De un mundo al siguiente

En diez horas, puedes caminar de un mundo al siguiente.
Sabes lo que encontrarás en el uno, en el otro.
Sabes cuál es un infierno y sabes cuál es un cielo.

(aunque a su modo, se complementan. Hay infiernos
y hay cielos, en ambos mundos. Todo es cuestión de
quien decida caminarlos).

Y aceptas ambos mundos. Debe ser así, de lo contrario…
…rayarías entre el cuerdo y el loquito.

En teoría, el primer mundo te enseña muchas cosas…
y en el segundo, tienes que desaprender varias.
Enseñarte otras cuantas…

Cuando regresas, ocurre exáctamente el mismo proceso.

Hay un desbalance. Debes ser muy ducho, muy chido,
—un genio—
Si puedes asimilar y adaptarte a ambos mundos,
sin consecuencias graves.

Uno debe entender, cuando se puede regresar y cuando no.
Cuando es debido atravesar uno y otro.

(Aunque el riesgo es toda una aventura y debes asimilar que
el desbalance puede ser peor. Tienes que tenerlo en mente
pichulita o ya nos fregamos).

Lo importante, de caminar entre mundos, de caminar entre

(—ORDEN Y CAOS—
—THANATOS Y EROS—
—CIELO E INFIERNO—
—FUEGO Y AGUA—)

aquel mundo y este, es llevar las enseñanzas…
los buenos recuerdos…
los que todavía no suceden…
las promesas del futuro…

caminar y predicarlas.

Aferrarte a ellas.
Creer en ellas.

Creer que existes y no importa nada más, que puedes caminar cuando quieras para vivir lo que desees.

Nada importa, más que eso.

En diez horas se puede caminar de un mundo al siguiente,
y he olvidado mi reloj, ya no sé contar el tiempo,

solo
miraré
al
frente.