11.19: Estoy en la computadora, esperando nada. Un modelo se acerca a payasear, a platicarme como este lugar suele ponerse como metro. Otro se acerca a mirar la lista por el monitor. Me incomoda que me cachen escribiendo esto, aunque es nada. Se escucha la puerta, no ha llegado nadie más. Llevo anotadas alrededor de 20 personas. Un niño de tres años corre por ahí y hace demasiado ruido. Tocan el timbre.
11.23: Llegan dos personas. Una mujer de veintitantos y un hombre en sus cuarentas. El hombre es chistoso, character, de esos hombres que utilizarías en uno de esos comerciales divertidos. Se disculpa porque no se sabe el número de su celular y me hace esperar un poco. Los niños a mi izquierda juegan con las máquinas de dulces y chicles. Probablemente van a descomponerlas. Sale alguien del foro, entra otro más y yo llamo al siguiente para que espere frente a la puerta. Los niños continuan corriendo. Tengo enfrente a una mujer con minifalda y con mayas ochenteras, hasta las pantorrillas. ¿Por qué acostumbran a hacer eso? Nuestras miradas se cruzan brevemente y le sonrío. El director de casting sale del foro tres, deja a su asistente adentro. Tocan el timbre.






