Duda nocturna.

Me llamó la atención que el hombre la invitó a comer hamburguesas, y mientras ella esperaba paradita, recargada en la barra, él jugaba con la parte posterior e inferior de su blusa, levantándola y dejándola caer, cada vez a un ritmo más rápido. ¿Presa de qué ansiedad, hechizaba al hombre?

La puta y su eterno pretendiente.

Este post es parte de una serie, llamada “Fotocuentos”. Anotación 55 de 60


danae-dscn1139.JPG

“Usted es la puta y yo seré su eterno pretendiente”. Eso le dije a la señorita en cuestión, llamada Laura. Una persona muy agradable, a la cual no me atrevería a hincarle el diente porque sé que no podría controlarme. Yo suelo ser un hombre callado, reservado, conozco muy bien los límites sociales, o bueno… procuro mantenerlos. Mi madre me enseñó a guardar el decoro. Pero cuando ella se acercó, algo me pegó en el vientre que no pude guardarme las cochinadas. Mi madre ya me estaría lavando la boca con jabón si lo supiera, lo bueno es que esta muerta y ya habría sentido algo si me observara desde el cielo: un escupitajo o una piedra.

Es su culpa. Ella empezó, creo, porque dijo algo de un pantalón pegadito y una blusa negra. Luego me mandó fotos dónde presentaba tales características y todo se le veía muy bien. Aunque dudaba, porque luego uno platica con un hombre y no se da cuenta, eso dicen los chistoretes que me mandan en powerpoint, y los chistes suelen esconder las verdades más básicas, por eso nos hacen reír tanto. Pero estaba en el trabajo, y me habían pedido el tiempo extra. Hacía mucho que no sentía el calor de una mujer, ella mandó la primera línea por messenger y así nos seguimos, nos seguimos toda la noche. Pensé que no progresaría si no le decía cosas soeces, así que le solté la primera. “Mi v…. esta p….. gracias a tus fotos”. Bueno, al fín que sólo la veo por el messenger, eso pensé, y sí se pierde la amistad ni modo.

Luego de platicar porquerías, nos dieron las cuatro de la mañana. Apagué mi máquina, me subí a mi coche y con el perdón de mi mamá, fui muy indecente con mi cuerpo esa noche. Desde entonces lo practicamos todas las noches. Si me asaltaban las dudas: “¿Y si es un hombre como tú?”, o luego me preguntaba: “¿Si no es ella la de las fotos?”. Pero apenas era nuevo en esto del messenger y de alguna manera comprendía que sólo quedaba en palabras, a la distancia, que no pasaría nada, y que no habría de qué preocuparse hasta que alguno de los dos pidiera alguna dirección, o el teléfono. Me parecía que todo lo tenía bajo control.

Entonces, después de meterle la v…. por su c…, en una detallada descripción que incluía demasiados fluídos, forcejeos, gemidos e incluso jugar con mi cuerpo en la oficina a deshoras y en mucha soledad, ella me pidió mi teléfono. Se lo dí, por mero reflejo, recordándole que ella era la puta y yo su eterno pretendiente. Estaba entre la ansiedad de escucharla y el pánico. ¿Si tenía una voz horrible qué iba a pasar? Timbró el teléfono y contesté, hablando bajito: Bueno, ella preguntó: ¿Qué?, y nos reímos mucho. Me fascinó su voz agradable, rasposa, platicaba libremente y como un perico. Esa noche nos confesamos la familia, casa, trabajo y educación. Tal vez dije más de lo que debía, pero no me importaba, porque su voz era maravillosa. Mi mente trataba de empalmar su cuerpo con su voz y no podía. Estaba sintiendo la tentación de conocerla en persona.

La siguiente noche me mandó una foto de sus piernas y me dijo: platiquemos. Sí Laura, platiquemos. Me siguió mandando fotos, ella sin decir nada y yo imaginando y escribiendo lo que haría con todo lo que me mandaba. El calor subía por todo el cuerpo, la noche me hacía sentir culpable y algo me decía, que no iba a poder más. Furtivamente me bajé el zipper, los pantalones y los calzones, me agarré lo que mi madre me había dicho que no agarrara y sin temor por manchar el teclado, el escritorio, hice lo propio. Hasta que escuché los pasos del vigilante en el pasillo contiguo, y me sorprendí porque no sabía que teníamos uno, detuve cualquier deseo. Rápidamente me vestí y le dejé un mensaje que decía:

—Dame tu dirección. Voy para allá.

