Todos los poderes.

Este post es parte de una serie, llamada “Fotocuentos”. Anotación 53 de 59


alicedice-img00424.jpg

Tenemos una cita no declarada, todos los jueves, a las diez de la mañana. A veces ellos se presentan, a veces yo falto, y nuestra relación es tan buena que no tenemos el valor para reprocharnos. Así es la cosa cuando te da pena hablar y confesarles lo que te pasa por la cabeza. El contexto. Mejor abres un libro y los miras de reojo para aprenderte sus rasgos, para descubrir porque se quieren tanto. Mis jueves son muy productivos. He leído más libros este año que mis otros veinticino. Cometí el atrevimiento de leer las novelas de Dostoievski y algunas de García Márquez. Son unos librotes enormes y bueno, las chavitas del café se me quedan mirando porque creen que soy inteligente por leer libros. Empiezo a entender que la inteligencia viene cargando un libro en la mano y de alguna manera, es llamativo para ellas. ¿Pero a la pareja, qué imagen les daré? A dos mesas de ellos, leyendo, mirándolos de repente… nunca me han cachado. A no ser que la mujer sea muy discreta en su reconocimiento. Puede ser que el poder del hombre sea pretender y el de la mujer esconder. Pensamientos extraños que tiene uno cuando se pone a leer.

Suelen ser muy cariñosos. Él debe tener unos diez o quince años más que ella. Probablemente él leyó mucho y sabe hablar para enamorar a las mujeres. No le he visto con otra, sólo con ella, todos los jueves. ¿Y si ella es la amante, o la segunda esposa? Porque no se parece nada a la foto de la mujer que traigo en la cartera. O la vejez es muy dura, o se pintó el cabello, o cambiaron sus ojos. Pasa que cuando cambian los ojos ya no reconoces a las personas. Debería cerrar el libro de Dostoievski y sólo mirar por la ventana, si, creo que es lo mejor, porque sigo pensando demasiado. Tal vez es hora de acercarme a ellos y confiarles el contexto. Nunca es coincidencia que dos personas se encuentren todos los jueves, tomando café por las mañanas. Lo mío no es coincidencia. Lo supe porque él tiene un blog y puso su nombre completo: “Tribulaciones de Antonio Frías, un viejito de ochenta por la ciudad”. Así se llama. Leyéndolo, y descubriendo su cuidado para la ortografía, su bagaje de palabras, desde ese momento pensé que ese hombre había leído toda su vida.

¿Uno aprende a leer para enamorar a las mujeres? Mi madre me dijo alguna vez—. ¿Te gustaría escribirle una carta de amor a una mujer con faltas de ortografía? —Desde entonces no me lo quito de la cabeza, y aunque soy malo para los acentos, trato de ponerlos. Estos últimos años me he vuelto más quisquilloso todavía. La última vez, descubrí a una mujer escribiendo en su libreta: “Todabia estoy triste y kiero ke me abrazes”, en el camión. Sentí como la despreciaba gradualmente hasta el repudio, y pensaba en voz bajita la pregunta de mi madre. Me sentí culpable con esos pensamientos, pero no podía negarlo, me provocó asco. Y no era fea. Muy raro… cosas que pasan cuando empiezas a leer. Alguna vez leí en el blog de Antonio Frías que sus papás le enseñaron a leer desde los tres años y así se la siguió, hasta la docencia y doctorados, leyendo y leyendo. Es un gran hombre.

Ella le toca la cara, se la acaricia con el dorso. ¿Todavía cogerán? He visto en la tele que a los viejitos les gusta presumir que son muy saludables sexualmente, y luego esta el viagra. Tengo miedo que cuando tenga ochenta años ya no se me pare. Imaginen el pavor que me provoca imaginar mi futura impotencia a los cincuenta. Eso lo leí en otro libro, uno de Marcos Aguinís, donde un hombre se quedaba imponente y le pasaban muchas cosas a raíz de eso. Pero su impotencia era de la cabeza, ¿saben?, de la cabeza… porque con una prostituta el hombre si pudo coger. Resulta que se sentía culpable, por algo del amor de su vida y su esposa, y otra serie de cosas. La culpabilidad es un poder para hombres y mujeres, que se mueve como una bolita que empujan los unos a los otros. De sexo a sexo. Sí, yo creo que cogen. Es mejor pensar en eso por mi bienestar. La mirada de ella es amable, es tierna… es… ¿culpable? No me gusta leer, me pregunto mucho.

