Noviembre 29, 2007 — Del deber ser, Escribir, Lector.
Escrito por Agustin Fest.
Hace poco, terminé de revisar el segundo capítulo de la Torre y quedé satisfecho. El problema es que agregué cuatro personajes y tal vez deba darles seguimiento a lo largo de la historia. Se que hacer con dos de ellos. Si juntara otros diez personajes más, podría jugar con el mito de los 17 guerreros. No lo voy a esconder. 17 fueron los hijos de Aureliano Buendía. ¿O me equivoco? Fantasía light inspirada en realismo mágico. Espantoso. Sin embargo hay números que permanecen y ni modo. Así pasa. Me agradan los personajes nuevos. No lo suficiente aún, porque no tienen una historia hecha. Uno de ellos me platica en la cabeza. Le respondo en ocasiones. Es posible alargar su historia.
Revisando otros capítulos, sé que los voy a borrar.
Ayer una amiga me envío su poema erótico. Lo critiqué. Ella me dijo: “No sirvo para escribir poesía. Soy una tonta”. Que actitud. Pobres escritores que buscamos la trascendencia. Nadie trasciende si no trabaja duro. Le sugerí que guardara las líneas que más le gustaron y reescribiera. No me hizo caso. Nada más se fue. Me sentí mal. Pude ser menos severo. Nadie puede estar seguro. Probablemente ese poema, pudo ser un ejemplo de nuestra civilización desordenada y ansiosa de trascender. Ese poema, para otros ojos, tal vez era el mejor del universo.
Toledo me dijo que no era un gran escritor. Pero me respetaba. Yo tampoco creo ser un gran escritor. Estoy buscando el gusto a escribir de nuevo. No es fácil. Siento que se rompió un hilo y lo estoy amarrando. Afortunadamente no es mi hilo de plata. Dedicarle tiempo a la Torre de los Sueños ha educado mi paciencia. No es la gran obra. No soy un gran escritor. No importa. Las grandes obras son para los grandes hombres. Hombres de personalidad compleja y opiniones contundentes. No soy un gran hombre. Soy un monstruo que se divierte.
En crítica literaria, hay dos preguntas importantes para abordar un texto: ¿Qué hace? y ¿Cómo lo hace? - Un lector debería hacerse las mismas preguntas. ¿Qué leo? y ¿Cómo lo leo? Muchos saben por qué lo hacen—: Necesito ser más culto, me gustaría divertirme, transportarme a otro mundo. Leer con esos fines distraen de encontrar los mecanismos. Leer y escribir son la misma actividad. Sus procesos mentales estrechamente ligados. Mientras uno escribe un post, por ejemplo, lo revisa y lo lee. Su lectura se ve afectada por su contexto personal. No presta atención a los mecanismos para que otra persona pueda entenderlo.
Pequeños pensamientos. Mejor iré a comprar cigarrillos.
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Tags: Escribir, leer, obra, personajes, procesos, reflexión
Julio 9, 2007 — Howl, Niño viejo.
Escrito por Agustin Fest.
Pienso que esta es una noche triste, porque sigue corriendo, no tengo sueño y el acto de salir un rato a la reja, sin el cigarrillo en la boca, dice que lo es. No me siento triste, ni desolado, ni melancólico, pero al parecer la noche sí. Pienso si me gustaría seguir viendo Death Note, acabar el tercer libro de Harry Potter o terminar un cuento que dejé pendiente. Después de releer varias veces el cuento, sentía que me faltaba algo. Lo leía, y lo releía. Se lo pasé a tres personas para que echaran un vistazo y, aunque no les gustaban algunas cosas, las tres concordaron en que faltaba algo. Si ya lo sabía, solamente necesitaba que alguien estuviera de acuerdo conmigo. Tres para no errarle. Con todo el dolor de mi corazón, tendré que reescribirlo. Al menos tengo los personajes y la situación.
Puede ser que la noche esté triste porque extraño a mi mujer, porque ganamos muy bien en el futbol, porque un perro allá afuera esta llorando o porque mi hermano ríe sin yo saber los motivos. Un pedazo de carne se asa en el sartén. En unas horas tengo que ir al aeropuerto, a escoltar a dos actrices para que se vayan a Argentina. No había escrito en mi blog por escribir ese cuento. Curiosamente, cuando era niño, era fanático de Hugo Sánchez y quería ser como él. —Se me hace una persona muy agradable —decía de chiquito. De él, y de Salinas de Gortari. Una tía me regañó cuando le dije eso—. No, no. Para confiar en las personas, no solamente puedes basarte en su bigote o en que te caigan bien los de pelo chino. Debe haber algo más.
