Partición.

Esta mañana, al despertar, encontré una nota que decía: “Por favor, detente, ya no lo hagas más”. La miré un par de minutos. Era mi letra, y el cuadernito, era uno que tenía en la mochila. Indudablemente, debí salir a mitad de la noche para recoger la libreta y anotarlo. De mi habitación a una de las sillas de la sala, dónde abandoné la mochila descuidadamente. Me pareció curioso. Uno debería recordar esa serie de actos complejos, pero pasa como con las maquinarias, uno las ve trabajar pero no registra el proceso de cada engrane y polea produciendo en masa. Había producido un mensaje con mi letra, en mi cuaderno, a mitad de la noche, mientras dormía, mientras soñaba con ovejas aladas zurcando un cielo rojo y cenizo. Al despertar observé la nota como alguien que aprecia una obra de arte: confundido, incrédulo, trabajando de más los procesos mentales. ¿Por qué? ¿Qué debía detener? ¿O el mensaje era para alguien más? Claro, como soy, inmediatamente asumí que el mensaje era para mi. Mi mano arribita de la nariz apretaba como si eso lograra conseguir respuestas.

Guardé la nota en mi cartera.

Me llaman la atención los números.

No soy matemático, pero me llaman la atención y busco significados. No son grandes significados. Son pequeños. Me imagino la edad de mi interlocutor por ejemplo, o la fecha en que registró su correo, o bien, a veces imagino a las personas que se encargan de revisar las placas o dar números y me pregunto si darán el 144, o el 123, por alguna razón. Imagino fechas de su nacimiento, de su primer noviazgo, de la primera vez que le rompieron el corazón o que vio un muerto. Números de ocho dígitos, o bien, seis dígitos. Después, trato de suponer como estos números han afectado a la persona, como han mermado su desarrollo o como lo han pulido. ¿Habrá números chistosos? ¿Números “mágicos”? El 060606 compré mi primer helado y fue el más delicioso de todos. No niño, esos son los caminos del demonio y jamás comerás helado de nuevo.

A las seis de la mañana citaron a una cantidad considerable de modelos para llevarlos a Veracruz, a filmar un comercial. Ea ea. Llegó el camión de la ETN puntualito y como el 80% de los modelos también. El director de casting quería salir a las siete de la mañana, pero gracias a dos personas… dos zanqueros para ser más específicos, agarraron camino como al 10 para las 8. Ya estaban sonando los teléfonos y aumentando el enojo y los nervios. Un retraso de una hora. Veinticinco personas esperando a dos. Llegó uno y media hora después llegó la otra. Una mujercita que llegó diciendo: “perdón perdón perdón”. Se llamaba Violeta.

Si todo va bien, ya deberían estar sobre el timetable.

Ya cuando el camión estuvo preparado y disminuyó el tráfico, fui a mi casa. Morí y resucité. El celular vibró en un par de ocasiones y medio desperté para leer los mensajes. Mi hermano prendió la luz cuando llegó de la escuela y me preguntó cosas, pero yo seguía muerto sobre mi cama. No pensaba en nada, ni siquiera en números. Soñaba. Ayer, Mono y yo platicamos acerca de los sueños, y del estrés. No recuerdo lo que soñaba, pero era agradable, era como regresar a la juventud. Duermes y despiertas. Duermes y estas solo. Despiertas y hay alguien esperando a que abras los ojos. Cuando creces, y la gente depende de tí, cuando la gente te quiere, esperará verte cuando abra los ojos. La soledad es simplemente dormir. Quien tiene el valor de despertarte, es alguien que no te dejará solo.

Hace un momento fui a la tienda, y por alguna extraña razón, me llevé una coca cola light en vez de una coca cola. Cuando dí el primer trago, hice un gesto de asco y pensé: “esto sabe a light”. Al segundo trago, vi la botella y comprobé lo que mi corazón ya sabía. La moraleja es: Nunca dudes del corazón.

Dun dun dun.

Hoy empezó a llover bastante tempranito, y hace frío como si iniciara el invierno. Se acaba el verano, inicia el otoño, friíto como de invierno. Las hojas caerán de los arbolitos, las nenas se pondrán ropita que les esconda mejor la piel y los conejitos sexosos, dormilones, buscarán sus madrigueras para esconderse. El otoño es la temporada café y naranja, la temporada de la muerte bella.

