Hablamos.

Me preguntó si extrañaba algunas de las cosas que teníamos.

Dije que no extrañaba nada, que nunca había pedido mucho. Que podía comer en la oficina y que en la casa, casi no estaba comiendo porque sabía que no había y no debía preocuparse por ello. Que yo entendía la situación en la que estábamos y procedí a preguntarle lo siguiente: “¿Estás consciente de que si no me he ido, es por ti?”. Seguí explicando como el dinero no me alcanza, como no me he concentrado en la escuela porque no sé que pasará mañana y que el trabajo en el que estoy, no rinde para pagar lo que tenemos. Tan sólo con mi sueldo, se pagaría la renta.

Nada más la renta y no es una renta cara.

Le dije que yo tenía donde caer, que yo tenía muchos años por delante y también le repetí que no me había ido, porque no sabía ni tenía claro que pensaba hacer ella. Le dije lo que me había prometido no ofrecer: “Si gustas, puedo dejar la escuela y el trabajo. Buscaré uno que nos pague mejor y así, al menos, sostenernos un poco más”.

—No, porque estás estudiando. No se trata de eso. Y no, porque ese dinero que ganas, yo sé que es para ti y tus estudios.

¿Mi mamá cambió de un día para otro o fui yo, el que no estaba escuchando desde hacía meses?

—¿Qué piensas hacer? ¿Tienes algún plan? —le pregunté, como le había preguntado antes y ahora escuché distinto.

Escuché un “No sé que hacer”, dicho en distintas maneras. Escuché lo mismo pero vi con otros ojos. De aquella mujer independiente, que trabajaba y gustaba derrochar el dinero, ya no quedaba nada. Entendí muchas cosas, comprendí otras. Una perspectiva distinta. Comprendí mejor a mi mamá, pero eso no… no solucionará nada.

Hice preguntas, respondió a su manera… con la voz del orgullo. Entendí donde somos tan parecidos, entendí porque no le gusta que yo ofrezca mi dinero, como a mi me lo han ofrecido. Entendí porque no pide ayuda, si a mi no me gusta pedirla. Entendí que sí ha estado luchando y porque me ha estado robando cigarros, si antes yo era el que se los robaba a ella.

Orgullo y desesperanza, juntos.

Hablamos y se desahogó conmigo. Ella sabe que no hay solución sencilla y de pronto, comprendí que tenemos la misma preocupación y la misma tensión encima. Es fácil decirlo o creer que lo sabes, pero no lo comprendes hasta que lo tienes enfrente y lo escuchas. Mi mamá no sabe que hacer y yo tampoco sé que hacer para ayudarle.

Entendí que mi madre y yo, siempre hemos estado solos y somos dos extraños que se han dado el lujo de compartir un lugar, cigarros, coca cola y alguna que otra risa.

Y estaré acompañandole hasta que el barco de estos dos extraños se hunda. No la abandonaré, aunque sería tan sencillo y me ahorraría años y canas. Me ahorraría la gastritis que me estoy formando y la úlcera que todavía no tengo. Podría cobrarme de todo el resentimiento que tengo contra ella, sería el momento ideal para abandonar el perdón. Mejor aún, estaría totalmente justificado.

¿Y luego cómo hacer para perdonarme a mi mismo? No, no haré lo mismo que hizo ella en su momento. No es necesario, ya lleva la penitencia consigo.

No… no la abandonaré, porque la amo.

Personajes

Cuando no puedo dormir, aparte de pensar en las historias que llevo cargando conmigo (actualmente solo es Lorena y Mateo… y de repente el Poder Gris es lindo conmigo y me deja una o dos escenas memorables). Pienso en personajes.

Los personajes para mi son lo más importante, más que la situación (que se llega a dar sola cuando son buenos personajes). Por ejemplo, Padre Taxi tenía los personajes desde antes que se me ocurriera una historia en dónde meterlos. El Poder Gris tenía varios de sus personajes ya construidos y gracias a las situaciones, he podido dar nacimiento a más personajes y así.

Son los personajes los que no me dejan dormir, a veces me pregunto si son fantasmas, o tal vez personas que conocí en vidas pasadas o mientras dormía. Pienso en sus manías, sus cicatrices y sus mentores, que a su vez son personajes con manías, cicatrices y mentores. Pienso que grado de inteligencia tienen, que es lo que les da carisma, lo que puede hacerlos memorables. Les doy detalles que para mi parecen comunes, pero logran hacerlos memorables.

Uno de esos detalles, de los cuales estoy orgulloso, es que a dos o tres personas les agradó el personaje de Trevan en el Poder Gris, por el simple hecho de que sabía cocinar. De Piedra me platican mucho su sonrisa, a pesar de que tenía la astilla clavada. La Tía Yemita, ni que decir… siempre saliéndose con la suya, a su manera, al final… y me preguntan por qué en la historia de Multiuniversos, no hay ninguna forma de la que se pueda burlar de la Muerte… si es lo que suele hacer.

Simón Dor, y su esquizofrenia inundada de sarcasmo. El Asesino, que elije una virgen para escribir su obra. Dumas y Domingo, unidos por una liga extraña que confunde el uno con el otro. Erick y su dominio sobre las rosas azules. Darun y Radcliff.

Cuando no puedo escribir, recurro a mis personajes y les pregunto como contar la historia, que harían o no harían, que dejarían de hacer, que se proponen a hacer. Es la única forma que conozco.