Lo único que le quitaría.

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Es eso de trabajar hasta tarde y saturarse. Es lo único que le quitaría. Porque debe haber tiempo para otras cosas, ver a la familia, por ejemplo, aunque sea mirarle las getas mientras se pegan a la televisión. O bien, salir a tomarse café con los amigos. Un fin de semana completo con mi mujer no me caería mal. Hace unos minutos, por ejemplo, hablé con Ezequiel (en mi afán de buscar niños futbolistas), un amigo de la preparatoria, y sentí antojo de invitarlo a salirnos a tomar algo. Mientras caminaba a la hora de la comida, me encontré a la Mono y su novio y me di cuenta que hacía rato no la había visto. Saturarse a lo imbécil nunca ha sido correcto. Un error minúsculo en un proyecto y ya te encuentras en problemas. Veo el pizarrón, uno que desempolvamos para anotar los pendientes, y alzo las cejas. Uno puede decir que no hay pedo, que esos proyectos estan cerrados o por cerrarse, pero hasta que no los borremos de ahí. Pareciera que lo digo de broma, que no me gustaría aceptar más proyectos, pero es la verdad, me molestaría muchísimo que alguno saliera mal y meternos en problemas. Ya ha pasado. Un error en una filmación cuesta cliente. Esos errores pasaron el último año, cuando abandoné este trabajo por primera vez. El trabajo se tornó esporádico. Hay dos soluciones: No saturarse o no cometer ningún error. Tal vez he perdido ritmo, o práctica… sólo sé que me siento agotado, desde que llevé el proyecto de las viñetas y he dormido poco por los días de filmación y las ediciones que he ayudado.

-o-o-

Actualización: En un acceso de honestidad, lo que más me preocupa es equivocarme. Es cagante equivocarse y solucionar mis propios errores. De por sí, odio cubrir los errores ajenos. Será ese temor a equivocarme, lo que a veces me hace huir a la responsabilidad… pero a veces, porque soy necio… y de tanta necedad, finalmente me gusta resolver las cosas.

Algo así.

Las putas viñetas. 2

La parte administrativa de Casting, es lo más aburrido del mundo. El buen trabajo son tres cosas: la chinga de tomar el video a los modelos y actores, la belleza y el nerviosismo de las juntas y sobre todo, mirar todo lo que sucede en la filmación. También esta el proceso de la edición, que a veces es bueno, y a veces es malo. Dependiendo del tedio. Sin embargo, lo que siempre es culero, es algo llamado: “LA FIRMA DE CONTRATOS”. Será, que desde tiempos antiguos e inmemoriales, algún chino se le ocurrió un poema dónde hablaba de lo padre que sería tener un papelito dónde hablaras de un convenio de derechos y obligaciones, mientras se firmaba a la luz de la luna y los cerezos daban brote.

Un comercial de viñetas. Veinte personas. Los contratos, se deben armar con una identificación y con el RFC. Juntar toda la papelería y llenarlos correctamente es esencial. Un pequeño errorcito puede costar dos cosas: Que se le dé el prespupuesto equivocado al modelo y no mames, no mames, no mames, le dí veinte mil en vez de dos mil… o bien, los pagos se retrasan por las correcciones o la papelería que falte. ¿Veinte personajes? Son veinte pequeñas pesadillas, dónde uno debe revisar una y otra, y otra vez, los presupuestos, las competencias, los personajes, y que firmen… porque si no firman, no se comprometen a nada. Sin tres contratos firmados, tengo nervio porque sé que si alguno de ellos no se presenta, no hay manera de protegernos porque simplemente no tiene contrato.

Así que ayer, sábado, después de la cagotiza que me puso el asistente de dirección porque olvidé pasar los teléfonos a vestuario, hice mi lista de teléfonos y empecé a llamar a uno por uno, para que vinieran a firmar contratos. Un día anterior imprimí las 18 copias para adultos, 2 para menores. Separé cada hojita y las engrapé, cuando tuve un tiempo me senté a leer y releer el contrato. Anoté en pequeños post its, los papeles que había que entregar y le puse uno a cada contrato, incluyendo el nombre del modelo, de su agencia, del contacto y demás. Debía ser especialmente cuidadoso en separar los contratos secundarios, de los principales, por la diferencia de los presupuestos. Los cité a partir de las cuatro de la tarde, y llegaron a cuenta gotas.

