Diario de Simón Dor. Día 69.

Este post es parte de una serie, llamada “Segunda parte del diario de Simón Dor: El viaje”. Anotación 23 de 48


Querido Diario:

Es el número mágico, ¿te das cuenta? Un 69 grande e inmenso.

SESENTA Y NUEVE. El de los amantes que se besan los genitales para chuparse el alma entera. ¿Necesito ser más explícito? ¿Te gustaría masturbarte con el número, mi querido Diario? No lo creo.

Conmigo basta.

Hoy soñé. Es raro que yo sueñe, desde que estoy en El Viaje. Me olvidé por completo de mi barco Mojalnir, del mar de Yenén, del árbol de los mil nombres, la tía Yemita y el niño mago. Hasta me olvidé del delfín (He de llamarle Camel) y de Bobby Mindar (el nuevo nombre del rottweiler, ¿te gusta?). Me olvidé de las llaves de Beatriz y he descubierto que la manera más efectiva para evitar la tentación es dormir y soñar.

El único sueño que se me ha permitido es el de la muerte simbólica. Hoy, hoy he tenido un sueño muy distinto y me acercó a la que era mi realidad. ¿Sabes con qué soñé y me tiene tan contento? ¡Adivina! Vamos, vamos… no es tan difícil. ¿Quieres qué te de una pista? ¿Te acuerdas que Yasmín, al subirse en mi barco, abrió las nubes e hizo que se mirara la noche?

La noche que ella me permite ver en mi barco, aparte de las nubes grises de éste mar horrible, tiene dos estrellas y un cuarto de la luna. Al ver la luna, hubo en mí una regresión a aquella etapa donde vivía en una Luna hecha de Queso. ¡Así es! ¡Soñé otra vez con los ratoncitos! Más que un sueño, creo que fue un viaje astral… fue tan real.

Los ratones me esperaban, me dijeron que habían decidido perdonar el exilio ese día para platicar conmigo. Yo les sonreí y me invitaron a sentarme en la sala del queso Gouda, donde bebimos vino (decidieron conseguirme una botella) y comimos quesos hasta hartar el paladar y el estómago.

Si eso no es ser feliz, entonces no se que lo sea.

—¡Te extrañábamos Simón! A pesar de tus ideas revolucionarias acerca de la escazes de queso, que nunca habrá en nuestro planeta cabe enfatizar. Hemos decidido perdonarte el día de hoy para preguntarte, ¿cómo has estado? —preguntó el rey ratón.

Los ratones presentes me miraron ansiosos y me sentí avergonzado, no siempre está uno ante tan agradable concurrencia para ser el centro de atención.

—He estado mejor —les dije, no podía mentirles—. La escasez de amor en mi planeta me ha llevado a hacer un viaje.

—¡Si! Nos hemos enterado. Te hemos visto desde acá arriba… a medida que las nubes nos lo permitían. ¡Ahora te veremos más seguido, ya que se ha abierto un agujero en el cielo! Nos gustaba platicar contigo Simón y quisieramos preguntarte… ya que has traído a flote el tema de la escazes de amor en la Tierra, ¿no gustarías pasar unos días con nosotros? Hasta podríamos arreglarte una vivienda, eso si quieres —dijo el rey contento.

—No lo sé…

—¡Vamos! Eres el primer y único humano al que le ofrecemos escapar, ¿piensas rechazarnos?

Los ratoncitos miraron con sus ojos negros, negros, y esperaron la respuesta con los bigotes moviéndose ansiosos.

—Mi querido rey ratón. El viaje es algo que debo terminar, es inexorable. Es cierto que el viaje ha sido la consecuencia de la escazes de amor y también, por el revivir el amor. ¡Es tan extraño, fugaz, fantasmal el amor de hoy en día… que prostituimos el término como si habláramos de democracia, solidaridad o chocolate!

—Es muy cierto eso, Simón. Por eso nos preocupas y te hacemos la invitación, queremos que estés con nosotros y nos des tu sabiduría a cambio de que no tengas que vivir eso, nunca más.

—La cuestión, mi querido rey ratón… es que no puedo hacerlo. El viaje se ha vuelto tan pesado, que lo arrastraría hasta aquí. Podría corromper su planeta y entonces habría de hacerles un mal, en vez de ustedes un bien.

