Anoche me olvidé de hablar con Dios

Fue anoche.
Cerré los ojos y me olvidé, tan simple.

No puedo hablar con Dios cuando viajo al pasado, como los árboles que se olvidan de dar frutos en invierno. Se ocupan en mecer las pesadas ramas y adornarse de nieve. Así es en invierno. Así es cuando recuerdo.

Hace poco regresé al lugar del origen y no pude resistir darme un paseo por los abandonados juegos que hay en el mercado donde mi abuela solía vender zapatos. También pasé enfrente de la escuela, ha cambiado mucho. Me gustaba mi escuela cuando era de color rojo sangre, un rojo oscuro y oxidado. Ahora la han pintado de verde metálico y al mirarla así me costó trabajo recordar como era cuando bajaba las escaleras corriendo, cuando me paraba en el barandal para mirar a la gente desde arriba (a veces lo hago en la UNAM, a veces lo hago en la azotea de la oficina, un cigarro en la boca.)

Me metí al mercado y muchos de los señores y señoras que conocí en mi niñez, siguen en sus puestos, vacíos, de poca gente. Ese mercado abandonado, como solía decir mi abuela. El mercado escondido. En ese mercado, mi abuela podía vender tres o cuatro pares de zapatos al día… ya tenía a sus clientas, cuyos nombres siempre llevaban el prefijo de Doña.

Y ella era Doña Mary.

Doña Mary era fanática de Isabel Pantoja, Fausto Pappetti y Raphael. Antes de llevarme a la escuela, escuchaba canciones como Se me enamora el alma, o Us and Them o tal vez, En Carne Viva. Cada vez que las escucho, no evito regresar al mercado abandonado, situado en el centro de la tristeza humana.

De pintura vieja y juegos que usaban yo y un par de niños más. Los columpios, que raramente arreglaban. Los otros niños y yo rompíamos tan pronto estaban arreglados.

El pasamanos me ayudó a sentirme hombre: grande y fuerte. Recuerdo muy bien que me había dicho que sería grande el día que pudiera pasar el pasamanos sin ayuda de nadie, yo sólo, sin nadie mirándome.

Las canchas de basquetbol. Jugaba basket porque mi tía lo jugaba y quería también atinarle a la canasta como ella. Pasaba mucho tiempo con mi tía Imperio… también miraba los juegos de basket como ella, y los dos les íbamos a los Angeles Lakers. A mi me agradaba un jugador en particular sólo porque tenía unos googles redondos.

Lo mejor, era cuando iba a la tiendita y me compraba una coca cola en bolsa y unas fri-tos. Subía la resbaladilla y después, me quedaba ahí sin aventarme. Tomándome mi coca y comiéndome mis fri-tos: observando el mercado abandonado como un espectador, nunca un participante.

Hasta que el viento soplaba y me movía levemente. Como un árbol que se niega a dar fruto en invierno.

¿Encontraría Agustín a la Maga?

¿Encontraría Horacio a la Maga? Es increíble como no me olvido de ti, Rayuela. Es imposible.
Cecilia.
Cuando eramos curiosos infantes, el innato amor.
Yo no escribo poesía y si la escribo, sale pura mierda cursi. Pero es aquí donde me veré enfrentado a ella. ¿No es cierto? Cierto es, mi querido Fest.
Fest.
Fundida Esperanza, Soledad Teñida.
Debes leer más, te faltan palabras.


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¡Wow!

Al fin y al cabo, todos estamos en lo mismo. No he dormido por idiota y cuando alcanzo a dormir bien, una estúpida Colitis me despierta.
Como adoro las musleras y las botas largas combinadas con una minifalda. ¡Salud! ¡Salud!
Deja de faltar hombre, deja de faltar.
Deja de fallar hombre, deja de fallar.
Deja de abusar del recurso, hombre, deja de abusar.


Estoy a punto de preguntarme si los lentes van con el uniforme.
Me duele la cabeza.
Obvio, si nunca duermes. Pero si no es mi culpa. ¿Culpa de quién entonces? De Dios. ¡Reniego de Dios! Y Dios bajaría su vista y me diría: ¡Qué huevos de cabrón!
Acaba de caer un rayo cerca de mi, perdón Dios, prometo que seré buenito… ¿me perdonas? ¿¿¿si si si si siiiiiiii???? :)

¿No tienes frío?
Por supuesto que no, soy muy macho.
Todo esto está perfecto, la única falla que yo veo es que todos piensan y todos hablan.
¡SURE! … Sorry, I meant to say: Sure!
Me asusta precisamente que… Todos piensan y hablan. ¿Se puede uno enamorar de poesía?
Si Señor. Es posible, ¿No se enamoró Vd. del poema #20 de Neruda?
Si, creo que si.
Ahí ta, ahí ta, ahí ta.
Siempre que trato de pensar como es la mujer de la que me deseo enamorar, se me nubla el pensamiento e imagino una versión infantil de mi mismo chillando cómicamente: “¡Cecilia! ¡Cecilia!”
Y ultimamente me he metido en unas graves discusiones con Fernanda que no me agradan. Pinche odioso, Pinche muerto.
Me voy a dar un paseo.

Escrito ayer en la escuela, en un periodo entre las 9 y 10 de la mañana, antes de que empezara mi clase de inglés 3.