Octubre 1, 2007 — Consumidor de Entretenimiento, Notas aleatorias, Ocio.
Escrito por Agustin Fest.
Estaba escribiendo un mensaje en mi celular, cuando… tuve que añadir la palabra blogger al diccionario. Me provocó gracia y curiosidad después, porque entré a ver que palabras tenía añadidas a mi diccionario. Esta es la lista:
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Tags: celular, lista, palabras, tonterías
Septiembre 27, 2007 — Del deber ser, Fractal Chaos, Howl.
Escrito por Agustin Fest.
Ese título, es para una comedia dónde un hombre encerrado en su claustrofobia, en un México futurista (digamos que 2030, porque ya el 2012 esta muy cerca), mira pornografía encerrado en un closet, obligado por un ejército sin corazón y sentimientos (ay güey), y no sabe si espantarse o sentirse gozosamente libre.
La cosa con la claustrofobia, el temor a los espacios cerrados, es que es fácil malinterpretar, extender o transformar el término a un encierro metafísico. Cerrar es un verbo muy ambiguo después de despertar mucho la consciencia. Cierras la puerta, cierras los oídos, cierras los sentimientos. Claro, si eres buen lector, y cierras la imaginación para no irte a lo más trillado, sino siempre a lo más simple, entonces no debe haber ningún problema en “Cerrar la puerta”, pero cuando una cantante de banda, se le ocurre la fabulosa línea: “Y es que me cierras la puerta de tu corazón, wo wo wo”. ¿Qué pasa?
Aparte de los fanáticos, gente confundida y muy especial qué de ahora en adelante, usará “cierras la puerta de tu corazón” para escribir sus primeros poemas. Wo wo wo.
Miedo a estar encerrado dentro del corazón. Mi propio corazón y el tuyo. Porque no hay caminos para recorrer agusto y no hay ventanas nomás para asomarse a saludar. Soy un individuo, soy un individuo que vive junto a otros individuos, soy un individuo que puede afectar el camino de otros. Es tonto pensar que pausar una caminata para decir “Buenos días” afecta el destino, ¿pero qué tal que sí? Sin embargo, aún cuando vivo en sociedad, ¿qué tanto escucho y comunico a esta sociedad? “Me has cerrado las puertas de tu alma-a-a-a-a-a-a.”
¿Qué sucede, cuándo la gente sólo puede externar sus más escabrosos sentimientos, sus opiniones más inteligentes, sus deseos más oscuros, cuando es anónima? ¿Qué sucede cuando esta consciencia anónima es colectiva? Cada vez es más problemático reírse de la muerte de alguien. La muerte no es graciosa. Reglas que debemos seguir para cerrar las puertas indicadas de nuestra persona. No vaya a ser que se me escape una carcajada durante la muerte del abuelo o del niño con cáncer. Batallas dolorosas suceden en todos lados, a cada momento. Batallas dolorosas qué podrían comunicarse mejor, tal vez, si no estuviera encerrado.
El más listo sabe cerrar los caminos indicados. A los calladitos hay que tenerles más miedo.
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Julio 13, 2006 — 24 horas, Consumidor de Entretenimiento, Vida diaria.
Escrito por Agustin Fest.
¿Es posible escribir durante 24 horas? ¿Qué de bueno podría resultar escribir cada hora lo que pasa por mi cabeza? Es como la propuesta gringa de escribir una novela en tres meses, ¿o era una semana? En esa propuesta, estaba explicado que de ninguna manera esperaras un Proust en el resultado, pero que el acto en sí, de escribir lo más pronto posible, te ayudaría a terminar el producto y ya una vez finalizado, tendrías la opción de editarlo. Yo no soy así, yo no puedo escribir una novela de corrido y luego regresar a ella. He descubierto que pasado un tiempo considerable, puedo animarme a releer el texto y sentir que puedo mejorar cosas. Pero fui educado con la necedad de que lo escrito, escrito esta y como con las palabras, estas no se retiran. Creo que es un sentimiento de lo más mexicano, responsabilizarse por los actos para sentirse héroe, noble y bien parido.
