Tres diablos
Abril 14, 2008 — Sueño-Insomnio.
Escrito por Agustin Fest.
Sueños de un pornógrafo.
Julio 26, 2007 — Consumidor de Entretenimiento.
Escrito por Agustin Fest.
Yo, y mi estrecha relación con la pornografía, me han hecho pensar en convertirme en un productor porno. Pensando un poco el asunto, sólo se necesita una cámara, un servidor en internet, unos cuantos modelos y poco capital inicial. Después se ampliarán las locaciones, las luces, el micrófono, todo eso que hace un profesional. Aunque con el boom que hay con el reality porn, me hace pensar que es un negocio casero y rentable. Sólo cobrar por las suscripciones al sitio, vender dvd´s bien editaditos. El problema principal son los modelos, porque evidentemente no habría capital para pagarles mucho por el día de grabación. Hombres y mujeres con fé, para hacer las porquerías más divertidas frente a la cámara. Y digo con fé, porque cualquier trabajo es noble, siempre y cuando el dinero se gane honestamente. Un par de pirujos, o más, que no busquen paga, sino un excelente ambiente de trabajo, amistad, camaradería, fluídos y buenos deseos. Tiene que ser gente dispuesta, con buena voluntad, porque eso de engatusar personas para aparecer no es lo mío. Aunque es divertido. Ahhh, y mayores de dieciocho años. Luego, ya se va juntando el dinero para mejores locaciones, mejor equipo, sacar dvd´s en masa… todo poco a poco.
Eso o podría escribir novelas pornográficas.
En ese lugar no se puede fumar.
Julio 3, 2007 — Vida diaria.
Escrito por Agustin Fest.
Ni en aquel, ni en el otro. Estuve incómodo este fin de semana, porque no podía fumar donde quería… pero así pasa, cuando eres fumador y tienes que seguir las reglas de las casas. Fumar cuando no puedes dormir es parte del insomnio. Sobre todo el insomnio del que piensa. No es que pensar sea una de las actividades más nobles de este mundo. O una de las más sanas. Diría que no. Al contrario: su inutilidad y prolongación, da pie a la inacción, lo que lo convierte a uno en el imbécil. Por eso aunque sea fumar, prender un cigarrito. Acción e inacción, una fumada y mirar, otra fumada y abrir la boca como para decir algo, fumada más y rascarse un pezón. Sacar el cuadernito y escribir una anotación. Fumar y escribir. ¿Quién habrá inventado ese cliché? ¿De dónde vendrá esa imagen publicitaria? Me pregunto después, ¿cómo era mi vida antes de prender un cigarrillo? El jueves me di una idea. Desperté y no había encendido nada hasta muy entrada la tarde.
Me gusta el calor de Villahermosa. Mi suegra me dijo que estaba loco por llevar chamarra y quedarme dormido a medio día con ella puesta. Después se enteraron que dormí sin aire acondicionado y sin ventilador. Loco, loco, loquito. No importa, de verdad empecé a disfrutarlo. Sudo poco, casi nunca. Sentí como la gripa que tengo desde hace una semana se me escapaba como vapor, atravesando mis poros. Detesto el calor, pero cuando es el calor de Villahermosa, me provoca felicidad.
Fuimos a una boda ese fin de semana.
Miré el rito atentamente. Escuchaba las canciones, miraba a los invitados, escuchaba los precios. Solían decirme, cuando empezaba a anunciar mi inminente boda, que no me imaginaban casado. Facilmente puedo decir por qué: Todo me da dolor de cabeza (literal), desde el escándalo hasta el movimiento social. No lo desprecio, simplemente en algún punto todo se vuelve ruido y dejo de prestar atención. La música se vuelven tamborazos en mi cabeza. La conversación se vuelve un siseo. No sé porque soy así. Nunca me educaron en mi casita para ser un caballero de sociedad, al parecer. Desde ahí estamos mal cuando se menciona el concepto de boda.