Uno por uno, los senté frente a mí para platicar del presupuesto, de los formatos que pasarían en la televisión, de las competencias y de revisar que todo lo tuvieran en orden. La gran mayoría se presentó a la firma y revisión de contratos. También, casi todos entregaron la copia de sus papeles. Finalmente, cuando acabé a las nueve de la noche, me faltaban tres contratos más por firmar y los papeles de otras dos o tres personas, quienes formalmente quedaron de llevármelo a la filmación. Cosa que podría ser un problema. Es preferible entregar los contratos en la filmación, completitos, a tiempo, ya para que no pienses en ello.

En caso de que los contratos no estuvieran completos, o mal llenados, entonces me los regresarían a la semana siguiente y los tendría en el teléfono, diciéndome que soy un pendejo porque falta esto, esto y esto. Life is a pigsty in the background. Después de la entrega de contratos, debo hacer un reporte final dónde ponga el nombre de mi talento, su presupuesto, cuanto de comisión y bla bla bla. Luego, hablar por teléfono otras veinte veces más, para avisar a sus agencias que se quedaron, y filmaron tal comercial, por tanto presupuesto, en el papel de tal.

Verdad… ¿que es de hueva?

Las putas viñetas.

Un comercial de viñetas, presenta muchas imágenes en treinta segundos. Creo que he hablado de eso varias veces. Situaciones diversas que sólo duran entre 1 y 2 segundos, y completan el comercial. Por azares del destino, el director de casting original dejó el proyecto al 30% y cuando me vieron caminando por ahí, sonriendo pendejamente, me lo pasaron. Lo único que sabía, es que teníamos un casting donde habían gustado muy pocas personas, de trescientos que presentamos. Ya había trabajado con el director (como editor). Cuando se presentó al callback con el asistente (con quien ya había trabajado también) y me reconoció, me sentí un poco más seguro con llevar el proyecto incompleto. Además que es un argentino buena onda, muy interesante, me gusta escuchar su conversación.

Hicimos el callback a cuarenta personas. Fue muy tranquilo. El director muy seguro de lo que necesitaba y quería para su comercial. Al finalizar el callback y comparando con el casting, me di cuenta que las acciones que hicimos en el casting estuvieron mal hechas. Las acciones las habíamos hecho con una intención cómica, cuando en sí, llevamos todo tipo de reacciones: melancolía, dramática, cómica, etcétera. Entendí porque no habían gustado las personas. Aún cuando teníamos buenas opciones para el comercial, las acciones que habían hecho no eran lo adecuado. Después del callback, me avisaron que la junta sería en dos días y que necesitaban más opciones para cubrir ciertos perfiles: un oficinista cool, un hombre maduro y agradable, chavos “bien” y probablemente papás entre 40 y 45 años.

Al día siguiente, arreglé que hicieran algunas llamadas y me trajeron suficientes hombres maduros, chavos y oficinistas. Alcancé a tomarle video alrededor de 20 personas. Las subí al FTP y coordinándome con el asistente de dirección, alcanzamos a cubrir los perfiles que faltaban. Me avisaron que la junta de preproducción sería al día siguiente, a las doce del día. Hice mis listas de presupuestos: quienes pedían más y quienes querían hacer solamente principal. Avisé al productor y rechequé esas listas. Me hicieron una anotación de hacerle un callback, con una actitud distinta, a uno de los hombres… lo cité a las nueve de la mañana y me fui a casa. Acabé tarde, me envicié con el internet, y no desperté a las nueve de la mañana.

El día de la primera junta, en chinga imprimí las listas de presupuestos. Llevé en un CD, bajo la manga, los quicktimes de las nuevas opciones y la nueva actuación de Sergio, quien la había hecho el director de casting, del proyecto anterior. Revisé la actuación de reojo y me dí de topes contra la pared. No era la intención. De nuevo se la habían hecho cómica. Salí como bólido para mi junta. Cuando llegué, estaban preparando las agendas. Las agendas contienen las opciones para locaciones, las opciones de casting, de vestuario, de arte, así como el story board, entre otras cosas. Héctor, el asistente, me llamó para que subiera con el director y le enseñara la actuación de Sergio. Sabía que me tocaría cagotiza y no me equivocaba. Cuando Mario miró la actuación, me dijo—. Ché, esto no es lo que pido, esta bien para otra cosa, pero no para esto… no, no, esta demasiado exagerado, necesito que lo cites de nuevo y se lo hagas, quiero estar seguro de que puede dar la intención que necesito.

