Tus pequeñas manos, que nada guardan.

Este post es parte de una serie, llamada “Fotocuentos”. Anotación 57 de 59


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Mira como las hojitas se resquebrajan entre tus dedos y las varas secas se rompen. Tus manos son tan pequeñas que aún no pueden guardar el polvo de los muertos. Se extienden tus dedos para tocar la tierra y siento un gozo discreto, una sonrisa pequeña, sabiendo que tus ansias de anclar raíces y procurar vida tal vez no son intencionales. El instinto primitivo que nos delata, como aquel cuervo que mató a sus hermanos porque deseaba vivir el último día de juerga. Los caracoles en el tallo de un girasol muerto, buscando en el pasado el sol que los benefactores jamás buscaron… sus corazas vacías hace tiempo ya. Eres una hermosa imagen.

También te marchitarás, ¿te imaginas bebito, que formarás parte de esa tierra y alimentarás a los gusanos? Así pasa, mira mis manos y entenderás que la piel también se seca. Mis manos son grandes, mis manos son el polvo de los muertos, los dedos son como palillos que hacen un gesto con la artritis para invitar a la muerte a que se acerque, y se acerque, paso a paso. Mis dedos son los del titiritero que jalan con su punta el hilo del tiempo. Soy mi propio muñeco que cambia con los años y expulsa el agua que le faltó a los caracoles, a los girasoles, a las hojas que arrastras con tus manos y el pecado de la casualidad.

Compartimos el mismo destino. Que se nos escape todo entre las manos y el aire. Nacemos con manos débiles sin poder sostenerlo todo. Morimos con nada en las manos. No debes temer. Si caminas como yo, si aprendes como yo, entenderás que es nuestro destino. El destino de todos nosotros. El temor no vale nada cuando te haces polvo y te confundes con la tierra.

Foto: Gabs.

Este es uno de los fotocuentos que escribo en Árbol de los Mil Nombres. Si quieres enviar una foto, antes lee: Acerca de los FotoCuentos.

Si quieres leer los que llevo a la fecha, entra a la categoría de FotoCuento.

Más de una foto es bienvenida. Si ya mandaste una y quieres repetir, adelante. Si eres una nena y quieres enviar una fotografía de tus piernas, mucho mejor :) con la tierra.

Diario de Simón Dor. Día 18.

Este post es parte de una serie, llamada “El diario de Simón Dor”. Anotación 16 de 47


Día 18

Tengo en mis manos polvo de Arte, ¿sabes cómo funciona diario querido? Acércate, te lo diré al oído… porque el polvo de arte es similar a hacer el amor. Pasas una mano por sus delicados muslos, que son como frases delicadas o colores pasteles con un brillo en el centro, como la noche estrellada de van gogh… las manos se mueven hacia arriba, acariciando el vientre de un cuerpo de Botero, deliciosa música de Beethoven incrusta el aire y se convierte en la Oda de la Alegría cuando los dedos aprietan girasoles o manzanas de naturaleza muerta que se enciende en vida. Un beso significa el descubrimiento de la luz y la sombra, el contraste de matices que evocan sentimientos del pasado. Los cabellos simulan un cuadro de Monet en diversas tonalidades y es obvio que la sonrisa es de Mona Lisa. Enigmática, profunda.

La nostalgia en polvo de arte se convierte en el Adagio de Albinoni, y la esperanza son los diversos Opus de Tchaicovsky o la inmensidad de la Capilla Sixtina, que nos hace sentir insignificantes y abre nuestros ojos a tal extremo de creer que verdaderamente es una obra divina y tan solo es humana. La inocencia y la pureza de un desnudo es el David y la triste reflexión o el momento antes de una decisión es El Pensador. Y si recordamos nuestro ancestro pasado, el Polvo de Arte gustoso nos lleva a pinturas rupestres en Francia, podemos imaginar los tambores africanos circulando al ritmo de nuestra sangre y en el viento se puede oler la mezcla de hojas y sangre de insectos que llevaban los patrones Aztecas.

