Febrero 25, 2003 — Niño viejo, favoritos.
Escrito por Agustin Fest.
Una vez lo discutí con mi tío Daniel. Para algunas personas, el número de llaves en su llavero, es un símbolo de poder o control. Puede sonar ridículo, pero esto me lleva a recordar a un profesor de Física que tenía en el Centro Universitario México. Jorge Hoyo, solía tener llaveros y llaveros colgados en los jeans, no exagero al decir que por lo menos tenía 50 llaves y ¿qué hacía con tantas? No lo sé, nunca me animé a preguntarle.
Cuando caminaba hoy, estaba haciendo sonar mis llaves y me sonreí, ya son como diez llaves o quince. Tal vez la persona que las tenga se sienta como San Pedro, con las llaves para abrir el cielo. Te vuelves una persona de la que las demás dependen, porque tú tienes las llaves para ciertos lugares. Son como las relaciones con la gente influyente, que ellos tienen llaves para abrirte las puertas a una mejor calidad de vida, a cierto costo.
Lo bueno es que una llave te cuesta diez pesos (1 dolar) con el cerrajero y lo otro, bien puede que pierdas las influencias con San Pedro.
Ahora que mencioné lo del CUM (Centro Universitario México), me acordé de la Bitácora del 106. Tal vez empiece a registrar la bitácora aquí, porque ya no regresaré a Tripod en mucho tiempo.
¿Por qué me dicen Árbol? En quinto de prepa, solía vestir mi chamarra verde, traía el cabello largo y rizado, algo de barba. Mi abuela solía poner una manzana en mi mochila antes de salir y una vez, un viernes, llegué a juntar las manzanas de la semana.
Empecé a regalarlas y una voz, la de Alfonso Pano, dijo: “Pareces un árbol manzanero”. Desde ahí… se me quedó el árbol, y me agrada, a excepción de cuando alguien dice: “Voy a mi-ar bolito”.
Hace 4 años, sucedió algo así.
Viernes 9:40 - 9:55 PM.
Escenario: El JimboFest.
El Árbol llega, y le asaltan con 10 varos, que dizque pal reven, encuentra al Capi.
Árbol: “Vamos por chupe Capi”
Capi: “Nel Árbol, exámen del TEC mañana, si quieres ve tú”
10 minutos después…
Árbol: “Ya pinche Capi, vamos por Chupe.”
Capi: “Sale Árbol”
Árbol y Capi van a la barra donde unas viejas pedas gritan: “¡Argentina!”. Yo pido un tequila y el Capi pide una Coca.
Árbol: “Ya pinche Capi, ya entrale”
Capi: “Nel, neto, mi exámen del Tec”
Llegan Tambor, Que-K, Mago, Fonts, Bonilla, Holguin, Fleko, Merino, Pano y Pad. Preparan el buen chupe (la coca y el appleton, entre el Vodka y un tequila, puta…), mientras los detienen en la entrada por no llevar feria. Un servidor atentamente les presta $10.00
Árbol: “Platicame del Infierno Fonts, ahorita que si lo visualizo.”
Y Fonts me empezó a guíar en el camino a la oscuridad (Memorias de Infernalia), cuando Mago me salva y llega a hacer un brindis.
En eso, una zorra bailaba mientras Mora y sus espermatozoides furiosos tocaban, como la señorita bailaba sola y nos daba la espalda, un servidor hizo el favor de bailarle rítmicamente por atrás.
Bonilla: “¿Qué pedo con la zorra esa?”
Merino: “¿Qué el Fonts qué?”
Fonts: “¿Queeeeeeeeeeeeé?”
Árbol: “Nel, esperense, una estilo Baca (Larga y Asquerosa): ¿Qué Vignau se masturba y regocija sobre la tumba de quieeeeeén?”
Fonts: “Esa estuvo asquerosa”
Merino: “Jajajajaja, los huesos de Campos.”
Baca llega.
Larry llega.
Bonilla: “Qué mal pedo, el Sapo no viene.”, Y así… Bolonio y sus Rascaescrotos abandonan el canto por la peda de hoy.
Fleko se larga por que se siente mal, Bonilla y Fonts lo van a dejar. Al regresar: “¿No saben donde podemos estacionarnos?”
Fonts: “Deja me bajo a wuacarear que ya me maree”
Baca ya muy pedo, por que ya es mi brother.
Filas de Conga/Mambo (Whatever)
Larry: “Haganme casita”, (Fonts, Bonilla y un servidor le hicimos el favor de baño público)
Árbol: “¿Y tú exámen del TEC pinche Capi?”
Capi: “Huevos, Pinche Árbol”, (El wey ya se estaba poniendo jarra)
Empiezan a bailar Table: Tambo, Mago, Baca, Pano (¡Juan Pano II! ¡Te quiere todo el mundo!) y los recibíamos un chingo de weyes cuando se aventaban.
Al Árbol y a otros les preguntan derivadas para medir su grado de embriaguez.
Según esto ya estaba bien pedo por que cuando lograba levantarme decía: “El Árbol sigue vivo”, y abrazaba a alguién.
Pano: “No me abraces Árbol”.
Merino: “Tengo exámen del TEC mañana y ya se me subió el tequila.”
Bonilla: “Jajajajaja, yo ni he leído la guía”.
Fonts: “El Camino del Hombre en la vida es ser féliz. Si este es féliz en lo que hace, entonces este cumple su camino”. (Aristóteles, creo que así va la cita.)
Árbol: “Gracias Fonts, le das una razón a mi desmadre”
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Septiembre 18, 2002 — Mi abuela, Un tal Simon Dor.
Escrito por Agustin Fest.
Hoy se cumple un año del aniversario de la muerte de mi abuela…
te quiero mucho abuelita, estés donde estés… perdóname por nunca decírtelo.
