Septiembre 23, 2003 — 00 - Acerca del blog..., Inexistente.
Escrito por Agustin Fest.
Como sé que a algunos de ustedes les gusta usar botoncitos, preparé unos cuantos. Son sencillitos, no quise complicarlos mucho. Usen el que gusten para adornar su página, aunque si prefieren usar texto para ligar este blog también es bienvenido. Cada quien hace de su casa lo que quiere, jejeje
- El árbol que finalmente tiene un hogar.
- El angel que protege a los mortales.
- El avatar, la reencarnación de la perfección, que todos queremos ser.
- La muerte, que es inexorable y algún día a todos nos alcanzará.
- El caracol que dibujó una artista humilde.
- El árbol del colgado, cuya ánima vagará en pena eterna.
- El delfin, quien quiere besar a la luna.
- El demonio, quien bebe sangre y pica con trinchete.
- El niño, quien descansa bajo la sombra de un árbol.
- La flor, que persigue con su rostro la luz del sol.
- La luna, que duerme mientras lloran los desauciados por la nostalgia.
- La mariposa, que vuela con una estela de magia.
- La rosa azul, del mago inventor y del vampiro ladrón de almas.
- El árbol marchito de Simón Dor.
Ahí luego me cuentan si pusieron uno.
|
Tags: Avatar, árbol-de-los-mil-nombres, blog, botones, símbolos
Agosto 25, 2003 — Fractal Chaos.
Escrito por Agustin Fest.
Es uno de esos días.
Maaaalos… maaaalos….
si, tan sólo es uno de esos días.
Muy malo.
Mi símbolo más antiguo,
es Tsef Thaed.
Es el símbolo del Ávatar.
La conciencia de que Dios no existe
y soy su hijo caminando en la tierra
para alcanzar la perfección.
Un Ávatar, contrario a lo que se piensa…
no sólo es el concepto/personaje/ícono que eliges,
para representarte en la red.
Aunque todos lo usamos así, y si le buscamos
el meollo filosófico: “Nosotros somos Dios
y creamos a alguien, a nuestra imagen y semejanza
para caminar con nuestro nombre en este
vasto medio”.
Claro que lo es.
Unos elegimos un personaje tranquilo,
otros elegimos un personaje distinto a nosotros…
(moldeable en cada aspecto), y sin embargo,
sigue
siendo
el
mismo.
Yo, mi avatar.
Mi primer Avatar: Tsef Thaed,
lo hice tan yo, como fue posible.
Un hombre complejo.
Un hombre imperfecto.
Un hombre, amante de los laberintos.
Un hombre, amante de la vida y que se ríe de la muerte.
Un hombre, que odia la vida y abraza la muerte.
Una contradicción.
Bienvenido, Tsef Thaed.
Regresando al meollo del Ávatar:
El Ávatar es la reencarnación de Dios
en la tierra. Según los hindús.
Pienso que todo inició con Vishnú.
Si, fue Vishnú… y si no, Khali.
Después, el concepto se extendió.
Mucha gente lo utilizó para su imaginación,
entre ellos… un tal Ultima (de Origin),
¿no sé si recuerden el video-juego?
Yo era un jovencito influenciable.
Necesitaba aferrarme a algo.
Me aferré a tantas cosas que hice mil laberintos
El Avatar de Ultima, tenía un concepto interesante:
Y creo que celta, o tal vez, nórdico.
La gente juega con la mitología, para crear nuevas.
Y es que el Avatar debía ser un guerrero que
profesara las siete virtudes.
Siete virtudes que ya no recuerdo.
Honestidad, Compasión, Valor, Justicia, Sacrificio, Honor, Espiritualidad, Humildad.
Elegir el nombre de mi Avatar fue sencillo.
Había muerte por todas partes y un deseo de resurrección.
(el símbolo del fénix).
(el símbolo de los cuervos, mensajeros de la muerte, en la edad media).
(y después, el señor de todas las respuestas. El hombre que habría de responder y juzgar cada paso).
La primera palabra, obligada… fue Death.
Invirtámosla: Thaed.
La segunda palabra, Fest.
Yo he tenido problemas con mi apellido.
Los psicólogos Freudianos dicen: “No has resuelto tu Edipo”.
Eso dicen, yo no sé.