Y después de largos minutos de silencio, ella se desconectó.

El vigilante pasó a darme las buenas noches, yo se las dí con la mano manchada y sudorosa, recogí mi portafolios y me fui a casa. Dormí muy bien esa noche, por extraño que parezca, pero cuando desperté no tenía ganas de comer, ni de tomar mi café, ni de persignarme frente a la fotografía de mi mamá. Supuse, y no me equivocaba, que no volvería a meterle la v…. por su c….., ni por su b…, ni por la v….. Ni manchar de e…… sus n….., ni t…., o m…… El siguiente día en la oficina, estuve medio triste, esperando a que ella regresara, pero no lo hizo. Había transgredido una línea social o algo así… pero se la he cumplido bien hasta el momento, soy el pretendiente eterno, esperando a que la puta regrese.


Foto: Dánae.

Este es uno de los fotocuentos que escribo en Árbol de los Mil Nombres. Si quieres enviar una foto, antes lee: Acerca de los FotoCuentos.

Si quieres leer los que llevo a la fecha, entra a la categoría de FotoCuento.

Más de una foto es bienvenida. Si ya mandaste una y quieres repetir, adelante. Si eres una nena y quieres enviar una fotografía de tus piernas, mucho mejor :)

Siempre termina lastimándome.

Leo por ahí. “Si no quisieras que lo hiciera, entonces podrías detenerlo”. Pero mejor no dije nada, no sólo porque estaba fuera de lugar y porque esas cosas se aprenden, sino porque la naturaleza es sabia, incluso la humana, y lo que somos tiene sus razones de ser. Eso creo. Estos días, me he preguntado de nuevo acerca de la naturaleza humana y sus motivos, por qué eres quien eres, por qué acostumbras a hablar o responder así, por qué continúas actuando de esa forma, en qué te beneficia o si solamente aprendiste a hacerlo para convivir o sobrevivir. Observar la interacción de las personas ofrece este tipo de dudas. Luego, te preguntas de tí mismo, y tus lugares comunes, porque soy como soy, algunas respuestas vendrán como un flashazo a tu cerebro: “Mi madre hacía ese gesto, mi abuela sonreía así y mi tío siempre contesta de esa manera”… y la vida, es un largo camino de aceptación a tus actitudes, a lo que eres: Una enorme construcción de tu círculo más cercano y las supuestas decisiones que tomas, para aligerar esa carga y hacerla “tuya”.

La mujer y su plática distraen, necesita atención. Escribir es difícil cuando alguien así continúa elaborando. Es como cuando tratas de estudiar, y un ruido de fondo provoca que te distraigas facilmente. De igual manera, tengo la televisión prendida. Son tres puntos a los que debo prestar atención: al post que escribo, una plática por el mensajero y la televisión. Una pequeña saturación. Nunca podré acostumbrarme. Tal vez, ese ruido se filtra y se traduce en lo que escribo. Genial.

La carga de trabajo se esta aligerando y sólo resta la carga de filmaciones de la próxima semana. Pronto podré escribir los dos últimos capítulos de la Historia de Amor. En mi Google Desktop, he puesto las fotos de Sol y las que me mandan por messenger. Me traen algunos recuerdos. Sobre todo las primeras fotos de/con Sol María. Cumpliremos cinco años en unos meses. No siento que hayamos envejecido. Sin embargo, si nos hemos adaptado mejor el uno al otro. Cada diez segundos me encuentro con un pedazo de historia, con una payasada, con una ternura, o con una cachondería. Supongo que es más ruido, otra distracción más, pero es un ruido muy agradable. Me tranquiliza mirar las fotos familiares.

La persecusión de la identidad.

