Noviembre 7, 2003 — Intento ser Escritor.
Escrito por Agustin Fest.
Tiene en el rostro pelitos alrededor de donde debiera haber bigote y unos tantos en la mejilla. ¿Algún día le cerrará el candado? Esos pelitos rebeldes, ¿cómo se afeitará en las mañanas? ¿lo hará acaso? Si, porque el resto de su barba tiene forma. Sé que no se peina, porque trae el cabello siempre esponjado, cabello rebelde que se cruza uno con otro, los embrollos lingüísticos. Es muy curioso, este alumno me sostiene la mirada porque quiere hacerlo. Es una clase de reto, aun sonriendo tranquilamente, sé que me está retando. ¿Notará esos pelitos que tiene? Están ahí, esperando a que alguien se los quite. A que yo se los quite.
Rara vez se presenta a mis clases. Sin embargo, cuando lo hace, siempre hay un comentario que me hace notarlo. Hoy le atiné a su nombre, ahora podré preguntarle muy seguido. Podré esconder mi interés, como suelo preguntar a otros alumnos. Me gusta aprenderme sus nombres, ello me ayuda a decirme que soy una buena profesora. Apenas llevo enseñando dos años y estoy apunto de sacar mi maestría. Ser profesora joven tiene sus ventajas, puedo lograr que mis alumnos no se aburran en la clase, tengo una mejor identificación con ellos y puedo hablar de mi novio. Al estar más cercana a su edad, puedo todavía identificarme con aquellos tiempos.
Y me gusta identificarme con este en particular.
Además, él me ayuda mucho, sea como sea. Se hace el tonto, pero no lo es. Lo sé por como me sostiene la mirada. Cuando todo mundo se queda callado, entonces él hace una pregunta estúpida o da un ejemplo, de esos que hacen reír a todo mundo. A mi me ha hecho reír en un par de ocasiones, debo admitirlo. Hace preguntas en forma de idiota, para yo poder darle una buena explicación. Pero no tiene los ojos de un bobo. No, él es distinto. Me dedico a explicarle durante clase, me dedico a pelearle la mirada… me dedico a descubrir quién hay en ella.
¿Qué hay en esos ojos? ¿Por qué me mira así? ¿Mirará así a todos sus profesores? ¿A sus profesoras? ¿A sus amiguitas? Un chico como él, debe tener muchas amiguitas. No es feo y hace reír a la gente. No es el clásico payaso, porque lo hace en momentos muy específicos. Es como si lo tuviera medido. Como si quisiera decirle a todos algo, o como si quisieramos entender que está diciendo algo y en verdad, no dice nada. Espero verlo en mi clase más seguido, siempre me sorprende. La primera clase llegó una hora tarde. Las siguientes, lo he encontrado temprano, en otras más… no llega y lo extraño.
Hoy desperté algo. Sé que lo hice. Llegó tarde y lo miré de reojo, no me inmuté y seguí explicando. Quería que me viera en falda y blusa. Falda larga con una apertura que descubre los muslos, nada más un poco, ya que no soy de esas. Podría serlo, pero tiene que entenderme primero. Tiene que entender mi mirada y le formaré el camino correspondiéndole las sonrisas.
Hoy participó más, como si quisiera saltar de su asiento y decírmelo al oído. Decirme que me había entendido todo lo que le he estado diciendo desde que iniciamos el curso. No estoy loca, estoy segura que toqué algo el día de hoy.
Me dedico a explicarle en mi clase, a verle cuando lo hago. Y parece —sólo parece— que no me entiende. Se desentiende de lo que deseo, porque no es tonto y sabe porque le miro, porque le sostengo la mirada y hoy vi, hoy vi que lo comprendió perfectamente mientras le explicaba que era la gramática cognoscitiva.
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Marzo 13, 2003 — Escuela, favoritos.
Escrito por Agustin Fest.
Ya la había mirado y ella me había mirado también.
En la cafetería, mientras caminaba hacia la facultad de medicina, en el estacionamiento.
Ahí, le sonreí y cabecee un poco, claro… ella bajó la mirada.
Le he ganado estos juegos de sostener la mirada, aunque ella ganó el día de hoy en Cultura Grecolatina… tiene voluntad, tiene voluntad.
Hoy en el pasillo, cuando salimos de la clase, nos miramos mutuamente, mientras caminábamos uno contra el otro, después alejándonos y todavía regresándonos los ojos…
Estoy esperando el momento de invitarle el café.
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Febrero 3, 2003 — Escuela, favoritos.
Escrito por Agustin Fest.