Hay un problema con Salinas de Gortari… es un ratero, un gran ratero, un voluminoso ratero, simón… pero pues… también hizo lo que quiso. ¿No puede estar en la maldad, el propósito de nuestra existencia? No sólo la de él, o la mía, sino la de … Chuchito, y Perenganito. Es difícil aceptar, con tanta educación moral, que la maldad es un destino. Pero los malvados, como los inútiles y los imbéciles, sirven de mal ejemplo. Tal vez, esta noche es triste, porque pienso que la maldad es un propósito del ser humano.
Últimamente, he escuchado una y otra vez, “Caballo Viejo” (versión salsa) y “Pedro Navajas”. El corazón baila, porque el cuerpo es torpe, pero baila de todas maneras. Pienso ingenuamente—. Me gustaría vivir en algún lugar donde pudiera escribir canciones de salsa y mirar a la gente bailarlas. Como la gente baila alegre con canciones tristes, como esta noche. De sombrero y guayabera, alegrar el infortunio. Como pasa después de leer Harry Potter—. Me gustaría escribir de un lugar fantástico y de magia, intriga, y misterios. De todo te gustaría escribir, pareces un niño Agustín, escoge una cosa o mejor haz algo de verdadero provecho, me dice algún espíritu interno. Tal vez tiene razón.
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Tags: bondad, destino, Escribir, maldad, noche, pensamientos, propósito, reflexión
Marzo 29, 2007 — Del deber ser.
Escrito por Agustin Fest.
En una década de vida, en México se pueden estudiar de dos a cuatro licenciaturas. Supongamos que tres, para personas realmente estudiosas. O bien, una licenciatura, una maestría y probablemente un doctorado. Para aquellas personas dedicadas, a lo largo de tres decadas podrían tener nueve licenciaturas, o bien, tres licenciaturas con sus respectivas maestrias y doctorados. Claro, si necesitas trabajar, puede que ese numero se reduzca un poco, pero la gente que se dedica al estudio puede sobrevivir a base de becas (disfrutando el paseo alrededor de las universidades del mundo, en el proceso) y haciendo trabajos de investigacion.
Pensaba también, que eso de alguna manera esta relacionado a la saturación de información. Se dice que la moneda de cambio en este mundo consiste en lo que sabes y puedes hacer, en el menor tiempo posible. Es decir, qué tan rápido puedes actuar a una necesidad, qué tan bien informado estas y que seas joven para que puedas llevarte la chinga en una empresa o institución (de cualquier índole). El tiempo de respuesta es tan importante como el cerebrito que estimulas. Entre mejor estés preparado para ambos, la posibilidad de un mejor sueldo y otras prestaciones, sube de manera exponencial. En teoría, por supuesto.
Probablemente existirán nuevas carreras que se dediquen a separar la información, buscar información muy específica (recordé un cuento de Brian Aldiss) y dar méritos a quienes lo merecen. El mundo académico me parece un mundo cerrado y con poca difusión. Aún cuando la gente estudia y ha logrado más de una carrera, no veo un fuerte impacto cultural en todas las áreas. Si esto fuera cierto, México sería no sólo una metrópolis industrial y agrónoma, sino fuertemente cultural. Es cierto que tenemos un profundo contexto prehispánico del cual estamos orgullosos, pero creo que falta algo un poquito más actual, jugar y difundir con los conocimientos que México adquiere y de algún modo, produce. Si necesitamos el conocimiento, si necesitamos la información… pero siento que necesitamos darle más uso y difundirlo más.
Pensamientos aleatorios, a las 7 de la noche… mientras espero que una minifaldosa me de un beso. Cuando hay piernas en frente, es muy probable que ni sé de lo que hablo.
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Octubre 27, 2006 — Consumidor de Entretenimiento, Intento ser Escritor.
Escrito por Agustin Fest.
Buenos días a todos ustedes, me han encomendado la difícil tarea de entrevistar a Fest. El por qué el autor decidió concederme la entrevista, aún esta por verse. De por sí, me siento bastante afortunado de que un hombre de tantas y múltiples ocupaciones como él, haga un espacio en su apretada agenda para hablar conmigo. Agustín Fest, como la mayoría sabe, es un joven resuelto, que desborda creatividad, que escribe más o menos, que le confunden fácilmente con un narcisista porque gusta tomarse fotos de sí mismo y que hasta el momento ha editado sus propios libros. Nadie sabe que pretende con esto, si ser famoso, si entrar al canon literario o si, sencillamente, divertirse con lo que escribe. Se diría entonces que se dedica a dos trabajos al mismo tiempo: escritor por encargo de sí mismo y lector número fanático número uno de sus propios escritos. Pero basta de suposiciones, sin más dilaciones les presento esta, LA ENTREVISTA DEFINITIVA.
