Se apartó poco a poco, pensó que la noche iba a ser larga. No quería estar cerca de la cama cuando llegara el insomnio y le abrazara. Siempre que estaba acostado, e insomnio llegaba, la peor manera para hacer el amor era estar acostado. Su peso, su salvajismo, sus polvos mágicos, sólo le permitían girarse sobre la cama una y otra vez, pensando en las acciones y consecuencias del día. Abrió uno de los cajones, sacó sus cigarrillos y se acercó a la ventana. Cuando sintió las manos suaves del insomnio acariciarle el pecho, mientras daba la primera bocanada de humo, confirmó de verdad que iban para largo y lo mejor sería inventar un tema de conversación estúpido. Amainar el silencio, porque de lo contrario tendría que soportar a dos en vez de uno. Miraba por la ventana, la calle estaba vacía, sentía las caricias del pecho y las ráfagas de aire, el cigarro sabía delicioso. Olvidó su habitación polvosa y vieja, su cama escandalosa con los resortitos salidos, el armario del abuelo que había sido rescatado (apenas) de las polillas. Estaba teniendo un momento, uno de esos tantos, de silencio y paz, aún cuando su cuerpo sintiera el cansancio y cerrar los ojos no significara dormir (por fín). Estaba teniendo uno de esos momentos, cuando insomnio le pasó una mano por su sexo, y él se terminaba el cigarro, y suspiraba resignado… una tanta de esas noches eternas y solas: no había de otra mas que disfrutarla.
Se apartó poco a poco, pensó que la noche iba a ser larga.
Junio 17, 2007 — Creative Urge.
Escrito por Agustin Fest.
Las noches perdidas.
Mayo 4, 2007 — 1-2-3, Howl, Vida diaria.
Escrito por Agustin Fest.
Mientras miro el video, como el japonés le mete la lengua a la taka taka y ella, poco responsiva sólo deja la boca abierta… pienso en las noches perdidas. Debería estar en mi cama, conciliando el sueño, pero estoy pensando, como sucede habitualmente estas noches y cuando pienso dormir es imperdonable. Me reencuentro con un pequeño sentimiento, un recuerdo de cómo, cuando niño, prendía la televisión y me dejaba acompañar por el ruido de las personas o bien… prendía un walkie talkie para recoger las frecuencias de los taxistas y escuchar algo. Estas noches me gustaría estar acompañado de ruido, por ejemplo, el ruido de las conversaciones en un restaurante o en un bar (sin música muy estridente) aunque mi sociopatía no me lo permita. Increílbe, el japonés tiene unos calzones de Astroboy… lo juro. Ella se arrodilla ante él, y como pasa en estos videos: puras mamadas.
Hace un momento miraba fotografías en flickr. Tuve un pequeño impulso de recuperar mi colección de Wallpapers y agrandarla con fotos que me gustan del flickr. Estuve como 14 páginas de mis favoritos, escogiendo, buscando las que tuvieran tamaños completos, bajándolas y recortándolas. He guardado estos wallpapers en un pendrive, para llevarlos mañana a la oficina. Estoy entusiasmado con las mac. Me han gustado tanto, que he pensado ahorrar para comprar una… eso, o mi boda. Será que la mac tendrá que esperar, tal vez un par de años. Si comprara una de esas computadoras, sería solamente para escribir y editar video. Guardar mis galerías de fotos, mis wallpapers, escuchar música. Lo único que extrañaría serían los juegos, la edición de estos, la creación de mapas, y demás. Cuando tengo un juego me gusta exprimirlo.
El japonés le ha roto las medias. No es nada sutil el tipo. Al minuto siguiente, le ha bajado los calzones.
