Noviembre 9, 2007 — Del deber ser, Howl.
Escrito por Agustin Fest.
Toda la tarde han estado trabajando sobre Xola, para hacer el metrobus. Enormes monstruos de hierro taladran la mitad de la avenida y la casa vibraba. Trataba de concentrarme en el monitor, pero no podía evitar asomarme por la ventana y cuando me hartaba de darles cáncer con la mirada, sentía la silla como el vibrador más ligero que un sexshop puede ofrecer. Tres horas. Miro el reloj. Tres horas tal vez. O mañana en la mañana. Recibí mi sueldo. Está bien. No tengo ganas de gastarlo. Cigarritos. Muy bien y cafecito, coca cola, comida corrida, frío, y el trac trac trac de la maldita máquina. Ni el bondage francés puede separar esos daños. Me pregunto porque mi otro yo no puede reemplazarme, y jugar a que trabaja, el día de hoy. El trabajo flojo. Demasiado relajados otra vez.
No hay nada a través de las ventanas. Las letras que no se han escrito se acumulan. Quiero acabar la Torre de los Sueños en diciembre. Tendré que revisar de nuevo mis tiempos. Tendré que extender de nuevo mis horarios. Tendré que encontrar, otra vez, el fascinante proceso de novelizar. Novelizar. Por eso ya nadie escribe novelas. Por eso todos tenemos un blog.
Mi café esta tan caliente que el humo se escapa al cielo. Se confunde con la contaminación del día de hoy. Con el polvo que la máquina, hija de puta, ha alzado en toda la avenida. El gobierno esta cambiando mi entorno. Todavía no comprendo como funcionará con esta avenida. Me es frustrante no comprender algo. Pero bueno, estoy en esa etapa del año que menos comprendo al ser humano, a mí mismo, la vida en general, lo que falta por hacer. Pequeñas metas ya fueron cumplidas. Faltan las grandes. Y a ver.
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Tags: gobierno, metas, metrobús, molestia, ruido, Xola
Julio 14, 2007 — Asceta, Niño viejo.
Escrito por Agustin Fest.
No se escucha nada, pero se oye todo. Esa distinción parece muy importante para las personas amables, los educadores: “Todo mundo sabe oir, pero nadie sabe escuchar” y sonríen. ¿Cuántos escucharán? Después, la búsqueda lleva señales en la parte más normal de la vida. Por ejemplo, si miras la fotografía en blanco y negro de una mujer, vistiendo medias y ropa interior provocativa, tratas de buscar algo más allá que la imagen y el placer que provocan. En el parque un niño juega futbol con sus amigos, un frutsi con piedritas y dos varas para improvisar la portería. Levantan la tierra con cada patada. Oyes y ves. Ni las medias, ni los educadores, ni el olor a polvo levantado y el cascabeleo de las piedras, dicen la verdad. Sólo distraen. Las señales no funcionan, hasta que buscas un propósito. Hay gente que nace con un propósito, hay otro quienes los eligen, pero otros más, caminan sin él. Hay tanto ruido que los propósitos parecen cambiar mientras vives.
Algo así.
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Tags: blanco, propósito, ruido
Noviembre 10, 2002 — Un tal Simon Dor, favoritos.
Escrito por Agustin Fest.
Día 27
Cuando me transporto a mi mundo, puedo manejar las formas y los eventos, como un Dios. Pero a veces no me siento cómodo en el rumbo que llevo y entonces, me bloqueó temporalmente después de lograr partir unos mares y escribir unos mandamientos. Es inútil y dejo caer mi pluma celestial, preguntándome que es lo que está mal.
Son muchas cosas las que están mal y que no me permiten continuar. Presiones, cabezas, mundo real. Vuelan como serpientes y se roban las tormentas cerebrales. La silla se siente incómoda, las piernas se sienten incómodas y necesito ruido. La manera más absurda de “despejarse”.
Annie are you ok? are you ok Annie?
No sirve de nada.
I put my thrust in you, pushed as far as I can go.
Falta cerebro. Tranquilidad.
This house is haunted.
Silencio, que el mundo se calle para que mi mundo pueda seguir animado. Ahorita está parado como en animación suspendida. Que triste.
¡Simón! ¡Simón! ¡Simón!
Día 28
Me duele el corazón, debo admitirlo. Estoy ante ustedes mi querida audiencia, y tú, mi estimado y bienamado diario, admitiendo que la amargura me ha carcomido el corazón hasta cierto punto, si no es que por completo ya. Son rencores, tristezas y desamores de siglos de procedencia, yendo inclusive más allá de la frontera genética, recordando a los primeros ancestros cavernícolas. Ya me imagino, a mi tataratataratataraymástatara abuelo escribiendo en vez de pintar rupestre. Un idioma desconocido y ya perdido.
Es curioso y justo reconocer que nuestras vidas se han deslizado como agua, hemos decidido entregar nuestro espíritu a las maravillas tecnológicas y convertirnos en robots automatizados, había días en que no lo quería creer, había días en que no deseaba pensarlo. Y aún recordando al joven cuyo cuaderno se transformó en mariposas al aventarlo al cielo, me doy una idea de la solución. Solo es dar un poquito de corazón.
Pero yo ya no tengo corazón, yo no puedo ofrecerte nada, más que mis palabras, mi querido lector, mi corazón sangra en las noches y se endurece durante el día. Es así como he crecido, es así como he de morir orgulloso. La felicidad es lejana, no es mentira, son años luz que incluyen conocimientos, experiencias y sentimientos. Cuerpo, mente y alma. Ya no puedo yo dar la totalidad de mi esencia porque está prohibido y me caería de un edificio. Le tengo amor a mi libertinaje, que me encierra en este paraje oscuro y solitario. Áquí me tienes, de cualquier manera, gritando estas palabras por la ventana de mi celda. Escúchame.
Sálvate de la decadencia, huye antes que te carcoma el espíritu. Ve la magía y entrégate. Es el balance mi querido amigo, la búsqueda del eterno balance que nos da la madurez para enfrentar el temor a la felicidad. No lo se.
¿Qué más da? Si hemos de morir pronto. Ya no hables, estate en silencio y escucha el devenir del tiempo que cae rápidamente. Mira el reloj y cuenta los segundos, yo te digo que no queda mucho tiempo.
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