FEST (se ríe nervioso): Vamos, tanto como definitiva no. A Fest le da miedo la palabra definitivo, porque es como un indicativo de un final y creo que de lo poco que he aprendido de Fest, es que no le gusta escribir cuentos que terminan.
ENTREVISTADOR: ¿Consideras que un final arruina una historia? ¿Te dan miedo, repulsión, o sencillamente no son de tu agrado?
FEST: Fíjate que esa es una excelente pregunta para Fest. Tal vez es porque se involucra tanto en lo que escribe, que mientras más avanza en la historia, le resulta más difícil saber como continuarla. Falta de disciplina, de una planeación para escribir, hace que las historias tomen giros inesperados que luego, pues, no sabe como deshacer. ¿Aunque de verdad, será necesario deshacerlos? El gozo de escribir viene en parte por continuar ese flujo que lleva la historia, deshacer lo que se tenía planeado y dejarse llevar. Como cuándo te ofrecen tu segundo toquín de mota. Te lo fumas y go with the flow.
ENTREVISTADOR: ¿O sea qué usas drogas para escribir?
FEST: Fíjate que ese es el tipo de pregunta estúpida y espontánea que se le puede ocurrir a un entrevistador. No. Fest no consume drogas y no recomienda su consumo para escribir. Puede ser que a algunos les funcione, y de hecho, a Fest le es fascinante leer a escritores que se encuentran bajo el influjo de sustancias. Sin embargo, Fest piensa que si él necesitara una sustancia para imaginar, entonces estaría perdido. No se necesitan sustancias para imaginar, sólo se necesita usar el coco.
ENTREVISTADOR: Bueno, y cuéntanos un poco de lo que estás escribiendo ahorita. La búsqueda de Bob, al parecer, no ha recibido una gran aceptación de tu público. Como que ha cambiado mucho de enfoque en comparación con la historia de Bob.
FEST: Ummm, es que son dos historias que aún cuando estan relacionadas, usan distintos recursos para desarrollarse. La historia de Bob, por ejemplo, se escribió pensando en las fotos enviaban los lectores para los fotocuentos. Si Fest sentía que la narración se atoraba en algún momento, recurría a la siguiente foto de la lista, cerraba los ojos y pensaba: En chinga, vamos, en chinga, ¿qué te dice la foto? ¿qué te diría la foto si fueras Bob?. En cambio, con La búsqueda de Bob, Fest se ha prometido escribir más fantasía y escribirla bien. Es decir, ha tenido mucho cuidado con que sean párrafos más largos de los que acostumbra (no sabe el por qué esa repentina adicción con los párrafos largos). También, ha tratado de que sea una historia un poco más amplia, que se enfoque en más aspectos donde no solamente se trate de buscar al cacto. Ha tratado de darle a cada personaje un sentido y temas que puedan desarrollarse, acorde o muy en contraste, con su personalidad. Con el personaje, homólogo del escritor, ha tenido cuidado en representar algunos recuerdos, experiencias y otras cosas que Fest no compartiría comúnmente, a manera de confesión. Fest se ha tardado un promedio de tres días en escribir las siguientes entregas y siente que no lleva ni la mitad de lo que tiene contemplado. Así que esta puede ser una historia muy larga.
ENTREVISTADOR: ¿Eso te afecta como weblogger? ¿Dirías que no puedes escribir de tu vida, cuándo paralelamente tienes a un personaje llamado Fest, sufriendo en la oscuridad?
FEST: Precisamente, piensa que ese es el problema. Ahora el entrevistador ha dado en el clavo. Es difícil retornar al ritmo de platicar cotidianidades y reflexiones, cuando uno ya esta llevando el ritmo de una historia que se esta escribiendo. Es por eso que Fest le pidió esta entrevista: De alguna manera, hay que disculparse con los lectores porque Fest esta a punto de entrar a otro proyecto, dónde el weblog se usará como un lugar dónde pueda escribir de chingadazo lo que piensa. Aunque sean solamente un par de líneas. La búsqueda de Bob, a Fest le dolería terminarla porque se ha encariñado de manera bestial con los personajes, sin embargo desea hacerlo. Aunque ha pensado que puede con ambos proyectos, en el caso de no ser así, promete retomar la historia en diciembre (aún cuando nadie lea blogs en diciembre) para terminarla como se debe.