Supongamos que de veras me animo, el día de hoy, a escribir cada hora lo que esta pasando por mi cabeza. Y también de mis alrededores. Si hago eso, podré demostrar finalmente lo aburrida que es mi vida y también, como no, descubriré lo poco interesante que es seguir escribiendo en mi blog. O también podría descubrir una joyita dentro de todo lo escrito, una línea que sea capaz de disparar una inspiración propia y que me permita continuar algo que he dejado pendiente, o incluso crear una historia. Supongamos que es una idiotez escribir 24 posts, con una hora de diferencia cada uno. ¿A qué hora voy a dormir? ¿De veras el animo infantil lo vale?
Tengo que terminar un trabajo que tengo pendiente, puedo trabajar y cuando pase el tiempo, sencillamente escribiré ese progreso. Puedo detallar del trabajo que estan haciendo en la casa de a un lado, puedo determinar a qué horas pasa el gas y el agua. Puedo platicar cada cuanto tocan a la puerta. O si me siento muy valiente, puedo salir corriendo por un café al Starbucks más cercano y regresar a tiempo para la siguiente entrega. Puedo convertir esto en un meme, ¿alguien más se animaría a hacer esta idiotez? Puedo describir con absoluta presición los procesos mentales que pasan por mi cabeza, ya casi cumpliendo las 24 horas de necedad y pendejada. Puedo convertirlo en un ejercicio mensual, procurando hacerlo un fin de semana de cuatro, para llamar la atención de los webloggers. O bien, puedo sugerir que se convierta en el día internacional de postear 24 horas en todo el mundo, no me sentiría tan sólo si algún español, argentino, hindú y británico, me acompañaran en esta empresa.
De alguna manera, estaría haciéndole honor al espíritu original de un diario, que es escribir lo que se piensa en el momento, lo que pasa en el momento. Es lo que hacían los escritores que llevaban su libretita, que al caminar por las banquetas de alguna plazuela, se les prendía el foco, sonreían siniestramente, luego adoptaban pose misteriosa, sacaban su plumita y anotaban “que el hamster le daba vueltas a la ruedita”. Ya después, en sus casitas, tachaban al hamster o la ruedita, y lo cambiaban por la vida o por el amor. De eso se trata tener un blog, para aquellos que se sientan escritorsuchos, de anotar lo que piensan y luego, ya más calmaditos, tachan, revisan y reescriben. No es para que los descubran como grandes escritores. Disciplina y control, como diría el hombre oscuro. Amor al arte, pues.
Veamos qué tal me va, he puesto el temporizador de mi celular para que suene a la hora que empecé a escribir esto. Veamos si tengo la disciplina para escribir esas 24 horas. Y ojalá surja algo divertido, además de babear como estúpido a las diez horas de haber empezado esto.
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Septiembre 23, 2005 — 1000n, Asceta, BOB, Kromg, La Unidad, Niño viejo, Nostalgico.
Escrito por Agustin Fest.
En este departamento no se puede fumar porque uno de los tíos es muy sensible con los olores y es bien sabido —no por los propios fumadores—, que el olor del cigarro es, pues, bien pinche apestoso. Así que para conservar la santa calma, la paz y la estabilidad en las relaciones diplomáticas, salgo a fumar un cigarro a la entrada del departamento, la cual esta enrejada. Viví en esta Unidad durante creo que unos diez años, hasta que me mudé a la Narvarte y ahora que estoy de vuelta, siento que han pasado otros diez años. Algún día entenderé porque mi percepción del tiempo es tan particular (una manera de decir “mamona”) y porque siempre soy un anacrónico con la sociedad. De todas maneras así lo disfruto… la anacronía en mí, es una nostalgia hasta porque pasa una mosca, vieja compañera, y es un mal necesario, al menos para alguien que gusta del arte o se la vive coqueteando con él. Sufrir de nostalgia y melancolía es parte de mi misma vida.