Tengo en la cartera una fotografía de Antonio cuando tenía mi edad. Tenía más cabello, barba y una enorme sonrisa. ¿Habrá sido antes o después de…? Um, piden la cuenta y se las traen. Dejan el dinero en la mesa como siempre. No estoy leyendo esta vez, y él me mira, cruzamos la mirada. Me sonríe, como se le sonríe a un extraño. Este jueves me he tardado demasiado, como todos los otros jueves. Le correspondo con un asentimiento. Sí, ya me han mirado antes, ya nos reconocemos un poquito más. Ella igual me mira, y se le borra un poquito la sonrisa amable. Todo se cruza, los caminos se bifurcan, se contraen, se traslapan… odio leer, porque he aprendido muchas cosas… pero se me sigue haciendo tarde, nunca me he animado a levantarme de mi asiento, mostrarle la foto y confesarle que soy su hijo.


Foto: Alice.

Este es uno de los fotocuentos que escribo en Árbol de los Mil Nombres. Si quieres enviar una foto, antes lee: Acerca de los FotoCuentos.

Si quieres leer los que llevo a la fecha, entra a la categoría de FotoCuento.

Más de una foto es bienvenida. Si ya mandaste una y quieres repetir, adelante. Si eres una nena y quieres enviar una fotografía de tus piernas, mucho mejor :)

VI

Este fin de semana empezó con un terror genuino de salir de casa. No quise arriesgarme a que todo cambiara frente a mis ojos. No quise de nuevo encontrarme a Ayer, quien se había convertido de un simple misterio a un Dios travieso, perverso… un Loki. Fue una mala trastada lo que hizo con la chica del suéter, estoy dudando de mi cordura cuando no lo había hecho antes. Pensaba encerrarme: no salir, no llamar a Geraldine, no escuchar a la señora de las hijas muertas… pero sonó mi celular y me avisaron que debía editar de urgencia. Se me había olvidado por completo mi proyecto.

Al otro lado de la línea, mi jefe hablaba de los personajes, de los órdenes de edición, de las cien personas que debían estar recortadas para el día de mañana. Hablaba y yadda bla bla, como si no entendiera la importancia de que el azul se convirtiera en rojo por la santa voluntad de un sueño. ¿Y cómo iba yo a explicarle eso sin parecer un loco? Dejé que mi boca respondiera mientra pensaba lo rápido que caminaría y lo mucho que me esforzaría por cerrar los ojos en el camión. Me enfoqué a mi trabajo… cien personas, cien personas… mi fin de semana estaría arruinado. Bonito. No podría encerrarme en … azul o rojo. ¡Mierda!

Salí… el trabajo me ayudaría a mantener un hilo a tierra. Y como me prometí, caminé rapidito, sin mirar a nadie y hablé absolutamente lo necesario—: ¿Cuánto es, mi estimado señor operador de la unidad automotriz 45001 vestido de azul?

En cuánto llegué, me compré una cajetilla de cigarrillos y el refresco de siempre… no, no saludé, no hice plática con el señor de la tienda.

De niño pensaba que quería formar parte de algo que moviera los cimientos de la realidad y me descubriera algo distinto. Que me descubriera la manera en que el universo puede quebrarse y estar preparado para ello. La ruptura de la realidad. Pensaba que ser loco era la manera más sencilla de hacerlo.

Ya no estoy tan seguro. Que espantoso dejá vù continuo.

No pierdas el control… vamos, juega.

Agustín hablaba de eso… es una de las cosas que le robé, que asimilé de él. Hablaba de cuánto quería tener el poder de cambiar las cosas en sus manos. Ayer me dijo que yo era como él, que yo también tenía el poder de “cambiar” las cosas, ¿qué tiene esto que ver con los universos paralelos? Para mi, un universo paralelo significa algo tan sencillo como: ¿Y si hubiera? Y de ahí, uno puede reinventarse de nuevo. Construir a través de frases sencillas, la vida compleja que pudo haber sido. ¿De eso hablaba Ayer? La chica cambió drásticamente al tener un suéter rojo en vez de uno azul. Un color, una diferencia importante, un viaje más incómodo en el metro. Un “hubiera”.

Cuando llegué a mi trabajo, mi jefe me repitió más lentamente lo que ya había dicho por el teléfono. Me sonrió y se despidió de mi, tenía que ir a Texcoco a cumplir deberes con su novia. Al irse, miré la lista de edición y negué lentamente: Cien personas, no saldría esta ncohe. Tan sólo de bajar material, serían alrededor de cuatro horas. De edición, serían aproximadamente dos horas… y así, uno va acumulando horas. No minutos, no segundos. Pensé que el trabajo me ayudaría a meditar cuando el celular sonó de nuevo.

—¿Hoy?

—Si, ¿qué pasó Geraldine?

—¿No nos veremos?

—No creo, tengo mucho trabajo…

—¡¡Pero te extraño mucho!!

—Si nos vimos hace unos días… aunque no hay nadie en la oficina.

—Puedo pasar por ahí, ¿ya comiste?

