Día 16
Escasez. Cuando veo el mundo desde la luna y me acompañan un par de ratoncitos bohemios, observamos la Tierra y suspiramos tristes, todos al unísono, como una cancioncita de nostalgia. Se puede escuchar la palabra escasez.
¿Por qué hay escasez en el mundo? Una vez me pregunté, como lo hago ahora desde aquí, desde la luna y me respondo a mi mismo con una frase cursi, de esas que no acostumbro. “Es que hay falta de amor, hay escasez de amor en el mundo”. Si la vieja Yasmín me estuviera escuchando se echaría una carcajada y me diría que no soy más que un cursi exagerado y que debería morder la lengua por hablar como alguien que no soy.
¿Pero quién soy yo realmente? un viejito amargado, igual que Yasmín, cuyas vidas giran en torno al ver como son débiles al sufrimiento y como alzan a sus dioses para protegerse de la maldad del mundo, cuando en realidad son los mismos dioses los que permiten tanta atrocidad.
“Deberían tener un Dios cómo nosotros, Simón”, dice uno de los ratoncitos bohemios, me volteo a mirarle interesado, “Nuestro Dios es el Queso, y ve como nos pagó con toda una luna de este, es una luna abundante que no hará más que terminarse cuando se tenga que terminar. Tenemos un placer muy simple, un placer de leche fermentada que nos nutre y nos permite crecer para desarrollar nuestro organismo y después, vienen los sentimientos. Todos somos agradecidos aquí de lo que tenemos y por lo general estamos en paz con nosotros mismos. Eso nos permite estar en paz con los demás”.
Los otros ratoncitos asintieron y aplaudieron al ratoncito que acababa de hablar, yo sonreí y le respondí:
“¿Pero qué pasará con las generaciones que vivan la escasez de queso? ¿Cuándo esté a punto de terminarse su queso? Vivirán ciertamente la misma escasez que hay en la tierra. No habrá queso que compartirse, todos pelearán por las migajas y al final, esta luna terminará y los ratones morirán en el espacio, ya que el queso ustedes no lo crecen y no lo cultivan. Habrá una gran discordia con su paz interior, o más bien, con la paz interior de las generaciones que vienen”.
Los ratones me miraron herido y me despidieron ese mismo día. Me mandaron a la Tierra, con su mirada de “Quédate con tu escasez de amor, que nosotros tenemos nuestro queso” y yo bueno… acepté el castigo por mi bocaza tan grande.
¡Qué bueno era vivir en una Luna hecha de Queso!
Día 6.
Ayer me di un paseo en la luna, y encontré que esta era de queso. Me di un paseo por los cráteres de Queso Apestoso y entré por sus agujeros y conocí muchos ratones, que al ver que como el queso no era de mi agrado, me recibieron gustoso y me compartieron el honor de entrar a la bodega de los dulces.
Estos ratones no comen dulces, por eso mantienen sus dientes sanos y fuertes. Pero si comen mucho queso, un día les dije que de tanto comer se iban a acabar la luna, todos nos reímos y pude soportar su vino fermentado de queso.
Hicimos un gran banquete. Y mirábamos todos juntos las estrellas y nos reíamos y nos agarrábamos de la manos y cantábamos canciones que eran de otros tiempos, ¡Qué bueno es vivir en una Luna hecha de Queso!
Mi vecina, tan tierna. Hoy llevaba una blusa con la bandera de Inglaterra ligeramente ondulada, sus pechos están creciendo.
Mi vecina, tan tierna.
Hoy estaba en una de las partes más concurridas de la ciudad y no sólo observé mi pasatiempo preferido, querido diario, que como bien sabes son las jovencitas. No. Miré a la ciudad completa. Gente de diferentes matices, con diferentes motivaciones y diferentes niveles, todas juntas en un sólo lugar, ignorándose los unos a los otros y mirándose, a veces, con desprecio y envidia. Y así, me sentí féliz. Siendo observador de este show secreto.
Como era de esperarse, los miré a todos con desprecio, porque no formaba parte de ese juego secreto, y ellos me miraron de igual manera. La felicidad volvió, durante unos instantes, logré saborear ese delicado elixir llamado: “convivencia con otros seres humanos”.
Mucho sexo en la cabeza, mi cerebro no coordina. Se dice que el que escribe de sexo es porque tiene la ausencia de este. ¿Yo tengo ausencia de sexo? No podría decirlo, veo a Marisela todos los días, y a Mariana, y a Beatriz, y a la más infame de todas, Lorena.
A decir verdad, no tengo mucho que decir, el cerebro está bloqueado, como si le hubieran puesto un candado al cofre de los pensamientos. ¿Cómo te sientes cuándo te dicen cuéntame algo, querido diario? precisamente lo primero que piensas es que no tienes nada que se te ocurre, entonces, la respuesta usual es: “¿Qué quieres qué te cuente?” y vaya, yo te podría contar muchas cosas, pero el cerebro no responde, no coordina, no me presenta imágenes lúcidas que sean capaces de describir.
¿No te ha sucedido qué tienes la idea más grandiosa en la cabeza y nada más no puedes escribirla? A mi si, muchas veces, lo veo todo de colores, personajes con rostros pero cuando tengo la pluma en mis manos, esos rostros se ven borrosos, no presentan imágenes claras. ¿Y cómo te sientes cuando se presenta el super yo? La conciencia, no escribes porque temes que alguien esté mirando detrás de ti las palabras infames, las descripciones azarosas y vulgares. Te detienes en seco y el sudor frío está a favor de la sociedad moralista, ¡Asco!
Quisiera convertirme en juez para dictaminar que todos podemos ser libres en nuestros pensamientos, pero para ello tengo que jurar con una mano sobre la Biblia, ¡Hipocresía! Aunque muchos lo hacen, con éxito, engañando su conciencia y manejan como corderos a nosotros los presentes. Creyéndose muy listos.
¿Qué saben ellos de mi vida, querido diario?
¿Cómo detendrán la bala antes de que les penetre el cerebro?
Hoy hablé con un padre y me dijo: ¿Quieres ser un Soldado de Nuestro Señor?
Yo nada más me reí en su cara, pero el hombre, al ver como una chispa de bondad en mi rostro me respondió: Ser un Guerrero de Fe requiere mucho valor, señor. No tema, no hay nada que temer, ya que Él está con nosotros.
Y entonces, un poco maleado, respondí: ¿En esa comunidad de Guerreros, hay Guerreras? ¿Mujeres de devoción?
El hombre respondió afirmativamente, animado de mi interés.
Le pregunté: ¿Y hay Guerreras entre 15 y 18 años?
El frunció el ceño, adivinando por dónde iba, no quise continuar y no aguanté la carcajada, me fui marchando a mi casa, mientras cantaba a todo pulmón: ¡Soy un Soldado de Cristo! ¡Marchando como para ir a la Guerra!