El rey ratón y la asamblea de ratones guardaron silencio.

—No nos importa Simón —dijo el rey—. Queremos que tú seas feliz. Te queremos Simón.

—¿Qué?

—Te queremos.

No les diré que se me resbaló una lágrima y me temblaron los labios.

—Ese viaje —dijo el rey ratón—. Puede significar tu muerte y te extrañaríamos.

Se estaba convirtiendo en Disney combinado con una película trágica de Hallmark.

—Lo siento, de veras lo siento. No depende de mí, de veras… ¿Puedo seguir visitándolos?

—Pero muy poco Simón, o si no, olvidarás porque viajas y … has respondido bien, ninguno esperaba otra actitud de tí.

Con esas palabras desperté, me sentí rejuvenecido. Cuando abrí los ojos, el árbol de los mil nombres estaba en mi habitación, mirándome fijamente.

—¿Qué? —pregunté.

—Nada… sólo vine a decirte que si no despertabas, me iba a ver obligado a hacerlo.

Busqué mi botella de tequila, me bebí un trago. (Se han consumido doce botellas ya). Y me sonreí, ¡qué bueno era vivir en una luna hecha de queso! Me tomé otro trago más por los ratoncitos… se los debía, a estos veintinueve días, con sus veintinueve noches que restan.

Diario de Simón Dor. Día 68.

Este post es parte de una serie, llamada “Segunda parte del diario de Simón Dor: El viaje”. Anotación 22 de 48


Querido Diario:

El Cuarto de Trofeos se ha hecho más siniestro. Con los ojos del súcubo Galloria flotando en el formol y la piel del súcubo Mama Esirasaft colgando de un perchero. La cabeza del rottweiler Mindar sigue sonriendo, jadea lentamente y me mira con ojos grandes. Le sonrío de vuelta y él crece más su sonrisa… eso me hace preguntarme, ¿por qué no mejor le llamo Bob? Suena más tierno que Mindar y al menos, me daría menos miedo cuando le mire.

El esqueleto estático de metal, con los pulmones de plomo flotando dentro del tórax, parece una armadura medieval protegiendo las llaves del cuarto de Beatriz. Me he decidido a mover las llaves un poco más cerca de la entrada para no hacer el recorrido entero del museo de excentricidades que he estado construyendo. También he puesto la pistola de McGonnagal junto con las llaves. No sé si Mindar/Bob pueda enloquecer tarde o temprano y quiera atacarme.

El libro de Mama Esirasaft puede corromperse en el polvo.

He sorprendido a Yasmín gritarle al niño mago y viceversa para comunicarse. No sé porque no apelan al sentido común… al menos entiendo que la vieja no quiera pararse de su asiento, pero el niño tiene mucha energía para caminar hasta la popa. ¿Por qué no lo hace? Así no estaría soportando los gritos que se avientan el uno al otro como pedradas.

La Tía Yemita:¡A qué no puedes escribir una historia de cuándo le robé el alma a un hombre llamado Gerardo Quesada! ¡Le he dicho que podría ser inmortal siempre y cuando existiera un retrato suyo!
Niño mago:¡Pero si la he escrito abuelita Yasmín! ¡Y también escribí la historia de dos hombres, Dumas y Domingo, que eran tan amigos que se confundieron de tal forma que no sabían cuál había cometido el primer asesinato y cuál era el inocente!
Árbol de los mil nombres: Matías, Saítam, Síatma, Tsaíma

Esto se ha convertido en un circo. El único que parece comprenderme es el delfín, que recibe mi mirada con una sonrisa constante y navega luchando contra el mar contaminado para mantener el paso de mi barco. El árbol sigue vigilante de mis pasos y entre-abre sus labios para decirme algo… se contiene y después vuelve a la ley del hielo. Yo le sonrío y le saludo con mi gorra. No seré yo el que dé el primer paso.

He pensado en la teoría del omniverso que ha propuesto Fest en el monolito. Él habla de escribir todas las historias del mundo, lo cual no me parece mal. Aunque ha olvidado algo terriblemente importante, si llegara a encontrar el punto donde se conjuntan todas las historias del mundo, podría también modificarlas. No sería el Dios de un sólo universo, sino el de todos los universos.