La gente era más tranquila antes de saber del psi-co-a-ná-li-sis.
Tsef. Fest. Reflejo - Contrarreflejo.
Tsef Thaed. Celebración de la muerte en el espejo.
Y bien…
No-celebración de la vida tal como está.
Ese fue mi primer Avatar.
|
Tags: Avatar, cuervos, enojo, Fénix, Fest, hilo, ideas, Muerte, origen, perfección, personaje, reglas, símbolos, tsef-thaed
Agosto 22, 2003 — Arbol.
Escrito por Agustin Fest.
Tito y capoTiTo, decidieron disfrazar su identidad. Antes de que amaneciera y la gente que revisaba el reloj saliera como loca para llegar a su trabajo, pensaron como disfrazarse para que nadie se asustara por el árbol que camina. Se detuvieron en un viejo parque, que más bien era tierra con plantas muertas y juegos oxidados. Tito se dedicó a echar tierra en el carrito de metal, donde solía echar las cosas que encontraba y hasta que lo llenó bien, le dijo al Árbol que se subiera.
El Árbol obedeció, empujó sus raíces y se plantó en el carrito. Tito lo jaló hasta que llegó a una llave de agua, donde abrió y humedeció la tierra. El Árbol se sintió fresco y sonrió.
—Hemos caminado toda la noche —dijo el Árbol.
—No importa capoTiTo, tenemos que llegar a tu destino. ¿Hacia dónde?
—¿Seguro que no quieres dormir?
Tito se puso su bolsa de cemento en el rostro y aspiró, volvió a sonreír y los ojos se le enrojecieron.
—No. ¿Hacia dónde vamos capoTiTo?
El Árbol movió los labios inseguro, ya no recordaba nada, ni siquiera su nombre. Se rascó hojas con hojas y luego se acarició la cicatriz en forma de cruz de su ojo derecho.
—Hacia el norte, siempre hacia el norte. Cerraré mis ojos y mi boca, Tito, para que la gente no me mire. Recuerda no hablar conmigo cuando haya personas alrededor. Ninguno comprendería.
Tito asintió mariado y jaló el carrito, se puso a cantar su adivinanza, utilizando melodías de canciones que había escuchado en algún momento. No sabía donde estaba el norte, pero sabía donde estaba Barrio Norte. Se imaginó que el Árbol querría ir para allá, jaló el carrito, un poco pesado para él y la gente miró curioso como el niño arrastraba a su pequeño Árbol personal.
Y Simón Dor le había dicho al Árbol que todo se resolvería en sueños. En el mismo paraje gris donde había viso a su padre convertido en piedra, miró a una mujer morena, esbelta, vestida de Arlequín, con un traje ajustado estampado de rombos negros y rojos. En la cabeza llevaba el gorro de cuatro picos, con cascabeles repiqueteando cada vez que movía la cabeza de un lado a otro, sus dientes blancos y su sonrisa amplia contrastaban con su rostro moreno.
—Mi nombre es Tatiana Arlequín—dijo la mujer, extendió los brazos a los lados, luego los dobló y dobló las palmas de su mano. Avanzó un pie adelante y alzó su talón, forzando la posición, volteó su cabeza a la derecha y el ojo derecho parecía mirar al Árbol a los ojos—. Y yo, soy hija de Rafael, pero esa es otra historia y será contada en otra ocasión. ¿Cómo te llamas pequeño Arbolito?
—capoTiTo —respondió el Árbol instintivamente.
—¡No es cierto, mi querido Arbolito! —exclamó Tatiana y se rió, se le dobló todo el cuerpo cuando lo hizo. Rápidamente, hizo un salto de carro y se aventó sobre el pequeño árbol, su cuerpo cambió para ajustarse y poder aferrarse a su tronco con las piernas y los brazos. Acercó su nariz coquetamente entre los ojos del árbol.
—¿Dónde estoy? ¡Aquí vi a mi padre en un sueño!
Tatiana le dio un beso a la corteza del pequeño Árbol, quien sintió cosquillas. La Arlequín le soltó, se recargó en el tronco y miró hacia arriba, donde las hojas del árbol tapaban la extensión gris que cubría todo el sueño.
—Será difícil explicarte corazón, pero tú eres el Traductor de mundos. ¿Sabes qué es un traductor?
