Impulso del Amor Viejo.

Una pareja de ancianos caminaron en un viejo parque que les vio jugar de niños. La noche apenas caía y eligieron un banco para sentarse. Hablaron de viejas tristezas y alegrías breves. Se tomaron de la mano y así sintieron una fortaleza que les ayudaba a reconfortarse el uno y el otro.

Los recuerdos de aquella Belle Epoque les asaltaron y se recordaron con sonrisas cuando de niños jugaban en ese parque y aunque eran tímidos para cortejarse, lo hacían con fineza que les exigía el antaño. Se regalaban rosas y se hacían reverencias, se acomodaban los vestidos de holanes y las camisas bien arregladas.

Como un lento vals, así se enamoraron. Encorvado, el anciano cuyo rostro era una masa de arrugas que hacía ver su rostro como una masa dulce, sonrió y la esposa sonrió con él. Ella era una señora con las facciones endurecidas por el Padre Tiempo, pero que se endulzaban con sólo mirarle a él.

Se pasaron las manos por el rostro y se besaron cada uno el dorso de las manos, cuando voltearon de reojo, miraron a una pareja joven con las mejillas coloradas y los ojos brillando. Les dedicaron un saludo con la cabeza y una sonrisa, que estos correspondieron apenas.

Impulso del Amor Joven.

Jóvenes los dos, haciendo poses de pavorreal a pesar de los uniformes de secundaria. Ella demostrando la mejor de sus sonrisas y él con palabras torpes trataba de enfatizar el encanto. Se rozaban las manos, fingiendo accidentes que hasta un idiota hubiera visto a tres kilómetros. La electricidad les pasaba por los cuerpos y se encadenaban con la mirada, aunque temieran convertirse en piedra como la Medusa hizo con aquellos viajeros osados.

Ella se reía nerviosa y él se preguntaba si estaba haciendo un buen papel. Se sentía como el cómico que no sabe si el público ríe con él o de él. No miraban el cielo convertirse en oscuridad, la tarde rosa ya les había dejado atrás hacía unos momentos.

Él iba por un par de refrescos, ella miraba su maquillaje en un pequeño espejo de bolsillo. A ella le gustaba tanto que no quería verse como una niña, quería presentar la extensión de la mujer que podía ser. Se retocaba un poco el maquillaje donde faltaba y a veces se recriminaba del exceso en donde sobraba. Con la rápidez asombrosa adquiría el conocimiento de todas las mujeres, para verse hermosa en cambios de escenario que se daban por segundos.

Al llegar él con los refrescos, se lo tomaron lentamente con la noche ya presente, oscureciendo un parque que era el testigo silencioso de como estos chiquillos se tomaron de las manos y se dieron un beso tímido en los labios.

Una pareja de ancianos los vio besarse y ellos miraron a los ancianos, vieron que les saludaron y ellos hicieron lo mismo, con la timidez por haber sido descubiertos en su privado momento.