Diciembre 3, 2005 — Hojas, Otras Artes, otros blogs.
Escrito por Agustin Fest.
Gracias a B3co y sus fotos en flickr, me dieron ganas de ir al Museo Soumaya, así que me llevé mi hermano, mis últimos cien pesos, y nos empapamos un poco de cultura. Yo siempre he sido muy malo para ir a los museos, porque no anoto nada y la mayoría de las cosas se me olvidan… por ejemplo, el nombre de las obras o sus artistas. Aunque, gracias a los años (jie), (realmente) aprecio distinto el arte clásico, sobre todo si a pintura y escultura se refiere. La sala de Julian Slim (con esculturas de Rodin, en su mayoría) fue, sencillamente, increíble.


Victor Hugo (mi hermano), en cambio, miraba las pinturas y me decía—: Ese sería un buen stage de MUGEN. O bien, miraba una escultura y me comentaba—: Oye… ¿Rodin esculpió esa mano haciendo huevos? Ajem… si, apreciar el arte, o algo así, toma sus años (al menos callarse lo evidente, supongo).


En fin, si eres del DF o si te animas a venir, estas cordialmente invitado a visitar el Museo Soumaya… sobre todo ahorita que tienen su exposición temporal “Seis siglos de arte, cien grandes maestros”. Ver al Greco a un metro de distancia nunca hace daño. Diez varos la entrada y así te evitas mirar mis fotos que parecen como la versión pirata.

(Y un regalo para mi novia, a pesar de mis fotos chafas y todas movidas… le dejo a San Jorge [en sus dos representaciones]).



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Septiembre 11, 2003 — Cuenta-Cuentos, Cuentos.
Escrito por Agustin Fest.
Benson fue un hombre malo, cargaba con el asesinato de toda una familia y cuando escapó de la cárcel antes que lo ejecutaran ya era demasiado tarde para preguntarse como su vida había llegado ahí. Se sonrió y se acarició el rostro lleno de cicatrices, manchándolo de sangre: Había sido tarde toda su vida. Ya ni siquiera recordaba por qué había matado al padre, a la madre y a la hija. Benson fue un hombre malo y ya no quería recordarlo. No quería preguntarse como su vida había llegado hasta ahí.
Corrió por el bosque maltrecho y húmedo que estaba a unos cuantos kilómetros de la cárcel, pronto se darían cuenta de que había escapado. Si no es que se habían dado cuenta ya. El detective Cariotti estaba al pendiente de él todo el tiempo. Un detective gordo, con barba mal afeitada y bigote de cerdo, una voz chillona y decían que cuando mordía a su presa, no la dejaba ir. Cariotti lo había mordido a él, por ser un hombre malo, pero eso ya no importaba. Si seguía corriendo estaría lo suficientemente lejos y no habría posibilidad de que lo detuvieran… estaba acostumbrado a correr en los bosques, desde niño los conocía ya que su padre fue un leñador y más tarde, el también lo había sido. Le fascinó el bosque de niño, aprendió a conocer los sonidos e identificó a los árboles por nombres. Fue donde hizo el amor por primera vez y también donde tuvo sus primeros besos.
Apretó los dientes dolido… fue un hombre malo y no le gustaba recordarlo. No le gustaba ser malo. La familia no había sido la primera en sufrir cuando todo se volvía rojo y le entraba el impulso. El primero fue el velador del cementerio donde antes estaba la pintora enterrada, de él si podía recordar los motivos… había pasado tanto tiempo buscando el cementerio y cuando le dijo que el cuerpo había sido cambiado de lugar, le había dolido tanto que todo se volvió rojo y violeta. Cuando despertó el velador estaba muerto y él había sido malo.
No le gustaba recordarlo y las manos de Benson gotearon sangre que dejó un rastro en las hojas caídas del bosque.
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Noviembre 3, 2002 — Un tal Simon Dor, favoritos.
Escrito por Agustin Fest.
Día 18
Tengo en mis manos polvo de Arte, ¿sabes cómo funciona diario querido? Acércate, te lo diré al oído… porque el polvo de arte es similar a hacer el amor. Pasas una mano por sus delicados muslos, que son como frases delicadas o colores pasteles con un brillo en el centro, como la noche estrellada de van gogh… las manos se mueven hacia arriba, acariciando el vientre de un cuerpo de Botero, deliciosa música de Beethoven incrusta el aire y se convierte en la Oda de la Alegría cuando los dedos aprietan girasoles o manzanas de naturaleza muerta que se enciende en vida. Un beso significa el descubrimiento de la luz y la sombra, el contraste de matices que evocan sentimientos del pasado. Los cabellos simulan un cuadro de Monet en diversas tonalidades y es obvio que la sonrisa es de Mona Lisa. Enigmática, profunda.
La nostalgia en polvo de arte se convierte en el Adagio de Albinoni, y la esperanza son los diversos Opus de Tchaicovsky o la inmensidad de la Capilla Sixtina, que nos hace sentir insignificantes y abre nuestros ojos a tal extremo de creer que verdaderamente es una obra divina y tan solo es humana. La inocencia y la pureza de un desnudo es el David y la triste reflexión o el momento antes de una decisión es El Pensador. Y si recordamos nuestro ancestro pasado, el Polvo de Arte gustoso nos lleva a pinturas rupestres en Francia, podemos imaginar los tambores africanos circulando al ritmo de nuestra sangre y en el viento se puede oler la mezcla de hojas y sangre de insectos que llevaban los patrones Aztecas.
Nuestros ojos asemejan la fotografía de un 1910 o 1920, con un indio sioux evocando a los espíritus del águila, el halcón, el oso o la hormiga, no lo se. Nosotros somos Polvo de Arte, así como la Magia existe en el mundo, las driadas y las sirenas y los sátiros y las ninfas llevan sus enseñanzas, tocando los instrumentos y pintando los colores en el mar de nuestra propia alma.
Allí estaba, su falda se pegaba a las nalgas que bien formadas por el ejercicio, se presumían ante mi. Sus ojos azul claro, su cabello liso y perfecto. Yo toqué sus manos y le tuve que besar los labios, como si fuera un principio, ahí estaba ella… y casi creí sentirme enamorado.
Mis manos perdieron caso al dueño, la moral se derrumbó cuando se deslizaron debajo de su armadura de algodón, sus labios suspiran frases que jamás serán escuchadas y entre la ausencia de oxígeno escucho mi nombre y ahí empezó mi falso amor.
Mis labios se encarnaron alrededor de su cuello, abrieron una entrada a su cuerpo y penetré en su espíritu antes de penetrar en su cuerpo, el hilo de seda de su cabeza acarició mi rostro enterneciéndolo, enrojeciéndolo a medida que me acercaba más a ella. No pude evitar subir su falda y ella, sencilla, se rindió.
No protestó cuando la presentación física, sus manos quietas encadenadas por las mías y su cuerpo doblado, sus ojos cerrados y su boca entrecerrada, mi nombre se escucha, mi nombre se pierde, los gritos ya son sin sentido y yo, con mis manos en su espalda, empujando su pecho contra el cielo y atravesando la jungla de su falda para llegar a mi tesoro escondido.
No pude parar y bien parado estaba… y bien parado estaba, ya no pude parar.
Hasta que desperté sudando frío.
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