La anacronía es una enfermedad depresiva y a veces, en ella se consigue el éxtasis iláptico (el lector avispado se dará cuenta de la redundancia, de la constante redundancia). Una sensación que todo esta bien… como maniático hay que vivir.
La oración anterior contiene muchas palabras domingueras que se leen mejor si no se sabe que son y finalmente, utilizo las palabras sin la seguridad de saber que son y me guío al como y que me suenan. Sólo cuando “escribo en serio”, voy corriendo a la RAE para que me ilustre, ya que no tengo varo, ni ganas verdaderas, de comprarme un Corominas. Y vamos, para mi no hay de otra, a veces me dejo llevar por el sonido de las palabras e invento cosas, me procuro un bonche de antítesis, contrastes y paradójas que un lector cuidadoso hará bien de tirar a la basura y decirme—: Cabrón, me estas cantinfleando.
La anacronía, mi santa madre o santa muerte, desprecia el verdadero significado de las cosas.
No fue hasta muy tarde, ya algo crecidito (para mis estándares anacrónicos), que me enteré de la importancia de la identidad. La identidad nacional, la identidad individual, la identidad social, la identidad familiar, la identidad etcétera. O tal vez estaba muy consciente de su importancia y es por ello que me dediqué a moverme entre varios círculos sociales / núcleos familiares / juegos relativos interpersonae, siempre jugando el papel de la ambigüedad o del guasón (reemplazo con facilidad la carta que te falta, Ma’ killin’ jokee). ¿Estaba la gente igual de consciente que yo de su propia identidad? Mis compañeritos de juegos en el mercado, las marchantitas de los puestos y los amiguitos de la escuela. Ser parte del ejercicio escolar de llevar la bandera, robarse los jimanes de un niño más chico que tú o alzar la mano para demostrar que eres un sabelotodo. Ñoño mamón, lángara noble.
La anacronía exige el olvido del sí mismo para la constante búsqueda del ego. Exige una ambigüedad natal, un quiebre en una o todas las identidades, depende del sabor de tu helado.
De igual manera, un anacrónico no pertenece a ningún lugar, no importa si es un nómada o un sedentario. Para el anacrónico no existe nada definitivo, aunque siempre esta pidiendo un sí o un no. El anacrónico habla en blanco y negro, cuando todo lo ve a colores. Un anacrónico no pertenece a nadie, aunque este sumergido y disfrute plenamente del juego social. Un anacrónico mira lo que todos no ven, lo que no existe ya en el presente, porque siempre oscila entre el pasado y el futuro. El anacrónico huele su propia mierda antes que todos los demás, porque esta consciente que cualquier dedo suyo puede mover las olas del tiempo.
Una anacrónico sabe que todos vamos al mismo lugar, que todos nos vamos a morir y no hacemos nada, somos niños jugando en lo que papá nos manda a chingar a nuestra madre o a dormir.
Eso pensé, entres mis dedos izquierdos se consumía un cigarro. Mi palma izquierda sostenía un cacto [Bob] que roncaba inquieto. Enfrente la reja del departamento, un silencio sepulcral de vecinos durmiendo o que no han llegado del trabajo. Soy una carta de Tarot. Tal vez la vecina de enfrente, una alta y delgada, morena, con cara de mosca muerta y “yo no cojo por placer, sino por merecer”, me dedicó una breve mirada de desprecio por fumar en mi jaula antes de encerrarse en su departamento. A mi derecha, en un espacio entre departamento y otro, un lobo encadenado con oro (apostaría que de alguna montaña), de pelaje rojo, me miraba fijamente. Un lobo… un cacto… un cigarrillo… una jaula… una vecina con caretcétera. Esto se me hace tan familiar, un dejá vù.
El lobo me sonrió, me dio la espalda, se echó a dormir y yo me metí al departamento cuando me terminé el cigarrillo. El cacto seguía roncando y todos duermen, excepto yo, el anacrónico.
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Julio 24, 2003 — El Viaje de Simón Dor, Un tal Simon Dor.
Escrito por Agustin Fest.