El productor—. ¿Quieres que lo citemos acá para hacerle el callback?

—Si es posible, sí.

En chinga, sacando el celular y llamando a Sergio. No me había dado cuenta, pero era el día de las madres—. Estoy con la mamá de mi hija y saldré más tarde, puedo a las tres, o a la hora de la comida.

—Déjame avisar por acá, porque es casi seguro que te quedas tú, el director esta encantado contigo.

—Sale, pues déjame ver… pero sí no puedo zafarme ahorita.

—No te apures, yo te hablo y te digo qué onda.

Avisé que no podía presentarse, pero que lo citaba para hacerle el callback en la oficina y presentarlo mañana con su nueva actuación. Mañana es demasiado tarde, me dijo el productor. Los dos productores de esta casa productora siempre me han intimidado, de alguna manera. Hay uno que es particularmente silencioso y cuando habla, pide respuestas directas y breves. Alejarme del medio me hizo daño, sentía esa pequeña inseguridad de estar cerca de él. Contesté “muy bien, señor”, empezaba a sentir la pequeña neurosis acumulándose, antes de bajar le pregunté al director si necesitaba otra cosa, su negativa me tranquilizó y me bajé a fumar. Aún cuando tenía al otro cabrón en la cabeza, no podía hacer otra cosa. Esperé fumando, un tanto nerviosito, a que llegaran de la agencia de publicidad.

Llegaron. Nos invitaron a subir y tomar asiento. Hice lo mío, abrir mi pequeña agenda electrónica y prestar atención. Primero la presentación, que corrió tranquilamente. Después cada una de las viñetas, sus aspectos técnicos, la intención de cada una y finalmente, por ahí de la 1.30 ó 2, hablaron de casting. En algún momento, alguno de ellos dijo—. Estaría super chido si tuviéramos personajes en esta viñeta, dos hombres que se retaran con la mirada. Esa fue mi clave, Héctor me volteó a ver y me llamó. Platicamos un momento en silencio—. Ya escuchaste, necesitamos dos weyes y un buen de opciones para esto.

—Simón, me largo a la oficina y lo que llegue —me largué de ahí, sin escuchar el resto de la junta. Si necesitábamos nuevos personajes, podíamos estar en problemas: la junta final, al día siguiente y ya eran las dos de la tarde. Empezar a buscar y citar gente, arreglar los quicktimes, subirlos al FTP… si estaba neuras por lo de Sergio, esto me puso a full.

Llegué a la oficina, afortunadamente teníamos un casting de cabrones en curso. Subí con la cámara, todo el día me la pasé eligiendo a uno, y otro. Cité a Sergio para hacerle la actuación con la intención que se necesitaba. Todo parecía fluir, hasta que a las cinco de la tarde, me hablaron para decirme—. Tampoco tenemos papás, no le gustó ninguno a la agencia. Se me engarrotaron los huesos, los testículos se me subieron a la garganta, y se me frunció el cicirisco. Bajé a revisar fotos de papás, escogí a algunos, le pedí a la secre que hiciera algunas llamadas y consiguiera los más posibles. Subí de nuevo, ahora buscaba tres tipos de personas… y pues, de alguna manera, tomé video a otras veinticinco personas más para completar lo más posible. De nuevo, el rollo de la conversión, llamadas telefónicas, organizar todo el desmadre, sentí que completamos muy a huevo… acabé a las 11.

Junta a las 2 de la tarde. Llevaba en un CD lo nuevo, más la tercera actuación de Sergio. Supuse que ya no había problemas. Esperé fumando en lo que hacían las nuevas agencias, me golpeó un pequeño dejá vù y lo dejé fluir alegremente. Dieron las dos en algún momento, nos invitaron a subir, de pura casualidad me encontré a un cabrón con el que había estudiado en el CUM y no recordé su nombre (ni le saludé, creo que nunca nos importamos el uno al otro). Tomé asiento, una coca cola y todo empezó, en algún momento. Antes de iniciar una junta, piden que te presentes y digas de parte de quien vienes. Agustín Fest, Casting. Mucho gusto. Empezamos el pedo: director hizo su presentación, agencia hizo su presentación y al final, el cliente se tomó unos minutos para decirnos—. No queremos entrometernos en la idea que tienen ustedes preparada, confío plenamente en la especialidad de cada uno de ustedes y prometemos mantener nuestra opinión en reserva a lo que ustedes piensen lo que es mejor. El director respondió: A pesar de todo, lo que más nos importa el sentido común, y si ustedes tienen algo que agregar o una opinión, por favor… como nosotros estamos metidos en el aspecto técnico, es posible que algo se nos escape. Además si tienen una duda, con mucho gusto les explicamos.