Haciendo cuentas, después de que escuché el precio por plato de la fiesta… el teatro salió en alrededor de 150 mil pesotes. Suspiro nada más de escuchar la cantidad. Tengo que seguir comprando MELATE. Hombres en todo el mundo, de mi edad y mi condición, tienen como sueño una boda sencilla, estrictamente lo necesario… sin embargo, uno sabe que es un crimen, al menos a su edad y hasta que crecen y piensan: “Mejor nos hubiéramos pagado una mejor luna de miel”, evitarle una boda bonita a una mujer. Nadie sabe que misteriosos mecanismos se mueven alrededor de esos presupuestos, y las invitaciones a los amigos, y los lugares para casarse, y los motivos para hacer tanto gasto para demostrar el amor… nadie sabe.
Mi mujer sueña con comprar libreros y llenarlos de libros. También sueña con una recámara más grande y la ampliación de la casa. Sin embargo, cuando hablamos de boda, ninguno de los dos sueña o habla mucho al respecto. Entramos en terrenos peligrosos cuando pensamos en platillos, centros de mesa, invitaciones y lugares para casarse. Sólo sabemos que será en Villahermosa, y nada más. ¿Yo, tirando una liga y sosteniendo la cola para el baile de la cola? No me imagino en ese lugar, pero ahí estaré. Mientras tanto, sueño con una barda para el jardín, y ponerle una mesita para tener un lugar donde fumar decentemente. Ahorrar con Don Dinero para esa choza en la playa donde iremos a morir, un día de estos.
4.12 de la mañana.
Mayo 29, 2007 — Sueño-Insomnio.
Escrito por Agustin Fest.
Decía el reloj de mi celular cuando me desperté. Apendejado, fui al baño, oriné y luego regresé a la cama. No pude dormir, salí a jugar un par de juegos de urban-rivals, y mientras tanto, pensaba como demonios había soñado la pelea contra unos pantalones (tal cual, pantalones) legendarios de vestir, que habían enseñado al mismo Bruce Lee como patear. Fue una pelea intensa.
Tal vez es el juego.
Provengo de un lugar muy lejano.
Mayo 28, 2007 — Casting, Familia, Sueño-Insomnio, Vida diaria.
Escrito por Agustin Fest.
Dijo el anciano, con algo de tristeza en la mirada, se bajó un poco el sombrero y las arrugas de bronce se escondieron entre las sombras. Yo me estaba fumando un cigarrillo, esperando no se qué, escuchando conversaciones ajenas. Tenía hambre, no había comido nada y en espera de que el anciano continuara su plática, me recargué en el muro. Estaba hablando solo, o tal vez conmigo. Suspiré, y cuando me animé a preguntarle de dónde venía, él cargó su morral al hombro y ya se iba. Me sentí un poco estúpido. Después saqué mi cartera, caminé unos pasos más a la pizzería y pedí una grande, para que comiéramos mi hermano y yo.
Mi hermano estaba dormido en la casa. El día anterior nos desvelamos, acompañándonos, estrenando un juego de peleas. Nos dimos en la madre un par de horas, yo en lo que daban las 4.30 de la mañana (hora de mi llamado [filmación]) y él, en lo que daban las seis de la mañana para completar la guía de física junto con un amigo y vecino. A las cinco de la mañana, estaba haciendo llamadas para asegurarme que el abuelito y su nieta estuvieran en donde habíamos quedado, o bien, al menos en camino. Con la señora no hubo problemas, cuando me respondió ella ya estaba en Polanco. Sin embargo… el pinche abuelo no respondió el teléfono.
