Noviembre 30, 2003 — Familia.
Escrito por Agustin Fest.
…les escuché hablar. Cuando cenábamos en un restaurante chino, a las 12 de la noche.
Les escuché decir esas mismas palabras, que han dicho antes.
Sin embargo, ahora el que estaba en el patíbulo era yo.
Me sentí incómodo. El momento había llegado.
Era un momento que ya me esperaba. Que me había imaginado mil formas. Y en la imaginación, no imaginé las respuestas que daría, ni los argumentos que sostendría para decir que tenía razón.
Y como imaginé, no pude decir nada aún pudiendo haberlo dicho todo. Dejé que hablaran y deseché las respuestas que podía darles. No las escucharían. Me sonreí, se han invertido los papeles: ahora son ustedes los que no escuchan.
Permití que me aventaran como una pelota de ping-pong.
En el fondo estaba muy contento, había descubierto que ellos ya sabían. Ellos ya sabían que tan en serio iba.
Los dejé hablar.
Fue como si me quitaran el peso de todos sus fracasos, aún cuando me los estaban poniendo en el hombro. Querían hacerme entender a fuerza de palabras.
Los dejé hablar.
Cuando terminaron, nos fuimos a casa. Cuando caminábamos hacia el departamento, miré a mi madre y le puse una mano alrededor del hombro.
—¿Por qué se preocupa por mi, mamita? —le dije. La escuché y después le dije todo lo que ella debía saber al respecto.
Creo que por primera vez, me escuchó. Muy a su manera, pero lo hizo.
—Tienes razón —dijo ella y otra sarta de cosas a las que no presté atención.
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Octubre 22, 2003 — Nostalgico, favoritos.
Escrito por Agustin Fest.
¿Recuerdas cómo era despertar y salir de tu habitación para mirar los regalos que te trajo Santa Claus? Se trataba de abrir los ojos y sentir que el frío te calaba los huesos, pero aún así, había un calor recorriéndote el cuerpo. Había ganas de despertar. La realidad se iba formando lentamente, sentías tus manos, los dedos de tus pies, mirabas los muebles a tu alrededor y se hacía una conciencia en ti que te decía: “Estoy vivo”.
Y sonríes.
Sonríes porque recordabas que estabas vivo y era intenso el frío, y era intenso el calor interno. Es cierto… es cierto… fuiste inmortal. En aquel entonces la Muerte nunca había pasado por tu mente. Se trataba de saltar, correr, jugar y gritar. De menear los trastos de metal uno contra otro y abrir la boca tan grande como Mafalda y denunciar a los cuatro vientos la vida que corría como hormiguitas por tu cuerpo.
Hoy me desperté así.
Cuando creces te dicen que la vida es una lucha. Que es importante aferrarte a la noción de que estás vivo, porque en cualquier momento, cualquiera puede aplastarte. Cuando creces, te enseñan la soberbia, la envidia, la lujuria, el dinero. Cuando creces, aprendes que pronto tú tendrás un hogar, una carrera. Cuando creces, te muestran que debes vivir para darte un lugar entre tanta gente.
see myself in the pouring home
see the light come over now
see myself in the pouring rain
i watch hope come over me
La inmortalidad, no se va escapando como agua. No importa cuantas veces te digan, nunca te sientes morir poco a poco. Es entonces cuando creces, ¿no es cierto? Cuando de golpe aprendes lo que es el mundo. Te lo enseñan como la fotografía de un colgado, como escuchar que alguien que quisiste murió, como ver el cuerpo inerte. Así conoces empiricamente el temor a no poder hacerte un lugar, un constante temor a no llenar las expectativas, ya sean las tuyas o ya sean las de otros. Es el miedo de morir. Es el miedo de no ser lo que siempre quisiste o crees querer.
here we are now, going to the east side
i pick up my friends and we start to ride
ride all night , we ride all day
some may come and some may stay
No es tonto preguntarse, ¿qué importa el miedo? ¿o es tonto no preguntárselo? ¿son necesarias las respuestas?
Cambian las perspectivas y los métodos para regresar a la inmortalidad. Unos se hacen los jóvenes de hoy: buscando una fiesta en cualquier lugar, apreciando el dulce elixir que les hace olvidar, pegando sus labios con cualquiera que les haga sentir el alma revolverse en su interior, bailando la música que les promete vibrar. Otros se hacen los artistas de mañana: contemplan la naturaleza en una obsesión romántica, escriben la crudeza de la realidad, deforman la materia con sus impresiones de como debe ser, crean la música que debería llenar el aire silencioso. Unos cuantos más se vuelven los viejos de ayer… y ellos, ellos saben ya que nadie escapa. No necesitan más.