Claro, él es joven. No ha contemplado la posibilidad de convertirse en Dios, solo un mero espectador. Un escriba que dependió de la inspiración divina.

¿Y saben dónde se encuentra eso que está buscando? ¿No lo adivinas, mi querido Diario? Yo tengo una vaga idea. En el Cuarto de los Espejos. Pero no tengo la llave y francamente no me gustan los espejos, así que me ahorraré la molestia de convertirme en Dios yo también. Es más, seré feliz si el cuarto de los espejos desaparece así como vino.

Treinta días con sus treinta noches.


He ido al cuarto de trofeos y he tomado las llaves del Cuarto de Máquinas cuando dormía. Y también dormido, caminé por el pasillo de los cuartos y estuve frente a la puerta, queriendo acomodar la llave con la torpeza del sonámbulo. Fue cuando sentí una mano áspera en mi hombro que me despertó y abrí los ojos como lunas. Estaba a punto de desperdiciar una llave.

¿Simón, dónde estás simón? —pude escuchar repetidamente, tan rápido como los latidos de mi corazón. Quería entrar, deseaba entrar, pero la mano áspera en mi hombro me detenía fuertemente. No voltée, me quede varado frente a la puerta, asombrado de la fuerte tentación que representaba mirarla de nuevo, abrazarla, quererla y sentirla. Mirarle los ojos, mirarle el cuerpo, olerla hasta embriagarme y después llorar su maldita imagen fantasmal. Llorar que no existiese y no pudiera abrazarme.

—No es hora todavía —dijo el dueño de lo que creía era una mano, de reojo pude mirar una manzana roja que colgaba de una rama seca— Simón, dime, ¿por qué Matías?

—Jaramillo —respondí—, la anciana ciega. ¿No recuerdas nada de eso?

—No.

—Antes me llamaba Matías. Sólo que lo había olvidado.

—¿Entonces tu nombre guarda relación con el mío? Te he salvado de la tentación, ahora tú sálvame del nombre falso que no me puedo quitar de la mente.

Sonreí.

—¿Estamos jugando a los favores?

El árbol me contestó con una voz áspera y sucia—: No, te estoy salvando de tí mismo. Como tú lo hubieras hecho por mí.

Me quedé pensando y voltée para encarar al árbol de los mil nombres. Le debía la verdad.

—Matías era un escritor, que creyó que podría escribir las historias del mundo y asombrar a todos con ellas. Así como Fest. ¿A Fest lo recuerdas?

—Vagamente.

—Curioso que el nombre de Fest no haya tenido ningún efecto sobre tí.

El árbol respiró lentamente. Sus labios presentaron una tristeza, como en una caricatura.

—Es el nombre que me ha marchitado y también, es el nombre más falso de todos.

Me reí.

—¿Y Simón? ¿Simón Dor? —le pregunté.

—Es el nombre más real. El nombre que más me confunde.

—Sigue jugando con los dados, árbol. No puedo ayudarte porque no me sé tu nombre.

—¿Me puedes ayudar?

Me reí de nuevo, el árbol no pareció apreciar mi gesto. Lo confundió con sarcasmo en vez de ironía. Nos miramos largamente y él comprendió.

—Gracias —dijo el árbol de los mil nombres y se fue.

Si, treinta días, con sus treinta noches.

Libro de Mama Esirasaft.

Este post es parte de una serie, llamada “Segunda parte del diario de Simón Dor: El viaje”. Anotación 20 de 48


Credo in Deum Patrem omnipotentem; Creatorem coeli et terrae.

Capítulo 17.

El viaje de Simón.

Simón 17:1 Hubo en tierra de hombres un hombre llamado Simón Dor, y él era injusto y cruel, discutía con Dios la existencia de Dios y a pesar de ello, por Él era querido, ya que era su hijo que sólo necesitaba enmedar su camino.

Simón 17:2 Decidió hacer un viaje de cuarenta días y cuarenta noches.

Simón 17:3 Con inspiración enteramente humana, construyó un barco al que habría de llamar “Mojalnir” mientras dormía y al amanecer entendió que debía partir en él, para buscarse así mismo…

Simón 17:4 …o tal vez la inmortalidad…

Simón 17:5 …o tal vez la muerte…

Simón 17:6 Ofreció un sacrificio para sí mismo, matando a un perro y llevándose su cabeza. La sangre la ofreció a la noche y bautizó su sagrada cruzada con el nombre de “El viaje”. Besó tierra antes de partir y blasfemando contra Dios y contra Satán, decidió navegar en el mar oscuro que es el puente entre la Tierra de Nod y el Río del Aqueronte.