Querido Diario:
Ocho días, con sus ocho noches.
Ya me morí.
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Mayo 28, 2003 — Critica Social.
Escrito por Agustin Fest.
Un término que escucho frecuentemente y veo hasta en los títulos de libros (es una de mis obsesiones malviajadas) es: “Las mejores poesías”. Cuando escucho poesía en plural, me recorre un escalofrío. Simplemente siento que no se escucha bien.
Poesías. Poesías. Poesías.
Una poesía. Dos poesías. Tres poesías.
Para mi, poema es el singular y poesía es el que engloba el género literario. Debe ser utilizado como LA poesía. (Aunque no tenga razón, me da el escalofrío).
poema.
(Del it. po?ma, y este del gr. ?o????).
1. m. Obra poética normalmente en verso.
2. m. Tradicionalmente, obra poética de alguna extensión. Poema épico, dramático.
3. m. poema épico.
~ en prosa.
1. m. Composición literaria que por su carácter poético se asemeja al poema en verso.
~ sinfónico.
1. m. Composición para orquesta, de forma libre y desarrollo sugerido por una idea poética u obra literaria.
ser algo todo un ~, o un ~.
1. frs. coloqs. U. para indicar que, debido a su carácter ridículo, excesivo o inapropiado resulta fuera de lo que se considera común. El vestido de la novia era todo un poema.
poesía.
(Del lat. po?sis, y este del gr. ?o?????).
1. f. Manifestación de la belleza o del sentimiento estético por medio de la palabra, en verso o en prosa.
2. f. Cada uno de los géneros en que se dividen las obras literarias. Poesía épica, lírica, dramática.
3. f. por antonom. poesía lírica.
4. f. Poema, composición en verso.
5. f. Poema lírico en verso.
6. f. Idealidad, lirismo, cualidad que suscita un sentimiento hondo de belleza, manifiesta o no por medio del lenguaje.
7. f. Arte de componer obras poéticas en verso o en prosa.
—Diccionario de la Real Academia
A menos que esté loco, creo que el diccionario me da la razón.
A menos que esté loco, claro está.
¿Cuáles son las probabilidades de ello?
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Mayo 26, 2003 — Paranoidefobico, favoritos.
Escrito por Agustin Fest.
No hay palabras más confusas que esas dos:
Ni siquiera Senkaieson, ni Bissat, ni Mollnar, ni Faleimon.
Porque los duendes verdes son algo que no estamos acostumbrados a ver.
(sin embargo existen).
Enanitos, humanoides, verdes… sobre todo verdes.
Alucinantes.
Hilarantes.
Espectaculantes.
Con uñas grandes y dientes amarillos (para armonizar con el verde).
No tienen ropa, a contrario de como nos los han mostrado en dibujos y cuentos… no, simplemente andan desnudos (no tienen pudor, claro está) y corriendo de un lado a otro, balbuceando en un idioma extraño, jugando travesuras con los animales de la casa (incluyendo a los humanos).
Y de vez en cuando, estos enanos se sientan a ver televisión. (No sé si el que inventó tenía en mente que los duendes la vieran). Por eso es que la televisión se prende sola en las noches, y también el horno de microondas para las palomitas, y también el DVD.
Es cierto, es cierto… a todos nos ha pasado, ¿a quién no?
Y luego se les inventó la computadora, y luego el internet (a los duendes también les gusta la pornografía), y poco después, los weblogs.
Hay muchos duendes verdes que mantienen un weblog. Hay otros más que los mantienen con el afán de parecer humanos. Debemos dar gracias, porque los duendes verdes tienen una nueva ocupación.
Antes solían jugar con los humanos para después comérselos.
Pero hace mucho tiempo que no hacemos eso, nos han civilizado. Y estoy seguro que cuando arboltsef se despierte en la mañana y observe que “ha escrito” esto, se sentirá orgulloso… porque de ninguna forma creerá que fue un duende con su nombre, para nada… el creerá que lo hizo en el breve momento que existe entre el sueño y el despertar.
¿Alguien gusta palomitas?
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