Diario de Simón Dor. Día 58.

Querido Diario:

En el cuarto de trofeos se encuentran ya las tres llaves que me entregó el fantasma de Beatriz, la pistola de McGonnagal y la cabeza del rottweiler, a quien cariñosamente he nombrado Mindar. En el camino me encontré con las puertas del Cuarto del Jardin y el Cuarto de Juegos. De nuevo escuché la risa combinada con el viento.

El cuarto de máquinas ha dejado de hacer ruido, misteriosamente, después de aquella plática con Beatriz ella ha guardado silencio. Ella y las máquinas han empezado a hacer ruidos muy suaves… casi como las olas de ésta mar oscuro reflejando las nubes grises.

Es un mar bastante horrible, pero a mi me gusta. Me siento en casa.

Voy por la vereda tropical

He decidido abrir el Cuarto del Jardín y el Cuarto de Juegos, los dos polizontes han salido y han encontrado acomodo en la proa… un árbol cuyas raíces se mueven como pies y sus cabellos son como ramas llenas de hojas. El Árbol de los Mil Nombres, se hace llamar y siempre susurra cosas sin sentido.

—Tosaf, Danag, Terethas —eso dijo el Árbol y después, se acomodó en la proa y como un roble, se ha quedado ahí, plantado. En el cielo se abrieron las nubes y le cae el sol, un sol debil y filtrado por las nubes grises, pero el sol al fin y al cabo.

Es casi como llevar mi faro personal, que hermoso, JA-JA.

El otro polizonte, es aquel niño que creí haber olvidado… el niño que aventó su cuaderno y se fragmentó en millones de mariposas amarillas. El niño que me platicó de la magia del mundo y que yo podía verlo. Le he dicho que hasta aquí me ha traído su magia, a este mundo oscuro y decadente, el niño, naturalmente me ha ignorado y se fue rápidamente a donde está el árbol y se sentó en su corteza.

Los dos polizontes me ignoran en silencio. Por más trato de hablarles, ellos me ignoran. De vez en cuando platican en silencio, para que yo no los escuche… cuando yo me acerco, se hace el silencio y fijamente, miran hacia el horizonte sin que nada les interrumpa.

Son como estatuas, como los símbolos de la proa de mi barco… el árbol y el niño mago. La corteza del árbol se mueve constantemente para formar letras, combinaciones de nombres y cosas así… nunca está estática, a diferencia de él que por lo general se queda quieto. El niño, sin embargo, dibuja con sus dedos en el viento cosas que se materializan y al rato, desaparecen. Los dibujos de un niño con crayolas… he descubierto, que ha utilizado mi diario también para adornarlo con dibujos… de vez en cuando, verán un dibujo.

Me disculpo por la mala educación del chamaco, mientras no me moleste a mí, creo que estamos bien.

Esto es lo que ha sucedido… todavía quedan treintaisiete días con sus treintaisiete noches.

Diario de Simón Dor. Día 57.

Este post es parte de una serie, llamada “Segunda parte del diario de Simón Dor: El viaje”. Anotación 7 de 48


Querido Diario:

Si hay más polizontes.

Diario de Simón Dor. Día 56.

Este post es parte de una serie, llamada “Segunda parte del diario de Simón Dor: El viaje”. Anotación 6 de 48


Querido Diario:

¡PAZ! ¡PAZ! Screeeech Screeeech ¡Zahum! ¡Zahum! ¿Dónde estás Simón? ¡PAZ! ¡PAZ! Screeeech Screeeech ¡Zahum! ¡Zahum! ¿Dónde estás Simón? ¡PAZ! ¡PAZ! Screeeech Screeeech ¡Zahum! ¡Zahum! ¿Dónde estás Simón?

Así suena el barco, en las noches… específicamenete el cuarto de máquinas.

¡PAZ! ¡PAZ! Screeeech Screeeech ¡Zahum! ¡Zahum! ¿Dónde estás Simón?

El fantasma de Beatriz insiste en que baje a mirarle, a visitarle, a dejarme perder en su falsa esperanza. Se ha metido de polizón en mi barco, Mojalnir, en mi viaje en éste mar oscuro de Yenén. Así suenan sus suplicas mezcladas con el ruido de las máquinas que hacen andar este pobre barco.

¡PAZ! ¡PAZ! Screeeech Screeeech ¡Zahum! ¡Zahum! ¿Dónde estás Simón?

¿Me pregunto quién más estará aquí adentro de polizón? Nada, ni nadie, puede ser peor que el recuerdo de Beatriz… que es tan intenso, que en las noches me despierta sudando frío o con la tristeza nostálgica de no poder mirar la luna prisonera de las nubes malditas allá, allá en el cielo.

¡PAZ! ¡PAZ! Screeeech Screeeech ¡Zahum! ¡Zahum! ¿Dónde estás Simón? ¡PAZ! ¡PAZ! Screeeech Screeeech ¡Zahum! ¡Zahum! ¿Dónde estás Simón?

¿Qué donde estoy? Por supuesto que aquí, en mi habitación, con la luz de una vela que nunca ha de extinguirse. Estoy escribiendo mi diario, en la mesita se encuentran mi cenicero, mis cigarros y mi botella de tequila a medio consumir. ¿Así se habrá sentido Poe? ¿A esa magnitud habrá llegado su enfermedad, cómo para inventar un fantasma que le perseguía mientras escribía? No lo sé.

El problema entre Poe y yo…

¡PAZ! ¡PAZ! Screeeech Screeeech ¡Zahum! ¡Zahum! ¿Dónde estás Simón?

…es que mi fantasma no es inventado.

Tal vez deba platicar con ella ésta noche, ¿será hora de usar la pistola de McGonnagal? Tal vez no, todavía no. ¿En quién podría usarla que no fuera yo? ¿Será la pistola de McGonnagal capaz de matar a un fantasma?

No es el momento de usar la pistola y tengo el presentimiento de que la única bala que tiene, está reservada para mi cerebro.

Todavía quedan treintaiocho días, con sus treintaiocho noches.