Simón 17:7 Simón blasfemó, llamando al mar Yunén

(Nota de Mama Esirasaft, rayada en el canto de la hoja—: en algunos textos, Yenén).

Simón 17:8 Los piratas le asaltaron durante el viaje. Arrancó los ojos de una súcubo hermana al robarle su alma. Dios jugó ajedrez contra él.

Simón 17:9 También ha descubierto la capacidad de ver a los muertos.

Simón 17:10 Un delfín, un árbol de mil nombres, un niño mago que nació antes de los tiempos de Cristo y madre Lilith habrían de acompañarle en su viaje.

Simón 17:11 Simón hizo que se partieran las nubes grises del cielo para que iluminara el sol al árbol de los mil nombres, el cual conservaba una manzana de propiedades paganas colgando de una rama seca.

Simón 17:12 Y para Madre Lilith, partió las nubes grises del cielo para que le iluminara la luna, una débil estrella y así, ella representase la noche.

Simón 17:13 Entonces llegué yo, Mama Esirasaft, un súcubo hija de éL y de Madre Lilith, a treintaitrés días para que Simón terminara su viaje.

Simón 17:14 Se me ha enviado para detener a Simón y Simón me ha llamado a mí.

Simón 17:15 Así está escrito en el capítulo número diesiciete del Libro de Mama Esirasaft. Que estas palabras queden sembradas en las espigas negras que crecen en el campo de Uz, por los siglos… de los siglos.


Et in Jesum Christum, Filium ejus unicum, Dominum nostrum; qui conceptus est de Spiritu Sancto, natus ex Maria virgine;

Simón había olvidado al súcubo, después de lo sucedido con Yasmín que se había instalado en su barco. Notaba divertido que el peso de la vieja era tal, que el barco se hundía un poco del lado de la popa. Cuando acabó de asombrarse y se aburrió de escuchar los murmullos de Yasmín (los cuales enumeraban todas las almas que había robado), caminó a la proa e ignoró al árbol de la manzana y al niño mago, ya que ellos continuaban ignorándole —aún después del episodio tan importante con la vieja—.

Miró los restos de los piratas metálicos, no se decidía a tirarlos por no contaminar más el agua del delfín. Los restos eran pocos y ligeros, así que decidió ponerlos en el cuarto de trofeos. Al entrar, los restos tuvieron un efecto extraño: se hicieron metal líquido y después se juntaron para solidificarse y construir la forma de un esqueleto humano y sus pulmones.

Simón Dor se carcajeó, probablemente la muerte le estuviera advirtiendo acerca de su adicción a la nicotina. Luego acercó su mirada a las llaves de Beatriz que estaban colgadas en uno de los tantos ganchos que había en el vasto cuarto de trofeos. Tres llaves y la tentación de utilizar la primera era tan fuerte, que Simón se descubrió metiéndolas en los bolsillos de sus pantalones de lana.

—No —se dijo. Puso las llaves en el ganchito, se despidió de la pistola de McGonnagal y miró con miedo supersticioso la cabeza de Mindar.

Mindar le regresó la mirada y su horrible rostro de rottweiler muerto, parecía sonreírle.

¿Qué razón de ser tendrían los trofeos?, se preguntó en silencio mientras cerraba el cuarto. De reojo miró una mujer de vestido negro que caminaba por los pasillos y cuando volteó para mirarle completa, ya no estaba ahí.

Entonces recordó al súcubo y escuchó al silencio susurrarle su nombre: Mama Esirasaft.

passus sub Pontio Pilato, crucifixus, mortuus, et sepultus; descendit ad inferna; tertia die resurrexit a mortuis; ascendit ad coelos;

El silencio dirigió a Simón por un pasillo que no sabía que existía dentro de su barco. Estaba preguntándose como lograba el barco ser más grande, de lo que realmente era y la respuesta sencilla le provocó una sonrisa mientras prendía un cigarrillo.

—Nada de mamadas del omniverso, ni la conjunción del principio y el fin que hacen estragos en la realidad. No… es tan sencillo como que yo hice mi prisión tan grande como quise.

