Junio 19, 2003 — El Viaje de Simón Dor, Enamorado, Un tal Simon Dor.
Escrito por Agustin Fest.
Querido Diario:
El delfín sigue nadando a lado de Mojalnir. ¿Debería darle un nombre?
El árbol de los mil nombres sigue marchito.
El niño mago sigue dibujando cosas en el aire y de vez en cuando, en mi Diario.
El cuarto de trofeos guarda lo siguiente:
- La pistola de McGonnagal.
- Las tres llaves que me ha dado Beatriz.
- La cabeza de Mindar.
- El alma del súcubo Galloria, guardada en un frasquito con formol. Me he quedado con sus ojos.
Hay en mi barco, un cuarto más que no puedo abrir y necesito otra llave adicional… es “El Cuarto de los Espejos”. Se me ha hecho un dato curioso y no tengo prisa en abrirlo, porque me dan miedo los espejos… cada vez que me miro en uno, encuentro un reflejo deformado de mi mismo, como “El grito” de aquella famosa pintura.
De vez en cuando, aparece un angel y sigo cargando conmigo un plumón para pintarle bigotes y siga pareciendo un reflejo monstruoso.
Reflejo-contrarreflejo. ¿Han pensado en ello? Todos nosotros, en cuanto a nuestro arte se refiere, somos el reflejo torcido de alguien más a fín de crear nuestra propia originalidad. Hay un foco de inspiración que nos guía, de manera inconsciente y cuando abrimos los ojos, nos damos cuenta que esa inspiración o chispazo que creíamos original y único, proviene de un antecesor. Un antecesor que bien podríamos ser nosotros y no serlo.
Me pregunto… ¿De quién soy reflejo? ¿O soy yo el contrarreflejo? ¿Qué imagen saldrá en el espejo? ¿La de algún escritor famoso que me ha inspirado a escribir este diario?
Reflexiones, a los treintaicuatro días y treintaicuatro noches de terminar esto.
Carta de Agustín Fest:
Siguey leyendo →
|
Tags: Agustín-Fest, árbol-de-los-mil-nombres, carta, contrarreflejo, cuarto-de-los-espejos, Cuarto-de-Trofeos, día-64, delfín, diario, Galloria, inspiración, llaves, McGonnagal, mindar, niño-mago, personajes, pistola, reflejo, repetición, rottweiler, súcubo, simón-dor, trofeos
Junio 13, 2003 — El Viaje de Simón Dor, Un tal Simon Dor.
Escrito por Agustin Fest.
Querido Diario:
En el cuarto de trofeos se encuentran ya las tres llaves que me entregó el fantasma de Beatriz, la pistola de McGonnagal y la cabeza del rottweiler, a quien cariñosamente he nombrado Mindar. En el camino me encontré con las puertas del Cuarto del Jardin y el Cuarto de Juegos. De nuevo escuché la risa combinada con el viento.
El cuarto de máquinas ha dejado de hacer ruido, misteriosamente, después de aquella plática con Beatriz ella ha guardado silencio. Ella y las máquinas han empezado a hacer ruidos muy suaves… casi como las olas de ésta mar oscuro reflejando las nubes grises.
Es un mar bastante horrible, pero a mi me gusta. Me siento en casa.
Voy por la vereda tropical
He decidido abrir el Cuarto del Jardín y el Cuarto de Juegos, los dos polizontes han salido y han encontrado acomodo en la proa… un árbol cuyas raíces se mueven como pies y sus cabellos son como ramas llenas de hojas. El Árbol de los Mil Nombres, se hace llamar y siempre susurra cosas sin sentido.
—Tosaf, Danag, Terethas —eso dijo el Árbol y después, se acomodó en la proa y como un roble, se ha quedado ahí, plantado. En el cielo se abrieron las nubes y le cae el sol, un sol debil y filtrado por las nubes grises, pero el sol al fin y al cabo.
Es casi como llevar mi faro personal, que hermoso, JA-JA.
El otro polizonte, es aquel niño que creí haber olvidado… el niño que aventó su cuaderno y se fragmentó en millones de mariposas amarillas. El niño que me platicó de la magia del mundo y que yo podía verlo. Le he dicho que hasta aquí me ha traído su magia, a este mundo oscuro y decadente, el niño, naturalmente me ha ignorado y se fue rápidamente a donde está el árbol y se sentó en su corteza.