ENTREVISTADOR: ¿Qué otro proyecto ocupará tu tiempo?
FEST: Uno en el que ha querido participar desde hace tiempo: NaNoWriMo. El proyecto consiste en escribir una novela de un mínimo de 50,000 palabras del 1 al 30 de Noviembre. Esa novela, no la escribiré en el weblog. Como un ejercicio de disciplina, la escribirá en un procesador de textos, y tal vez, cuándo termine el NaNoWriMO y la búsqueda de Bob, entonces se dedicará a publicar la novela por capítulos. Tal vez se esta tomando con mucha seriedad esto del NaNoWriMo, pero quiere ver si es capaz de escribir un texto jugoso en un mes y quiere ver si es posible disciplinarse para ello, fijándose un horario, fechas límite y mantener una coherencia en la historia.
ENTREVISTADOR: Ahhh, muy bueno, muy bueno… Ahora, es el turno de ustedes bienamados lectores, ¿alguno de ustedes tiene una pregunta? Aproveche que Fest esta de oferta, de aquí hasta el 31 de Octubre.
FEST: ¿Eh?
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Octubre 31, 2005 — Asceta, Enigma, Intento ser Escritor.
Escrito por Agustin Fest.
Por el miedo a la oscuridad (eso que nos nubla lo conocido) hemos aprendido a avanzar de cuarto en cuarto y buscar el switch. Hemos, también, dominado la técnica de apagar la luz de un cuarto hasta que esta prendida la del siguiente y así, sucesivamente, escapando de la oscuridad y persiguiendo la luz que nosotros mismos controlamos. También podemos dejar la televisión prendida, para reconfortar nuestro sueño o con el Led de un walkman puede ser más que suficiente. Sin embargo, una oscuridad completa es intolerable, debemos alumbrar nuestras calles, tenemos que inventar leyendas urbanas de gente que apaga las luces de su coche, lámparas y pilas, celulares… llevamos una luz portatil en todo aquello que nos inventamos.
Apagamos la luz para tener miedo, para reinventar lo feo o ignorar al amante odiado. Para suprimirnos, para envolvernos en una cobija y pensar en la cueva, en el frío, en que si cerramos los ojos y dormimos, amanecerá más pronto. Al menos yo sí, yo si persigo eso cuando intento dormir—: La distorsión del tiempo. No tanto como imaginar que no existe, porque existe y el hecho de imaginar requiere tiempo. Es una constante universal. Sin embargo, es posible que pase más rápido o que pasen años, tan sólo con cerrar los ojos y también, es posible que sueñes con luz, con atravesar cuartos iluminados, uno tras otro. De la noche, tal vez odio un poco que tenga tantas luces artificiales, pero también me atraen, me fascina el ritmo nocturno.
Una hoja de papel en blanco o un cuadro vacío, sin letras o dibujos o garabatos o direcciones o números de cuenta, son pura luz. Es cierto. La hoja de papel, reflejará tan bien la luz del sol como la de una lámpara. Incluso se volverá translucida. Los monitores, en cambio, con tanto blanco son propensos a morir pronto… una luz artificial que emula luz verdadera no resiste mucho tiempo, se vuelve loquita o se muere. Un escritor, tal vez, por eso los llena con letras, porque desea invertir los valores de vez en cuando, porque desea manchar la pureza y desafiar, de una vez por todas, la luz que siempre lo ha protegido de aquello que desconoce, del monstruo debajo de la cama o del escándalo del tigre de sable, o de jade.
Si, tal vez es eso.
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Septiembre 23, 2005 — 1000n, Asceta, BOB, Kromg, La Unidad, Niño viejo, Nostalgico.
Escrito por Agustin Fest.
En este departamento no se puede fumar porque uno de los tíos es muy sensible con los olores y es bien sabido —no por los propios fumadores—, que el olor del cigarro es, pues, bien pinche apestoso. Así que para conservar la santa calma, la paz y la estabilidad en las relaciones diplomáticas, salgo a fumar un cigarro a la entrada del departamento, la cual esta enrejada. Viví en esta Unidad durante creo que unos diez años, hasta que me mudé a la Narvarte y ahora que estoy de vuelta, siento que han pasado otros diez años. Algún día entenderé porque mi percepción del tiempo es tan particular (una manera de decir “mamona”) y porque siempre soy un anacrónico con la sociedad. De todas maneras así lo disfruto… la anacronía en mí, es una nostalgia hasta porque pasa una mosca, vieja compañera, y es un mal necesario, al menos para alguien que gusta del arte o se la vive coqueteando con él. Sufrir de nostalgia y melancolía es parte de mi misma vida.
