Septiembre 13, 2007 — Howl, Sueño-Insomnio, The Net.
Escrito por Agustin Fest.
Hoy, aprendí a esconder archivos dentro de una imagen. No pensé que fuera tan sencillo. Algo que no habría tenido necesidad de investigar si alguna vez hubiera estudiado bien la línea de comandos, pero ya ven… sabelotodo insoportable.
Seguí en internet, un rato más. En stickcam, me encontré una chava que tenía una máscara… o bueno, media máscara, con un hocico de perro, un collar de perro y una cola de perro. Todo falso, por supuesto. Al ver una muestra de algo tan extraño, no tuve otra más que quedarme. Estaba presenciando una de las parafilias más extrañas en todo el internet. La chica simplemente hacía ojos de extrañeza y enseñaba la movilidad de la máscara, moviendo la cabeza de un lado a otro y abriendo el hocico. Aún cuando era una de las parafilias extrañas y fascinantes, y que lo estaba viendo en vivo, me dí cuenta de la hora y estuve así de cerrar el programa…
…cuando se abrió la chamarra y enseñó el brasier, fue por su micrófono y nos avisó, a mí y a los otros veinte asistentes del show, que iba a cerrar el cuarto. Eso quería decir que nadie podría entrar y salir. Suspiré, me serví un vaso de coca cola y al fín que no tenía mucho sueño. Mejor me quedaba, a ver que pasaba. Era como asistir a un pelodromo, pero sin pagar un quinto y desde la comodidad de tu casita. Un pelódromo donde nuestra anfitriona era una perra (ja, casi literal). Entonces, empezó a hacer sonidos que haría un perro, desde los jadeos hasta los lloriqueos. Fue cuando alcé los ojos y me dije: “Ahhh, suficiente”.
Entonces abrió la chamarra de nuevo y se quitó el brasier. Ya no sabía si me sentía culpable de perder mi valioso tiempo de sueño, o que de alguna manera, estaba fascinado por el juego sexual tan absurdo / extraño. Observéde nuevo, ahora enseñaba calzones y su cinturón de cola. De verdad, parecía que era todo un arte para esta mujer, un estilo de vida, algo que hacer cuando estas aburrido… diablos, no sólo cuando estas aburrido, si no después de despertar y antes de dormir. La rutina prohibida, un show secreto—: Tener idiotas como yo, que creen saberlo todo, navegando internet una noche hasta encontrarla y saberse menos inocente en el mundo.
En algún momento me aburrí y me fui a dormir.
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Tags: cachonderías, internet, máscara, perra, rarezas, stickam
Febrero 17, 2004 — Intento ser Escritor.
Escrito por Agustin Fest.
Ríe, ríe con el cuerpo. Llorá, llorá por dentro.
No preguntes por qué, no preguntes por qué.
¿Antibiótico y aspirina?
Salta, salta, salta… jump! jump! jump matey!
Observa la ventana, el cielo ha estado extrañamente despejado estos días… extrañamente despejado. Se pueden mirar las estrellas en el cielo, unas cuantas, no precisamente todas. Las suficientes para intentar contarlas. Son un pasatiempo saludable: no hay necesidad de buscar neón o alcohol, nada más hay que saber contar y tirarse en algún lugar. Le pides perdón a tu madre, la cual ahora si puede verte sin tanta contaminación en el cielo y saludas a Dios, mientras come sus palomitas.
En cambio… la juventud…
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Noviembre 5, 2003 — Critica Social.
Escrito por Agustin Fest.
Me senté a esperar mi camión, eran las nueve y cuarto de la noche. A esa hora, todavía pasan los dos o tres últimos y se van como bólidos. Si tenía suerte, uno de ellos haría la parada. Por lo general, a esa hora ya se quieren ir y recogen a la menos gente posible. Se van rapidísimo… parecen diablos.
Me gusta que vayan rápido.
Fue cuando lo olí, porque primero lo olí. Un inconfundible olor de aquel que no se ha bañado en meses. Pasó frente a mi y se me quedó mirando, tenía bigote y estaba bien afeitado, lo que me sorprendió un poco. No me había puesto a pensar en ello, en el que estuviera bien afeitado y con el bigote arreglado.
Cuando me vio hizo un gemido, yo me encogí de hombros en señal de que el último cambio se lo había dado a uno como él. (Y curiosamente, era cierto. Por lo general no doy dinero a los indigentes, hoy no sé que me dio).