Los dos polizontes me ignoran en silencio. Por más trato de hablarles, ellos me ignoran. De vez en cuando platican en silencio, para que yo no los escuche… cuando yo me acerco, se hace el silencio y fijamente, miran hacia el horizonte sin que nada les interrumpa.
Son como estatuas, como los símbolos de la proa de mi barco… el árbol y el niño mago. La corteza del árbol se mueve constantemente para formar letras, combinaciones de nombres y cosas así… nunca está estática, a diferencia de él que por lo general se queda quieto. El niño, sin embargo, dibuja con sus dedos en el viento cosas que se materializan y al rato, desaparecen. Los dibujos de un niño con crayolas… he descubierto, que ha utilizado mi diario también para adornarlo con dibujos… de vez en cuando, verán un dibujo.
Me disculpo por la mala educación del chamaco, mientras no me moleste a mí, creo que estamos bien.
Esto es lo que ha sucedido… todavía quedan treintaisiete días con sus treintaisiete noches.
|
Tags: árbol-de-los-mil-nombres, beatriz, cabeza, Cuarto-de-Trofeos, día-58, diario, líneas-de-canciones, McGonnagal, mindar, niño-mago, personajes, pistola, polizontes, rottweiler, simón-dor, vereda-tropical
Junio 13, 2003 — El Viaje de Simón Dor, Un tal Simon Dor.
Escrito por Agustin Fest.
Before you slip into unconsciousness
I’d like to have another kiss
Another flashing chance at bliss
Another kiss, another kiss
The Doors, “Crystal Ship”.
…y la miró.
Translucida, con un vestido azul y veraniego, con los ojos de mujer y el cuerpo de niña de hace tantos años que una lágrima corrió su mejilla sin permiso. El dedo que estaba temblando en el gatillo dudaba si apretarlo o soltarlo. Simón Dor quería paz.
—Suelta esa pistola, este no es el momento —dijo el fantasma de ella. El fantasma de Beatriz, el fantasma de Cecilia. El Fantasma del pasado.
—Nunca ha sido el momento —susurró Simón.
Simón Dor medio despertó del trance y sintió la tibiedad de su rostro marcada por la lágrima. ¿Cuántas veces había inventado ese fantasma? De todas esas veces, ésta era la primera ocasión en que lo sentía tan intenso y tan marcado en su piel y su cuerpo que respiraba lentamente, a pesar del intenso temblor en la mano que sostenía la pístola contra su sién.
El fantasma se movió al centro tranquilamente y desafió la mirada media perdida en el trance de Simón Dor. Luego sonrió levemente y bajó un poco los ojos.
—Si te lo pido por favor… ¿bajarás esa pistola? Me asusta, me asusta un poco—repitió el fantasma de Beatriz.
—Es la primera vez que hablamos tú y yo —respondió Simón… bajó la pistola y se la ciñó al cinturón—. Porque está claro, que tú y yo nunca hemos hablado… lo has hecho con…
—Sé con quién lo he hecho —respondió Beatriz nuevamente con su sonrisa—, pero tú me inventaste e hiciste bien… intentaste ayudarlo, es todo. Ahora a quienes menos necesita, es a tí y es a mí.
—A ti siempre ha de necesitarte.
—¿Por qué le mientes?.
—Él hubiera podido abandonarte en cualquier momento.
—Pues no lo ha hecho y si seguimos así, no lo hará —respondió Beatriz y se acomodó el cabello largo… le había crecido bastante desde la última vez que la recordaba, con el cabello atado en una cola de caballo. Ahora lo traía suelto, ahora … era mujer. Un fantasma que había crecido como ellos dos lo hicieron.
—¿Es por eso qué te haz metido aquí? ¿Para abandonarle tú?
—Sabes que eso es una mentira, porque aún así, no nos ha abandonado… tú viaje y el de él, son paralelos. Dependen el uno del otro, porque son simbiotes. Si uno muere, el otro irremediablemente ha de morir.
