Abril 25, 2007 — Casting.
Escrito por Agustin Fest.
Ese domingo, aquel que parece lejano, llegarón siete niñas. El director sólo escogió una. Para la junta del lunes llevaba cinco niños y tres niñas. El asistente de dirección habló conmigo—. No mames, si le presento cinco niñas me la van a re-mentar —asentí, lentamente. Si lo sabía. Lo sabía muy bien. ¿Pero qué otra cosa podía hacer si con el último empujón no había gustado ninguna? Preparé mis listas con fotos, un cd con los quicktimes (otro cd con protección, por si no gustaba nada, presentar el casting), me rasqué detrás de las orejas y como una gallina descabezada, pero con dos kilos de valium, paseé de un lado a otro en lo que llegaba la hora de la junta. No había otra cosa qué hacer. Esperar nomás. Ese día se había abierto un casting, en espera de que llegaran otras niñas más. Si no gustaba nada, finalmente tendría material de protección para la junta final.
La junta sería en Lomas de Bezares. Si ubican la libre a Toluca, probablemente saben que de la Narvarte hasta allá, me haría como 45 minutos. Ese día no hubo tanto tráfico, ni llovió, así que llegué temprano. Como quince minutos antes de las cuatro (la junta era a las cuatro y media). Me presenté con mi folder verde a la productora, con camisita y bien peinado, los vigilantes me dirigieron a la sala de recepción y me senté por ahí. Fumaba y esperaba. Me habré sentado durante eternidades, mientras leía en mi ipaq y revisaba mis cuentos. El asistente pasó a saludarme en algún momento y me pidió los cd’s para que producción los copiara a la mac dónde proyectaríamos la junta. Me dijo algo de una niña que estaba por ahí y me preguntó si traería la cámara para tomarle video y hacerle el casting.
La productora me llamó para checar algo del CD y después busqué al asistente para ver lo de la niña. Ahí se encontraba el canadiense y el asistente haciéndole casting a la niña que habían mencionado. Una niña bonita, de vestido azul y sonrisa tierna. Una feliz desconocida como todos nosotros. Al terminar de hacerle el casting, el canadiense dijo que no se necesitaba el video. —No es lo mismo ser lindo con tus cuatitos y tu familia, a ser lindo con personas que ni conoces —dijo el asistente. Nada más lejos de la verdad. Despedí a la chamaquita con una sonrisa y me dijeron que le pasara mis datos para que hiciera uno que otro casting. Asentí y se me olvidó, me regresé a la recepción a esperar la junta. Finalmente encontré una sala por ahí, donde creí que presentaríamos todo. Tomé uno de los asientos y me perdí.
En unos veinte minutos pasaron dos cosas. Me llamó Sol para decirme que me amaba y el señor Pedro Torres, se asomó a la sala dónde estaba esperando, y me dio la mano.
Pedro Torres es uno de los grandes personajes de la publicidad y la creación de contenidos, en México. A él le debemos la entrada de la franquicia Big Brother, así como una serie de comerciales memorables, que seguramente guardas en algún resquicio de tu alma. Todavía es famosa la historia entre Lucía Méndez y él, de seguro algunos se acordarán de ese desmadrito. Si yo fuera comunicólogo, no sólo le hubiera dado la mano, le hubiera besado los pies y hubiera buscado la manera de que me diera trabajo o se interesara por uno de mis proyectos. En mi caso, sólo fue un firme apretón de manos, un cómo te va, y una pregunta vaga en mi interior como si debiera decir algo más. Sin embargo, ese breve encuentro fue la ceremoniosa educación que le debes al hombre qué te da trabajo, sin perder la dignidad o el decoro.
Se fue y me quedé esperando otro rato. La espera se hizo larga. Salí al estacionamiento y uno de los vigilantes me hizo señales. Me acerqué, me dijo que ya habían llegado las personas de la junta, y me dio instrucciones para llegar a la sala. Caminé apresurado, busqué en el laberinto y encontré la junta. Medio me asomé y me dijeron que me llamaban cuando fuera mi turno. Un pequeño dato que había olvidado: Vestuario, Arte y Casting, esperan su turno en la junta para dar su presentación. Me busqué una sillita, preparé mis listas y esperé. De nuevo. Por lo general casting lo presentan al final.
