Agosto 25, 2003 — Fractal Chaos.
Escrito por Agustin Fest.
Es uno de esos días.
Maaaalos… maaaalos….
si, tan sólo es uno de esos días.
Muy malo.
Mi símbolo más antiguo,
es Tsef Thaed.
Es el símbolo del Ávatar.
La conciencia de que Dios no existe
y soy su hijo caminando en la tierra
para alcanzar la perfección.
Un Ávatar, contrario a lo que se piensa…
no sólo es el concepto/personaje/ícono que eliges,
para representarte en la red.
Aunque todos lo usamos así, y si le buscamos
el meollo filosófico: “Nosotros somos Dios
y creamos a alguien, a nuestra imagen y semejanza
para caminar con nuestro nombre en este
vasto medio”.
Claro que lo es.
Unos elegimos un personaje tranquilo,
otros elegimos un personaje distinto a nosotros…
(moldeable en cada aspecto), y sin embargo,
sigue
siendo
el
mismo.
Yo, mi avatar.
Mi primer Avatar: Tsef Thaed,
lo hice tan yo, como fue posible.
Un hombre complejo.
Un hombre imperfecto.
Un hombre, amante de los laberintos.
Un hombre, amante de la vida y que se ríe de la muerte.
Un hombre, que odia la vida y abraza la muerte.
Una contradicción.
Bienvenido, Tsef Thaed.
Regresando al meollo del Ávatar:
El Ávatar es la reencarnación de Dios
en la tierra. Según los hindús.
Pienso que todo inició con Vishnú.
Si, fue Vishnú… y si no, Khali.
Después, el concepto se extendió.
Mucha gente lo utilizó para su imaginación,
entre ellos… un tal Ultima (de Origin),
¿no sé si recuerden el video-juego?
Yo era un jovencito influenciable.
Necesitaba aferrarme a algo.
Me aferré a tantas cosas que hice mil laberintos
El Avatar de Ultima, tenía un concepto interesante:
Y creo que celta, o tal vez, nórdico.
La gente juega con la mitología, para crear nuevas.
Y es que el Avatar debía ser un guerrero que
profesara las siete virtudes.
Siete virtudes que ya no recuerdo.
Honestidad, Compasión, Valor, Justicia, Sacrificio, Honor, Espiritualidad, Humildad.
Elegir el nombre de mi Avatar fue sencillo.
Había muerte por todas partes y un deseo de resurrección.
(el símbolo del fénix).
(el símbolo de los cuervos, mensajeros de la muerte, en la edad media).
(y después, el señor de todas las respuestas. El hombre que habría de responder y juzgar cada paso).
La primera palabra, obligada… fue Death.
Invirtámosla: Thaed.
La segunda palabra, Fest.
Yo he tenido problemas con mi apellido.
Los psicólogos Freudianos dicen: “No has resuelto tu Edipo”.
Eso dicen, yo no sé.
La gente era más tranquila antes de saber del psi-co-a-ná-li-sis.
Tsef. Fest. Reflejo - Contrarreflejo.
Tsef Thaed. Celebración de la muerte en el espejo.
Y bien…
No-celebración de la vida tal como está.
Ese fue mi primer Avatar.
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Agosto 13, 2003 — Enigma, Intento ser Escritor, Vida diaria, favoritos.
Escrito por Agustin Fest.
Antes de dormir, acostumbraba prender una veladora aromática que era un sano rito al que se había acostumbrado sin querer. Primero fue porque paseando encontró una tienda que las vendía y le gustó el aroma de una azul oscuro en forma de luna. Se la llevó y la prendió todas las noches, hasta que la luna se derritió y el aroma se fué. No hubo problema, se acostumbró a comprar una vela cada que fuera necesario. Asimiló con gusto el rito y lo practicó cada noche.
Prender con fuego a la luna y cuando esta menguara, comprar una luna nueva.
Se sonrió, le gustaba acostumbrarse y le encantaba asimilar.
El segundo rito, fue cuando se cortó por error con un papel uno de sus dedos, un miércoles por la noche. El impulso fue llevárselo a los labios y chuparlo. Le dolía mucho. Sus ojos, jugándole una travesura, lo arrastraron al papel blanco que sangraba carmesí y fascinado, observó como la pequeña gota de sangre se extendía hasta que no pudo más. La herida del papel estaba cicatrizando, le pareció y se sonrió. El tiempo no había cicatrizado, porque seguía observando la mancha roja del papel. Hasta que se decidió tirarla a la basura.
El siguiente miércoles, volvió a cortarse y miró al papel sangrar. Ya lo había asimilado. Incluso interpretó el mismo rostro de dolor, cumpliendo el rito al pie de la letra.
Paulatinamente, otros sanos ritos fueron asimilándole y él fue asimilándolos. Hasta llegar al punto que los que le conocían, pensaban que su vida no era una rutina, sino algo espontaneo. Ya que había ritos que debían ser cumplidos en tiempo, o en espacio o después de una serie de situaciones. Con maestría se había entrenado para cumplir todos los ritos al pie de la letra y darles un orden prioritario. Era difícil cuando tres o cuatro rituales se le juntaban.
Entonces, conoció a la mujer que a la fecha, todavía no puede describir.
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Julio 25, 2003 — El Viaje de Simón Dor, Un tal Simon Dor.
Escrito por Agustin Fest.
Día 80
Querido Diario:
Restan siete días, con sus siete noches… curioso, es el número de la perfección, según decían los católicos. O tal vez divago. Los cristianos, los católicos, los budistas, los islamitas y los mormones, ninguno de ellos me cae bien. Así es, querido Diario, estoy haciendo trampa y estoy diciendo que no me cae bien el noventa por ciento de la población. ¿Por qué habría de mentirte? Tampoco me caen mal, sólo me son… manchas borrosas, gente que quiere aventar sus incompatiblidades a otra gente y viceversa, entes amorfos, llorantes pensantes. Por supuesto, no me excluyo, pero al menos soy discreto y no busco molestar a los demás, son los otros si decidirán si molesto.
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