II

Estaba jugando en la computadora. Era una rana intergaláctica, aventando bolas de colores para destruir más bolas. Si estas llegaban al final, perdía; así de fácil. No me gusta perder, ni en lo sencillo, ni en lo complicado… esto se debe a que son pocas las cosas que me apasionan, que me despiertan de un letargo continuo en el que los días se me van como gotas de agua cayendo en un fregadero de porcelana. Debería conseguirme un hobby, me digo en ocasiones, uno que despierte algún lado artístico o creativo.

Intenté mantener un diario y fue un fracaso rotundo, el cuaderno que elegí especialmente para la tarea de “guardar mis más preciados pensamientos y sentimientos”, terminó siendo una agenda y después, feneció arrumbado en algún rincón de mi cuarto. Mi diario se convirtió en una fotografía sepia. Hoy en día, aunque estoy estudiando literatura, no aspiro ser escritor. Sé que no soy bueno. A mi sólo me gusta leer. Además, terminaría siendo parte del círculo vicioso de la literatura decadente. Un ridículo.

Agustín, mi hermano, soñaba con ser fotógrafo. Me acuerdo que en la comida hablaba mucho y yo le escuchaba paciente, era la manera de callarlo más rápido. Hablaba de que le tomaría fotografías a modelos bonitas y a paisajes increíbles, mientras la sopa se le escapaba de la boca. Era un hombre apasionado, pero se necesita más que pasión y agallas para ser bueno en algo. Se necesita talento. ¿Y qué hago recordando tanto a mi hermano? No lo amé. Ni siquiera le quise.

Habla de mi.

Al terminar mi juego, salí un rato a caminar. Aprovecharía para comprar una coca cola y unos cigarros, el combustible del hombre moderno. Los viernes no tengo clases, todos los fines de semana serían un tanto aburridos si no fuera porque en mi trabajo no existen horarios. Y tanto puede haber mañana, como no… es un alivio vivir sin saber qué pasará mañana, en algo tan monótono y rutinario como un trabajo. Caminé, caminé… crucé avenidas, recorrí cuadras gigantes, un gran círculo antes de llegar a la tienda. Me gusta observar.

Y como el ángel que se le apareció a José, un hombre de playera gris, sin marcas y sin otros colores. También vestía jeans deslavados, un collar con un dije que no reconocí. Él esperaba recargado en un poste. Su cabello era castaño claro, casi rapado, tenía labios gruesos y una barba mal afeitada. Lo seguí mirando, no podía apartar la vista. Le reconocí como lo había visto en mi sueño.

Era Ayer.

Caminé para acercarme —impulso personal— y cuando me di cuenta, el hombre extendió su brazo y un microbus paró a recogerlo. Se fue a unos pasos de alcanzar mi deseo oculto. El sueño se rompió.

Si fuera supersticioso, me sentiría maldito por quebrar el destino.

Velacebu

Supongamos que soñé con el Diablo. ¿Ustedes no son supersticiosos al respecto? Así como de niños, a algunos nos daba miedo soñar con Freddy Kruegger porque creías que pasaría como en la película… era un alivio de hecho soñar con Freddy Kruegger y ver que lo podías manejar como quisieras.

Supongamos que soñé con el Diablo. Y dudo si fue un sueño, lamentablemente no soy un ferviente escéptico. Cuando medio abrí mis ojos el diablo se abría paso por encima de mi cama, una sombra oscura, una silueta de su rostro y su mano con la que apoyaba para estirar su largo cuello. Recuerdo que me dio un malestar de inmediato y el miedo natural de ver al mismo Belcebú en persona.

Supongamos que fue un sueño. No sucede como con Freddy: te aliviana saber que te despiertas y no moriste. No, no, Freddy es un fantasmita vulgar de Hollywood cuando lo comparas con años y años de tradición judeo-cristiana. El Diablo representa todos los temores, pecados, maldades que hay en el mundo. No sólo es un catrín de sociedad o un personaje caricaturizado… No solo es el enemigo jurado de Yahvé…

Supongamos que realmente lo ví. El Diablo no trata de una caricatura donde, por ejemplo, son los Thundercats vs. Mumra o Dexter vs. Diddy… a muchos nos agrada pensar que Dios vs. Satán es un anime con lo último en tecnología. Queremos creer que hasta ahí llega el resultado de tal tradición… a lo que me refiero, es que creemos que es un cuento en vez de narración de hechos reales. Aunque sueños como éste, me hacen creer que Satán es real, que con sus poderes omni-loquesea, logró crear una apertura en uno de los muros de mi habitación y asomarse como una sombra negra mientras yo estaba en un estado semi-inconsciente.

Supongamos que lo vi. Que en el estado semi-inconsciente del sueño, fue una realidad en vez de una ficción. ¿Qué querría hacer Satanás con mi alma? ¿Por qué querría hacerme un trato? ¿Hay algo que no recuerdo aparte que lo miré? ¿Acaso mi firma ya está en un papelito guardado en las profundidades del averno? Las fuerzas luchando por su alma, aunque hay algo cierto en mi vida. Dios nunca se me ha presentado en sueños, mientras que Satanás se da el lujo. ¿Quién lo viera? … Dios bendiga a los ateos.