La primera junta es la de pre-producción. Es donde la productora y la agencia de publicidad platican. Ven las opciones de lo que hay, y entre ellos toman la decisión para la junta final. Así el cliente no lo ve todo, sólo lo mejorcito. El director presentó la idea del comercial usando el story board. Después platicaron de locaciones, de los animatronics y los efectos computarizados que usarán para el comercial, los jingles, etcétera. Me preocupó un poco lo de las locaciones. La locación preferida del director la cambiaron porque ya había sido utilizada en otros comerciales de dulces (específicamente un chicle). Lo mío es un chocolate. De todas maneras me preocupó, porque uno de mis niños ya había hecho un comercial de ese chicle en específico. Esto de las competencias de verdad es un tema muy complicado… sobre todo por los niños.
Cuando fue mi turno, los saludé a todos, repartí las listas y tomé asiento. Arte y Vestuario, por lo general tienen que platicar lo que presentan. “Escogí estas macetas porque pueden formar parte de la urbanidad, pero también le dan un toque natural, sin irse a lo industrial”, “Los colores fríos para los extras son lo mejor, porque nos gustaría darle prioridad a nuestros personajes principales”. El casting, sin embargo, siempre se vende solo. Lo único que necesitas es llevar tus videos, darles play y que los escogidos hagan lo suyo. No por ello estaba menos nervioso. Mis juntas siempre me había acompañado Jorge. Ahora que estaba solo, no me sentía inseguro porque llevaba protección hasta debajo de las narices, pero si esperaba no pasarme de lanza con mis comentarios. Uno debe aprender a medir como tratar a las personas, y como yo soy un discapacitado social…
El primer niño que presenté, fue uno que tenía las orejas un poco grandes y le llamaron “Yoda”. ¿Estamos seguros que queremos a Yoda en la filmación? — Risas. Alcé un poco la mirada. El siguiente niño me preguntaron si era demasiado adulto. —No —le dije—, puede que tenga las facciones un poco duras, pero es un chamaquito. Dominique (sentada a mi izquierda), la productora (una doña como de 60 años), me pellizcó un brazo y me dijo en voz baja—. No hagas eso, se supone estas vendiendo tu casting. Le asentí lentamente. No me importaba mucho defenderlo porque ese niño había hecho chicle y si quedaba, iba a ser una pinche tristeza. Después todo fluyó como agua viva. Los tres siguientes niños encantaron, uno porque parecía un joven Keanu Reeves y otro porque tenía cara de gandalla. Finalmente, como un extra, presentamos al preferido del director, sin embargo no les gustó y simplemente nos quedamos con tres.
Después fue el turno de las niñas y las tres niñas fueron, sencillamente, espectaculares. Les fascinaron, casi grito de alegría. Respiré aliviado. El asistente de dirección volteó para susurrarme: “Suertudo”. Me quedé unos minutos más, arreglé lo de unas cartas responsivas con el productor de agencia, salí al estacionamiento para llamarle a Sol y decirle que la amaba, pedí un taxi y me fui a casa, pensando muy poco en la junta de mañana y con una jeta de victoria en todo el rostro.
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Abril 3, 2007 — Casting, Del deber ser, Escribir, Vida diaria.
Escrito por Agustin Fest.
Lo malo de tener un blog personal, es que escribes joyitas como esa: “Estoy mirando la lluvia, y ya”. La sublimación de estas líneas, se ha dado gracias al nuevo servicio del que media blogósfera habla (Twitter). En 140 carácteres, es más que suficiente para hablar de la lluvia. Podría hacerlo y evitarme el ejercicio del día de hoy, pero esta vez me da flojera abrir la página y escribirlo. La ventaja es que en el blog, puedes hablar de los truenos y las gotas que se unen a las hojas de los árboles. El sonido de las llantas de un coche cuando serruchan las gotas de lluvia. Los cuadros efímeros que se forman cuando las gotas aferran su vida a los vidrios. Es una imagen fascinante, ver las esferas de hidrógeno… no en balde hay tantas fotos de aquel fenómeno cotidiano en flickr. Y pensar que hace un momento había un sol primaveral. “El clima esta loco”, me comentó Ricardo. “Pues el calentamiento global, a huevo, ya nos chingamos la tierra”, respondí burlón.
