Leí: “En este video, puedes apreciar como se come la sopa de champiñones”. Entonces me imaginé que la mujercita en cuestión, se acercaba a la mesa, tomaba una cuchara, la hundía en un plato hondo y se llevaba un poco de sopa de champiñones a los labios. Para evitar quemarse su bella lengua, su paladar, sus anginas, su garganta, entonces hacía lo que toda una dama y caballero podían hacer: soplaba y soplaba, despacito, para que la sopa se secara en la cuchara. Así haría dos o tres cucharadas, antes de acostumbrarse a lo caliente, a la consistencia. La mujercita bajaba su cuchara para seguir comiendo sopa. Una sopa blanca y espesa, con trocitos de hongo desperdigados a lo largo de todo el plato. Se acicaló un poco el cabello antes de la siguiente cucharada, acercó su cara al plato, y continuó comiendo. Sus ojos se miraban satisfechos. Su boca una sonrisa muy discreta. Un vestido de tirantes para el calor de verano, y la sombrilla a un lado de la silla por si las lluvias. El camarógrafo indiscreto, se movía 180 grados alrededor de ella, para tomar todos los momentos en que ella tragara más sopa. Un vestido verde, no estaría nada mal, con hojitas estampadas en patrones. Su cabello largo y rizado. Nada mal.
Mi sorpresa fue, que el video era otra cosa.
Un señor corrió a las tres de la mañana, en un pasillo oscuro llevándolo a un callejón sin salida, se acomodó los lentes y se volteó espantado, para ver su silueta ahí y su sombra amenazadora.
—De veras lo siento Señor Dor —dijo el hombre, tratando de conservar la calma—. No esperaba ofenderlo de esa manera.
—Pero lo hecho, hecho está, ¿cierto? —dijo el Señor Dor—. Llámame Simón, después de todo, fuimos amigos. ¿Quién te ayudó a conseguir el doctorado en Astrofísica? Debí ser yo.
El doctor en Astrofísica giró sus ojos nerviosos, y buscó entre la basura algo que pudiera resguardarlo, sin dejar de mirar la sombra gigantesca que le amenazaba, sin saber si ponerse más nervioso o relajarse, esta sombra no se acercaba a él, como pensaba que lo haría. Encontró lo que buscaba, un pedazo de vidrio que sería suficiente para defenderle. Sin dudarlo, recogió el vidrio y las manos le sangraron, pero lo mantuvo firme.
Cuando se giró hacia el Señor Dor, ya no había sombra a unos metros de distancia y gritó cuando sintió una caricia en su cuello.
Cómo sabrán todos ustedes, Simón Dor es uno de mis amigos que visito regularmente. Ayer lo fui a ver como a las tres o cuatro de la tarde. Me lo encontré comiendo una sopa y leyendo el diario, en su humilde mesita de cocina.
Me fijé que tenía una venda en una de las manos de alguna herida reciente, volteó a mirarme y luego miró la venda.
—No recuerdo como me lo hice… pero eso no importa, ¿gustas algo de sopa de letras?
—Claro… venía a platicarte de tu diario, no me has escrito nada ultimamente.
Simón sonrió.
—He tenido cosas que hacer.
Me serví un poco de sopa de letras y cuando la probé noté que estaba exquisita. Miré el plato y dudé de mi cordura, empezaba a ver palabras como luna y velocidad de la luz al cuadrado.
Simón Dor pareció fijarse, como siempre.
—Es sopa de letras de doctorado en Astrofísica, pruébala muchacho, puro conocimiento puro.
Escuchando: Fugees - Ready or not.