La anacronía es una enfermedad depresiva y a veces, en ella se consigue el éxtasis iláptico (el lector avispado se dará cuenta de la redundancia, de la constante redundancia). Una sensación que todo esta bien… como maniático hay que vivir.
La oración anterior contiene muchas palabras domingueras que se leen mejor si no se sabe que son y finalmente, utilizo las palabras sin la seguridad de saber que son y me guío al como y que me suenan. Sólo cuando “escribo en serio”, voy corriendo a la RAE para que me ilustre, ya que no tengo varo, ni ganas verdaderas, de comprarme un Corominas. Y vamos, para mi no hay de otra, a veces me dejo llevar por el sonido de las palabras e invento cosas, me procuro un bonche de antítesis, contrastes y paradójas que un lector cuidadoso hará bien de tirar a la basura y decirme—: Cabrón, me estas cantinfleando.
La anacronía, mi santa madre o santa muerte, desprecia el verdadero significado de las cosas.
No fue hasta muy tarde, ya algo crecidito (para mis estándares anacrónicos), que me enteré de la importancia de la identidad. La identidad nacional, la identidad individual, la identidad social, la identidad familiar, la identidad etcétera. O tal vez estaba muy consciente de su importancia y es por ello que me dediqué a moverme entre varios círculos sociales / núcleos familiares / juegos relativos interpersonae, siempre jugando el papel de la ambigüedad o del guasón (reemplazo con facilidad la carta que te falta, Ma’ killin’ jokee). ¿Estaba la gente igual de consciente que yo de su propia identidad? Mis compañeritos de juegos en el mercado, las marchantitas de los puestos y los amiguitos de la escuela. Ser parte del ejercicio escolar de llevar la bandera, robarse los jimanes de un niño más chico que tú o alzar la mano para demostrar que eres un sabelotodo. Ñoño mamón, lángara noble.
La anacronía exige el olvido del sí mismo para la constante búsqueda del ego. Exige una ambigüedad natal, un quiebre en una o todas las identidades, depende del sabor de tu helado.
De igual manera, un anacrónico no pertenece a ningún lugar, no importa si es un nómada o un sedentario. Para el anacrónico no existe nada definitivo, aunque siempre esta pidiendo un sí o un no. El anacrónico habla en blanco y negro, cuando todo lo ve a colores. Un anacrónico no pertenece a nadie, aunque este sumergido y disfrute plenamente del juego social. Un anacrónico mira lo que todos no ven, lo que no existe ya en el presente, porque siempre oscila entre el pasado y el futuro. El anacrónico huele su propia mierda antes que todos los demás, porque esta consciente que cualquier dedo suyo puede mover las olas del tiempo.
Una anacrónico sabe que todos vamos al mismo lugar, que todos nos vamos a morir y no hacemos nada, somos niños jugando en lo que papá nos manda a chingar a nuestra madre o a dormir.
Eso pensé, entres mis dedos izquierdos se consumía un cigarro. Mi palma izquierda sostenía un cacto [Bob] que roncaba inquieto. Enfrente la reja del departamento, un silencio sepulcral de vecinos durmiendo o que no han llegado del trabajo. Soy una carta de Tarot. Tal vez la vecina de enfrente, una alta y delgada, morena, con cara de mosca muerta y “yo no cojo por placer, sino por merecer”, me dedicó una breve mirada de desprecio por fumar en mi jaula antes de encerrarse en su departamento. A mi derecha, en un espacio entre departamento y otro, un lobo encadenado con oro (apostaría que de alguna montaña), de pelaje rojo, me miraba fijamente. Un lobo… un cacto… un cigarrillo… una jaula… una vecina con caretcétera. Esto se me hace tan familiar, un dejá vù.
El lobo me sonrió, me dio la espalda, se echó a dormir y yo me metí al departamento cuando me terminé el cigarrillo. El cacto seguía roncando y todos duermen, excepto yo, el anacrónico.
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Diciembre 18, 2003 — Y Cecilia.
Escrito por Agustin Fest.
Ayer, hace seis años, recibí una llamada telefónica que decidiría la persona en la que me he convertido el día de hoy.
Ayer, hace seis años, le rompieron el corazón a un niño y no fue su culpa. No fue la culpa de nadie. No había a quien culpar.
Así que decidió culparse así mismo, decidió cargar con ello durante seis años.
No olvido la fecha, la traigo conmigo. Ayer se me heló la sangre cuando llenaba una poliza de garantía y anoté el número. Curiosamente, estaba llenando la poliza de garantía de un teléfono.
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