Ayer me compré unos Camel que supuestamente son “natural flavor”. Definitivamente, son más duros. Supongo que me puedo acostumbrar a ese sabor. La caja es bonita, muy minimal, y tiene dos de mis colores preferidos: azul grisáceo y café claro. La combinación de gusto y tipo es poderosa. Estupideces en las que piensa uno.

Días que me siento enamorado.

Me queda un cigarrillo, nada más.

Hace unas horas, conté por segunda vez la anécdota de cómo le dí el anillo a Sol y cómo la pedí con sus padres. Hilando la historia me di cuenta que estaba profundamente enamorado y descubrí que era, tal vez, una de las historias más bonitas de mi vida, hasta la fecha.

Hay cosas a las que no me acostumbro: contar la muerte de mi abuela, por ejemplo, y las historias del pasado con ella. Un halo de tristeza y de gozo me acompañan cuando me decido a hablar de ello. No me gusta hablar de mis cosas. Siempre hay una opinión después de que hablas… cuando lo único que quieres es compartir, los otros buscan discutir o aportar. Eso me parece un poco triste: deseas regalar una tostadora, pero no la aceptan, sino que desean agregarle la parrilla eléctrica y un mejor diseño. Te lo regresan. La intención de platicar en mi caso, no es buscar ayuda o consejo… solamente compartir. Por eso no hablo tanto. De todas maneras, me animé a contar aquella historia de nuestro compromiso y me hizo sentir amor… ¿Será eso de lo que hablan los viejos, que se han aguantado durante tantos años? ¿Recordarán la historia cuando su amor flaquea?

Curiosas preguntas que me han perseguido a lo largo de la noche.

He tenido semanas difíciles en el trabajo, lo bueno es que estan llegando a su fin. El lunes se resuelve la mayoría de estos problemas. Tengo otro trabajo muy atrasado que pretendo adelantar mañana y el domingo. Además de cumplir las promesas que llevo arrastrando desde hace un mes con mi hermano de llevarlo al cine. Cuando retraso esas promesas me siento culpable. Costumbre difícil de erradicar. Eso me ganó un berrinche con Sol María, porque mañana tiene una boda y mis tiempos estan tan ajustados, que no podré ir con ella. Aunque ya platicamos, y reímos, y entre berrinche y broma, nos lanzamos cojines y ladrillos, tengo miedo que esos pequeños detalles puedan provocar un gran problema. Antes de colgar me dijo porque estaba así, y aunque lo entiendo perfectamente, no sé como hacerle sentir mejor. Su hermana se regresa a Villahermosa en unos días, ella estará viviendo sola en la casa… no esta acostumbrada a la soledad.

A mí me gusta estar solo. Mis amigos, ese tipo de amigos que prometes ver para siempre, los veré una o dos veces al año (eso si fue un buen año). Cuando vivía con Johnny, casi no visitaba a mi familia y cuando vivía con mi familia, no visitaba a Johnny… aún cuando lo considero un hermano mayor. Nunca entenderé porque soy así, y aunque probablemente no soy el único, estoy demasiado consciente de esas pequeñas líneas que nos separan, y nos alejan, esos hilos de plata que nos unen (y no se rompen), y continúan estirándose en tiempo y en espacio, hasta que sea el momento de volverlos a ver o cuando desvanecen completamente, y sólo permanecen esquirlas de plata que caen a otros hilos. Hilos que unirán, probablemente, a nuestros hijos y nuestros nietos.

Mi mujer no es así. Siento que no le gusta, o no acepta, la experiencia de “abandonar” a las personas. Algo que no puedo comprender del todo, porque no soy ella. Aún cuando puedo entender ciertos aspectos, ciertas cosas, ciertas necediades… quisiera tener un manual para saber como hacerle sentir mejor. Unas por otras. Este es el momento para hacer un poco de tiempo con mi hermano, después de que lo abandoné cuatro o cinco años. Mañana será el tiempo de retribuir a mi mujer, porque la veo cada uno o dos fines de semana. Distribuir los sentimientos, las culpas, la redención, las alegrías y las experiencias. No disfruto sentirme responsable por tantas cosas, pero así soy…

Se ha terminado el último cigarrillo. Los vecinos borrachos del departamento de arriba, siguen discutiendo del partido que hubo esta noche. He sido un niño muy valiente y he matado a tres arañas el día de hoy, todo gracias a mis bototas. Desde hace rato, he querido irme a dormir pero no he podido, algo de esto tenía que escribir… y he quitado los comentarios del blog, no sé por qué… tal vez por lo que decía allá arriba: solamente deseo compartir y así será, de ahora en adelante, hasta que me canse de este changarro y lo cierre.