El tipo se sentó a dos asientos del mío y se me quedó mirando. Si, seguía oliendo mal, pero aparte de eso, se comportaba extraño. Alzaba una mano y la sacudía, la sacudía, la sacudía. Cruzó la pierna un par de veces, metió su mano en unas botas de mujer y empezó a rascarse los pies, de una manera un poco frenética. A veces gemía, a veces mugía, a veces reía.
Me miraba y se reía.
Entonces yo me empecé a reír de mi mismo. Estaba tan atento a lo que hacía. Lo miraba de reojo, no quería hacer contacto visual con él. Estaba o drogado con cemento y tiner, o algo peor. Apreté el puño donde conservo mi anillo de plata. Lo he usado antes y es efectivo. Fue así, que mirándolo de reojo, me di el lujo a pensar como haría todo altruista que se cree burgués o viceversa: “¿Cómo se les puede ayudar a estos hombres? ¿Qué se necesita para ayudarles?”.
¿Qué se necesitará? No lo sé… entonces viene la voz del pasado —Mi abuela, cuando se encontraba con uno— a decirme: “La verdad es que está joven, todavía puede trabajar. No hay excusa. No se les puede ayudar, si no se ayudan a sí mismos”.
Y cuando pensé eso, el tipo se rió.
Empezó a hacer ruidos con algo, metal con metal, con la mano que tenía escondida. No me asomé a ver que era, pero seguí listo para cualquier cosa. Uno nunca sabe, de veras que uno nunca sabe. Cuando estás en una zona de indigentes, lo mejor es darle cinco o diez pesos para tranquilizarles, si no, bien te pueden asaltar. Es verídico, es la Ciudad de México.
El tipo se movía, se movía. Hacía cosas, alzaba los pies, los tiraba. Y mi camión no llegaba, las nueve treintaicinco. Me sonreí. Y el tipo me imitó. También sonrió. Ya no sabía que pensar, ni que hacer. Estaba estresado por la situación, más no nublado por la histeria o la paranoia. Justo como pensé, estaría tranquilo y si se atrevía a hacerme algo, seguiría tranquilo. Es importante no asustarse, tener la cabeza fría para tomar cualquier decisión.
Tan sólo era un indigente que hacía ruido con una cosa de metal en sus manos. No sabía que era. Y no quería saber.
El tipo se acostó en las bancas, en algún momento. Fue cuando establecimos un contacto visual. Dijo algo, y me sorprendió que dijera algo, ya que todo el tiempo se la pasó haciendo ruidos. Por un momento creí que ya no sabía hablar.
—Todos son…
Y la última palabra se perdió. Repitió su “Todos son”… se me quedó mirando y yo le correspondí la mirada. Si, todos somos.
Llegó mi camión, me levanté tranquilamente y me subí. Lo vi por la ventana y seguía comportándose igual. Seguramente nunca importó que yo estuviera ahí o no. O tal vez lo hacía a propósito. Tal vez le gustaba verse como loco ante la gente… todavía me pregunto, ¿por qué su rostro estaba tan bien afeitado? ¿cuántos días llevaba sin bañarse?
Es extraño…
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Tags: autobús, ciudad, espera, indigente, México, Mi abuela, parada, rarezas, todos
Septiembre 16, 2002 — Critica Social, Critica a mi mismo, Fractal Chaos, Logs varios.
Escrito por Agustin Fest.
Uno encuentra personas tan extrañas en la red… por ejemplo, esta chava que siempre resulta tener la misma edad que yo…
[19:59] carolina: hola
[19:59] Tsef Thaed: hola hola
[19:59] carolina: ho.la
[20:00] carolina: quien eres
[20:00] carolina: cuantos años tienes
[20:00] Tsef Thaed: soy dan y tengo 14 años y tú?
[20:00] carolina:
[20:01] carolina: 14
[20:01] carolina: tienes novia
[20:01] Tsef Thaed: no y tú?
y cada siempre que me ve… le doy una edad y un nombre diferente. Y ella acaba teniendo la misma edad que yo.
Pero quién es el extraño? ella que lo hace? o yo qué le sigo la corriente y trato de desenredar ese misterio?
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Tags: ambigüedad, chat, internet, log, rarezas
Septiembre 4, 2002 — Amigos, Sueño-Insomnio.
Escrito por Agustin Fest.
[01:21] Fest: jajajaja
[01:21] Fest: (K) nada pue’
[01:21] Fest: me acompañas a la cama? no quiero leer en 3 horas más mi blogspot y decirme a mi mismo que soy un pendejo
[01:22] Linda: ya te vas?
[01:22] Fest: hasta suena raro, verdad?
[01:22] Linda: asi es keridito
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