Debe ser posible.

“Debe ser posible”. Tengo esa pequeña frase en la cabeza. “Debe ser posible”. Eso puede aplicar a muchísimas cosas en mi vida y las decisiones que he tomado. Se puede pensar que la boda, se puede pensar que lograr una carrera como escritor, o se puede pensar en escribir mil historias. Otros pensarán que “debe ser posible” besar a una desconocida, detener todas las guerras (ay que trovador tan mamón saliste), escribir diario, ser millonario con un boleto de lotería o mirar toda la temporada de veinticuatro un sólo día. Vivir enamorado diariamente debe ser posible. Pasear en el parque de noche, reírse como idiota por toda la ciudad, cantar en voz alta y que un extraño acompañe el coro, divertirse trabajando, disfrutar el tráfico de la ciudad. Vivir desnudo en tu casa, escuchar Mendehlsson con el volumen al máximo o jugar a las escondidos con tus amigos, sin importar sexo, religión, condición social, color de piel, tamaño de falo, grado de buenez o si es lacio o rizado.

Si “debe ser posible”, entonces… querer es poder, o algo así. Mañana mismo, por ejemplo, dejaré de fumar, iré al gimnasio todos los días, empezaré a escribir la gran novela hasta terminarla, no leeré un libro de autoayuda jamás, organizaré mi música para tener sólo lo que me gusta, ya no beberé otra coca cola en la vida y la reemplazaré por agua. Si es posible, digo, también me convertiré en un ser humano productivo y saludable. Abundancia llama abundancia. La abundancia se multiplica. Los carentes siempre aspirarán algo, por ejemplo, ahora que tengo amor y creación, aspiro dinero y menos cansancio. Cuando tenía un mejor físico, tenía hambre de escribir y comer. ¿Es una especie de balance? ¿O se puede tenerlo todo? Ahh, ridículo. La carencia existe porque la abundancia existe, no se puede tener uno sin otro.

“Debe ser posible”, que duerma temprano esta noche, pero ya estoy más allá de temprano. Dos doce de la mañana. Mientras tanto, mi cabeza esta por explotar con tanta historia pendiente, hilando los capítulos, descubriendo lo que falta, escribirlo y ya. ¿Dónde es mejor escribir? ¿En mi casa o en el trabajo? ¿Es por eso que los escritores se rentan una pequeña oficina para hacerlo? ¿Y luego se imponen el horario? Un lugar donde fumar agusto y puedan mirar por la ventana, tal vez. El placer de fumar elimina energía. Provoca algo de neurosis. Afecta el sistema nervioso. Sueñan con el estudio. Alejándose de todo lo conocido, es posible escribirlo. Sin embargo, cuando estas en contacto con lo que dominas y lo que te domina, ¿cómo puedes jalarle el cuello al ganso?

ATT: El árbol en el carrito

Tito y capoTiTo, decidieron disfrazar su identidad. Antes de que amaneciera y la gente que revisaba el reloj saliera como loca para llegar a su trabajo, pensaron como disfrazarse para que nadie se asustara por el árbol que camina. Se detuvieron en un viejo parque, que más bien era tierra con plantas muertas y juegos oxidados. Tito se dedicó a echar tierra en el carrito de metal, donde solía echar las cosas que encontraba y hasta que lo llenó bien, le dijo al Árbol que se subiera.

El Árbol obedeció, empujó sus raíces y se plantó en el carrito. Tito lo jaló hasta que llegó a una llave de agua, donde abrió y humedeció la tierra. El Árbol se sintió fresco y sonrió.

—Hemos caminado toda la noche —dijo el Árbol.

—No importa capoTiTo, tenemos que llegar a tu destino. ¿Hacia dónde?

—¿Seguro que no quieres dormir?

Tito se puso su bolsa de cemento en el rostro y aspiró, volvió a sonreír y los ojos se le enrojecieron.

—No. ¿Hacia dónde vamos capoTiTo?

El Árbol movió los labios inseguro, ya no recordaba nada, ni siquiera su nombre. Se rascó hojas con hojas y luego se acarició la cicatriz en forma de cruz de su ojo derecho.

—Hacia el norte, siempre hacia el norte. Cerraré mis ojos y mi boca, Tito, para que la gente no me mire. Recuerda no hablar conmigo cuando haya personas alrededor. Ninguno comprendería.

Tito asintió mariado y jaló el carrito, se puso a cantar su adivinanza, utilizando melodías de canciones que había escuchado en algún momento. No sabía donde estaba el norte, pero sabía donde estaba Barrio Norte. Se imaginó que el Árbol querría ir para allá, jaló el carrito, un poco pesado para él y la gente miró curioso como el niño arrastraba a su pequeño Árbol personal.