Nuestros ojos asemejan la fotografía de un 1910 o 1920, con un indio sioux evocando a los espíritus del águila, el halcón, el oso o la hormiga, no lo se. Nosotros somos Polvo de Arte, así como la Magia existe en el mundo, las driadas y las sirenas y los sátiros y las ninfas llevan sus enseñanzas, tocando los instrumentos y pintando los colores en el mar de nuestra propia alma.


Allí estaba, su falda se pegaba a las nalgas que bien formadas por el ejercicio, se presumían ante mi. Sus ojos azul claro, su cabello liso y perfecto. Yo toqué sus manos y le tuve que besar los labios, como si fuera un principio, ahí estaba ella… y casi creí sentirme enamorado.

Mis manos perdieron caso al dueño, la moral se derrumbó cuando se deslizaron debajo de su armadura de algodón, sus labios suspiran frases que jamás serán escuchadas y entre la ausencia de oxígeno escucho mi nombre y ahí empezó mi falso amor.

Mis labios se encarnaron alrededor de su cuello, abrieron una entrada a su cuerpo y penetré en su espíritu antes de penetrar en su cuerpo, el hilo de seda de su cabeza acarició mi rostro enterneciéndolo, enrojeciéndolo a medida que me acercaba más a ella. No pude evitar subir su falda y ella, sencilla, se rindió.

No protestó cuando la presentación física, sus manos quietas encadenadas por las mías y su cuerpo doblado, sus ojos cerrados y su boca entrecerrada, mi nombre se escucha, mi nombre se pierde, los gritos ya son sin sentido y yo, con mis manos en su espalda, empujando su pecho contra el cielo y atravesando la jungla de su falda para llegar a mi tesoro escondido.

No pude parar y bien parado estaba… y bien parado estaba, ya no pude parar.

Hasta que desperté sudando frío.

Diario de Simón Dor. Día 11 y 12.

Este post es parte de una serie, llamada “El diario de Simón Dor”. Anotación 10 de 47


Día 11

Y entonces, vino él de nuevo y en su puño tenía polvo de estrellas, lo aventó al cielo y una brisa de aire se llevó intensamente los colores. Querido diario, era como si el Fénix hubiera volado por ahí y la estela de fuego se hubiera grabado en el ambiente. Pero solo fue un sueño. De esos sueños intensos que al despertar dudas de lo que miran tus ojos.

Odio dudar de lo que mis ojos miran, porque me siento triste después. Me siento triste de vivir despierto. A veces quiero proporcionarme un largo sueño, uno duradero, uno donde no me queden ganas de sentir por completo.

Pero no puedo, no puedo. Siempre lo intento y las lágrimas vienen a mis ojos y siento como la sangre hierve. Yo solo quiero soñar y que mis sueños se hagan realidad. Y cuándo veo a gente que puede hacer Magia como si fuera tan sencillo, me da envidia y quiero soñar con que soy un Mago y puedo hacer como ellos, ¡Tantas cosas que haría si tuviera Magia!

Resucitaría a las personas que amé. Por ejemplo. Los niños no perderían su inocencia. El mundo se haría justo. Todos tendríamos un pedacito de cielo.

¿No soy un amor? ¿No merezco el poder aventar polvo de estrellas?

Yo tan solo quiero vivir soñando… dejenme solo, dejenme en paz.

Soñar… soñar… soñar.

Día 12

Escucho niños. Mi querido diario, veo mi privacidad interrumpida porque los niños me miran a través de la ventana con el mismo interés que profesan cuando les llevan al zoológico a mirar gorilas. Me señalan, risitas, se dicen algo en voz baja, risitas, les brillan los ojitos, risitas. Yo solo expreso mi enojo rugiendo como haría un animal de mi calibre y estos, condicionados por el rugido, gritan y saltan y ríen más.

¿Alguien tiene una banana?


Hoy puedo decir que soy feliz, querido diario. Los sueños finalmente se están cumpliendo y yo, no tengo otra más que seguir su camino. ¿Quién puede negar el camino al que nos llevan los sueños?