Breve del Sábado.

Ir a un canta-bar, no sólo es una de las experiencias más divertidas, sino que debería ser obligatorio por ley: “Todos los civiles que cumplan los dieciocho serán llevados a un canta-bar por un amigo o los propios padres… de lo contrario, será castigado con cárcel hasta que un supervisor esté disponible para llevarlo a uno y pueda guiarle. Así, el sujeto aprenderá a ser un buen ciudadano por experiencia, atestiguará todo lo que es malo en este mundo y no tendrá excusa de cometer los mismos errores que se cometen en un canta-bar, en su vida diaria y se desarrolle provechosamente como persona moral en la sociedad”.

En un cantabar, por ejemplo, se aprende que si de verdad tienes una voz desafinada, debes evitar a toda costa, acercarte a un escenario, a no ser que quieras morir joven. También aprendes, por ejemplo, que cuando te dan el micrófono es para cantar, no para bailar con él y por último, como bien dijo el maestro de la canción, Salvador Leal si quieres tener éxito en tu interpretación, elige una canción que les guste a todos (que no necesariamente debe ser tu preferida).

Todo esto, para decir que ayer fui al famosísimo Karaoke, “Pedro Infante… no ha muerto”, en compañía de Salvador Leal, Ruy Feben, Yosola y el señor Porter (favor de no confundir con el Portero). Me divertí mucho, ojalá lo volvamos a hacer.

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