La red inalámbrica esta fallando, quien sabe porque extraña razón. Siento una pesadez en la cabeza, como la del que siempre duerme mal. Eso, o tengo un tumor en el cerebro. No me sorprendería lo del tumor, con tanta grosería que digo de repente y lo rápido que se dispara mi humor cuando me molestan. Sin embargo, no hay que ser mamón y aceptar que simplemente duermo mal. Mis párpados pesados me lo estan recordando. Entre ayer y hoy, era un día para dormir profundamente, seguir de corrido hasta descansarlo todo. Pero pues no. Estuve abriendo los ojos desde las nueve de la mañana, checando el reloj del celular, durmiendo de nuevo, media hora después repetía el proceso.

Lo curioso es que mi sueño fue como una película a la que se ponía en pausa cada que abría los ojos. Incluso, recuerdo que este hecho me sorprendió dentro del sueño. Aún cuando ya no recuerdo de qué trataba. Vagamente tengo la memoria de una escuela, un pupitre, una profesora, y yo de niño. Probablemente, el sueño fue provocado porque encontré una fotografía de mi niñez dónde me veía, no sólo asustado, sino serio, delgado, medio nórdico… algo así.

En fín…

Yo les dije que ayer me veía fatal. Y supongo que hoy también.

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Sueños de un Erotómano.

Pensaba yo, antes de quedarme jetón leyendo a Octavio Paz, cuánto lo despreciaba por ningún motivo en particular. Un desprecio adolescentil y falto de motivos. Ese tipo de odio que le profesas a lo desconocido por ser, precisamente, desconocido. Pasaba las páginas, leyendo acerca de la vida y la muerte, y como el amor es el puente entre ambos, con los párpados un poco pesados, permitiendo que la lectura fuera entendible gracias a una especie de inconsciencia y que de alguna manera se me quedara grabado o que despertara ante algo conmovedor. Simplemente leía, nada más.

Alcé la mirada y miré por la ventana. No había nada allá fuera, más que el recuerdo de unas letras desapareciendo por la retina y un cielo nublado amenazando con llover. Una de las grandes ventajas de tener un blog como el mío, es que nunca se sabe si lo que estoy diciendo es verdad o mentira. El lector, independientemente de mi vida, decide lo que cree y lo que no. Por eso no me preocupo en ventilar verdades. La gente es muy incrédula y yo demasiado desfachatado. Tampoco por eso tengo miedo de soñar, porque mis sueños son verdad dentro del sueño y nada más. La invención de universos banales al por mayor. Sueños narcisistas que adquieren una vida a través de los procesos mentales del escritor y su amante lector. Porque nos queremos y nos adoramos, ¿a poco no?

Leía Octavio Paz y algo decía de la vida y la muerte, y el amor como el nexo entre las dos actitudes. Y que la resurrección es el asesinato de la muerte, cuando la vida es caminar a ella, y cosas así muy interesantes, cuando por algún motivo, tal vez el rescate del ocio literato a un ocio mejor, pensé en una mujer de minifalda beige y medias blancas. Cerré mi lectura y mejor me puse a pensar en ello. ¿Qué tan agradable sería una mujer de minifalda beige, blusa blanca, medias blancas y ropa interior transparente?

Pensaba, bueno, que lo mejor sería llegar a casa y que ella me cocinara. Atento como soy, ofrecería ayudarle en la cocina pero ella me diría: Por favor, permíteme hacerlo. ¿Quíhubo?, Por supuesto que sí mi reina, muñeca preciosa, piernas de marfil, tú en lo tuyo. Miraría el pliegue de sus pies, empezando desde los tacones, recorriendo la blancura de sus piernas escapando por las medias, hasta las nalgas coquetas y redondeadas que se asomarían al borde donde empieza la falda. Prendería un cigarro, como en las pinturas de aquel tipo cuyo nombre he olvidado: El punto de vista de un hombre, cualquiera, con el cigarro prendido, mirando una modelo pinup y me sentiría un poco idiota por perder mi tiempo con Octavio Paz teniendo semejante pastel frente a mis ojos. El inicio de una novela noir.