—Así me llamaba SYA.
—SYA no se equivocaba, pero él hablaba de idiomas. Yo hablo de mundos —Tatiana juntó los extremos de sus dedos, formando un círculo. Acercó su rostro, como si tratara de buscar en el aire un centro. Rápidamente se puso en pie y acercó este círculo hecho de dedos al ojo del Árbol—. Existen tres mundos. El mundo de la realidad, el mundo de la magia, y el mundo de los sueños que es el intermedio entre estos dos. Tú puedes caminar en estos tres mundos…
—¿Y por qué el mundo de los sueños es gris?
—Porque no eres ni real, ni mágico, ni sueño. Eres el Traductor y el Traductor, tiene que aprender a ver los tres mundos, antes de poder caminar en ellos. Simón Dor te ha enseñado el mundo real, por eso le conoces y caminas en él.
—¿Cómo sabes que soy un Traductor?
—Por la herida en tu ojo derecho, la herida en forma de cruz —sonrió Tatiana y saltó de un lado para otro, de una manera suave y agraciada. Cuando terminó, volvió a acercar su ojo al ojo del Árbol y éste pudo mirar una herida de cruz en Tatiana—. Yo también soy un Traductor, ¿ves? Soy el Traductor del mundo de los Sueños. Tu padre te ha dado ese maravilloso don sin siquiera proponérselo, tuve que usar su imagen para hacerte caminar…
—¿O sea que no vi a mi padre?
—No. No era él, realmente —El Arlequín hizo una expresión de niña regañada—. Pero escúchame, que no me queda mucho tiempo. Con el niño que se droga estás a salvo, porque ha perdido la fé de mirar la magia en el mundo y conserva la inocencia, es un estado raro de la mente… el niño es el mejor, porque su doppelganger ha perdido la capacidad de mirarte a ti. ¡Pero pobrecito! ¡Sufre mucho!
—¿Doppelganger? ¿Cómo hago para que Tito no sufra?
—¡Sh…! —dijo Tatiana, puso el dedo índice en la boca del árbol indicando silencio—. Escúchame bien. Los doppelgangers no suelen ser malos, pero ahora están bajo control de alguien. El Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal está lastimado y hay que curarlo, para regresar el balance de los tres mundos. El mundo de los sueños, afortunadamente, casi no ha sido tocado… porque le consideran el mundo perdido. Es un mundo caprichoso, que se atiene a lo que le ordene el corazón del que sueña.
—¿Dónde puedo encontrarlo?
Tatiana suspiró, se acostó boca abajo y recargó su mentón en las palmas de sus manos.
—Eso es lo difícil, corazón —Tatiana jugueteó con sus piernas—. El Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal existe en los tres mundos, tendrás que caminar cada uno de ellos. Cambia constantemente de lugar, para protegerse así mismo. Sin embargo, parece que alguien le encontró en uno de los mundos y ahora está pasando lo que está pasando… el mundo real no está siendo muy afectado, ni el de los sueños… pero el mágico es un caos. No tardará en extenderse.
—Esa es la misión que me dio mi padre, ahora la recuerdo. ¿Conoces mi nombre?
—Si, te llamas Árbol Tsef Thaed —sonrió Tatiana, se puso en pie e hizo un saludo militar, imitó a Clint Eastwood con la dureza de su rostro—. Pero lo has de olvidar tan pronto te pongas a caminar por ti mismo. Lo siento… eso también te lo heredó tu padre. Si descubres la historia del Árbol Tsef Thaed, encontrarás tu nombre y no lo olvidarás jamás… ¡Pero eso no importa! ¡Importa más la magia! El problema es que para recordar tu misión, debes recordar tu nombre… ese es un gran problema.
Tatiana hizo un gesto pensativo y pareció convertirse en estatua, porque no se movía, no respondía, no hacía nada.
El Árbol parpadeó un par de veces. Le había dolido ese no importa. Y cuando parpadeó una tercera, se encontró de nuevo en la realidad. Tito no estaba en ningún lugar, parecía ser mediodía y estaba en una calle medio húmeda y llena de basura.
Se le había olvidado preguntarle a Tatiana tantas cosas.
|
Tags: árbol-de-los-mil-caminos, caminar, mensajes, padre, símbolos, soñar, tito