—Si traes comida, si quiero. No he comido nada.

—Entonces te llevo un par de sandwiches, no quiero que mi chiquito se enferme porque no come.

—Está bien… si. Geralda, ¿me puedes hacer un favor?

—No me digas Geralda.

—Trae tu suéter azul.

—¿Y eso?

—Tú nada más traelo.

—Okaaaay. Nos vemos en un ratín.

Colgó.

Me dio curiosidad. ¿Podré hacerlo? Tal vez no me esté volviendo loco… y si soy un loco que puede ser Dios… creo que nada importará, esa línea delgada entre la cordura y la locura, entre el tatuaje de un árbol y Jesucristo, entre el rojo y el azul.

Azul

—¿Puedes?
—Puedo.

Llaves

Una vez lo discutí con mi tío Daniel. Para algunas personas, el número de llaves en su llavero, es un símbolo de poder o control. Puede sonar ridículo, pero esto me lleva a recordar a un profesor de Física que tenía en el Centro Universitario México. Jorge Hoyo, solía tener llaveros y llaveros colgados en los jeans, no exagero al decir que por lo menos tenía 50 llaves y ¿qué hacía con tantas? No lo sé, nunca me animé a preguntarle.

Cuando caminaba hoy, estaba haciendo sonar mis llaves y me sonreí, ya son como diez llaves o quince. Tal vez la persona que las tenga se sienta como San Pedro, con las llaves para abrir el cielo. Te vuelves una persona de la que las demás dependen, porque tú tienes las llaves para ciertos lugares. Son como las relaciones con la gente influyente, que ellos tienen llaves para abrirte las puertas a una mejor calidad de vida, a cierto costo.

Lo bueno es que una llave te cuesta diez pesos (1 dolar) con el cerrajero y lo otro, bien puede que pierdas las influencias con San Pedro.

Ahora que mencioné lo del CUM (Centro Universitario México), me acordé de la Bitácora del 106. Tal vez empiece a registrar la bitácora aquí, porque ya no regresaré a Tripod en mucho tiempo.

¿Por qué me dicen Árbol? En quinto de prepa, solía vestir mi chamarra verde, traía el cabello largo y rizado, algo de barba. Mi abuela solía poner una manzana en mi mochila antes de salir y una vez, un viernes, llegué a juntar las manzanas de la semana.

Empecé a regalarlas y una voz, la de Alfonso Pano, dijo: “Pareces un árbol manzanero”. Desde ahí… se me quedó el árbol, y me agrada, a excepción de cuando alguien dice: “Voy a mi-ar bolito”.

Hace 4 años, sucedió algo así.


Viernes 9:40 - 9:55 PM.
Escenario: El JimboFest.

El Árbol llega, y le asaltan con 10 varos, que dizque pal reven, encuentra al Capi.
Árbol: “Vamos por chupe Capi”
Capi: “Nel Árbol, exámen del TEC mañana, si quieres ve tú”
10 minutos después…
Árbol: “Ya pinche Capi, vamos por Chupe.”
Capi: “Sale Árbol”
Árbol y Capi van a la barra donde unas viejas pedas gritan: “¡Argentina!”. Yo pido un tequila y el Capi pide una Coca.
Árbol: “Ya pinche Capi, ya entrale”
Capi: “Nel, neto, mi exámen del Tec”
Llegan Tambor, Que-K, Mago, Fonts, Bonilla, Holguin, Fleko, Merino, Pano y Pad. Preparan el buen chupe (la coca y el appleton, entre el Vodka y un tequila, puta…), mientras los detienen en la entrada por no llevar feria. Un servidor atentamente les presta $10.00

Árbol: “Platicame del Infierno Fonts, ahorita que si lo visualizo.”
Y Fonts me empezó a guíar en el camino a la oscuridad (Memorias de Infernalia), cuando Mago me salva y llega a hacer un brindis.
En eso, una zorra bailaba mientras Mora y sus espermatozoides furiosos tocaban, como la señorita bailaba sola y nos daba la espalda, un servidor hizo el favor de bailarle rítmicamente por atrás.
Bonilla: “¿Qué pedo con la zorra esa?”
Merino: “¿Qué el Fonts qué?”
Fonts: “¿Queeeeeeeeeeeeé?”
Árbol: “Nel, esperense, una estilo Baca (Larga y Asquerosa): ¿Qué Vignau se masturba y regocija sobre la tumba de quieeeeeén?”
Fonts: “Esa estuvo asquerosa”
Merino: “Jajajajaja, los huesos de Campos.”