—¿Entonces qué haces aquí?.
—¿Por qué navegamos en éste mar?.
Simón Dor.
—Por qué queremos morir Garrity, ¿por qué si no?, ¿por qué si no?.
Siguey leyendo →
|
Tags: beatriz, Crystal-Ship, distorsión, duelo, encuentro, fantasma, homenaje, irrealidad, líneas-de-canciones, pistola, silencio, suicidio, The-Doors
Junio 12, 2003 — El Viaje de Simón Dor, Un tal Simon Dor.
Escrito por Agustin Fest.
Simón Dor dejó a su Diario descansar, todavía faltaban treintaiocho días con sus treintaiocho noches y ya se sentía cansado. Aunque eso rayaba en la obviedad: Simón Dor siempre estaba cansado. Cansado de arrastrarse por la vida y cansado de deslizarse inevitablemente a su muerte. Se asomó por la pequeña ventana de su cuarto y se perdió en el mar oscuro al que curiosamente había llamado Yenén.
Fue despertado de su trance por el ruido del cuarto de máquinas, sobre todo aquella pregunta insistente que decía: “¿Dónde estás Simón? ¿Dónde estás Simón? ¿Dónde estás Simón? ¿Dónde estás Simón? ¿Dónde estás Simón?”, martillándole lo que restaba de su cabeza, de su corazón y de su alma.
El Señor Dor se levantó de su asiento y entró al cuarto de trofeos, agarró la pistola que el pirata McGonnagal le había dado en un arranque suicida y se la ciñó al lazo que sostenía su pantalón. La cabeza de Mindar, la cual también descansaba en el cuarto de trofeos, lo miró atento con ojos grandes de Rottweiler (siempre tranquilos y al mismo tiempo, furiosos). Naturalmente, Simón Dor evitó su mirada, porque a él le daban muchísimo miedo los perros… inclusive éste que le había protegido de los piratas.
Salió del Cuarto de Trofeos y bajó al Cuarto de Máquinas de su barco Mojalnir. El ruido mecánico se hacía estridente, pero no importaba, el ruido era opacado con la voz preguntándole constantemente: ¿Dónde estás Simón? ¿Simón? ¿Simón?
-Mi cabeza está flotando -respondió Simón distraido a la pregunta del fantasma que moraba el Cuarto de Máquinas. Había escuchado durante la noche más ruidos y más gente escondida en su barco, pero el fantasma era el que más insistía ésta noche y era al primero al que tenía que conocer (y que irremediablemente, le había perseguido desde el momento en que nació).
¿Dónde estás Simón?
Los otros estaban en El Cuarto de Juegos y El Cuarto del Jardín. Nunca les había visitado y la verdad, es que no deseaba visitarlos todavía… ya sabía de quienes se trataban. Uno se reía durante el día y el otro emulaba el ruido del viento… había pasado por los cuartos ya antes, sin querer abrirlos. Primero debía hacerse cargo del fantasma.
¿Dónde estás Simón?
El pasillo le llevó a la puerta del Cuarto de Máquinas, Simón Dor en movimientos involuntarios, sacó la pistola del cinturón y se la puso en la sién, como en un trance inevitable y hasta cierto punto, congruente con su existencia. La mano derecha se acercó temblorosa al picaporte de la puerta y los ojos se le abrieron más, haciéndose notar entre todas las arrugas de su vejez.
¿Dónde estás Simón?
La mano se cerró alrededor del picaporte y lo giró. Se hizo un silencio terrible donde Simón podía escuchar los propios latidos de su corazón que no tardaría en quebrarse o explotar. Se lo imaginó como una pulpa sanguiñolenta, arrastrándose como una babosa en el interior de su cuerpo hasta llegarle a la vejiga.
Había leído por ahí que lo peor que podía hacer era orinarse o cagar, que debía controlar su esfinter antes de morir tan sólo por conservar la elegancia, y eso es lo que iba a hacer.
Simón Dor abrió la puerta…
…y la miró.
|
Tags: beatriz, cansancio, cuarto-de-máquinas, dónde-estas-Simón, homenaje, líneas-de-canciones, McGonnagal, mindar, Muerte, perdición, perro, pistola, Pixies, simón-dor, trance, where-is-my-mind
Junio 11, 2003 — El Viaje de Simón Dor, Un tal Simon Dor.
