Ya regresé de Colima, como algunos de ustedes se habrán dado cuenta. Ayer no tenía ganas de platicar acerca de mi emocionante regreso de 10 horas en un camión del ETN. Sólo les puedo decir que mis posaderas aún lo están resintiendo y qué rico es cuando uno alcanza a roncar primero que todos los demás.
Colima es muy bonito, muy tranquilo a comparación del D.F., es limpio, no tiene perros callejeros, se ven las estrellas… wow, la última noche estaba yo decepcionándome porque no me había tomado el tiempo de verlas, pero se dio un momento en el que alcé la mirada y ahí estaban todas juntas. Son ciertos los dibujos de los antiguos… hay mantos llenos de estrellas todavía.
Lo único que tiene de malo, probablemente, es la abundancia de insectos. (Lo siento, les tengo pavor, les tengo una fobia inmensa). No soporto los insectos. Sales en la noche y caminas en una calle, los puedes escuchar. Es hermoso escuchar mil grillos al mismo tiempo, mientras no se me presenten visualmente, todo está bien.
Ah, y podemos decir que el calor… pero bueno, el calor lo obliga a uno a ir a Soriana y ahí es donde uno encuentra a las señoritas colimenses… ¡Oh qué desfile! La mayoría de falda, las que no, pantalones a la cadera. Blusas de esas, frescas, frescas, para los calores.
Estaba yo, sencillamente, anonadado.
Lástima que no llevaba la cámara en los momentos que iba en Soriana, pero then again… si la hubiera llevado, me hubieran visto raro… pero then again… no me conocen, so?
Creo que no hay nada más que comentar por el momento, así que les mando un saludo y gracias a los que andan por ahí.






