo que llevo aquí, otra vez, no los he visto. Era una familia de muchos hermanos, conté unos cinco en su tiempo, incluyéndolo a él. Al González. Parecía un buen muchacho, tal vez un poco nervioso, como yo. Todos tenían nombres bíblicos… Ah, ya, ya lo recordé. He recordado su nombre. He de guardarlo.

La gente parece olvidar la importancia de los nombres. Los nombres son lo que forman al objeto y unen a ese todo. De ser posible, me gustaría que los nombres se conservaran como un secreto. Que sea pronunciado sólo por aquellos que decidamos lo sepan. Puedes saber mucho de una persona, por como trata tu nombre, por como te llama, como deforma el nombre de otros o como los pronuncia.

Caminaba esta noche con Juan Carlos y Ricardo, buscando café, sin saber que recordaría el suicida, y cuando alcé la mirada encontré un enorme letrero que decía: SERVICE69.NET — Asombrado lo observé y lo primero que pensé, es que era la ubicación ideal para un putero. Lo comenté en voz alta—. Para urgencias nocturnes, miren nomás. Nos reímos y cuando regresamos a la oficina, entré a la página. Entre risas descubrí que sí era para cubrir necesidades, pero no las mías, ni las del suicida, que algunos dicen que se colgó en su habitación por amor.

Arte Conceptual.

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Ash, bueno pues… ¿me divierto y qué?

Provengo de un lugar muy lejano.

Dijo el anciano, con algo de tristeza en la mirada, se bajó un poco el sombrero y las arrugas de bronce se escondieron entre las sombras. Yo me estaba fumando un cigarrillo, esperando no se qué, escuchando conversaciones ajenas. Tenía hambre, no había comido nada y en espera de que el anciano continuara su plática, me recargué en el muro. Estaba hablando solo, o tal vez conmigo. Suspiré, y cuando me animé a preguntarle de dónde venía, él cargó su morral al hombro y ya se iba. Me sentí un poco estúpido. Después saqué mi cartera, caminé unos pasos más a la pizzería y pedí una grande, para que comiéramos mi hermano y yo.

Mi hermano estaba dormido en la casa. El día anterior nos desvelamos, acompañándonos, estrenando un juego de peleas. Nos dimos en la madre un par de horas, yo en lo que daban las 4.30 de la mañana (hora de mi llamado [filmación]) y él, en lo que daban las seis de la mañana para completar la guía de física junto con un amigo y vecino. A las cinco de la mañana, estaba haciendo llamadas para asegurarme que el abuelito y su nieta estuvieran en donde habíamos quedado, o bien, al menos en camino. Con la señora no hubo problemas, cuando me respondió ella ya estaba en Polanco. Sin embargo… el pinche abuelo no respondió el teléfono.

Junté las manos, recargué mi cabeza y suspiré. Me empecé a preocupar. Nada sabía que en el futuro, estaría mirando alejarse a un viejo de bronce y buscando en mi cartera dinero para comprar pizza. En ese momento pensaba: Muy bien, se quedó dormido. Muy bien, se quedó dormido para siempre. Muy bien, se quedó dormido para siempre y no tenemos reemplazo. Llamé de nuevo al viejo y me respondió adormilado—. Es cosa seria mijito, es trabajo, ya voy para allá, luego te platico porque me tardé —Esperé unos diez minutos y empecé a buscar el teléfono del asistente de dirección. A los cinco minutos entró una llamada a mi celular: Ricko preguntándome qué había pasado con el abuelito cubano y que el asistente me estaba buscando, que porque mi celular entraba a buzón. Ya esta en camino… deja le marco a Poncho, respondí, colgué el teléfono y marqué al abuelito cubano.

—Si mijito… ya estoy en camino, ya estoy montado en un taxi y ya estoy por llegar —dijo el abuelito. Por la voz, intuí que se había quedado dormido—. Soy profesional, no te preocupes mijito, cuando es trabajo soy cosa seria.

Suspiré de nuevo, me esperé otros cinco o diez minutos, y marqué al asistente de dirección. —Ya tengo al señor aquí. —Muy bien, ¿todo en orden, te hace falta algo? —No señor, todo bien. —Perfecto sale bye —me fui a mi habitación y dormí. De la computadora a mi cama, pensaba lo bonito que era este trabajo sin horarios, y cómo cientos de celulares se activaban en toda la República para cuestiones tan nimias como filmaciones, llamados, vestuario y demás, a las cinco de la mañana. Imaginé que formaba parte de toda esa red, e incluso, pensé que la compañía de celulares nos vigilaba, nos agradecía, y nos guardaba un espacio en su red a estas horas, para este tipo de urgencias. Me cubrí con las sabanas, como si viniera de un lugar muy lejano, y dormí.