Escrito por Agustin Fest.
Querido Diario:
¡PAZ! ¡PAZ! Screeeech Screeeech ¡Zahum! ¡Zahum! ¿Dónde estás Simón?
¡PAZ! ¡PAZ! Screeeech Screeeech ¡Zahum! ¡Zahum! ¿Dónde estás Simón?
¡PAZ! ¡PAZ! Screeeech Screeeech ¡Zahum! ¡Zahum! ¿Dónde estás Simón?
Así suena el barco, en las noches… específicamenete el cuarto de máquinas.
¡PAZ! ¡PAZ! Screeeech Screeeech ¡Zahum! ¡Zahum! ¿Dónde estás Simón?
El fantasma de Beatriz insiste en que baje a mirarle, a visitarle, a dejarme perder en su falsa esperanza. Se ha metido de polizón en mi barco, Mojalnir, en mi viaje en éste mar oscuro de Yenén. Así suenan sus suplicas mezcladas con el ruido de las máquinas que hacen andar este pobre barco.
¡PAZ! ¡PAZ! Screeeech Screeeech ¡Zahum! ¡Zahum! ¿Dónde estás Simón?
¿Me pregunto quién más estará aquí adentro de polizón? Nada, ni nadie, puede ser peor que el recuerdo de Beatriz… que es tan intenso, que en las noches me despierta sudando frío o con la tristeza nostálgica de no poder mirar la luna prisonera de las nubes malditas allá, allá en el cielo.
¡PAZ! ¡PAZ! Screeeech Screeeech ¡Zahum! ¡Zahum! ¿Dónde estás Simón?
¡PAZ! ¡PAZ! Screeeech Screeeech ¡Zahum! ¡Zahum! ¿Dónde estás Simón?
¿Qué donde estoy? Por supuesto que aquí, en mi habitación, con la luz de una vela que nunca ha de extinguirse. Estoy escribiendo mi diario, en la mesita se encuentran mi cenicero, mis cigarros y mi botella de tequila a medio consumir. ¿Así se habrá sentido Poe? ¿A esa magnitud habrá llegado su enfermedad, cómo para inventar un fantasma que le perseguía mientras escribía? No lo sé.
El problema entre Poe y yo…
¡PAZ! ¡PAZ! Screeeech Screeeech ¡Zahum! ¡Zahum! ¿Dónde estás Simón?
…es que mi fantasma no es inventado.
Tal vez deba platicar con ella ésta noche, ¿será hora de usar la pistola de McGonnagal? Tal vez no, todavía no. ¿En quién podría usarla que no fuera yo? ¿Será la pistola de McGonnagal capaz de matar a un fantasma?
No es el momento de usar la pistola y tengo el presentimiento de que la única bala que tiene, está reservada para mi cerebro.
Todavía quedan treintaiocho días, con sus treintaiocho noches.
|
Tags: barco, beatriz, día-56, diario, Escribir, fantasma, mar, McGonnagal, pistola, polizontes, simón-dor, sonidos, tequila, viaje, Yenén
Junio 10, 2003 — El Viaje de Simón Dor, Un tal Simon Dor.
Escrito por Agustin Fest.
Querido Diario:
He puesto la pistola de McGonnagal en un “salón de trofeos”, ahí estará hasta que sepa cuál será el uso que tenga que darle.
Hoy desperté llorando y con lo que me resta de su fotografía. El viento hacía un escándalo tremendo dentro de esta pequeña habitación, azotando mi humilde ventana y no he hecho más que ver este paisaje oscuro, hasta el horizonte, de agua negra y nubes grises. Swoooooosh… Swooooooosh… el agua, el mar que se mueve de manera interminable y en su murmullo carga los recuerdos.
He despertado llorando y con lo que me resta de su fotografía. El fantasma de ella está escondida entre la maquinaria del barco, haciendo ruidos fantasmales y llamándome a cada minuto: “¿Simón? ¿Dónde estás Simón?”. Ese fantasma que me persigue, que me atormenta, que me ilumina en las noches que me gustan negras hasta el cansancio. Una iluminación falsa e irreal, la pequeña desesperanza del hombre que se hace llamar esperanza de volver a verla, conocerla y sentirla. Aunque sea un énte ectoplásmico con una mantita encima y unos agujeritos haciéndose pasar por ojos.