Y Simón Dor le había dicho al Árbol que todo se resolvería en sueños. En el mismo paraje gris donde había viso a su padre convertido en piedra, miró a una mujer morena, esbelta, vestida de Arlequín, con un traje ajustado estampado de rombos negros y rojos. En la cabeza llevaba el gorro de cuatro picos, con cascabeles repiqueteando cada vez que movía la cabeza de un lado a otro, sus dientes blancos y su sonrisa amplia contrastaban con su rostro moreno.

—Mi nombre es Tatiana Arlequín—dijo la mujer, extendió los brazos a los lados, luego los dobló y dobló las palmas de su mano. Avanzó un pie adelante y alzó su talón, forzando la posición, volteó su cabeza a la derecha y el ojo derecho parecía mirar al Árbol a los ojos—. Y yo, soy hija de Rafael, pero esa es otra historia y será contada en otra ocasión. ¿Cómo te llamas pequeño Arbolito?

—capoTiTo —respondió el Árbol instintivamente.

—¡No es cierto, mi querido Arbolito! —exclamó Tatiana y se rió, se le dobló todo el cuerpo cuando lo hizo. Rápidamente, hizo un salto de carro y se aventó sobre el pequeño árbol, su cuerpo cambió para ajustarse y poder aferrarse a su tronco con las piernas y los brazos. Acercó su nariz coquetamente entre los ojos del árbol.

—¿Dónde estoy? ¡Aquí vi a mi padre en un sueño!

Tatiana le dio un beso a la corteza del pequeño Árbol, quien sintió cosquillas. La Arlequín le soltó, se recargó en el tronco y miró hacia arriba, donde las hojas del árbol tapaban la extensión gris que cubría todo el sueño.

—Será difícil explicarte corazón, pero tú eres el Traductor de mundos. ¿Sabes qué es un traductor?

—Así me llamaba SYA.

—SYA no se equivocaba, pero él hablaba de idiomas. Yo hablo de mundos —Tatiana juntó los extremos de sus dedos, formando un círculo. Acercó su rostro, como si tratara de buscar en el aire un centro. Rápidamente se puso en pie y acercó este círculo hecho de dedos al ojo del Árbol—. Existen tres mundos. El mundo de la realidad, el mundo de la magia, y el mundo de los sueños que es el intermedio entre estos dos. Tú puedes caminar en estos tres mundos…

—¿Y por qué el mundo de los sueños es gris?

—Porque no eres ni real, ni mágico, ni sueño. Eres el Traductor y el Traductor, tiene que aprender a ver los tres mundos, antes de poder caminar en ellos. Simón Dor te ha enseñado el mundo real, por eso le conoces y caminas en él.

—¿Cómo sabes que soy un Traductor?

—Por la herida en tu ojo derecho, la herida en forma de cruz —sonrió Tatiana y saltó de un lado para otro, de una manera suave y agraciada. Cuando terminó, volvió a acercar su ojo al ojo del Árbol y éste pudo mirar una herida de cruz en Tatiana—. Yo también soy un Traductor, ¿ves? Soy el Traductor del mundo de los Sueños. Tu padre te ha dado ese maravilloso don sin siquiera proponérselo, tuve que usar su imagen para hacerte caminar…

—¿O sea que no vi a mi padre?

—No. No era él, realmente —El Arlequín hizo una expresión de niña regañada—. Pero escúchame, que no me queda mucho tiempo. Con el niño que se droga estás a salvo, porque ha perdido la fé de mirar la magia en el mundo y conserva la inocencia, es un estado raro de la mente… el niño es el mejor, porque su doppelganger ha perdido la capacidad de mirarte a ti. ¡Pero pobrecito! ¡Sufre mucho!

—¿Doppelganger? ¿Cómo hago para que Tito no sufra?

—¡Sh…! —dijo Tatiana, puso el dedo índice en la boca del árbol indicando silencio—. Escúchame bien. Los doppelgangers no suelen ser malos, pero ahora están bajo control de alguien. El Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal está lastimado y hay que curarlo, para regresar el balance de los tres mundos. El mundo de los sueños, afortunadamente, casi no ha sido tocado… porque le consideran el mundo perdido. Es un mundo caprichoso, que se atiene a lo que le ordene el corazón del que sueña.

—¿Dónde puedo encontrarlo?

Tatiana suspiró, se acostó boca abajo y recargó su mentón en las palmas de sus manos.

—Eso es lo difícil, corazón —Tatiana jugueteó con sus piernas—. El Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal existe en los tres mundos, tendrás que caminar cada uno de ellos. Cambia constantemente de lugar, para protegerse así mismo. Sin embargo, parece que alguien le encontró en uno de los mundos y ahora está pasando lo que está pasando… el mundo real no está siendo muy afectado, ni el de los sueños… pero el mágico es un caos. No tardará en extenderse.