Seremos tan importantes como para chingarnos la tierra. Si acaso, estamos destruyendo modos de vida… lo hemos hecho constántemente. Estamos deshaciéndonos de comodidades al consumirlas, como los arbolitos o el agua potable. Cositas así, que sanarán cuando ya no abusemos de ellos. No somos tan importantes. Finalmente este pedazo de roca donde caminamos, tiene sus propias reglas y sus fórmulas. Hará lo necesario para seguir existiendo hasta que termine su ciclo, aún si fuera un enorme asteroide. Somos un ciclo dentro de un ciclo.
La lluvia arreció, la lluvia amainó. Todo en cuestión de minutos. La vecina de enfrente, por alguna razón salió con su escoba. Imagino que deseaba sacar el agua de su casa o esta limpiando. Como para escribir un cuento de aquella señora, con el cabello rubio a huevo y su piel morena, sus mayas de tigre y su blusa blanca, los lentes oscuros descansando en su cabeza. Dicen que durante años, cuando llueve, barre los pasos de sus amantes: “No sólo así se va el agua, sino las memorias”, le dirá coqueta al jardinero que le arregla las plantas. La señora barre y barre, mientras espera a su marido, el señor del taxi tsuru… un hombre blanco y robusto, que suele usar guayaberas en todo tipo de clima. Tal vez un recuerdo de algún estado del sureste. Un verdadero chilango. El señor a veces llega tarde y algunas veces se va de madrugada.
Que poético se pone uno con la lluvia. Debe ser por el ritmo de los golpes del agua contra los techos. Cuando uno vive con ritmos, es evidente que quiera escribir con ellos también, o pintar o esculpir, o diseñar. Yo solamente me tomo mi café y sigo mirando por la ventana. No sé escribir ritmos, no tengo oído para eso. A veces me sale una que otra cosa, pero es porque me siento como adolescente enamoradizo y pienso erroneamente que escribirlo y compartirlo es válido. Nada más alejado de la verdad porque sé que no soy poeta, ya no soy adolescente, soy sordo para el tono y aunque puedo enamorarme, la verdad prefiero mi amargura y mi neurosis puntillosa (es más divertida). Tengo la gracia para escribir cositas en prosa, pero no soy poeta. Eso me duele un poquito porque a los poetas les recuerdan. Uno se aprende de memoria la poesía para recitarla en los momentos precisos: enamorar una chica, empezar un discurso, discutir una banalidad, contar un chiste o una perversión, etcétera. Pero pocas personas se toman la molestia para aprenderse la prosa y no tiene mucho sentido aprendérsela… porque la prosa no sólo es lenguaje, es un hilo de pensamiento con cada párrafo y ese hilo conecta con los demás párrafos, algo como una bola de estambre, es tejer un sueter en vez de un pañuelo.
La lluvia esta peleándose con la electricidad. Unos cables han soltado chispas y lo he visto brevemente, por la comisura del ojo. Alguien me ha llamado por la ventana y me asomo cual Romeo. “¿Quieres algo de la tienda?”. Lo pienso en menos de un minuto: “Cigarros y coca cola”. En la mañana pensé en mis pequeñas adicciones. Siempre había pensado que necesitaba reemplazar una adicción con otra, para engañar a mi organismo. Por mero ejemplo, intercambiar los cigarros por agua. Si, totalmente absurdo, pero recurrente, varias veces lo habíá pensado. Hoy fue distinto porque me di cuenta que acumulo mis manías. Si me hiciera adicto al agua, no solamente la bebería como desquiciado, también fumaría mis cigarros y bebería coca cola. Es la mala fortuna de los obsesivos, neuroticoides y megalómanos.