Los huevos bajaron a su lugar. Cuando el cliente dijo eso, supe, de alguna manera, que la junta la tendríamos más fácil.

Y fluyó como un río. Viñeta, arte, casting, si nos quedamos con los que tú digas, ese me gusta, etcétera. Todo fluyó. Ya los teníamos a todos… V de Victoria. Me ocupé en anotar quienes iban de principales, secundarios y backups. Mandé mensajes por celular para avisar quienes se quedaban para que los confirmaran para filmar el lunes. Mis huevos no sólo estaban en su lugar, sino que crecían conforme pasaban los minutos. Invité a una amiga para tomarnos un café después de la junta, le mandé un mensaje a mi prometida para avisarle que todo había salido OK, hablé a la oficina para decir que iría para allá lo más pronto posible. Cerraba mi folder y avisaba que me largaba, para confirmarlos a todos.

Lo siguiente es la parte administrativa… odiosa y de hueva. Pero eso lo platicaré el lunes, o martes.

No tengo ocho contactos.

Veía dos monitores a mi izquierda —porque soy un chismoso—, como uno de mis compañeros de trabajo leía un e-mail con una presentación en Powerpoint. La presentación clasificaba a las personas en tres, dependiendo del tiempo que pasan con nosotros: una razón, una estación y una vida. La verdad no quiero resumir la sarta de autoayuda y predicación que contenía el e-mail. Lo que me sorprendió, francamente, fue la frase inicial: “Pon atención a lo que vas a leer”. Creo que fue tan efectivo, porque incluso la vecina atravesando la calle, trajo sus binoculares, me hice un tantito a un lado y todos leímos muy atentamente las viñetas que nos explicaban de como nada es coincidencia, de que debemos compartir y las personas con las que pasamos nuestra vida, son lo más chingón del universo.

Curioso. El e-mail dedicaba cinco viñetas a “la razón”, tres viñetas a “la estación”, y una a “la vida”. Cinco viñetas complementarias para decirte “El que no arriesga, no gana”, “Baila como si fueras a morir mañana” y “Manda esto a todos tus contactos y si ocho te lo regresan, eres una de las personas”. ¿Una de las personas? ¿Soy uno de los 144,000 o quíhubo? El mail recalcaba la importancia de que fueras una de esas personas. Una de las que envía y recibe. Repentinamente, me sentí mal, porque definitivamente, no se la mandaría a ninguno de los míos y apostaba, que nadie me lo mandaría. Moqueé la nariz un poco. De acuerdo a los criterios, no era ni “razón”, “estación” y “vida”.

Pensé, después, en la labor artesanal que debía necesitar uno de esos e-mails. Algún contador o ingeniero aburrido, o en el peor de los casos, literato trabajando en casting, tomó la molestia de leer el texto en algún lugar, incluso buscarlo. Una razón para mi existencia, en esta estación de mi vida —habrá pensado. Lo puso todo en Google y voilá. Llegó, así como yo, lo leyó y provocó un salto en su corazón. Lee esto con atención, se repitió, leelo de verdad… porque lo necesito. Lo imagino y hasta se me sale una lágrima (y no de cocodrilo, ojo). Abrió su powerpoint, escogió con amor el fondo, los textos, algunas fotitos, luego una canción de su colección de mp3’s… una ochentera, tal vez: “All By Myself (Donwanabi)”. Todavía no termino —pensó—, quiero que esto lo vea mi novia… ¡Un corazón! ¡Necesito un gif animado de un corazón! —Cuando hubo terminado su trabajo artesanal, retrasando así las cuentas del día, guardó el archivo en el escritorio de su máquina, abrió hotmail, lo adjuntó y lo envió a todos sus contactos.