Buenas.

No tengo ocho contactos.

Veía dos monitores a mi izquierda —porque soy un chismoso—, como uno de mis compañeros de trabajo leía un e-mail con una presentación en Powerpoint. La presentación clasificaba a las personas en tres, dependiendo del tiempo que pasan con nosotros: una razón, una estación y una vida. La verdad no quiero resumir la sarta de autoayuda y predicación que contenía el e-mail. Lo que me sorprendió, francamente, fue la frase inicial: “Pon atención a lo que vas a leer”. Creo que fue tan efectivo, porque incluso la vecina atravesando la calle, trajo sus binoculares, me hice un tantito a un lado y todos leímos muy atentamente las viñetas que nos explicaban de como nada es coincidencia, de que debemos compartir y las personas con las que pasamos nuestra vida, son lo más chingón del universo.

Curioso. El e-mail dedicaba cinco viñetas a “la razón”, tres viñetas a “la estación”, y una a “la vida”. Cinco viñetas complementarias para decirte “El que no arriesga, no gana”, “Baila como si fueras a morir mañana” y “Manda esto a todos tus contactos y si ocho te lo regresan, eres una de las personas”. ¿Una de las personas? ¿Soy uno de los 144,000 o quíhubo? El mail recalcaba la importancia de que fueras una de esas personas. Una de las que envía y recibe. Repentinamente, me sentí mal, porque definitivamente, no se la mandaría a ninguno de los míos y apostaba, que nadie me lo mandaría. Moqueé la nariz un poco. De acuerdo a los criterios, no era ni “razón”, “estación” y “vida”.

Pensé, después, en la labor artesanal que debía necesitar uno de esos e-mails. Algún contador o ingeniero aburrido, o en el peor de los casos, literato trabajando en casting, tomó la molestia de leer el texto en algún lugar, incluso buscarlo. Una razón para mi existencia, en esta estación de mi vida —habrá pensado. Lo puso todo en Google y voilá. Llegó, así como yo, lo leyó y provocó un salto en su corazón. Lee esto con atención, se repitió, leelo de verdad… porque lo necesito. Lo imagino y hasta se me sale una lágrima (y no de cocodrilo, ojo). Abrió su powerpoint, escogió con amor el fondo, los textos, algunas fotitos, luego una canción de su colección de mp3’s… una ochentera, tal vez: “All By Myself (Donwanabi)”. Todavía no termino —pensó—, quiero que esto lo vea mi novia… ¡Un corazón! ¡Necesito un gif animado de un corazón! —Cuando hubo terminado su trabajo artesanal, retrasando así las cuentas del día, guardó el archivo en el escritorio de su máquina, abrió hotmail, lo adjuntó y lo envió a todos sus contactos.

Así empieza un horrible devenir. Supongamos que tiene cincuenta contactos. Esos cincuenta, treinta se animaron a reenviarlo a sus cien contactos y así. Un archivo de 5 megas se duplica unas miles de veces, toma las redes, mancha el internet, se produce y reproduce como un virus, en miles de computadoras. Empieza el gasto de ancho de banda en su oficina, en su computadora y su red oficinal, hasta las redes de Filipinas, cuando alguna china despistada se lo envió a su novio filipino (un docto en español) para que lo tradujera. Así en todo el mundo, una sucesión hermosa y horrible, se extiende por todas las personas que desean ser una “razón”, una “estación” y una “vida”. Eso nos habla de dos cosas: el deseo de amor en el mundo y también, la soledad que embarga a todos los enclaustrados en su trabajo… buscando en el archivito de powerpoint, todo lo que necesitamos.

Por eso si me preguntan como estoy, digo que a toda madre y no me manden mamadas.

Redlambder.