Benditos los viejos que quieren a los niños que no mueren.
here we are in the pouring home
i watch the light man fall the comb
i watch a light move across the screen
i watch the light come over me
El egoísmo nos empuja a todos, en algún momento, a convertirnos en filósofos. Nos volvemos sabios que enseñan a los demás, otorgando respuestas hipotéticas a las preguntas que nos hacemos todos los días. Por medio de palabras y conceptos, adornamos la realidad que nos hizo crecer de golpe y le damos una abstracción de belleza. Una morfina dulce, o delicioso vodka. Los cigarrillos se consumen y repetimos las palabras, se vuelven vacías. Y nos alegramos, al vernos decadentes. Hemos escapado a la vida, efectivamente, no viviéndola. En esa deliciosa amargura nos hemos de consumir y esperemos nos purifique como el fuego de Heráclito, en las llamas del infierno.
here we are now going to the west side
weapons in hand as we go for a ride
some may come and some may stay
watching out for a sunny day where there’s
love and darkness and my sidearm
hey, elan
O bien… olvidaremos la inmortalidad y mortalidad de la gente. Nos convertiremos en verdugos, en aplastadores. Envidiaremos a la gente que le tiene respeto al tiempo, o bien lo haremos por simple necesidad. Alzaremos un arma porque necesitamos tanto. O tal vez porque no lo necesitamos y nos gusta ser acreedores de ese poder. Nos haremos los maestros, que le enseñen a aquel niño de golpe lo que es la verdadera vida. La adrenalina nos inundará y sonreíremos, con las encías sangrantes. Embriagados de vida robada, de locura perpetua.
here we are now going to the north side
i look at my friends as they start to ride
ride at night we ride all day
looking out for a sunny day
Hay muchos caminos, muchas opciones. Todo depende de que queremos hacer, cuando hemos perdido la inmortalidad. También depende el que nos enseñaron a hacer, y el que nos dijeron que hicieramos. Pero después de todo, importará más el que queremos… tal vez el mejor regalo que se nos ha dado es el libre albedrío. Siempre podemos elegir, aún cuando las circunstancias sean difíciles. Podemos empujar a que las cosas se hagan, ya sea para poder comprarnos un chocolate o un buen libro, o para ver el circo que siempre quisimos ver y sentirnos otra vez niños. Tal vez las empujemos para ser magnates millonarios, o el cura de una iglesia.
Podemos ser… todo. Y que importan las circunstancias, mientras todavía quede vida en nuestros huesos, mientras todavía pase el tiempo y nos crezcan las arrugas. Son los impulsos de vida o de muerte. Tú eliges, siempre. Y si no eres tú eligiendo, ¿entonces qué importa tú vida o tú muerte? ¿De qué habrán servido, si nunca viviste o moriste? ¿Si nunca quisiste… algo?
here we are now going to the south side
i pick up my friends and we hope we won’t die
ride at night , ride through heaven and hell
come back and feel so well .
Lo único que sé… es que bueno era despertar en Navidad y esperar los regalos.
Es bueno recordar cuando se era inmortal.
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Febrero 6, 2003 — Un tal Simon Dor.
Escrito por Agustin Fest.
Querido diario:
Tengo una preocupación bastante válida. La gente que me lee por este medio electrónico cree que no existo y que soy un alter-ego de mi estimado amigo, el Arbol Tsef o bien dícese, Agustín Fest, o bien dícese, Carlos Bohrs, o bien dícese, Boris Santiel. Yo recuerdo bien que el primer día de este diario, escribí y cito lo siguiente:
He tenido días difíciles, ¿quién no los tiene? Mi amigo debe estar loco por haber accedido a publicar esto.
De hecho, está loco… ¿censurará estas palabras? no lo se, ¿y si piensa la gente que soy un alter-ego de él? no lo se tampoco. No me importa, ya que ustedes me leen, pero yo jamás sabré de ustedes. Sabrán tal vez de mi amigo, que decidió publicar esto en algún acceso de compasión y/o amabilidad por mi persona, al cual deben referirse en caso de que tengan un comentario que hacer. A mi, su inseguro servidor, me vale un pimiento. (Casi puedo escuchar a la primera mojigata decir, “¡Ohh! ¡dijo pimiento! ¡le valgo un pimiento!” y así será la primera molestia ocasionada a mi buen colega, que decidió escribir estas palabras en su moderno website).
Y aún así, después de tan avasalladora introducción, tienen la injusticia de confundirme con él. Es imposible decir que me vale un pimiento (de hecho la palabra correcta es pito, me vale un pito, pero mi amigo que es un mojigato como las mojigatas, me comentó que debería cambiar la palabra y yo le dije está bien, adelante, nada más publicalo. Nunca debí acceder a esa no-libertad literaria, porque ahora se toma toda clase de libertades con mi nombre. ¡Cómo si fuera un personaje inventado! Eso, mis amores, no debe ser posible)
¡No señor!, tal vez debería registrar mi nombre como lo ha hecho German Dehesa, de esa forma, la próxima vez que me confundan con él señor Fest, les mandaré un abogado vestido de gris y fumando un puro.
Odio los abogados. Mejor debería visitar a Fest y tener una charla con él. Una larga plática donde expongamos nuestros argumentos y bebamos tequila para relajar la lengua.
Y ya que lo tenga tranquilito, sacaré la daga y entonces daremos sangre a los cuervos del Aqueronte.
Nada más, no le digan a nadie. Éste será un secreto entre ustedes y yo.
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