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Los cuervos…
rara vez tienen sentido,

sentido del arte…
sentido práctico…
sentido auditivo…

Diario de Simón Dor. Día 29 y Día 30.

Este post es parte de una serie, llamada “El diario de Simón Dor”. Anotación 25 de 47


Día 29

Estaba yo en camino a mi casa, cuando me di cuenta de que estaba yo en una especie de trance. Un trance donde no te das cuenta que un mundo camina a tu alrededor mientras tú estás estático, escuchando un silencioso grito mental. Cuando regresé despertado por una urgencia de que no debía ir más allá, miré unos armatostes con ruedas que giraban e iban sobre el pavimento, vistiendo muchas luces de color rojo y blanco. Coches, me dije sin creerlo, como un mentor secreto que me acompaña y me enseña una ciudad de maravillas nuevas. Son coches, me repetí. Mis ojos fueron abriéndose a la realidad que ante mi se presentaba, suspiré aliviado y al mismo tiempo angustiado. Es cierto, son coches.

Cuando escribo en ti, querido diario, existe hasta cierto punto ese trance. Se me olvida el mundo que camina sin mi y es como si el tiempo se hubiera olvidado de mi haciéndome tres, cuatro, veinte o cien minutos más viejo. ¿Seré yo capaz un día, de que me olvide del mundo y el mundo se olvide de mi definitivamente? Locura, tal vez, llegar a un punto en mi esquizofrenia de olvidarme como me llamo, quien soy, de mi pasado y de mis amores no importantes. Tendría que tatuarme el nombre de Beatriz para no regalársela al olvido y mejor que perteneciera al “no me acuerdo”.

¿Qué más olvidaría? Mi reloj, mi anillo, mi ropa. Las cosas materiales se irían primero porque son las más recurridas. Después olvidaría lo espiritual, donde se incluyen los malditos y benditos recuerdos, deslizándose a los tiempos que son presente, pasado y futuro compuesto. El presente sería el más difícil. La voz podría ser un poquito rebelde y decir incoherencias de los tiempos, como un soporte para que no me entregue por completo al abismo. Eventualmente se iría, porque cuando ya no queda el espíritu y la materia, solo permanecería la mente aferrada al presente, adios a los sentidos y su estímulo.

Sumergido en un profundo silencio; voz, oido, tacto, olfato y visión se irían a la mierda. Permanecerían mi soledad y yo, porque así es, mi estimado diario, que la soledad es más fuerte que el viento y el olvido. Me convertiría en montaña a la cual se le ha olvidado el paso del mundo.


Día 30

Entre Suspiros Construyo Risas Imaginarias, Bonito Intento Rutinario.

No tengo forma de perseguirte, apareces cuando quieres y más te necesito. Me atrapas los sentidos y me entierras vivo donde las lombrices me susurran al oido mi fracaso de ilusiones. Las raices se entierran en mis costillas y reclaman su espacio. Mi cuerpo se hace parte de la tierra, yo grito que alguien me saque y sólo estás tú, escuchando mi voz llena de arena y ríes cuando escuchas mi letanía desesperada.

Tiene Sentido.

Ayer cuando me acostaba, tuve una ansiedad terrible que no me dejó descansar toda la noche. Entonces me di cuenta lo importante para mi que es ganar o no un concurso de escritura, muchos pueden pensar… es un concurso, nada más un concurso y como dice el buen valar En un concurso se gana o se pierde.

Yo le dí demasiada importancia a este concurso porque… como unos cuantos amigos queridos saben, estoy apostando lo que más me importa… lo que mis manitas lindas pueden decir al mundo. Las ficciones o las realidades, como sea. En mis tantos años en los que me he dedicado a juntar una letrita tras otra, he ganado a mis seguidores y he ganado a mis enemigos. Bien lo sé. Aunque sea de una manera muy local, eso es lo que me ha hecho seguir mi camino y decidir lo que quiero hacer con mi vida.

¿Por qué escribo? Cuándo me hago la pregunta, esta fabulosa pregunta, entonces saltan mis numerosos personajes y dan una respuesta, como en una asamblea desorganizada y cada uno de ellos trata de exponer sus puntos. He tardado siempre encontrar mi propia respuesta, desglosándola de todas las demás: Escribo porque me gusta ver el mundo mágico. Olviden las coincidencias macabras, olviden las veces que les he dicho que escribo para mis amigos (imitando a Gabriel García Márquez) y olviden las incontables veces en que sonrío sarcástico y digo: “Já, porque quiero ganar dinero y luego dar críticas a una televisora, después de todo tengo que comer”.

Escribo porque me gusta ver el mundo mágico. Escribo porque no me gusta que la realidad nos acongoje. Escribo porque estoy harto de la mierda que nos aventamos unos a otros, ya no me gusta masticarla. Escribo porque aunque la vida no es un cuento de hadas, necesitamos darle tales matices, aunque sea poquitos. ¿No creen?

Y mientras me respondo esta pregunta, el concurso sigue presente, porque después de todo… estoy presentando mi invitación al mundo mágico. Hace poco estuve buscando acerca de mi escritor favorito, Michael Ende, información que me diera indicios de como llegó a ser él escritor y su vida en general. Y me di cuenta que también era su propósito, en ciertos rasgos. En Momo y en La Historia Interminable esta más que obvio.

Es muy posible que no gane el concurso, de hecho. En lo poco que he estudiado mi carrera, me he dado cuenta de muchos errores que tiene la novela y la he revisado estos últimos días. Lástima por los personajes, a cada uno lo quise y lo aprecie como nunca. Sin embargo, es fácil decidir cerrar el ciclo y decir que ya no escribiré.

El camino fácil ya no me gustó.

Así que tal vez puedan ver la novela que presenté publicada por acá, así como mi colección de cuentos. Estos días no he escrito precisamente porque la decisión del jurado me puso un candado enorme. Pero ahora que me siento un poco más libre y relajado, entonces podrán leer los cuentos que ya trabajé en esta página y puedo decir estan terminados, los cuentos mediocres que escribí algunas veces y decidí dejar quietos, serán publicados tal cual en esta página también.

Respecto Anselmo y Susana, les doy muchas gracias por ser el inicio y quedan sellados donde están.

Un saludo y gracias a los lectores que se dan el lujo de leerme un ratito.