Baca llega.
Larry llega.
Bonilla: “Qué mal pedo, el Sapo no viene.”, Y así… Bolonio y sus Rascaescrotos abandonan el canto por la peda de hoy.
Fleko se larga por que se siente mal, Bonilla y Fonts lo van a dejar. Al regresar: “¿No saben donde podemos estacionarnos?”
Fonts: “Deja me bajo a wuacarear que ya me maree”
Baca ya muy pedo, por que ya es mi brother.

Filas de Conga/Mambo (Whatever)

Larry: “Haganme casita”, (Fonts, Bonilla y un servidor le hicimos el favor de baño público)

Árbol: “¿Y tú exámen del TEC pinche Capi?”
Capi: “Huevos, Pinche Árbol”, (El wey ya se estaba poniendo jarra)

Empiezan a bailar Table: Tambo, Mago, Baca, Pano (¡Juan Pano II! ¡Te quiere todo el mundo!) y los recibíamos un chingo de weyes cuando se aventaban.
Al Árbol y a otros les preguntan derivadas para medir su grado de embriaguez.

Según esto ya estaba bien pedo por que cuando lograba levantarme decía: “El Árbol sigue vivo”, y abrazaba a alguién.
Pano: “No me abraces Árbol”.

Merino: “Tengo exámen del TEC mañana y ya se me subió el tequila.”
Bonilla: “Jajajajaja, yo ni he leído la guía”.

Fonts: “El Camino del Hombre en la vida es ser féliz. Si este es féliz en lo que hace, entonces este cumple su camino”. (Aristóteles, creo que así va la cita.)
Árbol: “Gracias Fonts, le das una razón a mi desmadre”

Mi acercamiento con Don Juan.

“Creo que lo mejor será decirte lo que yo creo y siento, como lo hizo mi benefactor. El era diablero y guerrero; su vida se inclinaba hacia la fuerza y la violencia del mundo. Pero yo no soy ninguna de las dos cosas. Esa es mi naturaleza. Tu has visto mi mundo desde el principio. En cuanto a enseñarte el camino de mi benefactor, nada más puedo dejarte en la puerta, y tú tendrás que decidir solo; tendrás que aprenderlo por tu propia cuenta. Debo reconocer ahora que cometí un error contigo. Habría sido mucho mejor, ahora lo veo, empezar como yo mismo empecé. Así es más fácil darse cuenta de cuan sencilla y a la vez cuán profunda es la diferencia. Un diablero es un diablero y un guerrero es un guerrero. O se puede ser las dos cosas. Hay bastante gente que es las dos cosas. Pero un hombre que sólo recorre los caminos de la vida lo es todo. Hoy no soy ni guerrero ni diablero. Para mí ya no hay nada de eso. Para mí sólo recorrer los caminos que tienen corazón, cualquier camino que tenga corazón. Esos recorro, y la única prueba que vale es atravesar todo su largo. Y esos recorro mirando, mirando, sin aliento.” - Las Enseñanzas de Don Juan, Carlos Castaneda.

Mi acercamiento a este libro, ha sido uno muy curioso, sucedió como una recomendación vaga de una tía, cuando yo tenía 17 ó 18 años. Ví el libro, pero no me lo tomé en serio.

Entonces hará unos dos años, me veía mucho con un amigo llamado Ian y salió a flote este libro, porque me comentó que no cualquiera podía ser guerrero. En aquél tiempo era un muchacho muy influenciable, había terminado la preparatoria y mi vida no tenía rumbo fijo (si Argel leyera este pequeño escrito, me aventaría el libro encima por estar haciendo confesiones de mi vida). Ian me explicó brevemente lo que significa el camino del guerrero y me recomendó de nueva cuenta el libro, me lo tome en serio… tan en serio que no pasé de la página 15.

Y pasaron los años. Me leí unos resúmenes en internet de este libro que ahora descubro son los Apéndices.

No fue hasta que Horacio, un compañero en la facultad, volvió a traer a mi memoria este libro, ya que él es un estudioso de sustancias psicotrópicas y el buen uso de éstas. Con eso en mente y además porque quería saber si el mío, era el camino del guerrero que me comentó Ian alguna vez, decidí terminarlo.

Carlos Castaneda se vuelve el alumno de un brujo yaqui el cual le enseña el uso de plantas y esto le lleva a lo que él llama una “realidad no ordinaria”. No quiero arruinarle el libro a nadie, tendrían que leerlo y aprender de propia cuenta quien es “Mescalito”, el “Humito” y sobre todo, como enseña Don Juan el camino del guerrero.

Nos enseña a los enemigos del ser humano: El Miedo, El Poder, El Conocimiento y la Vejez, este último siendo el enemigo más poderoso y el único al que el ser humano no está destinado a ganar. Venciendo estos cuatro enemigos, uno adquiere el título de “hombre de conocimiento”.

Está interesante el libro, para aquellos que quieran conocer más de cerca las propiedades del peyote y adquirir una nueva filosofía de vida.