Me asomo a ver el video, las tetas de una venezolana se mueven al ritmo de una canción, su cabello… larguísimo, se mueve con el aire y brinca, brinca. Afuera ha dejado de llover. Ella da vueltas y sonríe. Afuera, ya casi no se escucha a los coches derrapando. Sonríe coqueta a la cámara, una rola ochentera suena en algún ipod, mejor me voy a trabajar.
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Marzo 30, 2007 — Casting.
Escrito por Agustin Fest.
11.19: Estoy en la computadora, esperando nada. Un modelo se acerca a payasear, a platicarme como este lugar suele ponerse como metro. Otro se acerca a mirar la lista por el monitor. Me incomoda que me cachen escribiendo esto, aunque es nada. Se escucha la puerta, no ha llegado nadie más. Llevo anotadas alrededor de 20 personas. Un niño de tres años corre por ahí y hace demasiado ruido. Tocan el timbre.
11.23: Llegan dos personas. Una mujer de veintitantos y un hombre en sus cuarentas. El hombre es chistoso, character, de esos hombres que utilizarías en uno de esos comerciales divertidos. Se disculpa porque no se sabe el número de su celular y me hace esperar un poco. Los niños a mi izquierda juegan con las máquinas de dulces y chicles. Probablemente van a descomponerlas. Sale alguien del foro, entra otro más y yo llamo al siguiente para que espere frente a la puerta. Los niños continuan corriendo. Tengo enfrente a una mujer con minifalda y con mayas ochenteras, hasta las pantorrillas. ¿Por qué acostumbran a hacer eso? Nuestras miradas se cruzan brevemente y le sonrío. El director de casting sale del foro tres, deja a su asistente adentro. Tocan el timbre.
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Marzo 27, 2007 — Búsquedas, Casting, Del deber ser, Despertares, Howl.
Escrito por Agustin Fest.
El arte malo es más trágicamente hermoso que el buen arte porque documenta el fracaso humano. Tristan Rêveur..
Al regresar a este trabajo, aún cuando tengo menos responsabilidades, me recordó partes fundamentales de mi persona. Desde el ambiente multicultural (con su variedad de acentos y educación) y las experiencias de épocas varias, hasta pedacitos de como me comporto cuando se trata de responsabilidades y mis sueños aspiracionales (un poco distintos al que se esperaría de un mundo publicitario, pero sueños al fin y al cabo).
Cualquier trabajo, para hacerte feliz, debe ofrecer estos sueños. Desde un burdo “quiero dinero para…” o “me gustaría trabajar para estos proyectos y ganar un poco más”, hasta los grandes como “quisiera hacer casting para películas extranjeras” o “desearía abrir mi propia castinera”. No en balde, la pobre muchacha a la cual reemplacé, sin experiencia alguna en computadoras o habilidades secretariales, se vio totalmente perdida cuando un hombre que había trabajado para varios programas de TV Azteca se paró frente a ella y preguntó por el foro para entrar al casting. Un sueño con patas. No pudo conservar la compostura y paró el flujo del trabajo simplemente para tomarse una fotografía con él (hermosos los celulares). Más tarde (mucho más tarde), se acercó a la directora de casting para pedirle su número de celular porque deseaba invitarle a cenar. Obviamente no se lo dieron y la corrieron muchos kilómetros a lo lejos.
Mis aspiraciones son sencillas, tan sólo quiero un poco dinero para el casorio. Eso y otro trabajo que tengo por ahí (la entrada fuerte), ayudarán a un buen inicio, o al menos, para una excelente luna de miel. Recuerdo aquellas noches de desvelo, mientras cortaba material y guardaba otro tanto, mientras armaba las ediciones y arreglaba sus computadoras, y otro par de cosas más… con un poco de nostalgia, me recuerda como hace cinco años era más ambicioso, más creativo, más extraño y algunos dirían que más pedante. A veces lo añoro, pero con eso basta.
