Día 42
Podría jurar que estoy intentando despertar de una pesadilla. He perdido el Arte de mis manos y no se donde encontrar más polvo de arte para bendecir la tierra. Las palabras forzadas son las que más difícil salen como estas que estoy llamando para que acudan a mi auxilio. ¿Qué les puedo decir? No tengo ganas de hablar con nadie, y mucho menos contigo diario. No tengo ganas de ser… ¿de ser qué? Olvidé lo que iba a decir, soy un cafre para la memoria inmediata. La tentación es grande, la necesidad de ser escuchado y acariciado con letras, pero no es eso lo que necesito. Caricias tiernas, palabras de aliento, besos que nunca existieron. ¿Qué es eso?
y después de forzadas, las vírgenes se entregan solas. Me interno en la soledad de mi super yo, averiguando e indagando que debo decir y no debo decir nada en sí. La necesidad de ser escuchado es fuerte, la necesidad de ser admirado es intensa, ¿No decías que no querías entrar en ese círculo Quijote?
Vivo de sueños, soñador, y los sueños me están consumiendo, me están arrastrando al inevitable pasillo oscuro. Las tristezas me hacen soñar demasiado, ¿y qué tristeza puedo presumirles a ustedes? ¿no nos gusta acaso, presumir tristezas? ¿domesticar con ellas, cómo dijo el zorro? Con el trigo recordaré el color de tus cabellos, me sentiré ansioso a la hora adecuada, los ritos son necesarios.
¿Y quién leerá estas palabras? Nadie. He alejado a todos, vendrán los que siempre quisieron venir y se irán los que siempre se quisieron ir, ¿Y qué mierda acabo de decir? ¿Se supone que es algo filosófico como que el verdadero tao es el verdadero tao? ¿El color de las mariposas es por el tao? ¿El susurro de los cerezos es por el tao?
Ahora me serviría una pastilla para dejar de existir, tao.