Escuchó la risa del súcubo, una risa adolescentil a contrario de lo que esperaba por el nombre del súcubo. Decidió seguirle el juego y continuó caminando por el pasillo hasta topar con dos puertas laterales, una de ellas le llevaba al Cuarto de Fest y la otra le llevaba al Cuarto del Laberinto.

—Era de esperarse —dijo Simón y se encogió de hombros—. ¿Por cuál te has ido Esira? ¿Te importa qué te llame Esira? Ya que Mama Esirasaft se me hace demasiado grande y tal vez, hasta un anagrama ridículo.

—Puedes llamarme como quieras —respondió el silencio del súcubo.

—Oh, lo olvidaba… —susurró Simón—. Los súcubos no respetan su nombre con tal de que uno se las coja.

sedet ad dexteram Dei Patris omnipotentis; inde venturus (est) judicare vivos et mortuos.

Abrió la puerta del Cuarto de Fest y se asomó. Un cuarto donde un monolito descansaba. El viejo no resistió la curiosidad y entró al cuarto… en el monolito había un mensaje que decía—Ya estoy tranquilo, le he dicho.

Simón Dor se sonrió, después de todo, el viaje de Fest estaba avanzando rápidamente y también entendió otra cosa… ya no recibiría de él más cartas. Sólo mensajes en forma de enigmas.

—¿Ahora es tu turno de tenerme a mí en ascuas, tratando de descifrarte? Zarahuato imberbe… está bien, jugaré contigo.

El monolito borró la frase y se quedó hecho piedra. Simón salió de la habitación y el súcubo volvió a tentarle por la comisura del ojo.

Cuando el viejo volteó, otra vez, ella ya no estaba ahí y escuchó su risa, que provenía del Cuarto del Laberinto… se lamentó por no traer el hilo que había usado Ariadna para Teseo. Tal vez no sería necesario, a menos que algún minotauro llamado Hör le estuviera esperando del otro lado.

—No me tengas miedo —dijo la voz adolescentil.

—Me has encantado con tan sólo medio observarte —confesó Simón—… acabemos con esto de una buena vez, acerca esas hermosas caderas que tienes y esas nalgas divinales, que este viejito quiere acción.

—Yo soy diferente.

—Como todas las mujeres del mundo.

El súcubo se rió.

Credo in Spiritum Sanctum; sanctam ecclesiam catholicam; sanctorum communionem; remissionem peccatorum; carnis resurrectionem; vitam oeternam.

—Dios te ha mandado su credo para protegerte.

—Dios y tu padrE harían bien en no intervenir —dijo Simón—. Yo acabaré decidiendo lo que yo quiera… demonios, tu maldita imagen, tan sólo me ha dado una erección por querer poseerte y tan sólo he visto, tan poco de tí. Tu voz adolescente, tu andar de mujer… maldita eres.

—Te dije que yo era diferente.

Simón se llevo una mano a la entrepierna sin voluntad y aunque la hubiera tenido, no lo hubiera evitado. Abrió el zipper de su pantalón y buscó adentro lo que tenía unas ganas inmensas de acariciar, su piel estaba tan caliente y las arrugas formaban ríos de sudor. Descubrió que entrecerrando los ojos y mirando a la lateral, podía ver la imagen de Mamá Esirasaft de una forma mas nítida.

Se recargó en la puerta cerrada del Cuarto del Laberinto y se deslizó suavemente donde se sintió más cómodo para masturbarse. El súcubo eficazmente se instaló a su lado, pero cuando Simón le quería mirar a los ojos o volteaba bruscamente para verla mejor, ella desaparecía.

—¿Qué tipo de súcubo eres? —dijo Simón, con la voz entrecortada y aumentando el ritmo de su mano.

—No lo sé, pero si quisiera te tendría ladrando como un perro ahora.

El perro le recordó a Mindar y Mindar le recordó las llaves del cuarto de Beatriz. Había un silencio espantoso que sólo era interrumpido por los jadeos de Simón, el sonido de la piel y la risa del súcubo. Algo no cuadraba y realmente, no le importaba. Tan no le importaba que descubrió que le importaba mucho.