Así empieza un horrible devenir. Supongamos que tiene cincuenta contactos. Esos cincuenta, treinta se animaron a reenviarlo a sus cien contactos y así. Un archivo de 5 megas se duplica unas miles de veces, toma las redes, mancha el internet, se produce y reproduce como un virus, en miles de computadoras. Empieza el gasto de ancho de banda en su oficina, en su computadora y su red oficinal, hasta las redes de Filipinas, cuando alguna china despistada se lo envió a su novio filipino (un docto en español) para que lo tradujera. Así en todo el mundo, una sucesión hermosa y horrible, se extiende por todas las personas que desean ser una “razón”, una “estación” y una “vida”. Eso nos habla de dos cosas: el deseo de amor en el mundo y también, la soledad que embarga a todos los enclaustrados en su trabajo… buscando en el archivito de powerpoint, todo lo que necesitamos.

Por eso si me preguntan como estoy, digo que a toda madre y no me manden mamadas.

Cuando el procedimiento usual se hace en domingo.

No he tenido tiempo para escribir. El proyecto para dulce me tiene un poco agotado y amarrado. El martes y miércoles, abrí el casting. Vinieron 100 niños en total. El jueves vinieron unos quince más. El mismo jueves, en la noche, presenté una selección de este casting al señor director, a productores, y al asistente de dirección. Elegí treinta niños y treinta niñas, los mejores, para presentárselos. La selección, al menos el preliminar, gustó lo suficiente para que el director escogiera quince y quince. Aunque desde ese momento, me había dicho que estaba un poco inseguro con las niñas. Me dio la lista de esos treinta niños para que les llamáramos el viernes e hiciéramos un callback. En ese momento, aparte de las quince niñas, le llamé a cinco más para que estuvieran presentes.

El presupuesto para el comercial son seis mil quinientos pesos. Algo muy decente para dulces. El problema, en esta ocasión, es que la gran mayoría de los mejores niños, ya tienen un comercial de esos en sus espaldas. Es decir, es competencia. A no ser que el contrato marque como competencia: “chicles” (leve rango), en vez de “dulces y golosinas” (asumecha rango), estamos en problemas. Mientras presentaba el casting, y escuchaba al director diciéndome que las niñas no eran suficientes, me daba cuenta poco a poco que tendríamos problemas: Las cincuenta niñas que se habían presentado, eran las únicas niñas libres de toda culpa y lo mejor que obtendríamos. También pensaba, qué era irónico que no tuviera problema con ninguno de los chamacos y que las niñas fueran el problema esta ocasión. Por lo general, las chavitas son más despiertas, más prendidas, y por alguna naturaleza incomprensible para mí, mejores actrices que un niño.

Al dejar la junta, iba sonriendo medio irónico porque antes de llegar, estaba más bien pensando que niños podrían funcionar, en vez de las niñas. Cuando me dijeron que las necesitábamos, me bloqueé durante unos segundos, estaba incrédulo. Honéstamente pensaba que con el casting de niñas lo lográbamos. Hablé con Jorge, le platiqué de la selección para el callback: quince niños y quince niñas. Regresé a la oficina un poco resignado, porque el día anterior había armado un DVD y no había dormido nada (Más de 30 horas sin dormir). Sin embargo, alguna parte de mi cerebrito pensó que el problema sería interesante y que estaba dispuesto a conocer su última resolución. Hacía mucho que no me fletaba un proyecto. Siempre tuve recuerdos de mi trabajo, recluído en la sala de edición y se me ocurrió que la dinámica sería muy interesante en esta ocasión.

Llegando a la oficina, nos repartimos los teléfonos para hacer las llamadas para el callback, mientras armaba una re-edición del mismo DVD. Supuestamente los 30 confirmaron su presencia. Habría problemas, pensé, por la cantidad de madres y de niños en la sala de espera. Junto a eso, otro de los proyectos estaba en último día y el último día, como en todo, es cuando la mayor cantidad de gente suele presentarse. Junto a ello, busqué un par de niñas más, nada importante, alrededor de cinco, para que se presentaran también. Continuaba ciclado, enfocado, a los niños y confiaba en que las niñas presentarían lo mejor de sí, teniendo al director y asistente de dirección en el foro. “Eso se resolverá”, pensé.

Cuan equivocado estaba.