Si me preguntaran cuales son mis sueños, los de verdad, diría que es una casita en alguna playa (no importa si es una choza o un cuadrito hecho con ladrillos), una mesita plegable y disfrutar un sano retiro, con la buena mujer a un lado, solecito y arena.
Me interesó en algún momento ser un escritor de mainstream o incluso, de alguna elite cultural (si eso existe), tal vez todavía persiste en alguna parte de mi espíritu… pero si eso no me llevara a morir tranquilamente en la playa, puedo abandonarlo y seguir escribiendo en un cuadernito. Tampoco me ha interesado trabajar en el cine o en el modelaje (adelgazar y cuidar la dieta, exige demasiado para un muchachito que un rato se murió de hambre) y las nalgas de una vieja son algo que se pudre, como toda la carne, como mi propia carne. Tantas mujeres he visto pasar en estos pasillos en todos sus niveles. Mujercitas de 10 que de un día a otro tienen 15. Mujercitas de 28 que aparentaban 33 y a sus 33 intentan desesperadamente aparentar 28. Los hombres me parecen más patéticos todavía. En días de lluvia, este es un mundo muy triste, como el mundo que se aprecia cuando viajas junto a otro en un camión o en el metro, porque ves las edades, ves los sueños esfumarse de los ojos de un minuto a otro.
La vida inmediata puede dar giros inesperados (me largué a otro país, conseguí un trabajo que nada tiene que ver con mis estudios, nunca esperé pertenecer a una institución de caridad), en todos los lugares, en todos los tiempos, del mundo… sin embargo, el fin es invariablemente el mismo. Si algo quisiera elegir para mí, dentro de toda la vida que aún me guarda y me espera, es dónde voy a morir. Si acabo en un departamento húmedo, lleno de periódicos, mirando nostálgicamente por la ventana concreto trás concreto, deseando haber estado en esa playa, le pediré a quien me acompañe en mis últimos momentos que me cuente de esa playa que tanto escribí, que haga el ruido de las gaviotas y de las olas, que me platique de cuantos metros cuadradas es mi casita, y el color de mi sillita plegable. No hay nada que pueda vencer la imaginación del hombre cansado y fracasado.
Si todo saliera muy mal, si esos giros inesperados concluyeran en mi soledad, tendría una revista de viajes a un lado y esperaría tranquilo, sentado frente a la mesa y con un cigarrillo consumido en la boca, el momento de abrir sus páginas y largarme de una vez.
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Julio 13, 2006 — 24 horas, Consumidor de Entretenimiento, Vida diaria.
Escrito por Agustin Fest.
¿Es posible escribir durante 24 horas? ¿Qué de bueno podría resultar escribir cada hora lo que pasa por mi cabeza? Es como la propuesta gringa de escribir una novela en tres meses, ¿o era una semana? En esa propuesta, estaba explicado que de ninguna manera esperaras un Proust en el resultado, pero que el acto en sí, de escribir lo más pronto posible, te ayudaría a terminar el producto y ya una vez finalizado, tendrías la opción de editarlo. Yo no soy así, yo no puedo escribir una novela de corrido y luego regresar a ella. He descubierto que pasado un tiempo considerable, puedo animarme a releer el texto y sentir que puedo mejorar cosas. Pero fui educado con la necedad de que lo escrito, escrito esta y como con las palabras, estas no se retiran. Creo que es un sentimiento de lo más mexicano, responsabilizarse por los actos para sentirse héroe, noble y bien parido.
Supongamos que de veras me animo, el día de hoy, a escribir cada hora lo que esta pasando por mi cabeza. Y también de mis alrededores. Si hago eso, podré demostrar finalmente lo aburrida que es mi vida y también, como no, descubriré lo poco interesante que es seguir escribiendo en mi blog. O también podría descubrir una joyita dentro de todo lo escrito, una línea que sea capaz de disparar una inspiración propia y que me permita continuar algo que he dejado pendiente, o incluso crear una historia. Supongamos que es una idiotez escribir 24 posts, con una hora de diferencia cada uno. ¿A qué hora voy a dormir? ¿De veras el animo infantil lo vale?
