Escribir, escribir, escribir. Imaginar. Escribir de nuevo. Hacerlo sin propósito, nada más por qué sí. Parece una tarea inútil. Nada que documentar, nada importante que decir. Nada. Es aventarse al vacío, cubrir las expectativas, continuar el ejercicio. El temor es que esto se convierta en rutina y escribir algo similar mañana. En todo el blog hay anotaciones de este estilo. Mientras tanto, en silencio reviso algunas tareas pendientes, escritos incompletos y bocetados. En otra parte, pienso historias que probablemente podría escribir y que deshecho, porque mi editor interno esta muy acostumbrado a deshecharlo todo. ¿Será la edad? ¿El tiempo? ¿Flojera? Por otra parte, hago pequeños cambios en este blog: elimino el tagboard porque provoca problemas, cambio de lugares ciertas cosas, sigo editando tags y favoritos. Quien sabe si la gente las use, pero mantiene este lugar vivo, ocupado, reinventándose. El día de hoy, Magenta me tomará más fotografías. “Siempre y cuando no sea desnudo”, bromea mi mujer. No he pensado en ello. No tendría problemas en desnudarme, sin embargo, hay poco valor en mi desnudez: demasiado gordo, demasiado fofo. Me parece que no soy nada interesante desnudo. En la sesión anterior me pedía que hiciera cara de malo, pero no me sentía malvado, ni perverso… hay momentos para eso.
Por ejemplo, el día de ayer, que le miraba las nalgas a una cualquiera.
Puedo decir, que es la primera vez que me cae mal una persona… realmente muy mal, tan es así, que he estado buscando la manera de picarle con trinchete. Se ha vuelto casi una obsesión y es una de las primeras cosas en las que ocupo mi tiempo cuando no tengo nada que hacer. Antes no me caía mal. Antes, de hecho, me sentía identificado con él en cierto modo, hasta me hubiera gustado ser su amigo… le admiraba en cierta forma, a todas las personas que me agradan, inmediatamente les busco sus cualidades y de ahí, procuro trabajar mi respeto y mi cariño hacia esa persona.
Pero él dejó de caerme bien, hace mucho, mucho… mucho tiempo.
Pero se siente tan bien cuando tienes alguien quien te cae mal, y me divierte demasiado que sea así. Ya estoy preparando situaciones hipotéticas.
Me he puesto a maquinar en mi mente, un café donde nos reunamos unas cuatro o cinco personas. El tipo en cuestión, se presentaría con su novia y yo con la mía. A mi me purga la manera en como trata a la suya, siendo ella una persona tan paciente para sus arranques, toda una dama la mujer. Una persona inteligente, que tiene plática.
Aunque bien escuché por ahí: “Cada Tarzan tiene su Jane”, debe ser cierto, que ella le aguanta unas mamadas de tamaño cósmico universal mágico surrealista impresionista geroglígico músical. Y no, no hablo en doble sentido. Es en el sentido literal de la palabra.
Si… ya sé que haría. Me pondría a hacer comentarios sutiles y picar con trinchete en ciertos puntos, casi lo haría como un accidente… comentarios estilo:”Perdón, no quería decir eso, pero lo dije con toda la intención… sencillamente,porque me cagas”. Abrazaría a mi novia, le daría de besitos. El tipo, saldría de malas y se desquitaría con su novia. Lo conozco, porque así es. Es de ese tipo de persona egoísta que cuando todo le sale mal, se le viene el mundo encima y busca más problemas. Me sonreiría y ya no me importaría si el día de mañana se arregla con ella o no. Eso no es de mi incumbencia.
La verdad es que no podría hacerlo, porque bueno… la novia me cae demasiado bien como para proponer tan siquiera, una de esas situaciones hipotéticas.
O podría hacer una pequeña victoria personal. Podría verlo un día de estos y preguntar si podemos tomarnos una foto juntos. Veo difícil que él lo acepte, tendría que ser, de nuevo, en una reunión. Publicaría la foto en internet y enseñaría al mundo que soy su amigo, que de veras soy su amigo… miren, miren… él la vería, y por supuesto, se le revolvería el estómago. Lo conozco, hablaría de mi hipocresía, o aludiría a las mentiras, o tal vez, dedique todo un largometraje a lo perverso que soy. Y después, se desquitaría con sus amigos y en el peor de los casos, con su novia.
Mal, mal, mal.
Así que todo se quedará en esta imaginación perversa que luego me asalta, y me divertiré riendo de repente, pensando en todas las cosas que podría hacer para que se le revuelva el estómago… a ese cabrón hijo de puta.