La mujer continuaría cocinando. Pollo, pimiento, papas fritas, cebolla, lo que quiera poner en el sartén mientras yo miro. Fumando lentamente continúo mi festín visual. No debiera haber nada mejor en el mundo que eso y si lo hubiera, jamás lo sabría. El olor de la comida se confundiría con el olor a sexo, y en la mesa, los dos placeres confabularían para confundir al perro. Mientras como, sentadito, como niño bueno, el plato en la mesa, miraría a la mujer aburrida leyendo. Ella no leería a Octavio Paz. Sería sensata y pensaría: Sólo hombres aburridos hacen eso. Hombres como yo, que tienen los sueños de un pornógrafo, o un erotómano. Un sátiro de símbolos, sueños y signos. Comería despacio, digiriendo mis pensamientos, olvidando la erección, porque comer y coger a la vez sólo es para puercos que se controlan poco, que no soportan el control de sus impulsos. Insisto en no perder la compostura.

Después de comer, la obligaría a leer uno de mis cuentos, simplemente para saber si su voz me es tan agradable como su silueta y como su disposición a la cocina. Las feministas del mundo despreciándome un tanto y probablemente les daría la razón. Haciendo a un lado la silla del jefe de familia, del proveedor, del cerebrito y macho alfa, le pediría que se pusiera de pie y se colocara ahí. Le pondría uno de mis textos sobre la mesa y le susurraría: Lee. Ella leería, mientras le indico a sus codos que se queden firmemente sobre la mesa junto con las palmas de sus manos, como si fuese parte de la estructura de madera. Si eso no es un paraíso de amor, encarnado en un momento y en el mejor de los sueños, dónde un puede identificar que la muerte se acerca y lo mejor que se puede hacer es leer y coger, entonces… ¿Qué?

Recorrería sus piernas con las manos, hasta llegar a sus muslos, mientras ella continúa leyendo. En una especie de sadismo y remembranza a una vida inquisitorial, le esposaría los tobillos para que no los pudiera separar más y tuviera las piernas bien unidas. Después, insistiría en explicarle que la posición de sus manos sobre la mesa es vital para una buena lectura y la buena educación, los modales y toda esa piltrafa. Bien quietecitas las manos, con otro par de esposas místicas. Así derechita me gusta que leas. Desabrocharía el brasier bajo su blusa, le bajaría los calzones a los muslos, y después, me recargaría a escuchar.

Cuando ella terminara de leer mi texto, despedazarlo con su voz y hacerme sentir niño de nuevo, por escribir tan mal, alzaría su blusa para que se mirara su espalda, colocaría un libro sobre ella y leería lo siguiente: “El amor, la alegría del amor, es una revelación del ser. Como todo movimiento del hombre, el amor es un «ir al encuentro». En la espera todo nuestro ser se inclina hacia adelante”, y empujaría maliciosamente con el pubis, “Es un anhelar, un tenderse hacia algo que aún no está presente y que es una posibilidad que puede no producirse: la aparición de la mujer. La espera nos tiene en vilo, es decir, suspendidos, fuera de nosotros.”

Seguiría leyendo, hasta entrada la noche. Podría parecer aburrido, pero el cuarto se inunda con el olor que emana entre sus piernas y confunde, exhalta, emociona. Con una mano pasaría las páginas sobre su espalda, con otra acariciaría debajo de su falda. Un buen apretón de nalgas en cada punto, o coma, o exclamación. Ahhh, pero qué delicia para un hombre aburrido, al punto del sueño profundo dejar el sueño despierto… dejarlo acabar en tres puntos suspensivos, como un final abierto, los sueños de un erotómano…

Sueños de un pornógrafo. 3

¿Cómo debería comportarse un pornógrafo ya que ha establecido su empresa? Supongo que no es lo mismo que un trabajo normal o una vida normal. Trabajando en casting, conocí a uno que estaba, de alguna manera, relacionado con el negocio soñado. Traía el cabello largo y peinado con gel, hacia atrás, en una colita de caballo. Tenía un diente de oro, una cadenita y un anillo. Camisas y jeans. Si yo tuviera mi empresa de pornografía, ¿debería vestirme así? ¿A qué se dedica un pornógrafo cuando no duerme? ¿A dormir, a leer, a pasear por la Alameda y los fines de semana va con su familia al Ajusco o a la Marquesa?

Su hijo, un pequeñín de ojos somnolientos y cabello largo de nene ochentero, era muy agradable y muy buen actor. Salía en bastantes obras de teatro, su papá decía en cuantos cursos lo habían metido y estaban, en general, orgullosos de él. Al parecer el niño no trabajaba para mantenerlos, como suele suceder en algunos tristes casos, sino que lo hacía porque le gustaba el medio y sus padres le apoyaban. Un ambiente familiar aparentemente sano alrededor de un negocio que causa muchas sospechas. Aparente, porque yo solamente miraba por fuera y es obvio que cada familia, sabe su rollo. Hay familias que lo esconden todo, como la de mi padre, que no hace ningún esfuerzo por acercarse, para mantenerme escondido de sus hijas y su hijo. Enseñando valores.