Soñé con la exnovia de un amigo. Íbamos en el coche, camino a ningún lugar, cuando ella se desnudó y me enseñó sus piernas. Después se metió mi coso a la boca e hizo lo suyo. Parpadeé, cosa de un segundo, y ella se convirtió en un hombre joven y apuesto. Recuerdo haber suspirado en el sueño, consciente de la transformación tan culera. Permití que me la continuara mamando, al fin y al cabo, estaba guapo el hombre. Pensaba en la cantidad de escritores homosexuales, en la canción de cuna de Auden, pensé que con hombres tan bellos como aquel, tal vez todos nos permitiríamos esos accesos de lujuria. Agujero aunque se de caballero, hoyo aunque sea de pollo, y gallo viejo hace buen caldo. C’est la vie.

Desperté.

Mi hermano estaba dormido, moría de hambre, busqué algo en el refrigerador y poco sabía que saldría a comprar una pizza. Regresé a la habitación y le pregunté como le había ido en su examen, y medio dormido, me respondió que le había ido bien. Sonreí, revisé mi celular, nadie había llamado y pensé que hoy podría quedarme a terminar otros pendientes. Prendí la computadora, me bañé, revisé mi celular de nuevo. Tres mensajes y todos casuales. Unos minutos después, ya me encontraba caminando a la pizzería, pensando en las mocosas que jugaban futbol en la cancha. Seis niñas, entre catorce y dieciseis años, pateándose el balón unas a otras. Frente a mí, un jardinero cargaba sus herramientas en un morral de Linterna Verde.

En el camino, pensaba en el sueño que había tenido, y que había escrito poco en mi blog. Me preguntaba porque había escrito tan poco, y si había cambiado en algo mi método de escribir. No tiene importancia, me dije. Escribe lo que quieras en tu pinche blog, no tiene importancia. Me detuve un momento, un anciano susurró—. Provengo de un lugar muy lejano —lo miré un poco distraído y después prendí un cigarrillo. Me recargué en una de las columnas, queriendo escucharle más y cuando me animé a preguntarle, el hombre puso su morral al hombro y echó a andar, como si llevara sólo la mitad del viaje. O peor aún, el inicio. Sus chanclas alzaban el polvo, la correa de su sombrero se movía como un péndulo y su silueta, se alejaba cada vez más.

Pedí una pizza de carnes frías, y regresé a casa.

Siempre termina lastimándome.

Leo por ahí. “Si no quisieras que lo hiciera, entonces podrías detenerlo”. Pero mejor no dije nada, no sólo porque estaba fuera de lugar y porque esas cosas se aprenden, sino porque la naturaleza es sabia, incluso la humana, y lo que somos tiene sus razones de ser. Eso creo. Estos días, me he preguntado de nuevo acerca de la naturaleza humana y sus motivos, por qué eres quien eres, por qué acostumbras a hablar o responder así, por qué continúas actuando de esa forma, en qué te beneficia o si solamente aprendiste a hacerlo para convivir o sobrevivir. Observar la interacción de las personas ofrece este tipo de dudas. Luego, te preguntas de tí mismo, y tus lugares comunes, porque soy como soy, algunas respuestas vendrán como un flashazo a tu cerebro: “Mi madre hacía ese gesto, mi abuela sonreía así y mi tío siempre contesta de esa manera”… y la vida, es un largo camino de aceptación a tus actitudes, a lo que eres: Una enorme construcción de tu círculo más cercano y las supuestas decisiones que tomas, para aligerar esa carga y hacerla “tuya”.

La mujer y su plática distraen, necesita atención. Escribir es difícil cuando alguien así continúa elaborando. Es como cuando tratas de estudiar, y un ruido de fondo provoca que te distraigas facilmente. De igual manera, tengo la televisión prendida. Son tres puntos a los que debo prestar atención: al post que escribo, una plática por el mensajero y la televisión. Una pequeña saturación. Nunca podré acostumbrarme. Tal vez, ese ruido se filtra y se traduce en lo que escribo. Genial.

La carga de trabajo se esta aligerando y sólo resta la carga de filmaciones de la próxima semana. Pronto podré escribir los dos últimos capítulos de la Historia de Amor. En mi Google Desktop, he puesto las fotos de Sol y las que me mandan por messenger. Me traen algunos recuerdos. Sobre todo las primeras fotos de/con Sol María. Cumpliremos cinco años en unos meses. No siento que hayamos envejecido. Sin embargo, si nos hemos adaptado mejor el uno al otro. Cada diez segundos me encuentro con un pedazo de historia, con una payasada, con una ternura, o con una cachondería. Supongo que es más ruido, otra distracción más, pero es un ruido muy agradable. Me tranquiliza mirar las fotos familiares.