Es así, que el segundo recuerdo que se abre paso para poder salir del mar oscuro e iniciar el viaje al pasillo de la muerte, dice así (escrito por Agustín Fest, que ha escuchado mis recuerdos desde el inicio y me ha mandado esta carta): Siguey leyendo →
|
Tags: Agustín-Fest, beatriz, carta, Cecilia, cuento, desamor, desesperanza, dolor, dualidades, duelo, esperanza, fantasmas, fotografía, homenaje, llorar, mar, McGonnagal, nostalgia, pasillo-de-la-muerte, perdición, pistola, recuerdo, salón-de-trofeos, sobrenatural
Junio 10, 2003 — El Viaje de Simón Dor, Un tal Simon Dor.
Escrito por Agustin Fest.
Querido diario:
Ya agarré la costumbre de llamarte “Querido diario”, aunque en días anteriores no lo hacía. Ya era hora, ¿no lo crees? Tal vez debiera darte a ti también un nombre. Si he osado llamar al mar con el nombre de Yunén y al barco Mojalnir, tal vez tú debieras llamarte: Apocalipsis.
Nah, demasiado malo.
Malísimo.
¿Cómo se me pudo ocurrir llamarte así?
No suena bien cuando dices: “querido apocalipsis”, aunque hay un contraste maravilloso, ¿no lo crees? ¡Oh! ¡Ya lo tengo! ¡Haz de llamarte Ragnarok!
Empezaremos de nuevo.
Querido Ragnarok:
Hoy tuve mi primera confrontación con un barco pirata mientras se daba una tempestad. Un hombre contra treinta aguerridos marineros, con dientes amarillos y pañoletas cubriéndoles el cabello graso. Fue terrible y si fuera buen narrador tal vez te platicaría como hice para vencer.
Ragnarok suena peor que Apocalipsis.
Mucho peor. Peor que los treinta piratas que abordaron éste barco el día de hoy.
Peor que las manchas de sus dientes y su aliento draconiano.
Olvidémoslo… empecemos de nuevo.
Querido Diario:
Con D mayúscula para que se sepa, que ese es su nombre único y verdadero. Hoy me atacaron treinta piratas en éste furioso mar Yunén y maté a todos y a cada uno de ellos. Si fuera narrador, describiría con precisa exáctitud como fue el que gané esta dura batalla, pero no podría mentirte. La verdad es que yo no gané la batalla.
Fue la cabeza del perro del vecino, al cual, cariñosamente, he de llamar Mindar. Ésta salió como un demonio recién nacido de las profundidades de mi barco para acudir a mi auxilio y sus dientes poderosos quebraron los huesos y comieron las carnes de todos los marineros que amenazaban mi empresa.
Bueno, de todos, excepto uno.
—Mi nombre es McGonnagal —dijo el pirata y me entregó una pistola—. Haz de necesitarla cuando el momento sea justo.
Después de ello, el pirata saltó solo al mar y se hundió en sus profundidad oscura.
Mindar regresó a su agujero en mi barco. Y la tempestad seguía azotando los mares. No se preocupen, yo también me pregunto como las lluvias todavía no han destrozado a mi querido Mojalnir.
Debe ser que yo he inventado la tempestad y probablemente, también inventé a los piratas. Yunén es mi prisión inventada y he de navegar aquí, hasta que mi invento se termine.
¿Y cuándo terminará?
Cuándo decida dejar el mito para hacerme Real. Es por eso que debo aceptar que es mi hora, la hora de viajar en el pasillo de la muerte y hacer las preguntas que he querido desde hace tanto tiempo.
Buenas noches, Diario.
|
Tags: Apocalipsis, conflicto, día-54, diario, distorsión, homenaje, mar, McGonnagal, mindar, Mojalnir, nominación, pasillo-de-las-imágenes, piratas, pistola, preguntas, Ragnarok, rottweiler, simón-dor, viaje, Yunén