Primera historia de la Tía Yemita y el hombre que no podía sentarse.

Primera historia de la tía Yemita, cuándo le dijo el secreto a aquél llamado Heriberto Jiménez, el hombre que siempre viajaba de pie en el metro. Por Agustín Fest.

La adivina ciega sonrió al sentir al nuevo cliente, no reconocía los pasos ni el olor y además tenía todos los sonidos de un observador que inseguro, levanta y deja objetos, mueve las cortinas y los ornamentos colgados por error.

—Tome asiento, está usted en su casa —aseguró la tía Yemita, una anciana ciega de pueblo, aspiró profundamente y dejó que la fragancia de su santuario le tranquilizara, le gustaba el incienso, el sutil olor a quemado de la cera.

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