—Esa es la misión que me dio mi padre, ahora la recuerdo. ¿Conoces mi nombre?

—Si, te llamas Árbol Tsef Thaed —sonrió Tatiana, se puso en pie e hizo un saludo militar, imitó a Clint Eastwood con la dureza de su rostro—. Pero lo has de olvidar tan pronto te pongas a caminar por ti mismo. Lo siento… eso también te lo heredó tu padre. Si descubres la historia del Árbol Tsef Thaed, encontrarás tu nombre y no lo olvidarás jamás… ¡Pero eso no importa! ¡Importa más la magia! El problema es que para recordar tu misión, debes recordar tu nombre… ese es un gran problema.

Tatiana hizo un gesto pensativo y pareció convertirse en estatua, porque no se movía, no respondía, no hacía nada.

El Árbol parpadeó un par de veces. Le había dolido ese no importa. Y cuando parpadeó una tercera, se encontró de nuevo en la realidad. Tito no estaba en ningún lugar, parecía ser mediodía y estaba en una calle medio húmeda y llena de basura.

Se le había olvidado preguntarle a Tatiana tantas cosas.

Loenx

Hoy, al despertar, tenía su imagen pegada.
Después de soñar cosas que ya no recuerdo, podía verla como la miré hoy en la tarde.

Hermosa.
Sencillamente hermosa.

Hoy mientras me hacía el desayuno me acordé del sentimiento. Ayer no lo había digerido, porque tenía demasiado sueño (Claro, no había dormido), ayer estaba seguro de que estaba sintiendo algo pero el sueño le ganaba y solo escuchaba las palabras de ella diciéndome que no podría acompañarme a donde habíamos quedado y yo le decía: “Vale, no te preocupes. Otro día será… cuando puedas”.

Se le llaman maripositas en el estómago.
Yo más bien le llamaría el deseo intenso porque la otra persona te mire, te abrace, te sonría.
Desde hace años que no sentía eso.

El deseo intenso de mirarla (que me mire!), de abrazarla (no importa que me llame osito!), que me sonría (aunque lo haga como mi amiga…).

De devorarla con mis ojos.
De abrazarla un poquito más fuerte.
De besarla rozándole los labios.
De escucharla todo el rato.

Si, ese fue el sentimiento que me dio hoy al despertar.

De tenerla aquí conmigo.
De recargarme en su hombro.
De quedarme en silencio a su lado.

¿Por qué le llaman maripositas en el estómago? Si es más bien el deseo…

De arrastrarte a sus pies.
De que no haya nadie más.
De encender el alma, de tal manera, que crezca el aura como un Fénix. El Fénix que estará cortejándola, queríendola, muriendo y siempre renaciendo por ella.

Carajo.

El pasillo

Este post es parte de una serie, llamada “El diario de Simón Dor”. Anotación 44 de 47


Hay días en los que voy caminando y todo se transforma en un pasillo, la vida real se hace tinieblas y solo quedan sus muros paralelos, encerrándome angostamente a seguir esa luz. Para contrarrestar el efecto, trato de manejar mi mente lo mejor posible para crear imágenes flotantes dentro del pasillo… imágenes flotantes de historias jamás contadas y que algún día puede que escriba u olvide para siempre.

Después de un rato… todo regresa a la normalidad, la gente me mira como un bicho raro porque seguramente dije o grité cosas mientras estuve en el pasillo… todo es culpa del niño que transformó su cuaderno en mariposas, él me ha dado el don de soñar y ahora ya no puedo controlarlo.

Una vez me desperté con el cuello de una niña entre mis manos… me fue difícil pedirle disculpas a su madre.


En las imágenes del pasillo, una vez me inventé una orgia sin gran dificultad, las vírgenes me estaban mirando con una sonrisa coqueta en los labios, jugando con sus senos y sus cuerpos y sus gemidos que levantaron mis sentidos y… otra cosa.

La luz del pasillo me gritaba: “Simón! Simón! No me olvides Simón!”. Las imágenes empezaron a hacerse difusas y sentía el sudor deslizarse, caliente en mi entrepierna. Miré hacia la luz y fue cuando recordé que nunca había intentado caminar hacia ella… se forjó una decisión: Orgía o Luz. Orgía o Luz.

Thanatos o Eros. Eros o Thanatos.

Las vírgenes abrieron sus piernas, se lamían entre ellas, agudizaban sus jadeos y se cabalgaban unas a otras en las imágenes de ese pasillo. La voz chilló nuevamente: “Simón! Dónde estás Simón?” Recuerdo que me quité mi saco y aflojé el nudo de mi corbata.

“Ahora no”, respondí, “Voy a estar ocupado”.