Junté las manos, recargué mi cabeza y suspiré. Me empecé a preocupar. Nada sabía que en el futuro, estaría mirando alejarse a un viejo de bronce y buscando en mi cartera dinero para comprar pizza. En ese momento pensaba: Muy bien, se quedó dormido. Muy bien, se quedó dormido para siempre. Muy bien, se quedó dormido para siempre y no tenemos reemplazo. Llamé de nuevo al viejo y me respondió adormilado—. Es cosa seria mijito, es trabajo, ya voy para allá, luego te platico porque me tardé —Esperé unos diez minutos y empecé a buscar el teléfono del asistente de dirección. A los cinco minutos entró una llamada a mi celular: Ricko preguntándome qué había pasado con el abuelito cubano y que el asistente me estaba buscando, que porque mi celular entraba a buzón. Ya esta en camino… deja le marco a Poncho, respondí, colgué el teléfono y marqué al abuelito cubano.
—Si mijito… ya estoy en camino, ya estoy montado en un taxi y ya estoy por llegar —dijo el abuelito. Por la voz, intuí que se había quedado dormido—. Soy profesional, no te preocupes mijito, cuando es trabajo soy cosa seria.
Suspiré de nuevo, me esperé otros cinco o diez minutos, y marqué al asistente de dirección. —Ya tengo al señor aquí. —Muy bien, ¿todo en orden, te hace falta algo? —No señor, todo bien. —Perfecto sale bye —me fui a mi habitación y dormí. De la computadora a mi cama, pensaba lo bonito que era este trabajo sin horarios, y cómo cientos de celulares se activaban en toda la República para cuestiones tan nimias como filmaciones, llamados, vestuario y demás, a las cinco de la mañana. Imaginé que formaba parte de toda esa red, e incluso, pensé que la compañía de celulares nos vigilaba, nos agradecía, y nos guardaba un espacio en su red a estas horas, para este tipo de urgencias. Me cubrí con las sabanas, como si viniera de un lugar muy lejano, y dormí.
Soñé con la exnovia de un amigo. Íbamos en el coche, camino a ningún lugar, cuando ella se desnudó y me enseñó sus piernas. Después se metió mi coso a la boca e hizo lo suyo. Parpadeé, cosa de un segundo, y ella se convirtió en un hombre joven y apuesto. Recuerdo haber suspirado en el sueño, consciente de la transformación tan culera. Permití que me la continuara mamando, al fin y al cabo, estaba guapo el hombre. Pensaba en la cantidad de escritores homosexuales, en la canción de cuna de Auden, pensé que con hombres tan bellos como aquel, tal vez todos nos permitiríamos esos accesos de lujuria. Agujero aunque se de caballero, hoyo aunque sea de pollo, y gallo viejo hace buen caldo. C’est la vie.
Desperté.
Mi hermano estaba dormido, moría de hambre, busqué algo en el refrigerador y poco sabía que saldría a comprar una pizza. Regresé a la habitación y le pregunté como le había ido en su examen, y medio dormido, me respondió que le había ido bien. Sonreí, revisé mi celular, nadie había llamado y pensé que hoy podría quedarme a terminar otros pendientes. Prendí la computadora, me bañé, revisé mi celular de nuevo. Tres mensajes y todos casuales. Unos minutos después, ya me encontraba caminando a la pizzería, pensando en las mocosas que jugaban futbol en la cancha. Seis niñas, entre catorce y dieciseis años, pateándose el balón unas a otras. Frente a mí, un jardinero cargaba sus herramientas en un morral de Linterna Verde.
En el camino, pensaba en el sueño que había tenido, y que había escrito poco en mi blog. Me preguntaba porque había escrito tan poco, y si había cambiado en algo mi método de escribir. No tiene importancia, me dije. Escribe lo que quieras en tu pinche blog, no tiene importancia. Me detuve un momento, un anciano susurró—. Provengo de un lugar muy lejano —lo miré un poco distraído y después prendí un cigarrillo. Me recargué en una de las columnas, queriendo escucharle más y cuando me animé a preguntarle, el hombre puso su morral al hombro y echó a andar, como si llevara sólo la mitad del viaje. O peor aún, el inicio. Sus chanclas alzaban el polvo, la correa de su sombrero se movía como un péndulo y su silueta, se alejaba cada vez más.
