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Los cuervos
Tienen
Una erección
Emplumada
Y
Oscura
¿quién podrá ayudarlos?

Wafel.

Por el miedo a la oscuridad (eso que nos nubla lo conocido) hemos aprendido a avanzar de cuarto en cuarto y buscar el switch. Hemos, también, dominado la técnica de apagar la luz de un cuarto hasta que esta prendida la del siguiente y así, sucesivamente, escapando de la oscuridad y persiguiendo la luz que nosotros mismos controlamos. También podemos dejar la televisión prendida, para reconfortar nuestro sueño o con el Led de un walkman puede ser más que suficiente. Sin embargo, una oscuridad completa es intolerable, debemos alumbrar nuestras calles, tenemos que inventar leyendas urbanas de gente que apaga las luces de su coche, lámparas y pilas, celulares… llevamos una luz portatil en todo aquello que nos inventamos.

Apagamos la luz para tener miedo, para reinventar lo feo o ignorar al amante odiado. Para suprimirnos, para envolvernos en una cobija y pensar en la cueva, en el frío, en que si cerramos los ojos y dormimos, amanecerá más pronto. Al menos yo sí, yo si persigo eso cuando intento dormir—: La distorsión del tiempo. No tanto como imaginar que no existe, porque existe y el hecho de imaginar requiere tiempo. Es una constante universal. Sin embargo, es posible que pase más rápido o que pasen años, tan sólo con cerrar los ojos y también, es posible que sueñes con luz, con atravesar cuartos iluminados, uno tras otro. De la noche, tal vez odio un poco que tenga tantas luces artificiales, pero también me atraen, me fascina el ritmo nocturno.

Una hoja de papel en blanco o un cuadro vacío, sin letras o dibujos o garabatos o direcciones o números de cuenta, son pura luz. Es cierto. La hoja de papel, reflejará tan bien la luz del sol como la de una lámpara. Incluso se volverá translucida. Los monitores, en cambio, con tanto blanco son propensos a morir pronto… una luz artificial que emula luz verdadera no resiste mucho tiempo, se vuelve loquita o se muere. Un escritor, tal vez, por eso los llena con letras, porque desea invertir los valores de vez en cuando, porque desea manchar la pureza y desafiar, de una vez por todas, la luz que siempre lo ha protegido de aquello que desconoce, del monstruo debajo de la cama o del escándalo del tigre de sable, o de jade.

Si, tal vez es eso.

[Heber Dor - Cuento] El Inicio del Mito

Cuando abrió los ojos, todo era eterna oscuridad. Se tocó el cuerpo para descubrirse. Con la mano izquierda se tocó los pies, las rodillas, los muslos, el vientre y el sexo. Con la mano derecha se tocó el cabello, el rostro, el pecho, el estómago y después el sexo. Se puso de pie y miró la eterna oscuridad. Trató de recordar quien había sido en un pasado e imágenes de un inmenso campo de trigo, donde dos personas segaban y sembraban, le vinieron a la mente. Empujando más allá, recordó un inmenso árbol, cuyos frutos eran dulces y amargos.

Y después el pasillo. Un pasillo multidimensional, donde imágenes de historias que ya estaban escritas le hizo tener un escalofrío. Sin saber por qué, extrañó al pasillo.

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Bobby Mindar II.

Este post es parte de una serie, llamada “Segunda parte del diario de Simón Dor: El viaje”. Anotación 37 de 48


(ojos moviéndose, izquierda a derecha) Estoy en la oscuridad. Un cuarto de Trofeos. En él, hay una pistola. Con una sola bala. (ojos moviéndose, arriba a abajo) Me sacrificaron, un tal Simón Dor. Fue con un cuchillo. De un tajo me rebanó la cabeza. (jadeo) (jadeo) (parpadeo). Proteger a Simón. Un esqueleto de metal. La piel de Mama Esirasaft. El reflejo de Zalic Luia. Los ojos de Galloria. (sangre) (sangre). Debo alimentar, odio. Una llave. Tres semillas. Una pistola. (bostezo) (alzando orejas) (alarma). No debe venir el último. Transformación. Transmutación. Proteger a Simón. (sonrisa).

El hombre que temía su sombra.

No pasaba nada de noche y cuando volteaba en días de sol. Cerraba mucho los ojos cuando tocaba el medio día, donde el sol en el cielo le provocaba mirar al suelo. Le tenía miedo a su sombra porque cuando daba la casualidad que la miraba, ésta cobraba vida… parecía tener ojos y acercar manos sin forma para cerrársele alrededor del cuello. El hombre tenía ataques asmáticos cuando eso sucedía y miraba al frente nervioso y con el sudor hirviéndolo entre los poros. Por eso le tenía miedo a su sombra.

Una vez, se encontró con un hombre que le tenía miedo a las cucarachas… platicaron hasta que él le preguntó cuál era su peor temor.
-A mi sombra.
-Estás loco -dijo el otro y se alejó rápidamente.
El otro asintió y le miró alejarse, con mucho cuidado de no mirar al piso ya que el sol de mediodía estaba más impío de lo acostumbrado.

La Ultima Bolsa de Papas Fritas

Capítulo 1. La Invitación de la Sonrisa.

Sucedió el desastre, una rara plaga azotó a las papas del mundo, dejándolas sin posibilidad de ser comidas en unos cuantos millones de años, los científicos intentaron todo, desde agua tratada hasta la genética, pero les fue imposible recuperar un solo gen de papa pura.

Al principio, la población del mundo pensó que podría sobrevivir sin papas.

Que equivocado estaba el mundo, sobre todo… cuando se acabaron las papas fritas. Siguey leyendo →

Apaga la luz.

El domingo en la madrugada, mientras me acostaba después de una noche de insomnio… estaba pensando en que mi hermano se iría a vivir a otra parte.

La televisión estaba prendida y la lampara de noche de mi hermano también, el dormía y de repente medio abría los ojos por el ruido que yo hacía, le hacía gestos para que se fuera a dormir y el asentía y cerraba sus ojos.

Me acomodé y me puse a ver la televisión sin observarla, incosncientemente me chupé como tres episodios de “As told by Ginger” y el reloj seguía corriendo, corriendo… Nickelodeon es una distracción visual potente, pero no para aquellos que tienen bien entrenado el ensimismamiento nostálgico como yo.

Pensé como a todo mundo le gusta Bob Esponja “porque es diferente”, pensé como a mi hermano le aburría Bob Esponja y prefería cambiarle a Doug o a Rugrats. Lo que me dio la idea que probablemente “Bob Esponja” estuviera enfocado a la población adolescentil, me sonreí con el pensamiento absurdo y di un par de vueltas en la cama.

Hugo se levantó en algún momento, medio despierto y no recuerdo que preguntó. Yo le dije que no pasaba nada, que por favor apagara la televisión. Lo hizo medio dormido y no escuchó cuando le dije: “Apaga la luz”.

En algo similar a los tonos sepias me quedé todavía pensando, el reloj todavía corriendo y todavía pensando en que debería dormir un poco. Tantos todavía… abuso del recurso.

Y me puse a pensar en lo beneficios y los no-beneficios de tener a mi hermano lejos de mi. Es cuando los pensamientos más estúpidos se presentan y me dije: “Bueno, al menos me iré de vacaciones más seguido”. Lo estúpido por lo regular se confunde con ingenuidad y es por ello que algunas veces lo que creemos estúpido, resulta ser lo correcto.

Hugo se volvió a levantar, en medio del onírico y le dije: “Apaga la luz”. El apagó la luz y así se cerró otro telón.