Mama Esirasaft no le dejaría detener la mano, con la risa, la sonrisa, su piel blanca, sus caderas, sus nalgas. Se le estaba metiendo en la mente y sentía como se le estaba metiendo en el alma. Pronto ya no habría viaje y sólo quedaría esta imagen de Simón, masturbándose en la entrada del laberinto. Cuando sus nietos preguntaran ¿dónde está mi abuelo Simón? les darían una fotografía del anciano en la posición que se encontraba ahorita. Se reirían de él y preguntarían a sus padres que era esa cosa que estaba en su mano, esa cosa marchita pero que todavía peleaba como gallo.

El viejo lo comprendió, apretando los dientes y con el dolor artítrico atacándole los dedos por detener su ánimo onanista, jadeo más fuerte y quiso detenerse recordándose la pregunta que le había salvado del primer súcubo: ¿Dónde estás Simón?

—Estoy aquí. Sigo aquí. ¿Creías poder detener a Beatriz, Esirasaft? ¿Creías poder borrar la pregunta que está marcada en mi corazón? Eres igual de pendeja que tu hermana antes de ti.

—¿Cómo pudiste vencer la ilusión?

—Igual de pendeja —Simón jadeó exhausto y pudo soltarse así mismo. Se levantó cansado y con la piel hecha pergamino por el sudor—. Dame lo que me corresponde, que te he vencido… lárgate, lárgate ya. Súcubo maldito, te expulso de éste mar manchado de sangre y conocimientos, no sin antes dejarme tu alma para asegurarme de que no has de regresar, que tu estirpe y las almas que te robes sean benditas por los siglos de los siglos y que tus hijos recuerden con amor tu nombre, puta infeliz, lárgate ya…

Amen.

El súcubo le dio a Simón la piel de su cuerpo y también, el Libro de Mama Esirasaft que copiaría en su diario, a los treintaidos días y treintaidos noches de terminar su viaje.

Galloria I.

Este post es parte de una serie, llamada “Segunda parte del diario de Simón Dor: El viaje”. Anotación 13 de 48


Árbol de los mil nombres: Reinal, Gunthrab, Werty
Niño mago: ninguno de esos es… ¿Observas como Simón no está escuchando a Beatriz? No le importa y aún así está con esa otra mujer.
Árbol de los mil nombres: No es una mujer, es un súcubo.
Niño mago: Eso no importa, no hace ninguna diferencia.
Árbol de los mil nombres: Todos necesitamos sanar.
Niño mago: Escogió a la equivocada, ¿crees que deberíamos interrumpirlos?
Árbol de los mil nombres: Serbmon lim sol ed lobra.
Niño mago: Cerca… pero no arbolito, ese no es tu nombre.

El Árbol meció sus ramas marchitas y puso una cara triste, el niño acarició su tronco y se recargó en él.

¿Te gusta así? Oh… me quieres más abajo, aquí. ¿Aquí te gusta mi lengua? Ya lo creo, mira como te ha crecido Calla y hazlo ¿Simón? ¿Dónde estás Simón? Puedes maltratarme lo que quieras, eso te doy a cambio de tu alma… permíteme chupártela toda hasta que solo queden huesos, aunque bueno… viejito Simón, no falta mucho para que la naturaleza haga eso ¿Te gusta mofarte de la gente antes de darle tu sexo? Mmmmmmmmmmm, grande y firme. ¿Simón? ¿Dónde estás Simón? Así me gusta… puedes decirme de cosas, maltrátame el cuerpo, maltrátame la mente. ¿Qué te gusta que te digan? Lo que soy, nada más. ¿Te gusta qué te digan ramera? Pero si se me ha humedecido con tan sólo decírmelo Zorra ¡Más! ¡Más! ¿Perra? Muy bien, ya estás aprendiendo y yo a cambio estoy recibiendo tu esencia… que bonito, ahora si me disculpas mi boquita estará muy ocupada. ¿Simón? ¿Dónde estás Simón? Así, así… que bonita perra, dale lento, no te lo quieras acabar todo en una ¿Simón? ¿Dónde estás Simón? mordida, que tienes buenos dientes… eso no se te puede negar, UMMmmmmm, diablos… deja de mirarme con esos ojos Ungh… slllll…… ¿Simón? ¿Dónde estás Simón?