El viernes, el día del callback, preparé mi cámara y el tripié, apagué el celular, estuve al pendiente del foro, avisé para que pusieran snacks y otras cositas. Hablé con la productora ejecutiva, para pedirle que el señor director fuera puntual para que las madres no se inquietaran. Afortunadamente, los niños pasarían en parejas y harían la actuación juntos, eso nos ahorraría tiempo. Anduve caminando de un lado a otro, ayudando a editar proyectos, pensando en todo lo que necesitaría y lo que haría falta. Estaba dividido en dos, me gustaba el callback y sabía que sería suficiente en la teoría, y pensaba en lo que pasaría si no lo era. Después de todo, quince y quince, que gustaban por look. Quince y quince, para escoger a uno solo. En la teoría, esos quince se reducen a diez, para la primera junta. En la segunda sólo son cinco. Así pasa en la práctica, con los proyectos livianos.

Sabía que me habían dado este proyecto por dos razones: porque hablo inglés y podía comunicarme perféctamente con el canadiense y porque habíamos trabajado alguna vez con él, esa vez no le gustaba nada y tuvimos muchos problemas. Jorge confía en mi neurosis, demasiado diría yo.

Empezó el callback. El asistente de dirección, el director y yo, nos encerramos en el foro. Hablamos algunos preliminares. Pasé a la primera parejita y estuvo bien. El niño le había gustado bastante y la chamaca, una niña hermosa, confiaba en que haría lo suyo. En lo que el asistente y el director afinaban los detalles de la acción, lo que deseaban recalcar y lo que debía verse a cámara, tardamos 44 minutos. Los conté. Sin embargo, era una buena parejita. Después de que supimos lo que necesitábamos, nos tardábamos menos en las parejas. Sin embargo, tuvimos un problema, uno bastante grueso.

Las madres suelen mentir en las edades de sus niños. Cuando abres un casting de siete a diez años, las madres suelen llevar a sus niños de cinco. Mienten en la edad. Algunos niños, por como hablan, se comportan y entienden indicaciones, dan la impresión de tener la edad que mienten. Sin embargo, ya cuando los ves, actuando junto a otros niños, y siguiendo indicaciones un poco más complejas, te das cuenta de su edad verdadera. Niños muy pequeños, se presentaron al callback. Al menos cuatro niñas menores de edad. Eso nos sacó un poco de onda, porque era demasiado obvio, y aunque había hecho mi mejor esfuerzo por eliminar a los niños pequeños en la primera selección, se me escaparon algunos, algunos que gustaron y se presentaron.

Después de tres horas y media, casi a las nueve de la noche, salimos del foro. El director conmigo, le habían gustado tres niños y ninguna niña.

Platicamos con Jorge la situación, le recalqué al asistente de dirección lo difícil que iba a ser esto. Después de todo, era viernes a las diez de la noche, los niños son muy difíciles de convencer para que vengan a un casting los sábados. Por sus padres, los días de descanso, que salen de fin de semana a otra parte, etcétera. Moví unas cuantas piedras, con ayuda de otros directores de casting (Johnny y Juan Carlos), entre varios (incluído Jorge) hablamos por teléfono a más niños para que se presentaran este sábado y que nos fuera bien. Conseguimos muy buenas opciones, unos 24 (13 niños y 11 niñas), un poco más grandes… entre los 9 y 11 años. Crucé los dedos y cuando terminó el mini casting, dirigido más a lo que buscaba el director, transformé los archivos y se los envié. Estaba seguro que me eligirían unas cinco de esas niñas. La comunicación fue eterna, a cuenta gotas cada media hora, porque no sabían ingresar al FTP, o porque no tenían internet, o porque estaban en junta con la vestuarista. Por fín, casi a las nueve de la noche de ese sábado, me dieron una lista de gente que había gustado y una anotación: No hay niñas.

De alguna manera, se me rompió el corazón, asentí lentamente y me senté en alguna parte, a las 10 y media de la noche. Hora muy mala para buscar nuevas opciones, hablarles por teléfono y sobre todo, asegurarme que no tuvieran competencia. El domingo podía citarlos, pero si es difícil un sábado, imagínense un domingo. Además, me soltaron la noticia de que las juntas serían el lunes y el martes. Recorrí mentalmente a las niñas que conocía. Todas ya se habían presentado. Sabía que estaba saturado con el proyecto. Después de algunas llamadas a Jorge y al asistente de dirección, recalcándole que esta vez nos caería la de Murphy, me fui a mi casa y pensé solamente que necesitaba dormir.

