Los secretos se guardan por la paz. Hay secretos que no deben ser dichos, para no causar olas que puedan enturbiar el río místico. Uno, como conserje de esta oficina de susurros, debe elegir que secretos debe vigilar y cuanto tiempo. Más bien como jefe de una micro empresa, uno debe categorizarlos, separarlos, inventarles una verdad a media o despedirlos definitivamente. Es por eso que me sorprendieron las preguntas seriadas: “Cuéntame un secreto”, porque soy un jefe desfachatado, pero celoso.
Tengo un cajón de secretos que cuento a todo mundo cuando los pide o los intuye, y los puede guardar un poquito menos que yo. Secretos que estoy seguro puedo afrontar sus consecuencias. Sin embargo, dos cuadras más adelante, dando vuelta a la derecha en la esquina y bajo otro nombre que alguien tuvo a bien de prestarme, se encuentra una bóveda de secretos estúpidos y sencillos. Secretos babosos como: “Tuve una erección a las tres cincuenta y dos de la mañana” o “Me sentí idiota el día de hoy, al verle los pechos turgentes” o bien “se me cayeron gotitas de coca light en una laptop prestada”. Mis scretos y de nadie más, cuyo propósito no sirven a nada más que un descontento por un accidente mecánico o biológico. Una incomodidad pasajera y evitable.
Los secretos de una persona, me parecen pequeñísimas piedras cuyo valor golpea solamente una pared con el choque de los zapatos. La pared no se cae, tal vez un granito que se une con la piedra que cayó. Los secretos se desperdigan en un suelo de grava. Secretos que caen y son pisados. Algún ser invisible, un resanador universal, supongo que los alza y la pared regresa a su estado, como nueva. ¿Tendrá alguien los zapatos demasiado grandes, para que los secretos del mundo golpeen todos a la vez, esa pared que se extiende de lado a lado? Lo dudo. Si llegara a pasar, alguien construiría la pared de nuevo. No puede pasar mucho tiempo para que continuemos guardando nuestros secretos.
Día 2.
Hoy iba de regreso a casa en transporte público y como siempre, miré a través de la ventana, buscando a la joven que se asomó al balcón sin nada puesto. Hace mucho tiempo que pasó eso, pero la extraña obsesión humana sigue buscando.
Miré por la ventana de un coche y observé que era día de parejas, todo mundo tenía a alguien a quien fajar el día de hoy, y yo gloriosamente, me convertí en observador del proceso. La niña era acariciada paternalmente por su novio en la cabeza y tenía una mano en su muslo tierno y joven. Suspiré y me dije, qué bonito es el amor en verdad.
Y entonces, ella… sin ningún derecho, volteó a mirarme. ¡Ja! ¿Cómo se atreve a detener el placer de un mirón? le devolví la mirada furioso y ella volteó espantada y continuó con su rito pre-sexual. Después, el coche aceleró y maldije al transporte público por no ir más rápido. Ahí acabó el oficio del peeping tom, hasta que, unos segundos más tarde… apareció otro coche, con otra pareja similar… y otro coche, y otro coche…
Mi vecina, tan tierna, tan cariñosa, sólo catorce años. Una voz que promete ser sensual en tan solo cinco años más. Sus blusas pegadas a su piel como coraza natural, sus pantalones que ofrecen mucho a la imaginación para ser desgarrados. Ella sabe lo que quiero cuando me ve, pero solo sonríe y se desentiende de mis deseos. Sabe lo que busco, lo que necesito.
Mi vecina, tan tierna.
Supongamos, que me diera un paseo por el Infierno. Quiero ponérselos como una suposición, ya que si les digo que es realmente cierto, ustedes me tacharían de loco o de poeta.
Querido diario, fui ayer al infierno a visitar a los lujuriosos un rato. Y me sentí parte de su orgía selecta. ¿Cómo es qué puedo entrar y salir del Infierno, te preguntarás? Pues, tengo muy buenos contactos… en uno y otro lado, jamás sabemos cuando puede ser la definitiva.
Siempre estoy al tanto de qué religión va ganando, pero por supuesto, no voy a ser el que se quede atrás, el día del Apocalipsis, seré el primero que pida perdón de rodillas o que proclame el mal como absoluto rey y gobernante.
Pero me separo del tema diario, los lujuriosos, los lujuriosos, las piernas de esas jóvenes oscuras entrelazadas, arrullándome y susurrándome al oido lo mucho que me desean, penetración depurada. Fluidos corriendo entremezclados por nuestras pieles, ¿Y me dicen que no visite el círculo de los que se pierden en el torbellino de la pasión? ¿¡Por qué no habría!? ¡Si es tan divertido!
Tan delicioso es jadear en el círculo de perras.
“Querido maniacoDEPRIMIDO como te has dado el lujo de escribir en tu “Fact sheet” a la derecha.
Me he dado cuenta que estás revigorizando mi diario en lo que llamas tu weblog, me da mucho gusto que no te hayas olvidado de mi… de cualquier forma, me hubieras recordado el día en que apareciera de entre las sombras con un pica hielo… para amenizar la fiesta, mi estimado amigo.
Recuerdo que te comentaron mi obsesión por las blusas pegadas y las adolescentes jugosas, si el público hizo bien de leer el día I, sabrán que me vale un pimiento, pero para proteger aquí, a mi estimado amigo que hace el favor de expresar mis palabras ya que a mi me falta cara propia… solo les puedo pedir tolerancia, ustedes tienen sus menjurges secretos que no le quieren enseñar al mundo también, no sean faramalleros.
Ahora que leo el día II, extrañé el clima candente del Infierno, me daré una vuelta por allá y he de escribirte una carta, seguramente recordaré a Beatriz, mi querida Beatriz. Nombre simbólico, ¿recordás? Te he de enterar de mis nostalgias y mis asesinatos, mi querido amigo.
Cuídate y que las musas te sean propicias y abundantes de carnes…
Simón Dor”.