Tanta la doble moralina en México, que debe ser un problema trabajar como pornógrafo.

Si yo fuese un pornógrafo exitoso, me convertiría en un mecenas para jóvenes artistas. Un lavado de dinero místico. Aunque, me parece que no sería dinero sucio. Finalmente se cubre una necedidad: Hombres y mujeres, desnudos y gritones, enseñando sus cuerpos en su materia más prima para deleite de los que no podemos en el momento. ¿Qué de malo tiene eso?

Twitter: 2007-03-23

  • Es hora de irme a casa. #
  • En la figura 21 del catálogo. #
  • Y con muchísimo sueño. Ya no soy secretaria de casting, ahora soy coordinador. Qué tal. #
  • Debo levantarme como a las 8 de la mañana, sniff. Me duele el chóstomo de tan sólo pensarlo. #
  • Platiqué con la novia de un primo, Elías. Me sorprende que esa familia me siga el rastro. #
  • Pensando hacer una serie de posts con ciertos truquillos por ahí, pero teme que nadie les entienda. #
  • Hablando con Luna. #
  • Nuevo header para el árbol de los mil nombres #
  • Casting de Infinitum. Chavas guapas de 16 - 22, Yey! #
  • yey, ya 2 personas llegaron al casting! yey! #
  • @omendoza: Hay una chava de 32 que esta guapa guapa. :D A ver si saco fotos en el transcurso de la tarde. #
  • Estan llegando las mamás que desearíamos para nuestros amigos. #
  • Esta es una computadora sin bocinas. Nota personal: Traer el pollo. #
  • Una mamà dispuesta a hacer lo que sea para que quede su hija, sniff. #
  • ahhh, teenagers hermosas… pasé tantos años sin ustedes, que me siento como un loco rabioso de tan sólo mirarlas. (neh) #
  • El problema de los castings, es que estas personas siempre llegan en masa. #

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Wafel.

Por el miedo a la oscuridad (eso que nos nubla lo conocido) hemos aprendido a avanzar de cuarto en cuarto y buscar el switch. Hemos, también, dominado la técnica de apagar la luz de un cuarto hasta que esta prendida la del siguiente y así, sucesivamente, escapando de la oscuridad y persiguiendo la luz que nosotros mismos controlamos. También podemos dejar la televisión prendida, para reconfortar nuestro sueño o con el Led de un walkman puede ser más que suficiente. Sin embargo, una oscuridad completa es intolerable, debemos alumbrar nuestras calles, tenemos que inventar leyendas urbanas de gente que apaga las luces de su coche, lámparas y pilas, celulares… llevamos una luz portatil en todo aquello que nos inventamos.

Apagamos la luz para tener miedo, para reinventar lo feo o ignorar al amante odiado. Para suprimirnos, para envolvernos en una cobija y pensar en la cueva, en el frío, en que si cerramos los ojos y dormimos, amanecerá más pronto. Al menos yo sí, yo si persigo eso cuando intento dormir—: La distorsión del tiempo. No tanto como imaginar que no existe, porque existe y el hecho de imaginar requiere tiempo. Es una constante universal. Sin embargo, es posible que pase más rápido o que pasen años, tan sólo con cerrar los ojos y también, es posible que sueñes con luz, con atravesar cuartos iluminados, uno tras otro. De la noche, tal vez odio un poco que tenga tantas luces artificiales, pero también me atraen, me fascina el ritmo nocturno.

Una hoja de papel en blanco o un cuadro vacío, sin letras o dibujos o garabatos o direcciones o números de cuenta, son pura luz. Es cierto. La hoja de papel, reflejará tan bien la luz del sol como la de una lámpara. Incluso se volverá translucida. Los monitores, en cambio, con tanto blanco son propensos a morir pronto… una luz artificial que emula luz verdadera no resiste mucho tiempo, se vuelve loquita o se muere. Un escritor, tal vez, por eso los llena con letras, porque desea invertir los valores de vez en cuando, porque desea manchar la pureza y desafiar, de una vez por todas, la luz que siempre lo ha protegido de aquello que desconoce, del monstruo debajo de la cama o del escándalo del tigre de sable, o de jade.

Si, tal vez es eso.