Escucho Franz Ferdinand. Mi mujer me ha dicho que le encanta, pero que la pone arisca. Ha dejado de escucharlos en el coche porque la aceleraban demasiado. En lo personal, me parecen una de esas genialidades como pocas. Hay momentos geniales, explosiones de creatividad y urgencia, que recorren el mundo como un chispazo y las ideas explotan en varias cabezas a la vez. Su música me hace pensar en ello. Obligan, por ejemplo, a que la japonesa se ponga como chivo al precipicio y su compañero con la sutileza de un ladrillo, haga lo que plazca. Es un placer sexual encontrar algo que te gusta, y repetirlo, repetirlo, repetirlo. Explosiones geniales, como las caricaturas japonesas, sus series dramáticas, o las nuevas series gringas, que se dan el lujo de lo secuencial. Las buenas películas cuyo mindfuck no te deja en paz después de varias semanas. Algún día me gustaría hacer eso.
Ayer leyendo a Octavio Paz, me encontré con su visión del lenguaje. Si mal no recuerdo, habla del lenguaje que es propio y es construído a través de nuestra comunidad. Dice que el poeta, no puede escribir si no tiene este lenguaje, que su comunidad no puede entender. Pensaba en eso y me descubrí, de repente, en algún punto, como un hombre solitario, cuyas comunidades nunca le han interesado demasiado o cuando le interesaron, terminaron. Nunca he escrito para la comunidad, soy incapaz de hacerlo. Me sentí fracasado. Si no hay una comunidad que pueda reconocer lo que he escrito, ¿entonces de qué sirve? Escribir para uno mismo y que eso baste, es bonito… pero, el acto de escribir no esta completo si no hay lectores que hagan mis palabras suyas.
Es decir, escribir para uno mismo es pensar y sentirse satisfecho por ello, debería quedarse en el mero pensamiento. Tan bonito como imaginar que coges o masturbarte.
Gutreb
Febrero 28, 2005 — 1-2-3, Asceta, Fractal Chaos.
Escrito por Agustin Fest.
—Me convierto en lluvia y hago que nazcan las plantas.
—Ganaste, me sentiré muy sólo el día que no estés.
Me sentiré muy sólo el día que no estés. Las noches son un poco solitarias por acá. Antes no me importaba la soledad nocturna, ahora me importa un poco más… será porque estaré enamorado, será por eso. El sentido común se desliza como gotas de agua (tu sonrisa se fue) que se van por el fregadero. Y uno escucha el blip blip blip, el monitor me roba el alma poco a poco y aquí me encuentro, escribiendo una vez más. ¿A poco no es bonito estar enamorado? Pueque si. Una de las cosas que más deben de llamar la atención en este weblog, o una de las cosas que los lectores más en cuenta tienen, es que todavía estoy creciendo. Todavía estoy a tiempo de hacer muchas cosas. Supongo que ustedes, como yo, tal vez esperan el día en que publique un libro. Lo leen en las letras, leen esa espera y créanme, cuando yo me releo, también lo espero. Supongo que otra de las cosas que llaman la atención es mi relación con Du y esperan el momento en que estemos juntos.
Son dos viajes alternos y ambos esperan una resolución. Prestamos atención a eso, ustedes y yo. Otro de los viajecitos puede ser el fin de mi neurosis, de mis problemas económicos, que un día escriba que todo fueron imágenes, que el tiempo pasó tan rápido que ya me estoy riendo de ello. Muchas veces se preguntarán porque ya no hablo tan intenso de una cosa o de la otra y la respuesta es sencilla—: No es el tiempo. Lo que no escribo, se desarrolla en la cabeza y eso basta. Algunos sentimientos han cambiado y tal vez, es hora de virar el barco a otra parte. Esto se puede aplicar a cualquiera de las tres anteriores, o a ninguna. (Con Duducita las cosas no han cambiado, no se preocupen… tan sólo me acoplo a su ritmo lento, a su manera de hacer las cosas… yo soy distinto, si se lo que quiero, actuo por impulso y eso me ha llevado a darme unos buenos putazos. Putazos que me han hecho quien soy, al fin y al cabo. Putazos que me hicieron un hombre independiente, con capacidad de decisión. Y después de todo, tengo 23, ¿no lo puedo saber todo, cierto?).
Odio la espera. Pero no debemos angustiarnos, ¿verdad Bob? Como dice Simón—: lo que pasará, pasará.