El domingo me levanté tempranísimo, y cerré los ojos de nuevo. Dormí un poco más. Me fuí a un Starbuck’s, me compré un café, mi tío Daniel me dio un aventón a la oficina, prendí las máquinas y me dediqué a mirar fotos. Estaba paseando. Este domingo, a pesar de ser trabajo, sería un paseo en mi vida. Hice llamadas, no respondían el teléfono, tenían miedo por la competencia o simplemente no querían hacerlo. Hablé con el asistente a las dos de la tarde y le comuniqué la situación. Sabíamos que esto iba a pasar, miraba los árboles, escuchaba el viento, unas hormigas empezaban su rebelión en un pedacito de tierra. El asistente me prometió que hablaría con los productores ejecutivos para comunicarles la situación y ver qué pasaba. Subí a la sala de edición y separé en un archivo a las niñas que presentamos en el casting, para llevarlas bajo la manga el día de la junta. Vinieron dos niñas, una que es mi campeona, la que yo he visualizado todo este tiempo para el comercial, y otra despistada que accedió a venir al casting.

Mañana será un día divertido. Lo sé.

Es indispensable que los pongas de cabeza.

Un casting, sólo es un casting. Yo lo entiendo perfectamente y gracias a algunos programas de televisión, ustedes también. Es decir, llamas a los actores, les tomas video, leen sus líneas con la intención para el personaje, les pides que improvisen para que tengas una probadita de sus capacidades histriónicas. Finalmente, eso lo comprimes en un video de un minuto y medio (donde cuarenta segundos son los datos del actor en cuestión: su nombre, sus perfiles y shalá). En donde yo trabajo, procesamos hasta noventa de esos videos de todos los sabores y colores, al día. La productora tiene el mismo tiempo ahorcado que nosotros si los quiere ver a todos y sabe, finalmente, que sólo es un preliminar.

En este caso en particular, tenemos un comercial para una medicina. Los personajes son dos mamás y sus respectivos chamaquitos. Nada espectacular: Mamás bonitas, jóvenes, esbeltas, con ángel, manos protectoras, sumisas como en los cuarenta, que se quedan en casa para cuidar al chamaco, educarlo, alimentarlo y que cuando su marido llega del trabajo, les tiene la cena preparada y se lo cojen diligentemente después de unos mamelucos. Los niños, rubios, de piel blanca, con ojos grandotes y expresivos, demasiada energía, sin brackets (porque el producto es para la clase media baja), nenes hermosos que juegan futbol, hacen su tarea y comen sandwiches de tres pisos. Tampoco nada espectacular. Lo que aspiramos todos nosotros.

El presupuesto para estas dos bellezas aspiracionales, son 8000 varitos para las jefas y 4000 para los hijos.

Cuando no trabajas en esto, se te hace un buen de lana. Por un día de trabajo no hay bronca, yo si voy. Pero cuando trabajas en esto, ocho mil pesos para anunciar medicina es un problema, porque el contrato te amarra durante dos años (donde te pagan de nuevo cada seis meses, SI repiten el comercial [eso casi nunca pasa]) para no hacer otro comercial de medicina o hasta que te anulen el contrato porque no piensan reusar tu imagen. Lo mismo aplica para casi todo lo que se te ocurra, desde promocionales para canales de televisión hasta calzones. Ninguna mamá bonita (la mamá que quisiéramos para nuestros amigos), hace un comercial de medicina por ocho mil pesos porque… pues, la cantidad de comerciales de medicinas y laboratorios que presentan madres bonitas, esbeltas, tiernas, hermosas coje-mama-esposos es enorme. Lo mejor, es que pagan más. Al menos el doble.

También podemos incluir a los niños en esa ecuación y las mamás, peores que cualquier manager desquiciado y explotador, suelen ponerse bien perras y con justa razón. Ninguna madre vendería al hermoso producto de su vientre tan barato.

Los niños, en un foro, suelen ser inquietos porque son niños. Además de que, adicional a sus datos, se les piden caritas para darse una idea de que tan expresivos son. Caritas como: feliz, triste, berrinchudo, de ganador, de abstracción, de circunspecto y de león [grrr]). No le puedes pedir a un niño en menos de un minuto, que te recite un diálogo de Hamlet porque no sólo es injusto para los otros niños que estan esperando, sino porque simplemente no es lo que se pide para el anuncio. Además, en un comercial tradicional donde hay una mamá-hermosa-sumisa-chupa-que-chupa y sus hijos son simplemente bonitos, saludables, corren y se ríen… no lo necesitas.