La persecusión de la identidad.

Ayer me compré unos Camel que supuestamente son “natural flavor”. Definitivamente, son más duros. Supongo que me puedo acostumbrar a ese sabor. La caja es bonita, muy minimal, y tiene dos de mis colores preferidos: azul grisáceo y café claro. La combinación de gusto y tipo es poderosa. Estupideces en las que piensa uno.

Las putas viñetas.

Un comercial de viñetas, presenta muchas imágenes en treinta segundos. Creo que he hablado de eso varias veces. Situaciones diversas que sólo duran entre 1 y 2 segundos, y completan el comercial. Por azares del destino, el director de casting original dejó el proyecto al 30% y cuando me vieron caminando por ahí, sonriendo pendejamente, me lo pasaron. Lo único que sabía, es que teníamos un casting donde habían gustado muy pocas personas, de trescientos que presentamos. Ya había trabajado con el director (como editor). Cuando se presentó al callback con el asistente (con quien ya había trabajado también) y me reconoció, me sentí un poco más seguro con llevar el proyecto incompleto. Además que es un argentino buena onda, muy interesante, me gusta escuchar su conversación.

Hicimos el callback a cuarenta personas. Fue muy tranquilo. El director muy seguro de lo que necesitaba y quería para su comercial. Al finalizar el callback y comparando con el casting, me di cuenta que las acciones que hicimos en el casting estuvieron mal hechas. Las acciones las habíamos hecho con una intención cómica, cuando en sí, llevamos todo tipo de reacciones: melancolía, dramática, cómica, etcétera. Entendí porque no habían gustado las personas. Aún cuando teníamos buenas opciones para el comercial, las acciones que habían hecho no eran lo adecuado. Después del callback, me avisaron que la junta sería en dos días y que necesitaban más opciones para cubrir ciertos perfiles: un oficinista cool, un hombre maduro y agradable, chavos “bien” y probablemente papás entre 40 y 45 años.

Al día siguiente, arreglé que hicieran algunas llamadas y me trajeron suficientes hombres maduros, chavos y oficinistas. Alcancé a tomarle video alrededor de 20 personas. Las subí al FTP y coordinándome con el asistente de dirección, alcanzamos a cubrir los perfiles que faltaban. Me avisaron que la junta de preproducción sería al día siguiente, a las doce del día. Hice mis listas de presupuestos: quienes pedían más y quienes querían hacer solamente principal. Avisé al productor y rechequé esas listas. Me hicieron una anotación de hacerle un callback, con una actitud distinta, a uno de los hombres… lo cité a las nueve de la mañana y me fui a casa. Acabé tarde, me envicié con el internet, y no desperté a las nueve de la mañana.

El día de la primera junta, en chinga imprimí las listas de presupuestos. Llevé en un CD, bajo la manga, los quicktimes de las nuevas opciones y la nueva actuación de Sergio, quien la había hecho el director de casting, del proyecto anterior. Revisé la actuación de reojo y me dí de topes contra la pared. No era la intención. De nuevo se la habían hecho cómica. Salí como bólido para mi junta. Cuando llegué, estaban preparando las agendas. Las agendas contienen las opciones para locaciones, las opciones de casting, de vestuario, de arte, así como el story board, entre otras cosas. Héctor, el asistente, me llamó para que subiera con el director y le enseñara la actuación de Sergio. Sabía que me tocaría cagotiza y no me equivocaba. Cuando Mario miró la actuación, me dijo—. Ché, esto no es lo que pido, esta bien para otra cosa, pero no para esto… no, no, esta demasiado exagerado, necesito que lo cites de nuevo y se lo hagas, quiero estar seguro de que puede dar la intención que necesito.

El productor—. ¿Quieres que lo citemos acá para hacerle el callback?

—Si es posible, sí.

En chinga, sacando el celular y llamando a Sergio. No me había dado cuenta, pero era el día de las madres—. Estoy con la mamá de mi hija y saldré más tarde, puedo a las tres, o a la hora de la comida.

—Déjame avisar por acá, porque es casi seguro que te quedas tú, el director esta encantado contigo.

—Sale, pues déjame ver… pero sí no puedo zafarme ahorita.

—No te apures, yo te hablo y te digo qué onda.

Avisé que no podía presentarse, pero que lo citaba para hacerle el callback en la oficina y presentarlo mañana con su nueva actuación. Mañana es demasiado tarde, me dijo el productor. Los dos productores de esta casa productora siempre me han intimidado, de alguna manera. Hay uno que es particularmente silencioso y cuando habla, pide respuestas directas y breves. Alejarme del medio me hizo daño, sentía esa pequeña inseguridad de estar cerca de él. Contesté “muy bien, señor”, empezaba a sentir la pequeña neurosis acumulándose, antes de bajar le pregunté al director si necesitaba otra cosa, su negativa me tranquilizó y me bajé a fumar. Aún cuando tenía al otro cabrón en la cabeza, no podía hacer otra cosa. Esperé fumando, un tanto nerviosito, a que llegaran de la agencia de publicidad.