Pedí una pizza de carnes frías, y regresé a casa.
Personaje estructurado.
Marzo 27, 2007 — Búsquedas, Casting, Del deber ser, Despertares, Howl.
Escrito por Agustin Fest.
El arte malo es más trágicamente hermoso que el buen arte porque documenta el fracaso humano. Tristan Rêveur..
Al regresar a este trabajo, aún cuando tengo menos responsabilidades, me recordó partes fundamentales de mi persona. Desde el ambiente multicultural (con su variedad de acentos y educación) y las experiencias de épocas varias, hasta pedacitos de como me comporto cuando se trata de responsabilidades y mis sueños aspiracionales (un poco distintos al que se esperaría de un mundo publicitario, pero sueños al fin y al cabo).
Cualquier trabajo, para hacerte feliz, debe ofrecer estos sueños. Desde un burdo “quiero dinero para…” o “me gustaría trabajar para estos proyectos y ganar un poco más”, hasta los grandes como “quisiera hacer casting para películas extranjeras” o “desearía abrir mi propia castinera”. No en balde, la pobre muchacha a la cual reemplacé, sin experiencia alguna en computadoras o habilidades secretariales, se vio totalmente perdida cuando un hombre que había trabajado para varios programas de TV Azteca se paró frente a ella y preguntó por el foro para entrar al casting. Un sueño con patas. No pudo conservar la compostura y paró el flujo del trabajo simplemente para tomarse una fotografía con él (hermosos los celulares). Más tarde (mucho más tarde), se acercó a la directora de casting para pedirle su número de celular porque deseaba invitarle a cenar. Obviamente no se lo dieron y la corrieron muchos kilómetros a lo lejos.
Mis aspiraciones son sencillas, tan sólo quiero un poco dinero para el casorio. Eso y otro trabajo que tengo por ahí (la entrada fuerte), ayudarán a un buen inicio, o al menos, para una excelente luna de miel. Recuerdo aquellas noches de desvelo, mientras cortaba material y guardaba otro tanto, mientras armaba las ediciones y arreglaba sus computadoras, y otro par de cosas más… con un poco de nostalgia, me recuerda como hace cinco años era más ambicioso, más creativo, más extraño y algunos dirían que más pedante. A veces lo añoro, pero con eso basta.
Si me preguntaran cuales son mis sueños, los de verdad, diría que es una casita en alguna playa (no importa si es una choza o un cuadrito hecho con ladrillos), una mesita plegable y disfrutar un sano retiro, con la buena mujer a un lado, solecito y arena.
Me interesó en algún momento ser un escritor de mainstream o incluso, de alguna elite cultural (si eso existe), tal vez todavía persiste en alguna parte de mi espíritu… pero si eso no me llevara a morir tranquilamente en la playa, puedo abandonarlo y seguir escribiendo en un cuadernito. Tampoco me ha interesado trabajar en el cine o en el modelaje (adelgazar y cuidar la dieta, exige demasiado para un muchachito que un rato se murió de hambre) y las nalgas de una vieja son algo que se pudre, como toda la carne, como mi propia carne. Tantas mujeres he visto pasar en estos pasillos en todos sus niveles. Mujercitas de 10 que de un día a otro tienen 15. Mujercitas de 28 que aparentaban 33 y a sus 33 intentan desesperadamente aparentar 28. Los hombres me parecen más patéticos todavía. En días de lluvia, este es un mundo muy triste, como el mundo que se aprecia cuando viajas junto a otro en un camión o en el metro, porque ves las edades, ves los sueños esfumarse de los ojos de un minuto a otro.