Tengo que terminar un trabajo que tengo pendiente, puedo trabajar y cuando pase el tiempo, sencillamente escribiré ese progreso. Puedo detallar del trabajo que estan haciendo en la casa de a un lado, puedo determinar a qué horas pasa el gas y el agua. Puedo platicar cada cuanto tocan a la puerta. O si me siento muy valiente, puedo salir corriendo por un café al Starbucks más cercano y regresar a tiempo para la siguiente entrega. Puedo convertir esto en un meme, ¿alguien más se animaría a hacer esta idiotez? Puedo describir con absoluta presición los procesos mentales que pasan por mi cabeza, ya casi cumpliendo las 24 horas de necedad y pendejada. Puedo convertirlo en un ejercicio mensual, procurando hacerlo un fin de semana de cuatro, para llamar la atención de los webloggers. O bien, puedo sugerir que se convierta en el día internacional de postear 24 horas en todo el mundo, no me sentiría tan sólo si algún español, argentino, hindú y británico, me acompañaran en esta empresa.
De alguna manera, estaría haciéndole honor al espíritu original de un diario, que es escribir lo que se piensa en el momento, lo que pasa en el momento. Es lo que hacían los escritores que llevaban su libretita, que al caminar por las banquetas de alguna plazuela, se les prendía el foco, sonreían siniestramente, luego adoptaban pose misteriosa, sacaban su plumita y anotaban “que el hamster le daba vueltas a la ruedita”. Ya después, en sus casitas, tachaban al hamster o la ruedita, y lo cambiaban por la vida o por el amor. De eso se trata tener un blog, para aquellos que se sientan escritorsuchos, de anotar lo que piensan y luego, ya más calmaditos, tachan, revisan y reescriben. No es para que los descubran como grandes escritores. Disciplina y control, como diría el hombre oscuro. Amor al arte, pues.
Veamos qué tal me va, he puesto el temporizador de mi celular para que suene a la hora que empecé a escribir esto. Veamos si tengo la disciplina para escribir esas 24 horas. Y ojalá surja algo divertido, además de babear como estúpido a las diez horas de haber empezado esto.
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Mayo 26, 2006 — Asceta, Consumidor de Entretenimiento, Fractal Chaos, Notas aleatorias, Sensitivo.
Escrito por Agustin Fest.
He estado tan entretenido con esto de los FotoCuentos que no he escrito de mí. Me han dado ganas, pero me gana más el entretenimiento que me provoca escribir por una fotografía que ustedes me envían. Se me ha hecho raro que mi novia no haya mandado alguna, pero así como la negrean en el trabajo también lo comprendo. Si eres lector habitual o caiste por casualidad a este blog, te invito a que me envies una foto. Si ya enviaste una, puedes enviar otra, al fin que hay bastante cola (hasta el momento, son treinta fotos pendientes). El ejercicio me ha parecido entretenido y muy estimulante. Claro, no tan estimulante como una mamada, pero casi.
Me gustaría que mis cuentos fuesen más cortos, pero no puedo, tengo la mala costumbre de adornarlos un poco.
La otra parte de mi tiempo la ha consumido Final Fantasy X, puedo decirles, no sé si orgullosamente, que mi juego salvado registra 140+ horas. Me sorprende porque un juego RPG, si no es un Final Fantasy, lo acabo en 30 ó 40 horas. Si es un Final Fantasy, me quedo en las 70-80. La verdad, la historia no me ha fascinado, sin embargo el sistema de juego se me hizo muy cómodo. También, tal vez, es que he adquirido más paciencia para jugar. Esta vez me dediqué a buscar todo lo extra que podía ofrecer el juego y poco a poco, he conseguido todas las armaduras, las armas celestiales, las esferas especiales para llenar atributos vacíos. Calculo que me faltan otras veinte horas de juego, para sacar a un monstruito llamado “Nemesis” y para terminar de subirle todos los atributos a mis personajes. Mierda… soy un friki, o friqui, o freaky, o cómo gusten escribirlo.
Espero que cuando llegue el momento de la verdad, no intercambie el sexo por el juego o por escribir fotocuentos, sería energía física muy desperdiciada.