Llegaron. Nos invitaron a subir y tomar asiento. Hice lo mío, abrir mi pequeña agenda electrónica y prestar atención. Primero la presentación, que corrió tranquilamente. Después cada una de las viñetas, sus aspectos técnicos, la intención de cada una y finalmente, por ahí de la 1.30 ó 2, hablaron de casting. En algún momento, alguno de ellos dijo—. Estaría super chido si tuviéramos personajes en esta viñeta, dos hombres que se retaran con la mirada. Esa fue mi clave, Héctor me volteó a ver y me llamó. Platicamos un momento en silencio—. Ya escuchaste, necesitamos dos weyes y un buen de opciones para esto.

—Simón, me largo a la oficina y lo que llegue —me largué de ahí, sin escuchar el resto de la junta. Si necesitábamos nuevos personajes, podíamos estar en problemas: la junta final, al día siguiente y ya eran las dos de la tarde. Empezar a buscar y citar gente, arreglar los quicktimes, subirlos al FTP… si estaba neuras por lo de Sergio, esto me puso a full.

Llegué a la oficina, afortunadamente teníamos un casting de cabrones en curso. Subí con la cámara, todo el día me la pasé eligiendo a uno, y otro. Cité a Sergio para hacerle la actuación con la intención que se necesitaba. Todo parecía fluir, hasta que a las cinco de la tarde, me hablaron para decirme—. Tampoco tenemos papás, no le gustó ninguno a la agencia. Se me engarrotaron los huesos, los testículos se me subieron a la garganta, y se me frunció el cicirisco. Bajé a revisar fotos de papás, escogí a algunos, le pedí a la secre que hiciera algunas llamadas y consiguiera los más posibles. Subí de nuevo, ahora buscaba tres tipos de personas… y pues, de alguna manera, tomé video a otras veinticinco personas más para completar lo más posible. De nuevo, el rollo de la conversión, llamadas telefónicas, organizar todo el desmadre, sentí que completamos muy a huevo… acabé a las 11.

Junta a las 2 de la tarde. Llevaba en un CD lo nuevo, más la tercera actuación de Sergio. Supuse que ya no había problemas. Esperé fumando en lo que hacían las nuevas agencias, me golpeó un pequeño dejá vù y lo dejé fluir alegremente. Dieron las dos en algún momento, nos invitaron a subir, de pura casualidad me encontré a un cabrón con el que había estudiado en el CUM y no recordé su nombre (ni le saludé, creo que nunca nos importamos el uno al otro). Tomé asiento, una coca cola y todo empezó, en algún momento. Antes de iniciar una junta, piden que te presentes y digas de parte de quien vienes. Agustín Fest, Casting. Mucho gusto. Empezamos el pedo: director hizo su presentación, agencia hizo su presentación y al final, el cliente se tomó unos minutos para decirnos—. No queremos entrometernos en la idea que tienen ustedes preparada, confío plenamente en la especialidad de cada uno de ustedes y prometemos mantener nuestra opinión en reserva a lo que ustedes piensen lo que es mejor. El director respondió: A pesar de todo, lo que más nos importa el sentido común, y si ustedes tienen algo que agregar o una opinión, por favor… como nosotros estamos metidos en el aspecto técnico, es posible que algo se nos escape. Además si tienen una duda, con mucho gusto les explicamos.

Los huevos bajaron a su lugar. Cuando el cliente dijo eso, supe, de alguna manera, que la junta la tendríamos más fácil.

Y fluyó como un río. Viñeta, arte, casting, si nos quedamos con los que tú digas, ese me gusta, etcétera. Todo fluyó. Ya los teníamos a todos… V de Victoria. Me ocupé en anotar quienes iban de principales, secundarios y backups. Mandé mensajes por celular para avisar quienes se quedaban para que los confirmaran para filmar el lunes. Mis huevos no sólo estaban en su lugar, sino que crecían conforme pasaban los minutos. Invité a una amiga para tomarnos un café después de la junta, le mandé un mensaje a mi prometida para avisarle que todo había salido OK, hablé a la oficina para decir que iría para allá lo más pronto posible. Cerraba mi folder y avisaba que me largaba, para confirmarlos a todos.

Lo siguiente es la parte administrativa… odiosa y de hueva. Pero eso lo platicaré el lunes, o martes.