La vida inmediata puede dar giros inesperados (me largué a otro país, conseguí un trabajo que nada tiene que ver con mis estudios, nunca esperé pertenecer a una institución de caridad), en todos los lugares, en todos los tiempos, del mundo… sin embargo, el fin es invariablemente el mismo. Si algo quisiera elegir para mí, dentro de toda la vida que aún me guarda y me espera, es dónde voy a morir. Si acabo en un departamento húmedo, lleno de periódicos, mirando nostálgicamente por la ventana concreto trás concreto, deseando haber estado en esa playa, le pediré a quien me acompañe en mis últimos momentos que me cuente de esa playa que tanto escribí, que haga el ruido de las gaviotas y de las olas, que me platique de cuantos metros cuadradas es mi casita, y el color de mi sillita plegable. No hay nada que pueda vencer la imaginación del hombre cansado y fracasado.
Si todo saliera muy mal, si esos giros inesperados concluyeran en mi soledad, tendría una revista de viajes a un lado y esperaría tranquilo, sentado frente a la mesa y con un cigarrillo consumido en la boca, el momento de abrir sus páginas y largarme de una vez.
Bon Voyage.
Marzo 15, 2007 — Búsquedas, Despertares, Fractal Chaos, Sueño-Insomnio, Todavía vives... con otro nombre..
Escrito por Agustin Fest.
Soñé que iba a morir. De hecho, fue emocionante, porque soñé que moriría matándolo en retribución, una especie de accidente durante una pelea que se cobraría con nuestras vidas. Él, era un hombre canoso, robusto, con voz grave y malo, muy malo (Uhhh, meyo). Soñaba que arruinaba la vida de mis amigos, los desaparecía o los asesinaba. En el sueño estaba consciente de ese futuro a través de sueños o premoniciones, como el tipo de los 12 monos, o de La Jetée… pero al contrario de ellos, estaba ansioso por enfrentarlo. Siempre estoy ansioso por el futuro. Si algún espíritu travieso se presentara y me contara el porvenir, manejaría a hacia allá a toda velocidad para estrellarme y morir, renacer, todas esas pavadas. Cada etapa es una muerte chiquita y una resurrección.
Acompañaba a alguien en un viaje, a alguien que podía ser yo y no lo era. Diría que era un primo, o un alma gemela. Estábamos juntos en una camioneta, con amigos comunes y viajábamos por toda la República para buscar a sus hermanos. El malo viajaba con nosotros, pero no se había declarado como tal… estaba fingiendo. Yo sabía quien era él por mis sueños, pero no lo comentaba porque pensaba que los otros no me creerían. Movía las piernas ansioso, quería que me dieran el volante… sí, ya quería estrellarme, quería morir junto a él. Llegamos a una estación de trenes rápidos y me sorprendí, porque una parte de mi consciente estaba segura que eso no existía. Trenes rápidos que conectaban a toda la República. Monterrey y Guadalajara, por ejemplo.
Llegamos a un lugar que parecía un hospicio, mi primo sacó una fotografía y empezó a preguntar por su hermano. Mis amigos se dispersaron. El malo se disculpó, se subió a su camioneta y habló de invitarnos a comer. Persistía en fingir… pero tenía la impresión de que conocíamos nuestro destino. Tuve una revelación, el malo era yo… o una especie de doble, sólo personas así de íntimas podían conocer su destino común y aceptarlo. Él se retiraba para empezar una cadena de eventos cuya finalidad sería nuestra muerte. La persona en que podía convertirme si continuábamos con esto. Cuando terminaron mis pensamientos, tan mamucos, descubrí que no era un hospicio, sino una casa de casting. Los niños se habían disfrazado de pordioseros para un comercial. Entre los niños se encontraba el hermano de mi primo. Sabía que después de encontrarlo a él, tendríamos que buscar a sus hermanas… al menos él, porque mi viaje era otro. Por fin, el futuro en un declive, sin frenos, exáctamente a dónde siempre quise ir.
Desperté, pero no quería hacerlo. Los sueños de muerte no se abandonan tan fácil.