Niño mago: No me gusta… debería hacer algo.
Arbol de los mil nombres: Gahajun, Erianda, Beriondola.
Niño mago: Deja de decir nombres.
Arbol de los mil nombres: Mira niño, estamos aquí como meros espectadores, que eso te quede claro. El dibujo que hiciste fue demasiado… no debemos ayudar a Simón o…
Niño mago: ¿O qué?
Arbol de los mil nombres: Sería peor que matarlo con nuestras propias raíces.
Niño mago: Intenta con T.
Arbol de los mil nombres: ¿Qué?
Niño mago: Tú nombre empieza con T.

Hasta adentro… eh bien, ¿te gusta? A mi me gusta todo lo que me pidas y me hagas Simón… ¿Simón? ¿Dónde estás Simón? pégame, cacheteame, haz que me duela tu existencia, haz que me duela el alma que me estoy robando, ARGH! ¡Así! ¡Así! ¡AGH! ¡Más fuerte! ¡MÁS! OHhhhhh… como me dueles Simón… como me dueles. ¡Cómo me duele tenerte adentro! ¿Simón? ¿Dónde estás Simón? ¡No te distraigas! Sigue, sigue, sigue… rápido, adentro, rápido, rápido… si… bien, bien… que bonito viejito eres, lindo viejito… ¡NO DEJES DE LASTIMARME! Pronto estaremos juntos eternamente mi querido, pronto y no volverás jamás a este viaje tan cansado y tan aburrido… ¿Simón? ¿Dónde estás Simón? ¿Para qué lo haces si puedes tenerme a mí? Hasta el límite del cansancio, como perros aquí la perra eres tú y yo soy tu dueño Ya estás aprendiendo mi bonito Simón, así… no necesitarás el viaje ya, Simón, nunca más… ¿Me estás escuchando? ¡Dame en la espalda ahora! ¡ASÍ! ¿Simón? ¿Dónde estás Simón? ¿Qué estoy haciendo? ¿Cómo que qué haces animal? ¡Me estás cogiendo! ¿Dime más palabras? Zorra, perra, ramera, puta ¡Más! ¡Más! ¿Dime lo cerda que soy? Eres una cerda ¡Con emoción! CERDA Eso es… eso es… vente en mí Simón. Simón? ¿Dónde estás Simón?

Niño mago: ¿En qué día vamos?
Arbol de los mil nombres: Treintaiseis tías ton tus treintaiseís toches.
Niño mago: Ese no es tu verdadero nombre, pero fue un buen intento.
Arbol de los mil nombres: Tracias.

¿Cómo me piensas llamar? Ojitos divinos… tienes unos ojos muy grandes y muy oscuros Es un bonito nombre, pero aquí… llámame por mi nombre aquí. No, ya no quiero ¡Vamos Simón! ¿Ahora me dirás que no te gusta? Tienes los ojos… de ¿Simón? ¿Dónde estás Simón? ¿Simón? ¿Dónde estás Simón? ¿Simón? ¿Dónde estás Simón? No la escuchas? ¿Por qué te detienes viejito bonito? ¡Todos han de saberlo ahora! ¡Todos han de saber la naturaleza dañada de tú ser! Ahora me perteneces mi querido… no te detengas que ya es demasiado tarde ¿Simón? ¿Dónde estás Simón? Nunca es tarde… nunca sabemos que vendrá. Y tú, tú no eres ella. No puedo sentirte ¡Pégame! ¡Destázame! ¿Qué estoy haciendo? ¿Simón? ¿Dónde estás Simón? Vete, vete ya, ¡Largate! ¿Simón? He dicho… ¡Qué te vayas he dicho! ¡Vete de aquí! Me recordarás por siempre Simón. no lo creo, te he cogido para olvidarte… y el que se ha quedado con tu alma, soy yo… vete de aquí, si no quieres que te eche… ten un poco de dignidad y yo trataré de recuperar lo que me queda. VETE YA TE DIGO

VETE

¿Simón? ¿Dónde estás Simón?

VETE

¿Simón? ¿Dónde estás Simón?

Vete ya… y déjame sólo.

Niño mago: Se ha ido Galloria.
Arbol de los mil nombres: tal tez tegrese.
Niño mago: No lo creo… de cualquier manera, si lo hace… llamarás a los cuervos.
Arbol de los mil nombres: Tos tuervos, tos tuertos.