Perdóname por ser un iluso que te quiso aferrar a la vida cuando estabas en aquella cama, recuerdas?
Día 21
¿Tengo que llorar? Mi primer muerto, estaba yo despertando, parecía un día normal. Inclusive, era un día en el que había despertado tarde y mis obligaciones podrían ser suspendidas. Fue el teléfono el que me despertó, casi lo recuerdo porque fui yo el que respondí. Escuché la grave voz de mi tío ¿Tengo un tío? ¡Socava los recuerdos!, aunque su voz era más grave de lo que yo la había escuchado. ¿Te das cuenta de las coincidencias maravillosas? Estás escribiendo el día 21, casi tan siniestro como si hubiera sido el 18.
Su voz me pedía que llamara una ambulancia, mi madre me observó con la mirada de “He perdido el control y quiero desesperadamente recuperarlo” ¿Mi madre? ¡Tengo una madre! y empezó a dictar ordenes inseguras, que sabía que no habría de prestar atención alguna. Nadie me había dicho nada con palabras, todo me lo dijeron con sus actitudes de gallinas descabezadas. Queriendo recuperar un poco mi propio control… tome mis zapatos y me los puse, me vestí de jeans y una playera, la chamarra azul oscuro. Mi color preferido.
Puedes dejarlo ahí, no recuerdes más… Solo tenía que subir dos pisos para encontrarme con mi tío y mi tía. Lo hice rápidamente, preguntándome mil cosas y haciendo caso omiso de una verdad. Podían ser muchas cosas ¿De veras? Una ambulancia, ¿qué caso tendría pedir una ambulancia? lo que más rabia me da es que sabía que era perfectamente inútil pedir una ambulancia cuando lo que se lleva en ellas son a los que aspiran a la vida, jamás a los muertos. Los muertos, los cuervos.
Toqué el timbre y abrió ella, mi tía, su rostro muy tranquilo. Su rostro era un muro que pedía que me tranquilizara, aún me pregunto si ella lloró en algún momento y gritó. Aún me pregunto tantas cosas, yo caminé derecho y vi ahí a mi tío, tan grande y tan deshecho. No me dijo nada, no pudo. Nada más los abrazé a los dos, porque ya sabía con certeza de que vería a mi primer muerto. Mi morboso espíritu se preguntaba si por fin, ver los vestigios de la persona que has perdido, ayuda de alguna forma a retirar la cicatriz que deja tu corazón.
¿Necesitas más? Es espantoso recordar, por eso no tengo patria, ni espíritu, ni persona que me ate. Mentira, todo te ata. Dejé de abrazarlos y la puerta estaba abierta. Yo pasé y miré mi primer muerto. Ahí estaba, uno de los pilares más sólidos de mi existencia, de una manera atroz, horrible… tan hermoso angel que siempre había escuchado mis motivos, mis razones, mis pasos, que siempre había vigilado mi crecimiento y que esperaba vigilara hasta que pudiera ser digno de su memoria.
¿De qué valen los triunfos? De qué valen. Mi Vieja, mi abuela. Su piel estaba teñida de amarillo, le pregunté a mi tía porque estaba amarilla, una pregunta estúpida, ella me respondió tranquila y me dijo que era porque su cuerpo los había estado liberando, liberando los químicos. Y yo me arrodillé, e intenté tomar su mano rígida, aún cálida. Y le lloré mucho. Vale, detente ya maestro. Lloré mucho su ausencia y recordé con absoluta tristeza todas las barbaridades que por mi culpa le hicieron llorar. No pude recordar otra cosa.
Mi muchachote, mi niñote, solía decir, ¿verdad? Y yo que me creía viejo. Y yo que me sentía maduro. Y yo que me sentía noble. ¿Y la escuela? De qué valen los triunfos. No lloré lo suficiente, no podía soportar el amarillo, el asqueroso amarillo. Definitivamente, no. Ver al muerto no ayuda.
Mucha gente, un ataud y yo le seguía llorando, vinieron unos amigos a acompañarme y yo puse mi mejor sonrisa y dije, “Vale maestro, vale, estoy bien” Vale, somos iguales… Vale, vale vale vale. Todo fue bien. Mostré mi mejor rostro y cuando estaba con ella, no podía creer aún que era cierto, aún cuando le quitaron el amarillo y el maquillista se las había arreglado para pintarle una débil sonrisa. Vale, no podía creer que era cierto, fueron varias veces en las que estuve ahí de pie, observando y esperando a que me dijera niñote o muchachote. Si estos son tus recuerdos, ¿Por qué recordar Simón?
Simón Dor.
Fueron días difíciles.
Prométeme que no dejarás la escuela.
No te preocupes, estoy viendo varias opciones. Te aseguro que pronto estaré en la escuela. Tan puede ser que entre a la UNAM el siguiente año (De qué valen los triunfos, no te puedo decir que lo logré al menos que me vigiles en el cielo).
Que bueno mi niñote, yo no se cuando saldré del hospital. Tal vez ya sea hora de que el que está allá arriba decida que me vuelva parte del Universo. No veo hora de que se me quite esto que tengo
Nah, no te preocupes. Te recuperarás pronto. Y ya regresarás a la casa, sin ningún problema.
¿Tú crees?
¡Simón! ¿Realmente dije simón en vez de Si? estarás en casita y te pondrán medicinas y ya te recuperarás pronto.
Ojalá mi muchachote, tan noble.
Infiel memoria. Representa hechos como quisiera que hubieran sido, solo agregando unas cuantas palabras, que aunque no fueran dichas, estuvieron presentes. El contexto, me aferro al contexto y recreo una conversación.
Dedicado a María Rojas.
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