Tratado sobre el Amor

Hace algún tiempo, no me daban ganas de hablar del tema porque se dice lo mismo en todas partes y yo puedo diferir (o decir lo mismo que los demás), a sabiendas de que me avienten una piedra por amargado (o me tachen de cursi). Ya lo había leído en los blogs de Sikanda y Gabs. Hoy encuentro que Gabo lo vuelve a retomar, como una idea que había estado flotando en su psique desde aquel día. En la mía está flotando desde aquella discusión que se originó por el cuento de Anselmo y Susana.

¿Cómo se puede hablar de amor, sin exagerar o sin querer amargarle? ¿Qué es el amor? ¿Es lo mismo el amor para todos?

Se puede decir que mi concepción del amor, es basicamente la misma que en un cuento que escribí: “De aquel hombre que perseguía la luna y aquella que durante el día perseguía a aquel hombre que perseguía la luna”.

—Demasiado romántica —decía Simón y sonreía—. No hay sangre, no hay sensacionalismo y nadie, escúchalo bien muchacho, nadie cree que el amor es capaz de destruir el mundo o al menos, cambiar la rotación de los planetas. Además… ni se sabe siquiera si se persiguen por amor.
—¿Y por qué no cree que sea amor, abuelo Josué?
—Porque el amor, como todo… se acaba.

Mi abuela lo decía. Así nos lo decía a sus hijos. Y fueron todos adoptando esa creencia por vivencia propia. Yo la asimilé (a temprana edad) a través de experiencias de otros. Sin embargo, todavía recuerdo a esa abuela que miraba con ojos lejanos y hablaba del pasado, donde el abuelo observaba como una sombra ausente.

Todavía recuerdo a la abuela, con sus manos arrugadas y el amor natural a sus hijos. En ese momento yo me convertí en mi propio personaje: Yo no podía creer que el amor terminara porque lo estaba viendo ahí. ¿Dime abuelita, cuándo estaba destinado a terminarse tu amor que con tanto ahínco lo estabas matando día tras día, para no volver a ver a ese cabrón que te hizo tanto daño?

Estaba viendo el vestigio de un amor de pareja. Un restante. Una llama apagándose junto a la vida. Un bonito recuerdo hecho cuerpo.

Quiero creer que fue así.

Mi madre y mis tíos, sostienen que el amor es una lucha de poderes, un negocio. Y así lo asimilé (a mediana edad). Es un negocio, donde se aprende a ceder para pedir y viceversa. Luego escuché a un grupo de personas que empezaban a decir: “El amor de un hombre y una mujer es distinto. El hombre da amor por sexo. La mujer da sexo por amor”. Un negocio redondo, todos salen ganando y hasta suena coherente.

Hay gente que se dedica a observar a hombres y mujeres, de distintas culturas. Escriben libros y libros, puntualizando las diferencias entre uno y otro. El resultado de observaciones cuidadosas. El amor no es más que eso, una comunicación entre dos personas que se toleran el uno al otro lo suficiente para pensar ser una pareja determinado tiempo. Y de ahí, parten distintos tipos de amor… por dependencia, por conveniencia, por sobrevivencia, por convivencia, porque está en los genes, porque es nuestra cultura…

También, puede ser un invento publicitario. Trabajo en eso y es… tan sencillo.

Humanidades y Ciencias Exactas (¡Inclusive alguien se inventó una ecuación para el amor!). Lo que quieran. You name it. Cada ciencia da una explicación racional, a su manera, de lo que es el amor. De lo que debe ser el amor. De lo que fue el amor. De lo que será el amor. De como asemejar el amor. Y qué químicos nos hacen sentir amor. Las hormonas compatibles y necesarias dan por resultado el amor. Y comiendo chocolates, desencadenas reacciones fisiológicas que hacen algo similar, amor.

Siendo sofista, se puede decir facilmente que el amor está en todas partes. Hay una explicación lógica y coherente acerca de éste. Alguna que otra mafufada cursi también.

¿Pero estamos satisfechos con esas explicaciones? ¿O preferimos pensar en el amor como una serie de imágenes, que nos dan una esperanza sin explicarlo del todo? ¿Estamos contentos con el “Debes sentirlo para vivirlo”? ¿Podemos soportar la idea de que el amor es un negocio? ¿Se puede encerrar al amor en un concepto? ¿Está el amor limitado por el lenguaje que hemos inventado para describirlo?

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Mauricio Bonilla

Ayer pasé la noche con un amigo y unas cervezas, su nombre es Mauricio Bonilla… la amistad, en mi concepto retorcido del mundo, creo que es un ideal romántico de mi parte. Por eso mantengo dos amigos en esta vida.

Mauricio es uno de ellos, con él no me preocupo de representar un papel o una máscara, me facilita los comentarios y es el amigo (igual que a Irwin) al que no le veo los defectos. No se trata de tolerancia, es sencillamente que olvidas y te enfocas a pasarla bien con la persona. Ese es mi amigo Mauricio.

Ayer fuimos al estacionamiento que está por … la verdad no recuerdo, pero creo que es por donde está el paseo de Guadalupe. En el estacionamento del Suburbia, el Portón y demás establecimiento, se juntan las personas para presumir sus coches. Lamentablemente ayer se cayó la diversión porque las autoridades se pusieron más intransigentes de lo usual. Todavía se quedaron algunos valientes, por ejemplo el Neon que tenía doble sistema de nitro, luces debajo de la carrocería, DVD y CD incluidos, con pantalla plana. Quitó los dos asientos de atrás para que se viera el sistema electrónico…

Precioso coche, por lo menos con 10,000 dólares adicionales en equipo.

Había una caribe modificada también, con luces de neón debajo de la carrocería (parecían ovnis la mayoría, hasta parece que están de moda), buen sistema de audio, pero vaya, no se le compara al Neon. Lo que si puedo decirles es que estaba modificado para ser convertible. Bastante bonita la Caribe, siempre he querido tener una.

Mauricio tiene una camioneta Ford 1942, de esas que son del tamaño de un Microbus y pueden deshacer uno en un choque directo, le llamamos el “Artefacto”, tiene motor de Mustang, frenos de disco y dirección hidráulica, está bella. El problema, bueno, es que ya se le invirtió mucho dinero y está contemplando cambiarla por algún otro coche viejo y de esos, que aguantan. El motivo al que fuimos a aquel lugar, fue para ver si había algún posible comprador.

Pero la seguridad privada no nos dejó.

Comimos hamburguesas, seguimos a una niña que nos sonrió en el coche (su mamá se dio cuenta y tomó otro camino). Y la noche siguió con un par de cervezas y nuestras ideas maquiavélicas… acabamos riéndonos de una chava en el chat que estaba ebria y no dejaba de cantar canciones por el micrófono.

Fue una buena noche, con mi amigo, Mauricio Bonilla.