Al abrir un casting de bajo presupuesto, pues las agencias suelen mandar … lo que acepta esos presupuestos. No diría que gente fea, simplemente normal. Bueno, esta bien, gente fea. No muy fea, digo… Bueno. Total. La productora, al estar consciente de su presupuesto tan bajo, se pone más neurótica porque saben de antemano lo que van a recibir y lo único que se les ocurre hacer, es castigar a casting y ponerlo bajo más presión, para que busquen debajo de las piedras, maten a las arañas y consigan un par de diamantes. Siempre pasa. Lo único que podemos hacer es poner la espalda y abrir bien los glúteos, en lo que ellos olvidan distorsionar la realidad, caigan en cuenta de su error y pidan cosas humanamente posibles. También podríamos buscar a gente que no trabaja en el medio, pero eso es arriesgarse y mucho. Luego les platico por qué.

En espíritu de presentar un buen preliminar se hacen actuaciones más cortitas, porque… pues cuando se abre un casting de tan bajo presupuesto y la cantidad normalona de gente que tiene una agencia, viene medio México. Somos amables, somos lo que nunca encontrarás, somos un respiro de alivio para el perdido. Al menos que estés bien pinche feo, o que no te ajustes al perfil, nunca decimos: “No nos funcionas para este casting”. Previsores, porque a la mejor no funcionas para este comercial, pero sí para otro. En nuestros archivos tenemos una cantidad enorme de videos que a veces, reutilizamos para algunos castings o para los bomberazos, donde no hay tiempo de abrir el casting.

Es por ello, cuando leí que la asistente de la asistente de dirección (en realidad se les dice “second”), envío un e-mail pidiendo que además, los niños se pusieran de cabeza en el casting, durante su actuación tradicional, me reí como no me había reído hacía mucho tiempo.

Los tiempos muertos.

En casting existen dos tiempos que son tan extremos como sus nombres: los muertos y los vivos. Por lo general, se manejan dos o tres proyectos al mismo tiempo. Hay una lista afuera, dónde se anota el orden y los datos generales. Te fijas en las entradas y salidas de los foros, para mandarlos cuando sea su turno. Es un proceso continuo, que disfruta de todos los errores humanos que pueden existir: saltarse un nombre, descubrir que una persona no sirve para el casting, darse cuenta que tiene competencia, nombrarlo y ver que no esta por ningún lugar porque el modelo sólo vino a anotarse y se desesperó al ver la cantidad de gente, contestar teléfonos (además), ser interrumpido constántemente con preguntas como “¿En qué número van?” y “¿Cuánto tiempo crees que falte?”. Desesperación, ansiedad, tolerancia, paciencia, una microburocracia de uno o dos días, que se alarga durante horas. Es necesario prestar atención y estar atento, a veces, a hasta tres o cuatro personas a la vez. Es posible triunfar en esa empresa una o dos veces, pero una serie de eventos caóticos cuya secuencia continua, eventualmente partirían la madre incluso al mismo Señor (Paciencia).

Me atrevería a decir, que en casting empiezan todos los accidentes naturales del mundo. Aquí las cosas empiezan como una onda de agua minimadrística y terminan como un tifón en Japón.

El tiempo vivo, es un festín sangriento de ocho horas continúas, cuando eso termina, empiezan las horas muertas. La muerte es progresiva, lenta, suavecita y sensual… y te das cuenta de chingadazo. El tiempo transcurre más lento, sientes aún la presión de la actividad aún cuando su nulidad es evidente y lo único que puedes hacer, es dar vueltas de un lugar a otro, con un cigarrillo en la boca y mirar por la ventana para pretender que eres un personaje literario, uno muy perdido por cierto. Ahora en mi regreso, después de año y medio, he descubierto que las cosas no han cambiado, sólo los procesos y una casa que continua creciendo. Pero el tiempo, su vida y muerte, existe contenido dentro de una esfera, una permanencia de doce horas dónde borrón y cuenta nueva. Gracias a esta chamba, he descubierto que no hay errores incorregibles o imperdonables y todo puede arreglarse. Entre más pronto mejor, entre más vivas para llegar a una muerte satisfecha y confusa, mejor.

Vivir para morir. La misma vida.