La chambita de comer grátis, es la neta del planeta. Parece que lo haré dos veces por semana. Es un extra que no le hace daño a nadie y menos a mi, en mis condiciones. Al contrario, a tragar… a tragar… ¡A tragar! En un ratón voy a Plaza Galerías, al siguiente restaurante de la lista. Yum… yum…
Pensaba ayer que esto merecía la pena ser vivido. Que mi vida valía la pena. Pensaba ayer en cuanto había aprendido y crecido en el camino que elegí. No me arrepiento y finalmente, sigo siendo el mismo. En los días que estoy más tenso, siento arrepentimiento, siento cobardía y siento que las cosas no debieron ser así… cuando se acaba esa nube de confusión, un caos fractálico, me cae el veinte. Sigo siendo el mismo. No me arrepiento por nada. Tuve mis momentos de tranquilidad, de vida relajada, y lo único que hice con ello fue desperdiciarla pensando y escribiendo. Lo único que hice con ello fue dejar que se fuera. So, no importa si consigo de nuevo esa estabilidad o ese relax cotidiano… así seré: siempre pensando, siempre escribiendo. Bleh.
No cuida ni su alma. Mambo. Malbicho.
Así es como te ves. Todos te dicen que sos.
Iba a escribir más, pero se me ha olvidado.
Le he leído y le he puesto nombre
Septiembre 24, 2003 — Intento ser Escritor.
Escrito por Agustin Fest.
Despierto temprano y lo busco, lo vigilo y lo leo cuidadosamente. Son las letras que escribiría un hombre en su estado, si, un hombre que extraña demasiado. Me recuerda a mi en el pasado, cuando cerraba los ojos y no importaba que las imágenes fueran difusas, porque los recuerdos se hacían presente. Dolían, ¡oh como dolían! Cuándo me quería sentir vivo, no hacía más que cerrar los ojos y recordar el pasado.
Hasta que le leí, en el periódico, en el internet, en el correo de las facturas de esta mañana, en los carteles que ponen en la escuela, en “El soñado” de Juan José Arreola, en todas partes está y le agrada presentarse. Ya no cierro los ojos, tan solo tengo que tomar un libro y leer para encontrarlo y así, encontrarme con el pasado. Hace de las palabras su antojo, me presenta el texto del extrañamiento y sé que es él. En el alma, se que es él, no importa que no deje su autoría en piezas maestras, en cuentos infantiles o en letreros de mala ortografía. Es él.
Y ahora me siento a leerle, hasta cierto punto divertido, hasta cierto punto cruel… porque sé que él es el yo del pasado. Le susurro que debió aprender, que debió hacer muchas cosas, que ya es demasiado tarde y ojalá lo cargue con honor y orgullo. Lo hago tal como hicieron conmigo cuando me leían, cuando yo era el que no tenía nombre y escribía en todas partes mi propio extrañamiento.
Aunque fui un poquito piadoso. Le he puesto un nombre, para que no se sienta solo.
Claudia
Abril 15, 2003 — Enamorado, Fractal Chaos.
Escrito por Agustin Fest.
He estado pensando en Claudia (la segunda), hace poco tuvimos una plática donde decíamos los convenientes de ser pareja ella y yo. No sonaba nada mal… pero yo conozco mis soledades y sé que no sería lo mejor. ¿Pero cómo puedo saber si no lo intento? No me había dado cuenta, ella me lo dijo: Podemos pasar horas platicando, nos complementamos bien en ciertos aspectos y las veces que ella se ha enojado conmigo, me ha perdonado.
No la he hecho enojar a propósito. Hay ocasiones, que hago enojar a las personas a propósito, sólo para medir sus límites. Tiene mucho caracter y es una mujer trabajadora, una mujer en éste nuevo siglo. Debería llamarle, si tuviera sus nuevos teléfonos. Debería visitarle, si supiera el nuevo lugar donde vive exáctamente. Pero no he hecho las preguntas y mis razones debo tener (Simple descuido).
Por más enterradas en el subconsciente que estén.
Inevitablemente, he pensado en la otra Claudia, la que estudia conmigo. Podría ser una mujer interesante, si sigue estudiando letras, aparte de eso no he platicado mucho con ella (Prometo hacerlo). Sus opiniones no son tan perdidas, pero tengo en algún lugar del cerebro la noción de que es una mujer cruel. Baila flamenco, tiene buen cuerpo, su voz podría ser un inconveniente. No es fea, es una latina muy bonita.