Ya tengo trabajo como corrector de estilo para una revista, muchísimas gracias a Caro por el contacto y por avisarme cuando se dio la oportunidad. La paga es poca, casi que para los camiones y la coca, pero no creo que consuma mucho tiempo y con ello estoy trabajando en el rubro. También con ello reactivaría cierta independencia económica. Por otra parte, esta por salir mi tercera colaboración en la revista Penthouse y eso de alguna manera, me tiene muy contento. Verme publicado en medios masivos es muy satisfactorio.
Mientras escribo esto, estoy matando a un Kottos para obtener cuarenta esferas de fuerza. ¿A poco no soy un chingón?
Últimamente me ha asaltado la idea de “escribir para sanar” como dice Jodorowsky. No como algo metafísico, sino como algo oriental. Estuve enfermo mucho tiempo y escribí esa enfermedad. Tal vez, ahora que tengo un poco de paz y estabilidad en mi vida, debería escribir de eso, sin embargo, me da un poco de terror hablar acerca de los trinos de los pájaros y de como alumbra el sol el rostro de los niños. No sólo es mamón, es horriblemente cursi. Tal vez si me sentara a contemplar, conseguiría una de dos cosas: No me daría miedo mi cursilería o bien, aprendería a apreciar las cosas bellas sin caricaturizarlas o ridiculizarlas. Me gustaría escribir para tranquilizar y relajar a otras personas, este mundo jodido lo necesita un poco.
Sin embargo, “escribir para sanar” en mi caso, no creo que sea lo óptimo. Después de todo, me gusta disfrutar mi parte hedonista, mi parte oscura, la que desea y quiere más. No tengo ningún problema con ella, al contrario, la estimulo cuando sale a flote. Más estos días donde vivo tan relajado. Tal vez eso de “sanar” es solamente un ideal, y realmente continuo enfermo, moviéndome en ambos lados de la balanza. Jugar 140 horas Final Fantasy, ¿es la virtud de la paciencia o es el reemplazo de la enfermedad? Ahora, no hay que ser tan exagerado, esas 140 horas hay que dividirlas entre treinta días que lo he estado jugando (tal vez un poco más). Un promedio de 3-4 diarias. En eso se me van mis horas de insomnio. La verdad lo prefiero a pedirle fotos a mi gringa proveedora de fotos de celular en pelotas. Tiene un culo demasiado grande, como de caballo, enorme…
A mi novia le gusto por grotesco en ocasiones, a veces me desprecia un poco por ello.
Tidus ya tiene 255 de Fuerza / Defensa / Defensa Mágica / Evasión. No necesita más. Nos vemos al ratón vaquero.
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Junio 26, 2005 — Familia, Fractal Chaos, Niño viejo, Notas aleatorias.
Escrito por Agustin Fest.
Continúas mandando mensajes, hablando por el messenger, insistes en contarme una historia repetida y yo, sencillamente, observo. Mi yo interno se dice que te la debe, por haber dicho una cosa que le pegaría a tu femenismo y te haría, pues, encabronarte. En ese momento, seguramente, no lo dije como una creencia personal, sino como diversión. Quería ver como te enojabas o como te defendías, o como defendías tu género y tu creencia… ¿Y hoy? Estoy pagando por ese momento de diversión, supongo, y por más que quiero cerrar esa ventana de conversación, bloquearte durante diez minutos, permito que cuentes esa historia vieja, ese ritornerate de cassette. Casi puedo escucharte en voz alta y te imagino, con los ojos cerrados y sonriendo reconfortada, al escucharte a ti misma, al escuchar el sonido de tu voz platicando la historia vieja que, en días como estos, después de un orgasmo solitario (tal vez), te hacen sentir mejor.
¿Y yo? No sé. Yo soy Bob, supongo. Yo soy el cacto que escucha, esta vez, una serie de frases que esconden tristeza y desahogo, sin consciencia de tal. Me platica porque, inevitablemente, es. Si le entristece o le agrada, no es de mí. Resignación a la misma vida.
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