Estaba yo sentado, esperando pacientemente mi clase de las 12, estaba leyendo el libro de “Dioses del Mundo Río” de Phillip Jose Farmer. Una de las mejores series de ciencia ficción que he leído. El sol me pegaba en el rostro, pero ese día en particular no tuve ningún inconveniente en recluirme en el frío que otorgan las sombras.
Prendí un cigarro, tal vez otro más. Estaba tan absorto en mi lectura que cuando una sombra me tapó el sol, me pregunté quien tendría la osadia, levanté el rostro y me encontré con una morena delgada, de cabello corto y linda sonrisa, labios un poco gruesos y ojos negros grandes. Me recordó a Yariela… (saludos si estás leyendo esto). Ella se sentó en el mismo banco que yo.
Y seguí leyendo, ella prendió un cigarro. Y sentía que me estaba observando, paranoia me dije a mi mismo, y seguí leyendo mi libro. En ese momento Sir Richard Burton y Peter Jairus Frigate estaban discutiendo el estudio de los Éticos sobre el Libre Albeldrío. Me perdí de nuevo y escuché que se levantó.
Alcé la mirada y la seguí con mis ojos, ella me volteó a ver de una forma un poco pasiva. Entonces entendí, de veras me estaba esperando, de veras quería que le diera conversación y en ese momento, probablemente, ella quería que la siguiera para compensar mi falta.
Me carcajee en voz alta y seguí leyendo. Cosas como esa no me pasan muy a menudo.
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Octubre 28, 2002 — Un tal Simon Dor.
Escrito por Agustin Fest.
Día 13
Mi vecina, tan tierna…
Estás ahí, sentada frente a mi, cruzas tus piernas y te fumas un cigarrillo, la bata de seda cae suavemente en tu cuerpo de música clásica… suave, blanco, bien formado. Tus senos que me imagino inquieto mientras controlo mi propia dureza. Mi mano indiferente cubre mis labios, para que no mires como tiemblan ante ti, ante tus ojos profundos. ¿Qué haces aquí? ¿No ya nos habíamos olvidado mutuamente? No respondes a las preguntas de mi mente, sencillamente sonríes. Tus labios gruesos, que brillan con la luz de día o con luz de luna, juguetean con el filtro en tu boca.
No puedo olvidar tu idea. Sigues ahí, tratando de ordenar los acontecimientos de tu ficticio pasado. Mueves tu pierna juguetonamente, mirándome como ayer me miraron los niños, (¿alguien tiene una banana?). Veo colores distintos, tu sueter rojo, tu ropa interior negra, tus ojos claros (verdes o azules, probablemente miel, necesitamos más desarrollo de personaje señor). Regresan a mi como si fueran recuerdos verdaderos. Ríes y me miras con amor.
“No puedes olvidarme”, dices. Yo sonrío.
“¿Por qué?”, pregunto inocente, se la respuesta pero me gusta escucharla de tus labios.
“Porque soy parte de ti”, tus ojos se caen un poco. Raro en tu personaje, malvada Lorena. Raro en tu personaje. Dejas de mover la pierna y silenciosa fumas tu cigarrillo. Yo miro hacia otra parte incómodo.
“¿Por qué quisiste olvidarme?”, preguntas tú, un poco herida, miras al piso. Lorena, ¿arrodillándo su caracter dominante ante mi? Dejas caer la ceniza, sin importar el trabajo de la pobre sirvienta de mi mente, que trata de mantener mi mente limpia todos los días.
“Porque eres del pasado mi amor”.
“Recupérame, no me dejes caer, no me dejes sangrar… cada vez que te alejas”.
“¿Y qué debo escribir de ti? Eres como Yasmín, o como Trevan, o como cualquier otro de mis niños”, respondo indiferente, “Te deje libre porque me lo pediste, plasmé de ti en un papel. Eres una ocurrencia, eres una bella ficción”.
“Estoy ante ti de nuevo. Porque tú lo has pedido”, susurró Lorena, “¿No me extrañas un poquito? ¿No extrañas la humedad, la pasión…
… mi calor?”
Me acerco a ti, acaricio tu mejilla cariñosamente y me hincó para besar tus labios.
“Tal vez merezcas una historia más”.
Sonríes como la niña inocente que dejaste de ser en mis cuentos y me abrazas muy fuerte. Besas mi cuello y muerdes levemente mi oreja. Me susurras al oído cuánto me amas y cuánto me quieres de vuelta. Carcajeo en mi interior y me sorprende saber que tú también puedes ser así… Lorena Salinas.
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