Tal vez la llame para saludarla y desearle “Buenos días”.
Allá va!
Marzo 4, 2003 — Enigma.
Escrito por Agustin Fest.
¡Mira Ezequiel! ¡Allá va! escuché que le gritaron, si señor, ¿se acuerda usted? La historia popular dice que le salieron lágrimas de contento, un hombre chillón señor, así lo pinta la historia popular. También la historia popular nos dice de un hombre corriendo para alcanzarlo, si señor, usted la habrá escuchado igual que yo. Pero la verdad es que usted y yo estábamos ahí señor, ¿se acuerda? ¡Por supuesto que se debe acordar usted señor!
Podemos desmentir la historia popular señor, porque Ezequiel nunca lloró, al menos no de contento señor, y sabemos perfectamente que no corrió tras él. No, señor. ¿Se acuerda qué nos ofreció un cigarrillo y nada más le dio la espalda? Porque bien él dijo señor, ¿se acuerda? él dijo al darnos la espalda: “Los malditos siempre caminan sólos”. Y le creímos señor, porque en ese momento no había nadie más maldito, que aquel hombre.
Si señor.
Día 47.
Enero 28, 2003 — Un tal Simon Dor, favoritos.
Escrito por Agustin Fest.
Querido diario:
Estos días han sido de extremo estrés, no puedo decir que lo disfruto, a pesar de que me intento convencer de ello. Creo que es una de las grandes mentiras del ser humano. Convencerse de que el estrés es “Delicioso”, que lo hace sentirse a uno V-I-V-O. Una vez un hombre al que respeto sobremanera, me dijo que eso era el significado de la felicidad: no ser feliz durante mucho tiempo, para que los sentimientos fueran más intensos. Como una montaña rusa de emociones.
Yo me siento viejo y cansado, no quisiera sentirlo ya. Tal vez me convendría meterme a un asilo, ¿pero qué demonios haría yo en un ásilo te has de preguntar? Discutiría con los ancianos del lugar, sin duda alguna. Sería una constante batalla por el control de la televisión, por el radio de alguno o por quién es más hábil en el poker.
¿Qué se yo de los asilos?
Que me cuide una enfermera jovencita, para yo mirar su carne fresca y deleitarme, lamerme los labios al mirar como mueve las curvas, los contornos. Como se ensombrecen los lugares indicados y sus ojos atentos a los míos, profiriendo groserías en silencio por mi absurda intromisión a su piel desnuda-vestida. Me cambiarían la enfermera a menudo, de eso no hay duda.
Quisiera estar en un asilo en alguna zona millonaria de esta ciudad, para que así me visitaran las jovencitas de escuelas católicas y aunque me hicieran gestos por mi amargura y rabo-verdería; me sonreiría y les acariciaría la mejilla fingiendo mi paternalismo. Como quisiera estar en uno de esos asilos.
¿A quién quiero engañar si moriré como un anciano solo? Con el corazón fortalecido por la soledad y la decepción humana. Ahí está la fuente de mi delicia, mi montaña rusa de emociones. El stress se puede ir al diablo cuando lo que quiero es estar hundido en lo más bajo.
En lo más bajo… si ya llevo mucho tiempo hundido en mi infierno. En un ásilo no estaría tan mal, conviviría con “gente”, sobreviviría todos los días, me alimentarían, me visitarían las personas “compasivas y caritativas”, las enfermeras me hablarían bonito y habrá una entre ellas que seguro será comprensiva de mi estado y querrá, a pesar de que la mire con toda esa lujuria, estar al pendiente de mí y cuidarme.
A mi edad y preguntándome todavía lo que es correcto. Con tantas dudas, creyendo que son ciertas. En eso tiene razón aquel hombre respetable, nos ponemos esas dudas esperando que por medio de ellas, se descomponga la rutina en la que nos metemos y llamamos con placer inconsciente: Infierno.