Otro lunes. Odio los lunes. El pinche lunes. Todavía sucede que me acuesto en la cama, hundo mi cara en el colchón y un grito ahogado, una plegaria desesperada—: Carajo, lunes… ¿ya tan rápido? ¿y qué anomalía espacio / tiempo se tragó mi fin de semana? Puto lunes. Lunes malparido. Farisaico inicio de semana. No dejo de bostezarte en la cara, lunes… de enseñarte el dedo que importa ¿Y cuántas venas tiene el chile? Setescientas. ¿Qué te llamas lunes por la luna? ¿Y a mi qué? Pinche día mamón. Y aún intercambiando tu lugar con el martes —tan distinguido—, o con el miércoles —tan divertido—, o con el jueves —tan cercano a su novia, la golfita llamada viernes, que también le pone con sábado y domingo—, para mi seguirías siendo el puto lunes malparido farisaico aburrido, mamón y sete siéntate acá, que pa’ luego es tarde cabrón.

A ver si ya te vas acabando.


De niño, me la pasaba haciendo cálculos para otorgarle al ser humano tres días de descanso. Como el lunes nunca me agradó, pensaba que en jueves debería iniciar el fin de semana, para descansar el viernes, sábado y domingo.

¿Y por qué hacía yo de chaval esos cálculos tan… extraños? Porque yo de niño me imaginaba que en algún momento sería Dios, ¡a huevo! Y Armando Sámano dícese así mismo megalomaniaco por ser Superman, antes que Batman o Spiderman.

Definitivamente, maese, de los megalomaniacos, usted es el menos. Siguey leyendo →

Faldemir.

Esta es la nueva presentación de los Faros con filtro, por veinticinco varotes, usted puede comprarlos en una caja monona, como de colección y fumarlos con un filtro hecho como si fuera un carrito de carreras. Estan monones. A mi, fumador empedernido, me llaman la atención, pero aún no planeo gastar veinticinco varos por unos cigarritos, no señor.

faritos

faritos2

Por cierto… 31 de mayo, día internacional de no fumar… ¡YIPPY YAPPE! ¡Y yo anunciando cigarros!

Una de las cosas que más me incomodan son las dinámicas familiares ajenas. Mi familia, que pecó de discreta o bien, que tiene una manera muy directa de hacer las cosas, dista mucho de ser la familia dicharachera o ruidosa típica del mexicano. A Dios gracias, no soportaría tener una familia inquieta que mueve todo sin cesar. Me acuerdo de las familias de mis amigos que siempre fueron muy distintas a la mía y cuando por azares del destino, me veía envuelto en una reunión familiar donde yo era invitado, me quedaba callado de entrada y observaba todos esos matices de colores tan diferentes de un cuadro familiar completamente ajeno al mío. Una de esas veces fue con la familia de Irwin, que con regularidad me invitaba a comer antes de irnos a entrenar remo (simón, aún sin saber nadar, aún sin saber andar en bicicleta, me fui a entrenar esa chingadera) y aquella vez que me invitó a Tamaulipas, a conocer a sus tíos. Era una familia completamente distinta. También fui un invitado regular de la familia del Cheques o la familia de Fernanda.

Otra familia que recuerdo con peculiaridad, es la de Sol María. Aún me siento totalmente a dispar con ellos, no me parezco en nada, así que cuando toca una de esas reuniones familiares que me estresan, mejor guardo silencio y observo. Nunca he sido bueno con las multitudes, ni con las familias ajenas. ¿Qué se le va a hacer? Hasta que alguien me entregue un instructivo.

Pero aquí en México, cuándo alguien te invita a su familia, que no sea una de esas mega reuniones donde todos acaban como vacas babosas con unos kilos de alcohol, puedes empezar a considerarte un primo, o un sobrino lejano. Incluso, después de dos o tres reuniones, la abuela que no recuerda los nombres empezará a preguntar por tí, preguntará por el muchachito ese callado que fuma de más y tiene ojeras de drogadicto. Debería de sentirme afortunado —y tú también—, porque sin querer ya llevas unos dos o tres apellidos más a la cuenta.

En cuánto a Bob…

Él esta teniendo pesadillas:

perro-muerto

El fantasma de un perro le acosa.